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Parece que fueron Albert K. Bender y John Keel quienes acuñaron el término de "Hombres de negro".

Ha ocurrido muchas veces que, cuando un investigador del tema ovni ha profundizado demasiado, hasta el punto de hacerse molesto para "alguien" o incluso en ocasiones cuando cualquiera ha sido sencillamente testigo de la aparición de un ovni, recibe la visita de unos hombres extraños que le conminan a que guarde silencio o suspenda su investigación.

Se han señalado casos en todo el mundo. Los testigos los suelen encontrar a la entrada de sus domicilios; los investigadores en sus despachos o en los congresos. Son de uno a tres hombres, vestidos de negro o de oscuro, que viajan por lo general en un Cadillac, negro también. Demuestran saber en detalle lo que ha visto el testigo - aunque éste no lo haya revelado a nadie -, y conocer a la perfección la actividad del investigador, que más de una vez parece haberla pagado con su vida.

Gray Barber y james Moseley han registrado más de 600 visitas de los Hombres de negro, en las que éstos han ordenado el silencio a los testigos presénciales de ovnis.

El primero de dichos investigadores, al saber de ufólogos de todo el mundo habían recibido la visitas de los Hombres de negro, escribió en 1956 un libro muy curioso: "They knew too much about flying saucers" (Ellos sabían demasiado sobre los platillos voladores).

El Dr. Scott Rogo en "The hauted universe" (El universo encantado), los define como "presencias que surgen de la nada, tienen un conocimiento paranormal de las vidas de sus víctimas y se desvanecen tan misteriosamente como aparecieron".

Dice el autor Daniel Guerrero que los hombres de negro no tienen un aspecto corriente, que su piel es aceitunada o muy amarilla y que, en una ocasión, testigos presénciales que habían sido visitados por ellos afirmaron que sus ojos brillaban como las bombillas de las linternas eléctricas.

Hay veces que suena el teléfono y un misterioso comunicante ordena que se destruyan las fotos o las muestras tomadas o que se suspenda una conferencia, una emisión radiofónica o televisiva. En otras ocasiones, tiene lugar la visita. La descripción más típica es la siguiente: llegan tres caballeros, de 1,80 a 1,90 metros de estatura, de rasgos orientales, barbilampiños. Van pulcramente vestidos de negro, con camisa blanca y corbata igualmente negra. Su ropa parece recién estrenada y llevan gafas oscuras.

Se ha apreciado que sus trajes parecen pasados de moda, pareciendo corresponder a la década de los años cuarenta. Se les ha visto salir de un coche tipo limosina de color negro con matrícula aún no asignada o que ha resultado ser falsa. Entre las desconcertantes declaraciones de los testigos los hay quien aseguran haberse dado una materialización repentina de tales seres ante los ojos del visitado.

En su obra "Phantome des Schreckens" de 1.980, (Hombres de negro. Los fantasmas del espanto), Peter Krassa encuadra a estos personajes en tres grupos fundamentales:

1. Hombres altos y delgados, de piel clara (en ocasiones sumamente pálida), con el pelo cortado a lo cepillo.
2. Hombres de estatura varia, que con frecuencia se presentan en pareja: uno rubio, alto y delgado, por ejemplo, y el otro moreno y bajo.
3. Hombres bajos y de tez oscura, de facciones orientales y que hablan con un acento que hace difícil comprenderles.

Llegan con gran corrección, presentándose con nombres y cargos falsos, como agentes de la CIA o del FBI, diciendo a veces que son funcionarios de algún país de confusa ubicación geográfica y exigen firmemente el silencio, el cese de la investigación o la entrega del material.

Más de una vez se han hecho pasar por militares, habiéndose llegado el Pentágono a ordenar una investigación e este respecto en 1.960, cuyos resultados no son conocidos. Entre 1.960 y 1.970 hubo una infinidad de casos de visitas de los "hombres de negro".

De no obedecerse las instrucciones de estos misterioso visitantes, puede producirse la enigmática desaparición de la persona, su inexplicable suicidio, un incendio en su domicilio...

