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Es posible que a Nostradamus se le pueda hacer decir cualquier cosa pretendida apriorísticamente por las finalidades interpretativas de cualquier supuesto desentrañador de su lenguaje. Pero el alcance de lo que se puede llegar a entrever tras la forma poéticamente mal adornada de la cuarteta número 21 de la Centuria VI, puesto en relación con los recientes acontecimientos de incierta mas sospechada trascendencia que aún se están desarrollando en dos puntos alejados del globo, y que mantienen nuestra atención a través de todos los noticiarios mundiales, no deja de desorientar nuestra inevitable orientación racionalista cartesiana, débilmente sostenida, no obstante, por una conformación mental de contradictoria
intuitividad, ni de habilitarnos razones de absurdo contenido.
La cuarteta en cuestión dice así:
XXI
En Orient grand effrayeur & crainte:
Esleu nouueau, sostenu le grand tremble,
Rodes, Bisence de sang Barbare teincte.
Cuando los del polo ártico unidos ensamblados,
En Oriente gran espanto y temor:
Elegido nuevo, sostenido el grande tiembla,
Rodas, Bizancio de sangre Bárbara teñida.
Polo ártico, Oriente, nuevo elegido, Bizancio... Nada parece sugerirnos el menor parecido con la realidad política, religiosa o económica que atraviesa el mundo en el momento actual. Tal vez, siquiera remotamente, podrían llegar a asociarse las palabras de los versos segundo y tercero con el conflicto palestino-israelí y con las elecciones presidenciales americanas, en un desesperado intento por acomodar cualquier sugerente pretensión soteriológica de fatalismo irremediable a una pretenciosa lectura de partidismo acrítico.
En esta cuarteta, efectivamente, se hace alusión a un «elegido nuevo» después de referirse a una situación de gran temor que se desarrollará en Oriente. Pero, ¿debemos identificar esa vaga descripción que hace el controvertido profeta con los trágicos sucesos que se están desarrollando entre palestinos e israelíes porque ciertas palabras genéricas coincidan con mayor o menor acierto con la visión interesada de un aprendiz de visionario? ¿Por qué han de enfocarse aquellas precisamente a la última contienda electoral de la que saldrá elegido el primer presidente norteamericano del siglo XXI?
Veamos cómo Nostradamus contextualiza perfectamente el momento histórico.
Verso primero: una modernísima ensambladura
Esa nueva elección, si hemos de hacer caso a la proposición enunciada en el primero de los versos, se celebrará «cuando los del polo ártico...», es decir, después de que se produzca un hecho que marca la clave identificativa temporal al lector atemporal. ¿Pero de qué manera podemos dar nombre y apellidos a «esos» del polo? No parece que Nostradamus se esté refiriendo a personas concretas. Posiblemente esté haciendo alusión a determinados países que establecerían una especie de alianza. ¿Es que acaso existe o ha existido alguna nación estable y significativa en aquella zona inhóspita del planeta? O tal vez no se trate sino de otro de los juegos de palabras a que tan acostumbrados nos tiene Nostr-adamus. En latín, «polus» significa «polo, eje [del mundo]»; también «cielo» o «bóveda celeste», e indistintamente, «el norte». Quedémonos, por el momento, con este significado.
La palabra «ártico» o «
arctic» del texto original provienen del vocablo latino «arctos», que puede significar tanto la Osa (la constelación estelar), como la noche, o como «el polo norte», «los pueblos del norte», o genéricamente, «el Norte».Todo parece indicar, pues, que Nostradamus hacía alusión críptica a los países del norte. Y su insistencia lingüística en ambos términos denotadores nos precisa que deben de ser los países del extremo norte de Europa, teniendo en cuenta el contexto geográfico desde el que nuestro adivino escribe.
Al parecer, según las palabras que utiliza el profeta de Salon, ciertos países del norte se aliarán («unidos»), lo que en alguna ocasión se ha solido interpretar como una alianza o pacto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética (cuando ésta tenía identidad política), en un denonado mas forzado intento por dar sentido a la frase.
Pero la palabra clave para sacarnos de dudas es la última con que se cierra el verso: «ensamblados». En efecto, si ésos del polo estuvieran unidos, podríamos pensar en una alianza entre países (que discutiblemente serían los mencionados), pero la palabra «ensamblados», «ensemble» en francés hace referencia a una unión mucho más recia, más «física» que algo simplemente nominal o político. Parece que se tratare de una unión que entrelaza, que ensambla, que acerca fusionando.
