DISCUSIONES
¡PERO SIN PELEAS!
Reconoce
primero tus propias faltas. En la convivencia pueden aparecer conductas
del otro que nos saquen de quicio. Antes de que éstas se conviertan en
motivo de disputa, tal vez podamos hablar del asunto con tranquilidad y
llegar a un acuerdo. Es más que probable que también nosotros hagamos
cosas que molestan al otro; debemos ser capaces de reconocerlo y,
después, poner todo lo posible de nuestra parte para cambiar.
Por ejemplo, a veces pensamos “ya no me
besa". ¡Pues bésale tú!. ¿Por qué vas a esperar a que sea siempre el
otro quien se acerque a ti para demostrarte su afecto?. Tú también
puedes tomar la iniciativa y, de hecho, haciéndolo participarás más en
la relación. Si esperamos que nuestra pareja siempre esté pendiente de
nosotros, es posible que al final el trato entre ambos se vaya haciendo
pasivo y frío y que nadie haga nada para cambiarlo.
Si discutes por un tema concreto, céntrate
en la discusión. Cuando nos enfadamos con nuestra pareja, es frecuente
que recordemos todas sus conductas que nos han molestado. Si se retrasa
a cenar, es posible que mientras esperamos rememoremos otros momentos en
que nos ha dado plantón o ha sido desconsiderado con nosotros.
Así, cuando llega a casa, podemos expresar
un enfado que no tiene nada que ver con el presente. Si hay algo que te
molesta, dilo, pero no saques a relucir otras cosas del pasado que ya
deberían estar resueltas.