El investigador Andreas Faiber Kaiser, en su libro "¿Sacerdotes o cosmonautas?" hace una recopilación de nombres de científicos que han sido enigmáticamente silenciados en su estudio el fenómeno ovni. Figuran en esa lista los nombres de Morris K. Jessup, general Ailleret, Richard Turner, Albert K. Bender, Edward Ruppelt y James Mac Donald. Es, en efecto, extraña la coincidencia de una serie de fallecimientos de investigadores del fenómeno ovni en distintos países.

Jessup, que había estudiado de cerca las misteriosas desapariciones registradas en el Triángulo de las Bermudas, murió de un modo extraño. Parece que poco antes de su fallecimiento se mostraba taciturno y preocupado. ¿había sido amenazado?. Fue encontrado muerto el 20 de abril de 1,959, hacia las 6:30 de la tarde, por inhalación de gases dentro de su coche, justo cuando se disponía a entregar cierta documentación sobre casuística ovni. Richard Turner, célebre investigador británica, muere el 25 de junio de 1.967, después de haber estado estudiando durante varios años los fenómenos ocurridos en el golfo Pérsico y siendo presidente del grupo de estudios sobre los ovnis de la Universidad de Cambrige.

Siete meses después, fallece el general Ailleret, jefe del estado Mayor francés, a los cuatro días de declarar su decisión de crear una comisión oficial para la investigación de los objetos volantes no identificados.

En la primavera del año siguiente, muere de cáncer de pulmón el doctor Olavo Fontes. Muere también , en Canadá, Wilbur Smith, uno de los primeros creadores de la comisiones de información del problema ovni. Inexplicable fue la muerte por suicidio del profesor James E.McDonald, catedrático de la Facultad de Meteorología de la Universidad de Arizona, que parecía un hombre optimista y con grandes deseos de vivir. Y tal vez el caso más destacado sea el fallecimiento por cáncer del capitán profesor Edward Ruppelt. Es curioso que haya sido de cáncer de los que murieron muchos investigadores y amenazas veladas recibidas de enigmáticos agentes, siguieron sus estudios. Ruppelt fue el autor del libro "The report on Unidentified Flying Objects" y director del proyecto "Libro Azul".

El escritor Yves d’Alveydre recibió en el año 1.885 una comunicación anónima por la que se le daba orden terminante de quemar su último libro, "Mission de l’inde". El autor obedeció pero hubo un ejemplar de la obra que se libró de la destrucción y muchos años más tarde la reeditó en Francia la casa Dorbon. Pues bien, ocurrió algo muy curioso: cuando los nazis entraron en París, un comando especial procedió a secuestrar y hacer desaparecer todos los ejemplares de dicho libro que pudieron hallar.

Paul Schlieman heredó los conocimientos que había logrado su abuelo sobre la Atlántida. Éste fue el investigador Heinrich Schiliemann, descubridor de Troya. Paul se dedicó a proseguir sus estudios, viajando durante seis años por Egipto e Ibero América. En 1.912 desapareció misteriosamente.

El ex ministro estadounidense James Forrestal, que fundó en 1.947 el "Proyecto Sing", la primera comisión destinada a investigar el tema ovni, después de sufrir una fuerte depresión se suicidó.

George Adamsky, hoy difunto, se dirigía a una restaurante al pie del Monte Palomar, donde se encuentra el famoso observatorio astronómico. Adquirió celebridad por sus informes en los que aseguraba haber estado en contacto con seres procedentes de otros mundos. Relató visitas de seres extraterrestre, así como sus viajes en ovnis, hasta llegar a la luna, que casi nadie creyó. Hoy día, después de tantos relatos y pruebas, no puede uno ya estar tan seguro de que Adamski no dijese la verdad. En todo caso, hay algo muy singular: ¿por qué, a pesar de haber sido considerado como un mentiroso, fue enterrado en el cementerio de Arlington, reservado a los norteamericanos ilustres?. 
Pues bien, cuenta Adamski que un día tuvo que presentarse urgentemente en cierto hotel de Los Ángeles. En el vestíbulo se encontró con unos "extraterrestres",, quienes le hicieron señas para que les siguiera hasta un coche: era uno de esos automóviles negros de cuatro puertas que más tarde adquirirían fama con los relatos del investigador John Keel y otros sobre los "Hombres de negro". Según Adamski, las conversaciones con sus visitantes tuvieron siempre lugar en inglés corriente. El que hablaba sonrió y señalando al conductor y señalando al conductor del coche dijo que procedía "del planeta que ustedes llaman Marte. Yo vengo del denominado Saturno".

