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Los
instrumentos provistos de pinchos en su interior eran, y en determinados
ambientes aún lo son, predilectos de religiosos automortificantes. Lógicamente,
los mismos instrumentos servían también para la tortura inquisitorial y
punitiva.
Su funcionamiento era el
siguiente: se ceñía en torno a la víctima, y rápidamente empezaba a
herir y lacerar la carne con cada pequeño movimiento, con cada respiración.
Luego llegaba la infección, la putrefacción y la gangrena. No pocas
veces, el verdugo agregaba gusanos carnívoros en la parte descarnada que
se introducían royendo hacia el interior del abdomen.
El instrumento es
europeo en general, probablemente alemán (1500-1800).
Procede de una
colección privada alemana, de Nuremberg.
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