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ALCOHOL
Y DROGAS
¡UNA COMBINACIÓN AGRESIVA!
Los
conocimientos, actuales permiten saber de qué modo el alcohol y
las drogas actúan sobre zonas y funciones concretas del cerebro
y potencian la violencia. El equilibrio depende de dos sustancias
químicas fundamentales: la serotonina (cuya función es inhibir la
agresividad) y la noradrenalina, que actúa como excitante.
Sin
el freno de la serotonina, cualquier estímulo emocional puede desencadenar
un brote violento. «El alcohol no sólo desinhibe, sino que también
potencia la agresividad. Lo sabemos porque afecta a una zona del
cerebro, llamada vermis cerebral, íntimamente ligada al despliegue
agresivo», indica el profesor José Sanmartín, director del Centro
Reina Sofía para el Estudio de la Violencia.
Las
drogas estimulantes, en concreto la cocaína y las anfetaminas, afectan
al equilibrio del sistema neurotransmisor. «La cocaína puede llegar
a inducir algo que nos preocupa mucho a los expertos en violencia,
que es la psicosis dopamínica. En ésta, a diferencia de la esquizofrenia
normal, la persona es plenamente consciente, sabe que se está moviendo
en una alucinación, pero no puede salir de ella. Y esto es lo que
conduce en agunos casos al suicidio».
Pero,
entre todas las drogas que pueden encontrarse en el mercado, la
más temible es el MDMA (metilendioximétanfetamina), más conocido
como «éxtasis». Se
«ceba»
en las neuronas productoras de serotonina, sobre las que ejerce
un «efecto poda»; corta su eje principal, por el que la serotonina
pasa de una neurona a otras, y la neurona crece por las ramificaciones
laterales. Es decir que altera la estructura del cerebro y el efecto
final es la desaparición de la red neuronal.
Aún
más: los últimos trabajos presentados por el investigador George
Ricaurte, de la Universidad Johns Hopkins, indican que también dañan
las neuronas ligadas a la noradrenalina.
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