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ZIMBABWE ¿EL PAÍS DEL ORO?
José Ferrer
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Junto a una antigua ruta que unía el Sudán y Rhodesia del Sur se encuentran las ruinas de una ciudad. La hierba crece entre los restos de los fuertes muros de piedra. De vez en cuando llega hasta allí un grupo de turistas para admirar y fotografiar las ruinas. La ciudad ya no oculta ningún misterio digno de mención a los científicos que parecen haberse cansado de ocuparse continuamente de ella. Apenas si existen otras ruinas en el mundo que hayan dado pie a tantas y tan inútiles especulaciones como las ruinas de la colina granítica de Zimbabwe.
Se ha comprobado que en la zona de Zimbabwe se extraía antiguamente oro de la tierra -como ha ocurrido en numerosas regiones de Rhodesia del Sur-.
Esto hizo suponer que aquí se debió de encontrar el legendario Ofir o Punt, llamado país del oro, del que Hatsepsut y Salomón extrajeron el valioso metal noble.
Sin embargo, no se puede encontrar ninguna prueba que corrobore esta hipótesis. No obstante, esto no ha impedido que algunos investigadores expusieran teorías aún más atrevidas. Se dice que Zimbabwe fue una colonia fundada por los fenicios o los egipcios. Posiblemente, representa también la legendaria Meluhha de los sumerios.
Todas estas especulaciones se habían basado en una legendaria antigüedad de las «casas de piedra» de Zimbabwe.
Pero tampoco se descubrió nada que así lo atestiguara. La primera mención se encuentra en el libro Asia del historiador portugués Joao de Barros y procede del año 1552:
«Los nativos llaman Zimbabwe a estos edificios, lo que significa "residencia real"... Nadie sabe quién los construyó, ni cuándo, ya que los habitantes del país no saben escribir y no poseen transmisión histórica. Sin embargo, afirman que las construcciones son obra del diablo ya que, considerando sus propias posibilidades, les parece imposible que hayan sido construidas por la mano del hombre. En opinión de los moros que las vieron, deben de ser muy antiguas y habrán sido construidas para vigilar las minas de oro». El nombre Zimbabwe designa estrictamente una colina granítica que se eleva más de 100 m sobre la planicie. La zona que rodea las ruinas, que cubren una superficie de 25 ha., estuvo cubierta de florecientes y fértiles prados.
En toda la instalación de Zimbabwe se pueden diferenciar claramente dos complejos: uno elíptico, de unos 100 m de longitud, que es designado a menudo como «templo», pero que en realidad fue el palacio del Mambo, el rey de los roswi, y el otro una «acrópolis». El templo está rodeado por unos muros de 9 m de altura y en parte hasta de 4 m de espesor. En su ostentación casi bárbara representan lo más perfecto que podían crear los habitantes de la ciudad muerta.
Fueron necesarias para construirlos 15.000 toneladas de piedras de granito de 6 a 15 cm de espesor que generalmente eran colocadas unas encima de otras, sin mortero. Su remate lo forman cornisas en zigzag, exóticas, raras, testimonio de un alto nivel artístico. El espacio interior circundado por los muros está subdividido por paredes más bajas y delgadas; cada una de las cámaras está unida a las demás por medio de pasillos. Aquí se encontraban las habitaciones del Mambo, las viviendas de sus mujeres y de su séquito, cámaras para guardar el grano y posiblemente incluso una habitación para las reliquias, así como una sede del trono con estelas verticales de piedra.
La «torre cónica» es todavía un misterío. Se trata de un cono truncado de apenas 10 m de altura con una base de un diámetro de 5 m. ¿Está hueca por dentro? Un largo y oscuro pasillo la pone en comunicación con el alto muro, pero no se ha encontrado entrada alguna en ella. Es fascinante la destreza arquitectónica de sus constructores, la exactitud con que se colocó piedra sobre piedra. ¿Qué significa esta torre?
¿Fue la expresión visible de un culto a la fertilidad? ¿O simplemente el símbolo del poder real?
Al oeste del «grupo de templos», que junto a las construcciones más antiguas del año l.100 a. de C. aprox. también incluye otras nuevas, se encuentra la «acrópolis», cuyos grandes bloques rocosos están unidos entre sí por muros. Todavía no se ha obtenido una idea clara sobre el significado de esta pujante obra arquitectónica. Es posible que fuera el sepulcro de los reyes.
Los sacrificios al dios Mwari se hacían en la parte oriental de los santuarios, en la zona más sagrada. Un gran bloque de granito, cruzado por un profundo canalón, servía probablemente como altar para libaciones, y en los peldaños que conducían hasta el santísimo se elevaban columnas coronadas por las llamadas «aves de Zimbabwe». ¿Eran éstas símbolos de los reyes roswi fallecidos y fueron construidas por el pueblo para que por su mediación el dios Mwari lo escuchara? Así lo interpretan algunos. También se descubrieron fragmentos de vasijas, «Phalli» de arcilla cocida, una alta columna de esteatita y un colmillo colocado sobre una pequeña tarima. Y en dirección sur se había dejado un pequeño hueco entre las gigantescas piedras, por el que la luz del sol caía sobre el santuario al mediodía.
Ya no hay gran cosa que ver en las minas de oro situadas en las cercanías de Zimbabwe. Sin embargo, no hay duda alguna de que la ciudad fue antiguamente el punto central de las regiones auríferas rhodesianas. Zimbabwe debía sin duda su riqueza y su esplendor al oro.
Durante las excavaciones efectuadas en la ciudad se descubrieron grandes cantidades de oro labrado: cuentas, hilo de oro, cadenas, láminas e incluso agujas. Un buscador de tesoros afirmó que en un espacio de tres años había extraído oro por valor de 4000 libras esterlinas.
Así pues, Zimbabwe podría ser Ofir o el Punt por lo que se refiere a la cuestión del oro, aunque no es cierto porque sus construcciones aparecieron demasiado tarde. Entonces, ¿qué importancia tuvo Zimbabwe? Summers, antiguo administrador del Museo Nacional de Rhodesia del Sur, consideraba a Zimbabwve como el mayor y quizás el más importante lugar de culto del país. Zimbabwe fue destruida cuando Zvangendaba Kumalo, al mando de los ngoni, invadió la zona aurífera y lo destruyó todo insensatamente. Así pues, Zimbabwe no es, según Summers, ningún enigma, sino más bien una tragedia olvidada.
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