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El potro en escalera. Pero en éste caso se abrasaban los costados y las axilas mediante una antorcha compuesta por siete bujías. Si la víctima, ya paralizada, con los hombros destrozados y moribunda a causa de las infecciones producidas por las quemaduras seguía sin confesar, el tribunal estaba obligado, como siempre en un caso semejante, a reconocer su inocencia.  Constitutio criminalis theresiana, 1769. Reconstrucción moderna. Los hombros ya han sido dislocados violentamente cuando el verdugo G ha empujado los pies de la víctima hacia delante. Se muestra aquí el último grado, la quemadura de las axilas y el costado por medio de teas de cera

 

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