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El
potro. El
estiramiento o desmembramiento por medio de tensión longitudinal se usó
en el antiguo Egipto y en Babilonia. En Europa, junto con el péndulo,
constituían elementos fundamentales en cualquier mazmorra desde la República
Romana hasta la "desaparición" de la tortura hacia el final del
siglo XVIII. En muchos países fuera de Europa ambos subsisten hoy en día.
La víctima es
literalmente alargada por la fuerza del cabestrante. Antiguos testimonios
aseguran que el estiramiento era de hasta 30 cm, longitud inconcebible que
procede de la dislocación y distorsión de cada articulación de brazos y
piernas, del desmembramiento de la columna vertebral y, por supuesto, del
desgarro de los músculos de extremidades, tórax y abdomen, efectos éstos
por descontado letales. Ésta
tortura constaba normalmente de tres grados. En el primero, la víctima
sufría la dislocación de los hombros a causa del estiramiento de los
brazos hacia atrás y hacia arriba, así como un intenso dolor de los
muslos al desgarrarse como cualquier fibra sometida a una tensión
excesiva. En el segundo grado, las rodillas, la cadera y los codos
comienzan a descoyuntarse; en el tercero se separan ruidosamente. Ya en el
segundo grado el interrogado queda inválido de por vida, después del
tercero queda paralizado y va desmembrándose poco a poco. Las funciones
vitales van cesando según pasan las horas y los días. Potro de
tortura italiano (¿emiliano?), usado de 1500 a 1700 aproximadamente.
Procede de una colección
privada italiana. Es una recomposición de fragmentos de un potro
encontrado en un castillo emiliano hacia 1950, restaurado en 1981. La
reconstrucción contiene alrededor del 30% de elementos originales. El
resto son adiciones estilísticamente correctas.
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