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La
rueda para despedazar. Era
el instrumento de ejecución más común en la Europa germánica, después
de la horca, desde la Baja Edad Media hasta principios del siglo XVIII. En
la Europa latina el despedazamiento se llevaba a cabo con barras de hierro
macizas y mazas herradas en lugar de ruedas.
La víctima, desnuda, era
estirada boca arriba en el suelo o en el patíbulo, con los miembros
extendidos al máximo y atados a estacas o anillas de hierro. Bajo las muñecas,
codos, rodillas y caderas se colocaban trozos de madera. El verdugo,
asestando violentos golpes con la rueda de borde herrado, machacaba hueso
tras hueso y articulación tras articulación procurando no asestar golpes
fatales. La víctima se transformaba, según nos cuenta un cronista alemán
anónimo del siglo XVII, "en una especie de gran títere aullante
retorciéndose, como un pulpo gigante de cuatro tentáculos, entre
arroyuelos de sangre, carne cruda, viscosa y amorfa mezclada con astillas
de huesos rotos" . Después se desataba e introducía entre los
radios de la gran rueda horizontal al extremo de un poste que después se
alzaba. Los cuervos y otros animales arrancaban tiras de carne y vaciaban
los ojos de la víctima hasta que a ésta le llegaba la muerte.
Como se ve, era una de las
torturas más largas y agónica que se podía infligir.
Junto con la hoguera y el
descuartizamiento, éste era uno de los espectáculos más populares de
entre los muchos similares que tenían lugar en las plazas de Europa.
Multitudes de plebeyos y nobles acudían a deleitarse con un
"buen" despedazamiento, preferentemente de una o varias mujeres
en fila. agonía de un hereje por medio de la rueda. Se observa un miembro
de la Iglesia sustentando un crucifijo.
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