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EL
PARAÍSO TERRENAL
Navegante
Se
afirma que más de ochenta hipótesis documentadas dan cuenta de la posible
ubicación de este lugar bíblico. Se basan en estudios geográficos, tal como
lo insinúa el texto bíblico. El “paraíso terrenal”, lugar donde
nacieron Adán y Eva y de donde posteriormente fueron expulsados, ubicado según
la narración bíblica entre los ríos Tigris, Éufrates y otros dos
desconocidos, el Geón y el Fisón.
Si leemos en la Biblia el lenguaje metafórico y descriptivo del Génesis en los Capítulos I, II y III, y lo confrontamos con el conocimiento actual tanto del universo, las ciencias, de las múltiples aventuras arqueológicas fallidas plasmados en leyendas y mapas que darían cuenta de este lugar, la biología y en particular el conocimiento sobre el ser humano, es posible vislumbrar una teoría diferente sobre su ubicación.
En el versículo 7-II, concepto como “lodo de la Tierra”, corresponde al cuerpo humano al cual Dios “inspiróle en el rostro un soplo o espíritu de vida ” o alma, luego de muchísimos años de pacientísima evolución (Capítulo I), “a imagen y semejanza nuestra”, que lo diferencia del resto de los seres de la creación y que en conjunto constituye la esencia del ser humano. Significa que el “paraíso terrenal”, aquel producto evolucionado de la tierra al cual Dios, “por fin” (26-I), le asignó alma, es el ser humano.
¿Por qué?
En el versículo 8-II, por “jardín delicioso en que colocó al hombre” puede entenderse como el planeta Tierra con sus elementos constitutivos, único en su género en el universo conocido, aquel puntito perdido en la inmensidad del universo donde sólo es posible la vida. Alguien dijo, palabra más, palabra menos: el universo existe para que sea posible La Tierra.
Si “el paraíso terrenal” es el ser humano, en el versículo 9-II, el “árbol de la vida en medio del paraíso” puede entenderse como su sistema progenitor, y de él, su genoma o patrón hereditario (se puede decir que la comprensión de toda la biología humana –y, agrego yo, la base material del psiquismo y de la esencia del ser humano– está contenida en la identificación de 50.000 a 100.000 genes en sus cromosomas -declaración sobre el proyecto genoma humano-), del que sólo el 2% de su codificación se diferencia del de los primates. Otro puntito perdido en la biología. De igual forma el “árbol de la ciencia” en medio del paraíso puede entenderse como su sistema nervioso central, el encéfalo y sus componentes, único lugar en la naturaleza donde se produce el intelecto no obstante compartir su estructura básica con todos los vertebrados. Así como el “árbol del bien y del mal”, corresponde a la conciencia, inherente al sistema cerebral humano. La diferencia del ser humano respecto de los demás seres vivos, está en su función cerebral. Ya sabemos que los trastornos mentales son mal funciones encefálicas y de su implicación en la conciencia o conocimiento ético y moral; el ser humano pierde su naturaleza con la pérdida de la función cerebral, definición moderna de su muerte.
Los versículos 10-14-II mencionan a “un río para regar el paraíso”, lo cual puede corresponder a su sistema circulatorio y de éste, el corazón y más específicamente la arteria aorta, característica ésta muy amplia en el reino animal. Río que “se dividía en cuatro brazos”, concepto correspondiente a las cuatro arterias que irrigan en encéfalo: dos arterias carótidas internas y dos arterias vertebrales. Cada uno de los cuatro ríos irriga sitios diferentes, haciendo alusión no sólo a ciertas “riquezas” a su paso sino a regiones diferentes, caso propio del cerebro.
Llama la atención la descripción bíblica de uno de los brazos del río, el mítico Geón, en “Etiopía”, remotísima cuna de la humanidad, lo cual ubica el paraíso terrenal en dos continentes, África y Asia Menor. Los dos ríos históricamente conocidos, el Tigris y el Éufrates en cuyas cuencas crecieron los imperios asirio, sumerio, acadio, babilónico y actual Irak, el río Fisón irrigando tierra de “oro finísimo”, ubicado tradicionalmente cerca de la región de Armenia, “país de Hevilat”, en el Asia Menor, y el Geón en el África, descartan, en términos geográficos e históricos, la conformación de “un río”, luego la finalidad de esta descripción no es meramente geográfica.