Para no divagar: el pasado 1 de julio de 2000 se inauguró oficialmente el Øresund Fixed Link [
http://www.oresundskonsortiet.com/], el puente de 7.845 metros que conecta y «ensambla» los países norteños de Europa, Dinamarca y Suecia, entre Copenhague y Malmö, una obra de ingeniería colosal que incluye un túnel sumergido de 3,5 kilómetros, una isla artificial de 4.000 metros, una nueva autopista y ferrocarril a ambos lados de Suecia y Dinamarca, y que ha eliminado la última barrera marítima de Europa en pleno corazón del mar Báltico, con todas las consecuencias económicas y socioculturales que ello puede acarrear en el futuro.Veamos el sentido del enlace etimológico: el Diccionario de Autoridades de la Lengua Española [
http://www.rae.es/NIVEL1/buscon/AUTORIDAD2.HTM] da el siguiente significado a la palabra «ensamblar»: Juntar, unir: lo que propiamente se dice de los ensambladores, quando hacen las juntas de unos ángulos y esquinas en las obras de carpintería de obra prima. Parece que viene del Francés Ensemble, que significa juntamente, o estar e ir juntos. Lat. Jungire, coagmentare sepulta.
De la referencia latina que nos ofrece el diccionario, «coagmentatio» se traduce por «unión, ensambladura», y «iungo» por «unir, juntar». Y el ejemplo con el que se ilustra el término en el Diccionario latino-español de la Editorial Ramón Sopena así como en el Diccionario ilustrado VOX no deja de ser sorprendente:
«fluvium ponte iungo», es decir, «tender un puente sobre el río».
Si, como interpreto, el verso nostradámico prevé el momento de inauguración del Øresund Fixed Link con cuatrocientos cincuenta años de antelación, extraigo como consecuencia inmediata la posible tenencia de una clave temporal importantísima para poder desentrañar el corpus profético entero. A mi entender, la fecha del 1 de julio de 2000 se halla inscrita en el verso primero de la cuarteta número veintiuno de la Centuria sexta (en la que sería el verso número ochenta y uno).
Y las palabras que siguen no harán sino confirmar la inicial sospecha.
Verso segundo: los eternos discordes
«En Oriente gran temor y espanto». Oriente suele ser en Nostradamus el Próximo Oriente, bíblico escenario de eterno conflicto. Y, en efecto, desde que comenzó la Intifada a finales del pasado mes de septiembre, los acontecimientos sangrientos entre palestinos e israelíes no cesan de empañar los noticiarios casi a diario. El suceso desencadenante de los imparables crímenes tuvo su origen al parecer el pasado 28 de septiembre, cuando el general Sharon visitó provocadoramente la Explanada de las Mezquitas. Desde entonces han muerto violentamente cientos de personas. No podemos decir que sea algo que nos sorprenda, dado el carácter de conflicto perpetuo de los territorios paradójicamente santos, pero sí resultan significativos en cuanto a que contextualizan la cuarteta temporalmente como si de una crónica sucesiva de hechos se tratara.
Verso tercero: Bush o Gore
El siguiente acontecimiento que confirma semejante linealidad espacio-temporal lo constituyen las elecciones presidenciales americanas del pasado 7 de noviembre («elegido nuevo»). Unas elecciones estas que han constituido un caso único en los doscientos años de historia constitucional de los Estados Unidos debido a la indefinición de los resultados finales casi un mes después (en el momento en que escribo este artículo) de haberse celebrado, y que están suponiendo, para el criterio de muchos analistas políticos, una auténtica crisis institucional —si no incluso constitucional— en el país donde se afinca el trasvestido faro de la libertad.
¿Existirá alguna otra nota característica en la cuarteta 6.21 que pudiera indicarnos sin lugar a dudas que Nostradamus, además de señalar una fecha de referencia en el primer verso, pretenda estar posicionándonos temporalmente en el año correcto presidencialista, sin temor a errar en absoluto en cuanto a la identidad de los contendientes políticos ni a la fecha histórica de tal elección?
Creo oportuno señalar, antes que nada, que, en mi opinión, no debe prestarse demasiada atención analítica a los signos de puntuación (ni a la pertinencia de sentido de las mayúsculas y minúsculas) que aparecen en el texto profético. Ignoro si serán pertinentes en cuanto al sistema de encriptación utilizado, pero dudo mucho de que lo sean a la hora de traducir semánticamente el mensaje. Eso sin tener en cuenta la cantidad de errores de transcripción o tipográficos que se producen en cada nueva edición de cualquier obra nostradámica. De ahí que la presencia de una coma en el contexto de una frase pueda no ser gramaticalmente correcta mientras el sentido que se pretende significar sí guarde por el contrario, coherencia interna y con el conjunto.
