¿CUÁNDO CUIDÓ POR
ÚLTIMA VEZ DE SUS LIBROS?
Los
principales enemigos de un libro son el tiempo y la humedad.
Además suelen ser verdaderos acumuladores de polvo, aunque este problema
es sólo cuestión de usar un plumero o un aspirador pequeño. Limpie el
polvo de sus libros por lo menos una vez al año, limpiando también los
estantes.
Cuando quite el polvo de un libro
manténgalo bien apretado con la mano para que no le entre dentro entre
sus páginas.
La habitación donde los tiene no debe
estar demasiado seca, pues se estropearía el papel y la encuadernación
al resecarse la cola. Los estantes no deben estar encima de estufas,
chimeneas o calefactores. Y es muy aconsejable que la habitación no
sobrepase los 15º centígrados; si los aprecia de verdad.
El color blanco de las tapas se puede
volver a ver aplicando una mezcla de agua y lejía con un algodón. La
parte superior ennegrecida, pasándole una bayeta mojada levemente en
alcohol de quemar y un poco de amoniaco. Apriete bien el libro para que
no se deslice entre las hojas la mezcla. La humedad puede irse
espolvoreando polvos de talco página por página. Después deje presionado
el libro durante unos días colocando sobre él algún objeto muy pesado o
usando dos gatos de carpintero. Pasado este tiempo deberemos cepillar
suavemente las páginas para quitar el polvo de talco.
Si el libro presenta un aspecto verdoso
por el moho producido por la humedad, y usted desea conservarlo, no se
alarme. Pase con paciencia una hoja de afeitar por la parte afectada y
límpiela después con alcohol de quemar.
A veces las páginas aparecen pegadas y
pensamos que son irrecuperables. Use el mismo sistema que utilizaría
para despegar un sello. Someta las páginas al vapor de agua y con
delicadeza vaya separándolas, siempre sin prisas. Igual que ocurre con
un sello, quizá se vea obligado a repetir la operación.