En mi opinión, estos hombres o humanoides pertenecen al planeta Tierra y hacen esas informaciones con la finalidad de mantenernos ignorantes de la realidad.

En el año 1.953, el ya nombrado Albert K. Bender, Director de la "International Flying Saucer Bureau", después de haber declarado en un número de la revista Space Review que en el número siguiente diría la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad sobre cuanto sabía respecto a los platillos volantes, recibió la visita de tres extraños caballeros vestidos de negro, quienes le instaron a abstenerse de toda revelación sobre el resultado de determinadas investigaciones que había realizado referentes a unos aterrizajes y despegues en un cráter de la Luna. 
Nueve años más tarde, publicaba este investigador un libro titulado "Flying saucers and the three men" (Los platillos volantes y los tres hombres), en el que narraba aquella visita.
Bender declararía haber recibido de sus visitantes el siguiente mensaje: "Estamos entre vosotros y conocemos todos vuestros procesos mentales. ¡Ten bien presente que estamos aquí, en vuestra Tierra !".

El ingeniero Julio M. Ladaleto se encontró cerca de Cojutepeque (San Salvador) el 23 de noviembre de 1.958, a las 11:35 de la noche, un objeto posado en el suelo sobre tres hemisferios, de unos 12 metros de diámetro por 7 de altura. Pudo fotografiar a un ocupante, de 2,5 metros de estatura, cuando éste cruzó la carretera, pareciendo que inspeccionaba la nave. Era calvo y vestía un mono azul y botas luminiscentes sin tacón... Al siguiente día, antes de que hubiera hablado con nadie de su extraño encuentro, le visitaron unos enigmáticos "periodistas", que parecían muy bien enterados del suceso.

El escritor e investigador James R. Wolfe, que siguió los pasos del antes mencionado Jessup e hizo pública su creencia de que éste había sido eliminado por haber llegado a conocer demasiado en temas prohibidos, desapareció inexplicablemente. Otro caso notable es el del ufólogo estadounidense Willian Dunn, que había logrado reunir una importante documentación sobre los ovnis, con descripciones detalladas de testigos. Tras recibir repetidas amenazas por teléfono, fue finalmente visitado por los "hombres de negro", que le ordenaron deshacerse de toda la información. El se negó, y un día ardió su casa en un incendio a todas luces provocado. Las llamas procedían de su despacho... Dos sheriffs de Angleton (Texas), llamados McCoy y Robert Goode, tuvieron el 3 de septiembre de 1.965 un encuentro cercano con una nave misteriosa de unos 70 metros de largo. Aquella misma noche, se acercaron a Goode en un restaurante dos desconocidos, que le describieron con todo detalle la nave y le cominaron a no referir el encuentro.

Frank Edwards era un popular comentarista radiofónico, realizador de un programa sobre acontecimientos misteriosos, entre ellos inexplicables desapariciones de personas, y autor de varios libros sobre el fenómeno ovni. Apareció muerto una mañana, en 1.966, en la habitación de su hotel, víctima de un fallo cardíaco. Ese mismo año, en Minot (Dakota del Norte), una mujer, asustada por lo que creyó un intento de ataque por parte de un ser que no parecía de este mundo, disparó contra él. Antes de haber hablado con nadie del asunto, fueron a verla los "hombres de negro", indicándole que debía guardar absoluto silencio sobre lo sucedido.
¿Cuál sería exactamente la misión de esos extraños individuos en los dos sucesos que siguen, que parecen apartarse de los casos clásicos?.

A principios de enero de 1.967, un estrafalario hombrecillo entró en el despacho de la señora Hyre, que trabajaba en el Palacio de Justicia de Athes (Ohio), estados Unidos. Medía aproximadamente 1,30 metros, tenía unos ojos muy raros, cubiertos por gruesas gafas,cabello largo y negro y, pese al frío reinante en el exterior, vestía una camisa azul de mangas cortas y pantalón también azul de tela ligera. Se dirigió a ella en voz baja y vacilante, pidiéndole le indicara el mejor camino para un pueblo próximo. La miraba de un modo como queriendo hipnotizarla y se acercaba a ella progresivamente... En cierto momento, el misterioso visitante tomó un bolígrafo de la mesa y lo contempló asombrado, como si fuera la primera vez que veía tal instrumento. Ella se lo dio y el desconocido lo cogió y escapó. Varias semanas después, la señora Hyre volvió a ver al hombrecito. Cuando éste se dio cuenta de que ella le observaba, se dirigió hacia un gran coche negro, al volante del cual se encontraba al parecer un hombre muy alto.