En el tercer verso de la cuarteta analizada, la palabra francesa «
Mas si analizamos detenidamente el término «
sostenu», las resonancias significativas pueden tener un alcance insospechado.Porque, en efecto, la palabra francesa «
sostenu», que significa «sostenido», procede del vocablo latino «sustineo», que se traduce de esta forma: sostener; sostener en la mano, llevar encima; retener, contener; [fig.] mantener, conservar; apoyar; subvenir a, sostener; soportar, resistir; asumir, tomar a su cargo; osar, tener el valor de, atreverse a; aplazar, suspender (rem in noctem sustineo, aplazar un asunto hasta la noche). En el idioma de George Walker Bush y de Al Gore diríamos —como en las indicaciones tan desagradablemente frecuentes de los horarios de salida o de llegada en los aeropuertos— «delay».De modo que, recogiendo esta última acepción latina del término (y no olvidemos que el latín es el idioma de obligada referencia «oficial» para quien pretende descubrir en la obra de Nostradamus un contenido huero de patrañas), la palabra «
sostenu» se traduciría por «aplazado, suspendido, postergado» (delayed), y el verso entero de esta guisa: «Elegido nuevo aplazado, el grande tiembla». ¿Le parece a alguien que esta frase escrita hace 450 años guarde cierta resonancia con lo que está sucediendo estos días como consecuencia del insólito y único caso de esta suerte de «aplazamiento» de los resultados de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos?Realmente no sé si la pretensión deducida en las líneas anteriores resulta una osadía interpretativa que excede los límites de la racionalidad más cautelosa, o si la mediatización de la subjetividad inherente a todo análisis que excluye el inoperativo método científico ha de ceder el paso irremisiblemente a la constatada evidencia de unos hechos que rozarían la imposibilidad de la lógica matemática o del cálculo probabilístico. El lector en este caso, más libre, en todo caso, que el elector americano, juzgará de la bondad o incongruencia de las sugerentes afirmaciones irreverentemente vertidas de forma indirecta contra la ciencia empírica.
Tres versos, tres hechos, y tres fechas recientes, se traducen, pues, con esotérico impudor parapsicolingüístico:
— La inauguración de la ensambladura mecánica del puente que elimina las barreras náuticas y enlaza a Dinamarca y Suecia.
— El ambiente prebélico en tierras palestinas en una nueva escalada del terror.
— Y los resultados aplazados de las últimas elecciones presidenciales americanas que dejan sumida aquella flamante democracia bajo una sombra de incertidumbre que realmente puede hacer «tambalear» los cimientos constitucionales del «grande».
Las fechas:
— 1-7-2000
— 28-9-2000
— 7-11-2000
Ahí están. Quizá para expresar un segundo significado oculto que espera ser desentrañado por los estudiosos de las claves numéricas y astrológicas de Nostradamus. O tal vez —que todo cabe— para servir de sarcástica mofa a los herederos del post-cartesianismo más insufriblemente impertinente.
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Cuarto verso: un futuro incierto
Queda pendiente aún un cuarto verso —el último— por interpretar: «
Lastimosamente, nadie al día de hoy ha conseguido —otra cosa es que se haya creído su pretensión— «anticiparse» a los hechos sugeridos por Nostradamus en una interpretación sin mácula de sus encriptos antes de que pretendidamente tuvieran lugar. Por supuesto, tampoco yo poseo la varita mágica capaz de desvelar el misterio. Habremos de esperar, pues, con fatídica paciencia, a que algún futuro acontecimiento llegue a «ensamblarse» sin fisuras con el misterio encerrado en esas seis palabras finales.
Tan sólo dos apuntes más de posible interés hermenéutico relacionados con este cuarto verso: El primero es que la palabra «
Bisence», si no se trata de un error tipográfico heredado de alguna antigua edición de las Centurias, sólo aparece con semejante literalidad en esta cuarteta. Cuando Nostradamus se refiere a Bizancio —es decir, «Buxantion»— (otra cosa es qué cosa represente algo que ya no existe), utiliza indefectiblemente la forma francesa «Bisance».En cuanto al segundo apunte, se halla escondido —no desde luego con halo esotérico ni con velo isíaco— entre estas líneas, a modo de caprichoso juego distendedor de tanto fatum vejatorio contra la natural pulsión de sentido indeterminista. Y también —¡qué diablos!— por la elemental prudencia con que, a mi juicio, han de vertirse afirmaciones que, descarnadas de sensato decoro, podrían devenir falazmente estúpidas.
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