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Látigos. Hay gran variedad de látigos. Entre ellos, los hay de dos, tres y hasta ocho cadenas provistas de abundantes estrellas o/y hojas de acero cortante que se usaban y se usan para flagelar el cuerpo humano. Para desollar se utilizaban látigos de muy diferentes tamaños; gigantes como "el gato de nueve colas", que podía lisiar un brazo y un hombro de un sólo golpe, o finos y pérfidos, como el "nervio de toro", que con dos o tres golpes podía cortar la carne de las nalgas hasta llegar a la pelvis. El látigo de desollar se empapaba en una solución de sal y azufre disueltos en agua antes de utilizarlo, lo que unido a sus estrellas lo convertían en una herramienta destructiva y muy útil para el torturado.. La carne, al ser golpeada, se convertía en pulpa, dejando a la vista diferentes órganos internos. Los látigos se siguen usando en la actualidad. El grabado representa españoles en Méjico degollando a un indio con un látigo mientras vierten plomo hirviendo en la espalda de oro. Reconstrucción moderna de un látigo para desollar. Cloppenburg, le miroir de la trannie espagnole, Amsterdam, producido en Villeneuve.

 

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