En el mismo año 1.967, Shane kurz estudiaba en la escuela superior de Westmoreland (Nueva York). Un día, cuando la muchacha se dirigía allí y estando ya a unos 50 metros de su destino, sintió que alguien la seguía. Estaba lloviendo ; ella llevaba paraguas. No había visto a nadie en la calle pero, de pronto, alguien surgió por detrás y dijo: "hola, Shane, ¿me permites compartir tu paraguas?". Vio que era un hombre de 1,60 metros aproximadamente, de cabello castaño, vestido con una camisa a cuadros y un pantalón de pana. Observó con inquietud sus ojos y sus orejas... Éstas terminaban en punto. Sus ojos eran grises, rasgados hacia atrás. "Cuando los miré -dijo Shane-, parecieron vaciarse, como si fuera posible ver a través de ellos. Eran muy magnéticos...". Su acento parecía oriental.
Ella le preguntó cómo sabía su nombre, pero el desconocido aludió la respuesta. Le hizo, sin embargo, toda clase de preguntas, entre ellas que hacía durante el recreo del mediodía. La joven repuso que generalmente jugaba al balonvolea o al baloncesto. "¿Qué es el balonvolea y baloncesto?" e insistió en que le describiera esos juegos. Entonces la invitó a dar un paseo con él a la hora del recreo. "¿En qué? - preguntó la chica. - No veo ningún coche". "Tengo mi vehículo allí - dijo el desconocido, señalando hacia un prado -. Es un vehículo blanco". Ella rehusó. Observó que el extraño individuo no sacaba las manos de los bolsillo. "Me alegro de haberle conocido" - dijo para dar por terminada la conversación. Dio unos tres pasos y al volver la cabeza por curiosidad, Sahen se quedó helada: su interlocutor había desaparecido. Retrocedió y le buscó en vano con la vista. No le vio, ni tampoco al supuesto coche. Algunas compañeras le habían visto al pasar hablando con un hombre.
Un mes después, Shane Kurz estaba en una tienda cercana a su casa, cuando vio a otro hombre que la miraba. Era rubio, de cabello escaso y de piel muy blanca. Sus ojos eran muy claros. Llevaba un abrigo negro, que parecía demasiado largo y grande para él. Le sonreía. No parecía tener intención de comprar nada. La siguió mientras ella elegía los artículos, sin pronunciar palabra. Ella trató de ignorarle, pero al volverse de pronto, observó que ya no estaba allí. Muerta de curiosidad, salió de la tienda para tratar de ver donde estaba, pero inútilmente, no había rastro de él, y sólo había transcurrido un instante desde que le dio la espalda. El dueño de la tienda le había visto igualmente y había comentado con otro cliente la presencia de aquel hombre raro, que daba vueltas dentro del establecimiento sin comprar nada.

