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La
cigüeña. Éste es otro
de los instrumentos de tortura que a primera vista no da fe de los
sufrimientos que es capaz de crear, porque su misión no es únicamente la
de inmovilizar a la víctima.
A los pocos minutos de su
utilización sobre la persona, ésta sufre fuertísimos calambres, primero
de los músculos abdominales y rectales, luego de los pectorales,
cervicales y de las extremidades. Con el paso de las horas, estos
calambres conducen a un continuo e insufrible dolor en abdomen y recto. En
tal situación, la víctima solía ser golpeada, pateada, quemada y
mutilada a placer.
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