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El
aplastapulgares. Simple
y muy eficaz, el aplastamiento de los nudillos, falanges y uñas es una de
las torturas más antiguas. Los resultados, en términos de dolor
infringido con relación al esfuerzo realizado y al tiempo consumido, son
altamente "satisfactorios".
Éste era uno de los
muchos instrumentos utilizados en lo que se conoce como "las
preguntas dolorosas", que consistían en la extracción de
confesiones por medio de torturas descritas e ilustradas con precisión
científica, hasta los mínimos detalles: el grosor de cuerdas, el número
de eslabones de las cadenas, la longitud de clavos y tornillos, los grados
de mutilación permanentes permitidos para diferentes grados de
acusaciones, etc
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