Un joven granjero, Carrol Wayne Watts, conducía su coche, de regreso a casa, el 31 de marzo de 1.967, hacia las 10:30 horas de la noche. Vivía cerca de Loco (Texas). Se topó con un objeto de unos 30 metros de largo por 2 o 3 de altura, del que se abrió una puerta. Oyó entonces una "voz impersonal" que le invitaba a someterse a un reconocimiento. Si lo hacía y aprobaba el test, se le permitiría realizar un vuelo en la nave. Dentro de ésta había una máquina. Le dijeron que todo lo que tenía que hacer era permanecer en pie delante de ella, mientras le hacían el examen. "A unos 60 o 70 cm. Delante de la máquina había un mapa, de aproximadamente un metro cuadrado, situado a unos 30 cm. Del piso. Parecía ser un mapa a gran escala de algún territorio pero no podría decir de dónde". Watts no aceptó. El objeto se elevó silenciosamente y se alejó.
Dos semanas más tarde, el 11 de abril de 1.967, Watts vio una luz cerca de su casa y su camión se detuvo. Descubrió esta vez un objeto en forma de huevo. Se abrió una puerta y salieron por ella cuatro pequeños humanoides de menos de metro y medio, musculosos más bien. Tenían ojos alargados y bocas en forma de hendidura, que no movían al hablar. Vestían unas prendas que parecían monos, de color blanco. Nuevamente le invitaron a ir con ellos, y esta vez aceptó. Fue llevado entonces en vuelo a otra nave mucho más grande, en cuyo interior le examinaron mediante una máquina, de la cual salían unos cables.
Parece que en los meses siguientes este testigo volvió a tomar contacto con los visitantes, de los que tomó once fotografías, así como de la nave. Seis de estas fotos, según se dice, fueron entregadas al FBI y una al ufólogo doctor J. Allen Hyneck.
El caso tuvo mucha resonancia y Carrol Watts aceptó someterse a un detector de mentiras, ante la controversia que se creó. Pero cuando el 25 de febrero de 1.968 iba en coche hacia Amarillo para someterse a este test, se encontró cerca de Hedley un Plymouth 1.957 que parecía estar en apuros. Había una mujer junto al coche y Watts se detuvo por sin podía ser útil. En este momento, salieron de una alcantarilla dos hombres muy fuertes, armados con rifles, que le amenazaron y golpearon, diciéndole que si pasaba la prueba del detector de mentiras, no volvería a su casa con vida. Watts, asustado, hizo lo posible por mentir deliberadamente y la prueba resultó negativa. De regreso a su hogar, observó que un automóvil merodeaba frente a su casa. Tomó su rifle, y al oír tres disparos procedentes del vehículo, disparó a su vez. No conozco más detalles.

También se ha relacionado a los "Hombres de negro" con misteriosas desapariciones de niños. En el pueblo brasileño de Vila Velha (Espíritu Santo), durante varios días del mes de agosto, desaparecieron criaturas aisladamente. Un mes y medio más tarde fueron reapareciendo, también de modo aislado. Se encontraba a los niños vagando por el pueblo, con la mirada perdida, como autómatas. No podían recordar donde habían estado, aunque alguno contó que un señor vestido de negro le había invitado a dar un paseo en su coche y hubo una niña que refirió cómo un señor, vestido igualmente de negro, le había llevado a las afueras insistiendo en que subiera con él a un extraño y brillante aparato que él dijo que era "su avión", pero que al negarse ella, le entregó unos caramelos y la hizo volver a casa.

Algo parecido sucedió en Thomasville (Georgia), Estados Unidos, una localidad situada en el límite con el estado de Florida y justamente frente al misterioso Triángulo de las Bermudas. Entre noviembre y diciembre de 1.976, empezaron a desaparecer adolescentes de entre 14 y 20 años. Por las noches, se vieron descender luces extrañas del cielo, que resultaban ser naves de forma ovoide. De ellas salía una escalerilla, por la que bajaban dos o tres seres de apariencia humana, altos, vestidos de oscuro. Se les vio pasear en aquellos días por las calles de la ciudad... 
Después, un extraño jet triangular fue devolviendo a los muchachos paulatinamente. Su aspecto era igualmente frío y distante... Pero, atendiendo a la llamada de una sirena, volvían a la nave aérea, que, sin hacer ruido alguno, volvía a llevárselos, volando en dirección sudoeste. Ignoro cómo finalizó este ciclo.

El 23 de junio de 1.971 apareció muerto de un disparo en la cabeza, en el puente de Canyon del Oro, en Arizona, el conocido ufólogo James E. Donald. Y el físico Charles A. Maney, del Defiance College, de Ohio, murió de un infarto después de publicar su libro "Unidentified Flying Saucers". Acababa de concluir un segundo libro que, curiosamente, su viuda no llegó a editar.
Misteriosos fue también el fallecimiento de Wilberth B. Smith, director del proyecto Magnet (asunto secreto relacionado con los ovnis), que tuvo lugar por causas desconocidas cuando contaba 52 años de edad.