También llama la atención la analogía entre la anastomosis de las carótidas en el polígono de Willis en la base del encéfalo como también la anastomosis de las arterias vertebrales en la arteria basilar y la confluencia de los muy conocidos ríos Tigris y Éufrates, haciendo afluencia en el Shatt al-Arab. El polígono de Willis, la arteria basilar y el Shatt al-Arab, son ejemplos de analogía anatómica y geográfica. Si, por añadidura, observamos la proporcionalidad física entre la extensión promedia de aquellos ríos (1.850 Km y 2.735 Km.) respecto a la del Shatt al-Arab (193Km), y lo propio entre la aorta (45-50 cnt) y la basilar (4 cnt), el símil es sorprendente.
Lo anterior cabe entenderse como una alusión metafórica y poética al cerebro humano, claramente diferenciado anatómica y funcionalmente el uno del otro en los hemisferios cerebrales (África y Asia), asiento de las funciones biosíquicas más extraordinarias, “oro finísimo”, y de funciones específicas simbolizadas como “bedelio” (gomorresina para sahumerios, uso farmacológico, bálsamo) y la “piedra cornerina”(1), irrigado por un río que se divide en cuatro brazos que en correspondencia análoga a las características hidrográficas descritas en la Biblia, conforman una unidad descriptiva coherente. ¿No es acaso el cerebro humano (aprox. 100.000 millones de neuronas estrechamente interrelacionadas, asiento de fenómenos biosíquicos tan sorprendentes como la volición, la autoconciencia, la creatividad), la obra máxima del universo material, “sine qua non” sería posible el ser humano?.¿No cabe a este prodigio, un lugar especial en la Biblia, producto del lodo de la tierra, allí donde Dios “por fin...inspiróle espíritu de vida ”?.
En el versículo 15-II, el concepto “para que le cultivase y guardase”, corresponde, en consecuencia, a la educación, etc, propio del desarrollo intelectual del ser humano, sin el cual el encéfalo pierde capacidades, muchas veces de manera irrecuperable.
En el versículo 17-II donde dice “del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comas” cabe entenderse como alguna forma de aberración genética (¿pecado original?)(2), inducida por determinado comportamiento desviado, por el cual Adán y Eva, a conciencia, infringieron la ley, situación ésta que provocó “infaliblemente” el advenimiento de la enfermedad y muerte, puesto que en el versículo 19-III se refiere a que “vuelvas a confundirte con la Tierra de que fuiste formado”.
Esto puede entenderse como que hubo una época en la cual el ser humano no moría, pero, como se menciona en el versículo 24-III, el ser humano fue desterrado del paraíso por la muerte, separación del alma de su cuerpo, por lo cual Dios “colocó delante del paraíso de las delicias un querubín con espada de fuego para guardar el camino que conducía al árbol de la vida”, es decir puede entenderse como la preservación y preparación de aquellos acontecimientos que habrán de conducir al hombre de nuevo al paraíso, a la Tierra prometida, la resurrección, prueba de lo cual dejó constancia Cristo con la resurrección suya y de otros, descritos en la Biblia.
(1) Una leyenda refiere que la copa del Santo Grial está tallada en un gran trozo de ágata, conocida también como cornerina oriental. Otra leyenda refiere que cuando Lucifer se reveló contra Dios y al ser vencido por Mikael, perdió, en su caída, la esmeralda que ostentaba en su frente. Esta esmeralda había estado confiada a Adán y Eva en el Paraíso Terrenal, después de haber sido tallada en forma de copa por los propios Ángeles y que les daba el poder de vivir en un Eterno Presente, hasta que un día probaron del fruto prohibido del árbol de bien y del mal y fueron expulsados del Paraíso.
(2)Agustín aportó una idea extraña a la Biblia: la noción de que la mancha del pecado se transmite de generación en generación mediante el acto de la procreación. Tomó esta idea del teólogo del siglo II, Tertuliano, quien en realidad acuñó la frase pecado original. Algunos teólogos ortodoxos, como Karl Barth, Reinhold Niebuhr y Paul Tillich, sin embargo, se mostraron poco inclinados a atribuir la transmisión del pecado a la procreación, en vez de atribuirlo a una sociedad ya corrupta (Enciclopedia Encarta 2001).
“Navegante”, mar, 18/02
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