UN ESTANTE DE PARED
En
primer lugar, nos proveeremos de una tabla de madera bien lisa, que
podemos encargar en un taller de carpintería, cuyas medidas pueden ser 1
metro por 25 centímetros, y después de pulirla y alisarla con un
cepillo, puede pintarse al esmalte, de un color blanco o hueso, fácil de
lavar.
Una vez preparada la madera y bien seca
nos queda la tarea de fijarla a la pared. La solución más práctica es
usar soportes de sujeción, que pueden encontrarse en ferreterías, bien
de acero o de palastro, con modelos simples o reforzados, dependiendo su
elección del peso que deba soportar el estante. Estos brazos de sujeción
tienen unos pequeños agujeros que permiten el paso de los tornillos para
sujetarlos a la pared.
Una vez determinada la altura a la que se
quiere situar el estante, se traza con un lápiz una referencia y para
que esta línea de referencia sea perfectamente horizontal se puede
comprobar con un nivel de burbuja, de modo que la burbuja se estabilice
en el centro de las marcas de referencia.
Se fijan a continuación los soportes en la
estantería a una distancia equidistante de los extremos, practicando
primero unos pequeños agujeros en la madera con ayuda de una barrena, a
través de los agujeros de los soportes, atornillando luego éstos a la
madera. Los segundos brazos de los soportes han de quedar al ras de la
parte de la madera que quedará tocando a la pared.
Para preparar la fijación de los soportes
sobre la pared se dispone el estante a lo largo de la línea de
referencia y manteniéndolo inmóvil, tal vez con la ayuda de otra
persona, se marca la situación de los soportes en la pared con un
punzón.
Se perfora entonces el alojamiento de los
tacos con una broca de mango del diámetro correspondiente, profundizando
los agujeros un poco más que la longitud de los tacos, que se encajan
seguidamente en los agujeros golpeándolos con un martillo.
Se sitúa a continuación
el estante en su sitio y se encajan los tornillos en los tacos,
atornillando a fondo para que el estante quede bien fijado en la pared.