En Gran Bretaña, un hombre que había observado raras luces en el cielo, recibió varias desconcertantes llamadas telefónicas que querían se tranquilizadoras y que decían proceder del Ministerio de Defensa. Tras ello, observó en cierto momento la presencia de dos hombres extraños apostados frente a su casa en un "Jaguar" negro. Esta presencia se repitió varias noches. Acudió a la policía. En la noche del 22 de octubre de 1,971, dos agentes que habían sido destacados al lugar, recibieron orden de interrogar a los ocupantes del coche. Pero he aquí que cuando fueron a dar unos golpecitos en la ventanilla, se produjo un hecho increíble: ¡El automóvil se esfumó delante de sus ojos !. Así lo dice al menos la información que poseo. Y agrega que, a pesar de las investigaciones hechas, no pudo hallarse el "jaguar", ni tampoco sus ocupantes...

Un empleado norteamericano llamando Tom Willis, de 29 años, vio un ovni. En su ausencia, se presentaron en su casa, ante su esposa, dos hombres que, aunque era un día cálido de otoño, vestían abrigos negros. Su piel era pálida, casi grisácea, y tenían una especie de joroba. ¿Era realmente una jiba?. Ambos se expresaban con dificultad. Recomendaron a la señora insistentemente que fuera "prudente" y que guardara para si aquel "importante tema".

Un piloto mexicano llamado Carlos de los Santos de Montiel, encontró en vuelo tres ovnis, el 3 de mayo de 1.975, que el escoltaron durante cierto tiempo. Cuando fue a tomar parte ene un coloquio por televisión con importantes investigadores de la casuística ovni, fue abordado por dos automóviles negros, tipo limosina, del que bajaron cuatro hombres gigantescos, muy anchos de hombros, de piel sumamente pálida, vestidos de negro. No pestañeaban y sus miradas tenían un efecto hipnótico. Le dijeron que si concedía valor a su vida y a la de su familia, no hablara a nadie de lo que vio. Parece que al final le hicieron la entrevista pero cuando un día se dirigía a una cita con el Dr. Allen Hyneck, ya nombrado, quizá el más experto ufólogo de los Estados Unidos, le cortó el paso uno de aquellos individuos, conminándole con nuevas amenazas a abstenerse de llegar a su cita.

Hay un caso muy curioso: el del médico norteamericano Dr. Herbert Hopkins, de Maine, interesado en el tema ovni y testigo de la aparición de una de estas naves. El 11 de septiembre de 1.976, a las 8 de la tarde, recibió la visita de un hombre totalmente vestido de negro, bastante alto. El traje no presentaba una sola arruga. El hombre llevaba las manos enguantadas y no se quitó los guantes durante toda la entrevista. Era totalmente calvo y no tenía cejas ni pestañas. La cara era redonda y barbilampiña ; las orejas y la nariz pequeñas. Y aquel rostro era blanco como la cal, con labios que parecían pintados en un color rojo fuerte. La boca era trazo recto. La cabeza de aquel ser parecía hundida en su chaqueta. No movía el cuello y su aspecto era rígido y envarado. Parecía un muñeco más que un ser vivo. Su voz era monótona, sin emoción.
Aquel personaje amenazó de muerte al doctor si no destruía todo el material que poseía, fruto de su investigación, sobre los ovnis. Como para hacerle comprender su poder, le pidió sacara del bolsillo dos monedas que el doctor llevaba - lo cual adivinó -, e hizo luego desaparecer lentamente una de ellas ante sus ojos. Después, la voz del visitante se fue apagando. Se levanto de la silla diciendo: "Debo irme ; se me termina la energía". Y salió lentamente, con paso mecánico. Parece que en la calle le estaba esperando "un grandioso cono luminoso".

En agosto de 1.977, cuando Charles Mudnt, de Flaxton (Arkansas) regresaba por la noche a su casa, vio unas luces a la altura de las copas de los árboles que correspondían a unos extraños aparatos voladores. Vio también a dos hombres , vestidos de negro, bajo el árbol sobre el que habían aparecido más intensamente las luces. Uno de aquellos hombres le miraba fija y fríamente.
De pronto, nuestro hombre sintió como un rayo le atravesaba de la cabeza a los pies. Cuando corrió a su casa, se produjo algo sensacional: su esposa Liza no le reconoció y gritó, pidiendo socorro, al tomarle por un desconocido. Cuando Mudnt se miró al espejo, no se reconoció tampoco. "Pongo a Dios por testigo - diría más tarde - de que la cara del espejo no era mi verdadero rostro": Y meses más tarde afirmaba que él sentía como si la composición de sus moléculas hubiese sido cambiada, que su cara y su cuerpo eran los de otra persona.

