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El
aplasta cabezas. La
barbilla de la víctima se colocaba en la barra inferior, y el casquete
era empujado hacia abajo por el tornillo. Los efectos de este proceso son
evidentes. Primero, se destrozan los alvéolos dentarios, después las
mandíbulas, y luego el cerebro se escurre por la cavidad de los ojos y
entre los fragmentos del cráneo.
Hoy en día ya no se
utiliza como pena capital, pero goza de gran estima para su uso como
interrogatorios en buena parte del mundo. En la actualidad, el casquete y
la barra inferior están recubiertos de un material blando que no deja
marcas sobre la víctima. Existen
unos instrumentos con una finalidad parecida llamadas "rompecráneos",
que como su nombre indica se diferenciaban del "aplastacabezas"
en que en vez de aplastar el cráneo lo rompían. Veneciano,
1500-1700
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