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LOS JUEVES MILAGRO (1957)
La película que todo aficionado a lo paranormal debería ver


Los jueves, milagro (1957) es, a primera vista, una película plenamente berlanguiana, pero los múltiples azares y contingencias ocurridos en su proceso creativo hacen de ella una obra confusa y opaca en relación a las genuinas intenciones del director.

Las fuerzas vivas de un pueblo idean las apariciones semanales de un santo milagrero, San Dimas, para que reactive con sus hazañas el polo de atracción que siempre fue su ahora languideciente balneario. Un farsante simula ser el prodigioso taumaturgo. Abandona la tarea cuando ya ha enriquecido los bolsillos de sus mentores con sus falsos trucos, pero entonces irrumpe el presunto San Dimas en persona, cuyos reales milagros supuestos causan verdadera conmoción y sirven de lección a incrédulos e impostores.

Este argumento esencial contiene y ampara los ingredientes del Berlanga originario y del Berlanga permanente, y hace suponer con facilidad los rasgos de sus reconocibles estilo y mirada: la búsqueda de la mejora por un medio artificial y extraordinario; el retrato coral de una comunidad regida por sus mandamases; el amparo en el disfraz, la mentira y el engaño; las incidencias negativas en el proceso de superación de una realidad indeseable y tantas otras cosas que, en efecto, vendrán servidas con esa mezcla de realismo cómico y esperpento que caracteriza al autor y dentro del ingenioso barullo verbal y del movimiento incesantes que le son propios.

Quinta película de Berlanga, entre Calabuch (1956) y Plácido (1961), bien podría ser una película de transición o fin de etapa entre un cierto idealismo no exento de crítica punzante y un abismamiento en un mundo más negro, pesimista y desesperanzado que le sobreviene de la mano de Rafael Azcona.

Berlanga permanecería todavía, a punto de dar el salto, sobre las bases del trípode de un cine popular muñido por las influencias de Capra, Clair y el neorrealismo italiano de fibra ingenuista y católica.

Pepe Isbert

El primitivo guión de Los jueves, milagro ya desató un vendaval de reacciones que volvieron caótico el sentido de la película. Berlanga se inspiró para su argumento en unas falaces apariciones de la Virgen en un pueblo valenciano y, sobre todo, en una idea precedente –el guión de la nunca realizada El gran Festival– que trataba de cómo un pueblo se inventa un festival cinematográfico para revitalizar la menguada actividad de su casino.

Entre que la censura desconfió de las bromas en materia religiosa agazapadas en el guión y que la productora responsable pasó de improviso a manos del Opus Dei, se desataron un sinfín de cambios que distorsionaron la película final, sin que la mala memoria y la capacidad de mixtificación de Berlanga hayan contribuido a aclarar sus verdaderos propósitos.

Hubo distintas versiones del guión, antes y ¡hasta después! del rodaje, obligadas por la censura y la nueva productora, se suprimieron y añadieron escenas, intervino otro director –Jorge Grau– en el rodaje de imágenes adicionales, se introdujeron cambios de diálogo en la mismísima sala de doblaje y el lioso desarrollo del proyecto culminó hace unos años en el descubrimiento por la Filmoteca Nacional de dos versiones distintas y acabadas de la película. Los interesados pueden consultar, para tener una idea más precisa de este folletón, un artículo de Ferrán Alverich (Nickel Odeon, Verano 1966), que es el que mejor explica el formidable embrollo que desgobernó la realización de esta película, pese a todo, y como ya se ha dicho, de inconfundible estirpe berlanguiana. La crítica ha fijado como plausible que las mejores virtudes del filme se amontonan en su primera parte –la más fiel al guión de Berlanga y José Luis Colina, mientras que la segunda se resiente de las intromisiones de censores y productores.

Para unos, fue y es una película católica que, pese a caminar por el filo de la navaja, exalta la posibilidad de lo sobrenatural. Para rigoristas sectores católicos, era y es una burla nada soterrada de la creencia en lo irracional y trasmundano. La crítica izquierdista la puso a caer de un burro por considerar que era una película católica, dijeran lo que dijeran los censores eclesiásticos y los productores de la Obra.

No es del todo fácil, aunque tampoco imposible, emitir hoy un juicio sobre el particular. Mi impresión personal es que, a la postre, no queda lejos del catolicismo, de un catolicismo, eso sí, capaz de dudar y de tomar distancia.

La intervención de coercitivos factores externos a Berlanga no hizo sino poner de relieve algo que podría ser ampliable, sin esos factores, a todo su cine: la ambivalencia y la ambigüedad moral. O, si se prefiere, la dificultad de reducirlo a un patrón ideo-lógico unívoco. Y esto viene, entre otras razones, por la relación de amor-odio, de ternura e impiedad que Berlanga establece siempre con todos sus personajes y con el mundo en general. Hay un Berlanga blanco por fuera y algo negro por dentro que bien podría acabar con Los jueves, milagro. Luego, viene otro, negro por fuera y algo blanco por dentro, y, al final, con la eruptiva París-Tombuctú y el cortometraje El sueño de la maestra, vemos, por fin, un Berlanga rotundamente negro por dentro y por fuera.

Fuente: Los jueves, milagro Blanco y negro, por Manuel Hidalgo, 04-12-2003

Datos:
Los jueves, milagro (España/Italia, 1957)
Título original: Los jueves, milagro/Dimas, arrivederci
Director: Luis García Berlanga
Producción: Ariel Films, Domiziana-Continentale Films
Jefes de producción: Enrique Balader y Paolo Moffa
Guión: José Luis Colina y Luis García Berlanga
Fotografía: Francisco Sempere
Música: Franco Ferrara
Montaje: Pepita Orduña
Dirección de arte: Enrique Alarcón
Vestuario: Peris Hermanos
Intérpretes: Richard Basehart (Martino-San Dimas), José Isbert (don José), Paolo Stoppa (don Salvador), Alberto Romea (don Ramón), Juan Calvo (don Antonio)
Duración: 85 minutos. Blanco y negro


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