Roy Thomas, adiestrador e perros, y su esposa Cathy, se encontraron con una misteriosa nave posada en plena carretera en la noche del 23 de mayo de 1.978. En el coche iba también su perro pastor "Duke", que desde ese momento se mostró apático y raro, para morir muy poco más tarde. Pues bien, dos días después de aquel encuentro, llegaron a casa de los Thomas dos hombres provistos de tarjetas de identidad del Ejército del Aire estadounidense. Uno de ellos dijo ser el mayor Painter. Pretendían llevarse el cadáver del perro, todavía en manos del veterinario. Habiendo amenazado al matrimonio, así como al veterinario, lograron lo que querían. Thomas hizo infructuosas pesquisas sobre sus visitante en la base militar a la que podía suponerse pertenecían, lo que fue causa de nuevas visitas y amenazas por teléfono.
Nuevamente los dos "militares" se personaron en la casa. Roy acabó impacientándose y les encañono con un arma, diciendo que iba a llamar a la policía. El acompañante del que se presentaba como "mayor Painter" salió huyendo y el propio "Painter" trató de seguirle, pero antes el puño de Roy le dio en plena cara, a lo cual el individuo repuso con un puntapié, antes de seguir velozmente a su compañero.

Al llegar la hora de cierre en la Biblioteca nacional de Paría, el autor Marius Alexander suspendió su investigación sobre el misterio de los albigenses y su posible relación con el nazismo y devolvió los libros que había utilizado. Pero dentro de uno de ellos olvido una hoja con anotaciones personales sobre el símbolo de la cruz gamada y la posible vinculación de Hitler y el nazismo con ciertas sociedades secretas. Al día siguiente, cuando volvió a solicitar aquel libro había escrito, en letra de imprenta: "Atención. Este tema es peligroso. Le ordenamos que cese de investigar". Esa misma noche, en el buzón de su casa, encontró un mensaje idéntico.

Fabio Zerpa, otro conocido ufólogo e investigador, refiere casos sorprendentes de los "Hombres de negro" en su libro "Los hombres de negro y los ovnis". Dice que se ha sentido "observado , estudiado, analizando, buscado y perdido por alguien o algunos seres extraños" ; y que sus colaboradores "los localizan y tienen miedo a acercarse ; no quieren acercarse a indagar, a preguntar".
La revista norteamericana "Official UFO", tras haber sus directores amenazas de muerte por teléfono por investigar demasiado sobre el asunto ovni, fue asaltada el 16 de septiembre de 1.977 por tres hombres vestidos con trajes oscuros y que llevaban gafas de sol.

El comandante Bruce Cathie, de la Línea Aérea Nacional Neozelandesa, descubrió en Nueva Zelanda cientos de antenas cuya altura y orientación no correspondían a las de los radioaficionados y observó que había una relación entre el emplazamiento de algunas de ellas y lugares donde se habían visto ovnis. Cuando hizo una gestión en el registro de radioaficionados sobre los propietarios de tales antenas, el resultado fue curiosísimo: le dijo el empleado que parecían todos parientes, pues todos ellos eran altos, delgados, pálidos, hablaban con dificultad el inglés y, cuando iban a pagar sus impuestos, vestían invariablemente de negro.

Leo el caso de un doctor, conocido científico, que se dedicó a la observación del fenómeno ovni, y que prefirió guardar el anonimato, que en el curso de una reunión sobre el tema, advirtió la presencia en la sala de un hombre extraño, alto y mal encarado, vestido con un largo abrigo negro y que "actuaba de modo muy peculiar". Nuca se le había visto en aquellas sesiones. En un momento dado, se puso de pie se enfrentó al doctor, pidiéndole explicaciones sobre sus actividades y sus planes, demostrando tener un detallado conocimiento del ellos, incluso estar informado de un proyectado viaje del doctor, que éste había mantenido en secreto. 
No concluyo aquí la cosa. Cuando tras la reunión, el doctor y sus colegas se dirigían en un coche a casa de un amigo, el desconocido les siguió, en una endiablada persecución y de no haber maniobrado ellos hábilmente les hubiera hecho salir de la carretera. Después de ello, el "hombre de negro" desapareció y no se le volvió a ver.

