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LOS
MISTERIOS DEL MONTE SHASTA
José Luis Di
Rosa
El Monte Shasta es un volcán supuestamente apagado, que culmina a los 4318
mts. Y se encuentra en el macizo montañoso de Sierra Nevada, en California
septentrional, cerca de la frontera con Oregón en Estados Unidos.
Se
han encontrado desde hace bastante tiempo, inexplicables incidentes relacionados
con el Monte Shasta; se cree que tiene una morada subterránea, que es
habitáculo de un pueblo de seres desconocidos.
Se
cree, que los seres del Monte Shasta le hicieron donativos a la Cruz Roja
norteamericana, durante la guerra de 1914-1918, y que en el siglo XIX compraron
mercancías en los pueblos locales pagando con pepitas de oro.
De
tiempo en tiempo, se han observado intensos resplandores parecidos a falsees de
fotografía. Esta luz inexplicable, de extraña luminosidad, alumbra grandes
áreas de las laderas del Monte Shasta. Algunos
consideran que esto tiene un origen artificial. Ningún sabio ha sabido
explicarlo.
Mucho
antes de la aparición de los hippies, algunos paseantes vieron allí a unos
seres de largos cabellos rizados, vestidos de blanco, mucho más altos de lo
normal. Se dice que son parecidos a los hombres antiguos, usan ropas largas,
semejantes a las prendas que usaban los romanos en la antigüedad; quienes
huían al ser descubiertos.
Estos
extraños individuos organizan a veces, grandes reuniones alrededor de hogueras,
que se ven desde lejos, en la montaña. Al no poder confundir su aspecto, en
ningún modo, con el de una tribu cualquiera, forzoso es admitir, que no se
trata de ningún olvido etnográfico.
De
vez en cuando, brota de su cráter, un pequeño penacho de humo.
En
abril de 1972, James Hadauk, Irwing Lescer y William Schoner, estudiantes de
geología de la Universidad de Berkeley (California) treparon al Monte Shasta y
comprobaron que el cráter no presentaba ningún signo de actividad. ¿De dónde
salía entonces en humo?
Mientras
descansaban, antes de volver a bajar, observaron con binoculares, a cinco
hombres blancos, muy altos, de abundantes cabelleras onduladas, que caminaban y
desaparecieron repentinamente detrás de un peñasco situado al pie del volcán.
¿Dónde
estaba ese peñasco, no había ningún rastro: acaso el Monte Shasta está
habitado?
Algunos
periodistas en busca de algo sensacional han querido acercarse; siempre se han
visto rechazados por una barrera invisible, que se parece a los obstáculos
electromagnéticos que, según dicen, prohíben en Asia, la entrada a Agartha.
Retomando
anteriores líneas, cabe acotar que los humos emitidos por el Monte Shasta, al
norte de este mazcizo, podría atribuirse, no ha una actividad volcánica, sino
a una ciudad que estaría allí disimulada.
Las
declaraciones de un eminente astrónomo, el profesor Edgar Lucin Larkin, antiguo
director del Observatorio del Monte Lowe, en California meridional, refuerzan
esta hipótesis. Al parecer, este sabio distinguió con el telescopio en lo alto
del Monte Shasta, una cúpula resplandeciente rodeada de construcciones. Si a
esto añadimos algunas leyendas muy arraigadas entre los indios, que hablan de
lugares debajo de la Tierra que conducirían a semejante ciudad, comprenderemos
entonces que toda una parte de los ocultistas americanos, sitúen allá un
resurgimiento de los pueblos hiperbóreos antidiluvianos, por no decir
venusinos.
En
“A Dweller on Two Planets” (Un habitante de dos planetas)
publicado en 1884 y escrito por un residente local, Frederick Oliver,
describe a las criaturas del Monte Shasta. Parece que Oliver fue invitado a esta
morada subterránea, porque la describió con mucho detalle.
Según
Oliver, estos seres son sobrevivientes de la Atlántida; poseen naves espaciales
impulsadas magnéticamente y se mantienen en comunicación con los venusinos. Se
han visto algunos OVNIS en esta área. En octubre de 1956, alguien vio un OVNI
que abandonó una formación de 14 naves espaciales y que descendió en la
cumbre del Monte Shasta.
Oliver
afirmó que esos sobrevivientes (¿de la Atlántida?) poseían vehículos
aéreos con alas, que eran impulsados con combustible , pero que fueron
reemplazados por naves impulsadas por fuerzas magnéticas.
Este
libro del siglo XIX, afirma que la gente del Monte Shasta, podría producir
bolas de fuego de diferentes colores, en especial rojo, anaranjado, amarillo y
verde. En 1951, se vieron juntas 9 bolas de fuego verde en el cielo, cerca de
Alburquerque, Nuevo México; eran brillantes como lunas. Muchas bolas de fuego
de extraño color verde fueron vistas a comienzos de la década de los años 50,
pero sólo en el suroeste, donde está situada la planta de energía atómica de
Los Álamos.
Las
bolas de fuego tenían el aspecto del cobre ardiendo o de un tubo de gas de
neón verde; en la gráfica del espectro, el color verde era 5200 angstroms
(unidad de medida de las longitudes de onda, equivalente a diezmillonésima
parte de un milímetro), que equivale al cobre ardiendo. Los meteoritos no
contienen cobre (el cobre de los meteoritos se oxida cuando estos entran en la
atmósfera), pero se encontraron grandes concentraciones de partículas de cobre
en el aire de Nuevo México y Arizona, después que se desvanecieron las bolas
de fuego verde.
Sin
considerar de dónde venían, ni quien la enviaba, existe la idea, de que su
finalidad era eliminar el exceso de radiación después de las pruebas
atómicas.
La
descripción de Oliver acerca de la morada subterránea exótica de los
habitantes del Monte Shasta, es similar a la historia del “Doctor From Lhasa”,
de Lobsang Rampa, quien declaró que había reencarnado en un monje tibetano.
Rampa describió su visita a una cueva secreta bajo el palacio Potala, en la
capital tibetana Lhasa. Cuando se estaba preparando para convertirse en un
médico sacerdote, su profesor lo condujo a una de las cavernas y le mostró la
obra de una antigua raza, había historias exquisitamente grabadas en un
espacioso tablero dorado. Además había un anticuado Atlas de las estrellas y
debido a su gran antigüedad, todas las estrellas se encontraban en posición
diferentes a las que tienen, hoy en día.
Viene
a colación, a manera de epílogo, una serie de extraños acontecimientos en
torno al Monte Shasta. Resplandores sobre el volcán, incendios inexplicables en
la selva, discos voladores que se alejaban del volcán y volvían a entrar en
él (cuando el fondo del cráter está lleno), barreras invisibles y “vibraciones”
que impidieron a los curiosos, turistas y exploradores, acercarse a ciertas
zonas forestales en la montaña.
¿Es
posible que el Monte Shasta constituya una base terrestre camuflada o
intraterrestre; de una civilización antiquísima identificada, o en su
defecto, entidades biológicas extraterrestres, coexistiendo en el planeta
Tierra desde tiempos inmemoriales?
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