El empleo del teléfono por lo "Men in Black" merece mención aparte. Hay veces que el testigo o el investigador del fenómeno recibe las misteriosas llamadas telefónicas aunque no figure su número en la guía. Una voz anónima le amenaza. A veces se identifica como alguien conocido, pero después comete algún error que le denuncia. En ocasiones, se oyen extraños sonidos al otro lado del hilo. Se han dado casos de llamadas a otras personas por una voz que finge ser la del observador, empleando incluso expresiones habituales del mismo...

"En tres ocasiones - dice el D. Scoot Rogo en "The haunted Universe " (El universo encantado) -, me han ocurrido extraños incidentes telefónicos en mi casa. No puede explicarlos ni desecharlos. Frustran todos mis esfuerzos de comprensión. Precisamente, los cito muy raras veces a causa de su extravagante carácter".

¿Es una secta?, ¿Una organización secreta al servicio de alguna potencia?, ¿O son habitantes de otro mundo que no desean que los descubramos y que vigilan hasta donde llega nuestro conocimiento?. Esa piel pálida... esos ojos que no pestañean... Pienso si no pertenecerán a seres e un mundo subterráneo, iluminado por un núcleo solar mucho más débil y menos ofensivo que nuestro Sol...

Fabio Zerpa dice que estos hombres tienen el abominable fin de hacer desaparecer los libros del gran saber universal, las fuentes desconocidas del saber, latentes en la Humanidad, y que pueden encontrarse las huellas de esa conspiración tanto en Oriente como en Occidente.

Peter Krassa ve la mano oculta de los "Hombres de negro" en inexplicables asesinatos y desapariciones de personas famosas y en enigmáticos acontecimientos tendentes desde la más remota antigüedad a cambiar el curso de la Historia. Y llega a preguntarse si los tres Reyes Magos, que siguieron hasta el portal de Belén a aquella sorprendente "estrella" (que ni se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, ni eran reyes) era en realidad...¡Hombres de negro !.

Terminaré contando una extraña anécdota de mi propia vida, aunque provoque la sonrisa del lector. Nunca sabré si fui objeto de una broma, si detrás estaban los servicios secretos franceses o si lo sucedido corresponde al tema de este trabajo. Pero no sabría silenciarlo.

Soy traductor y como tal recibo continuos encargos. Una noche, cuando ya me había retirado con mi esposa a descansar, sonó el teléfono. La voz del desconocido que a esa hora intempestiva me llamaba dijo que se trataba de un asunto sumamente especial y urgente. Mi comunicante se identificó como un comandante francés, de la Agregaduría Militar de la Embajada Francesa en Madrid. Y dio su nombre. Parecía hablar muy seriamente. Según el se requerían mis servicios profesionales con la mayor urgencia. Se trataba de un asunto de Estado. Tenía que ir a verle en el acto para traducir unos mensajes por telex de la más alta importancia. Al negarme yo rotundamente a ir a su oficina a aquellas horas , quiso simplificarlo citándome en la Gran Vía, en la puerta de la Telefónica. "Me encontrará usted enseguida - añadió, mido unos dos metros de estatura y soy muy corpulento". Volví a negarme en redondo diciendo que lo que tuviera que entregarme lo haría muy gustoso al día siguiente. Pero él insistía una y otra vez, explicando que tenían mi nombre en sus ficheros como traductor de toda confianza y me ofreció el precio que yo quisiera por mi excepcional servicio. Yo continué negándome. Aquello me parecía rarísimo. ¿Por que se me llamaba precisamente a mí a tales horas?. ¿No tenían los servicios diplomáticos o secretos franceses personal capaz de traducir un sencillo telex?. Ante la pertinaz insistencia de mi comunicante, no tuve más remedio que cortar la conversación y deje descolgado el teléfono...
Pasé mentalmente revista a parientes, amigos y compañeros y no pude encontrar a nadie sospechoso de una broma de ese tipo.
A la mañana siguiente, hice una gestión personal tanto en la Embajada de Francia como en la Agregaduría Militar de dicho país, obteniendo la absoluta seguridad de que tal comandante no existía y de que la llamada no procedía de ellos.

Será un misterio que me llevaré a la tumba.
 


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