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LAS
NUEVAS CARAS
DE BÉLMEZ NO SON DE ORIGEN PARANORMAL
Francisco Máñez
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Teleplastia "artificial" bautizada como Germán en honor al investigador original de Bélmez |
Aunque las “caras de Bélmez” nunca fue un tema que me interesó demasiado, por las aparentes casualidades de esta vida, ha sido un asunto que parece perseguirme en los últimos tiempos.
Desde que era un chaval he oído hablar de ellas. Como fenómeno paranormal resultaba llamativo, así que procuraba ver las fotos de las caras y leía algunos de los artículos que aparecían en las revistas. Incluso publiqué en Bitácora Las caras de Bélmez de Manuel Gómez Ruiz.
Siempre reclamó mi atención los análisis que intentaban descubrir qué colorante se había usado para dibujarlas. Desde el veterano libro de Martínez Romero hasta la investigación de Juan Anguita siempre se hablaba exclusivamente de diferentes productos naturales (vinagre, aceite, ceniza). Esto precisamente fue lo que me tenía confundido.
Durante la comida del SEIP de Navidad de 2003 Pedro Amorós y Pedro Fernández, incluso los que dieron las charlas, no hablaron, que yo recuerde, sobre la terrible humedad que sufría la casa. El tres de julio del año siguiente, en la otra comida organizada en Valencia, Pedro Fernández fue el primero en hablarme sobre la humedad del suelo, y Pedro Amorós me explicó por encima las pruebas que habían realizado creando planchas de cemento. Pese a todo seguía sin entender bien cómo se formaban las caras, aunque en el fondo el tema de las caras, de alguna manera, comenzó a serme familiar. Yo había visto aquello en otro lugar y no sabía dónde.
Durante un fin de semana que pasamos mi mujer y yo en Murcia, en casa de Joaquín Abenza y María José García, tuve la oportunidad de observar los datos que habían reunido, resultando el conjunto de lo más esclarecedor. Viendo todo el material recopilado, me facilitaron copias que pude examinar con detenimiento en casa. Entonces recordé dónde había visto algo similar a las “caras de Bélmez”. Desde luego Joaquín es un investigador impresionante, pese a todo lo que podía creer o suponer, tomó los datos como se debe hacer. No sé si yo podría haber sido tan imparcial a la hora de recopilar la información.
Como tantos otros niños de los años sesenta, cuando era pequeño jugaba con mis amigos en la calle. Existía un paseo al que llamábamos “Colón” (en realidad el final de la calle Francisco Cubells de Valencia) dividido en dos por una acera central. Allí había una fuente del ayuntamiento y una toma de agua para “la tía gorda” (el camión que regaba las calles). Esta toma de agua era un tubo metálico bastante alto (no recuerdo la altura en concreto yo tendría menos de diez años) al que al final se le acoplaba una manguera de goma, que al ser elástica permitía a los hombres del camión ajustarla para rellenar la enorme cisterna.
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Preparación de las bandejas |
El elfo de Masias |
Creación de la "teleplastia" |
Los operarios del camión lo dejaban cargando y solían ponerse a hablar con los policías municipales de la comisaría de policía local situada delante de la toma. Casi siempre el agua terminaba saliéndose de la cisterna produciendo un charco, momento en el que se acercaban y cortaban el agua. Aquel trozo de la acera quedaba todo mojado alrededor del charco. Era verano y el sol se encargaba de dejar manchas de agua en las baldosas y especialmente donde éstas habían sido arrancadas.
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El enfadao, otra "teleplastia" realizada con el sistema del agua |
Aquella manguera era nuestra principal atracción. Nos colgábamos de ella, pisoteábamos el charco etc., lo que nos costo más de una reprimenda de los policías y más de una broca en casa al llegar mojados. Pero, en los momentos que nos tranquilizábamos jugábamos a una cosa: mirábamos las manchas de humedad buscando caras o figuras y para que el resto de los amigos vieran lo que estabas viendo, las remarcábamos con la propia agua del charco. Usábamos los dedos, las camisetas en ocasiones (los que no temían lo que les esperaba en casa) aunque en especial las espigas que arrancábamos de los solares cercanos.
Solíamos dibujar los personajes de los tebeos que leíamos, en especial los de Pumby. Las figuras remarcadas permanecían al menos durante horas, y tengo la impresión, aunque no lo puedo asegurar pues han pasado por lo menos 35 años, que al día siguiente algunas todavía eran visibles.
Al mojar más una zona concreta, el agua que se encontraba bajo el paseo las “alimentaba” impidiendo que se secaran con rapidez, el Sol secaba el resto de la mancha y dejaba el dibujo, aunque éste, claro, sufría modificaciones.
Con intención de comprobar si el fenómeno de las caras de Bélmez era similar al juego de mi niñez, el 17 de julio de 2004 preparé tres bandejas para reproducir la experiencia. Se trataban de tres escurrideras para vasos. Coloque un trapo en las rejillas y esparcí en cada una de ellas una capa de cemento. Cuando el cemento se secó por completo lo humedecí con una esponja para producir manchas de humedad, y añadí agua a las bandejas inferiores. Al secarse no tardaron en aparecer las manchas que esperaba.
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El fantasma, realizado del mismo modo |
Al día siguiente realicé algunas pruebas, pero fue Ana, mi mujer la que vio la primera cara. Se trataba de la que bautizamos como “el elfo de Masias”. Procedió mojando las partes que a ella le recordaban el rostro de un elfo. Este primer resultado, aunque muy primitivo y tosco, me convenció de estar en buen camino.
Tras realizar diversos intentos a finales de mes ya disponía de numerosas caras realizadas con este sistema: Humedecer el cemento, dejarlo secar para que se produzcan las manchas, buscar las caras y mojar aquellas partes que a mí me parecían ojos, orejas, nariz, boca, etc.
Llegué a pensar en sustituir el agua por alguno de los ingredientes descubiertos en los análisis de Bélmez; tales como el vinagre, la ceniza o el aceite, pero quise ser fiel a mi idea original y sólo usar agua. Sin ningún tipo de duda el aceite, por ejemplo, hubiera dejado un rastro mucho más duradero.
Paralelamente, otra investigadora, Pilar Verdú, comenzó a realizar diversas pruebas en un suelo de cemento, obteniendo el mismo resultado. Al usar productos de limpieza, que permitieron un mayor contraste, las caras resultaron todavía más visibles, además de crear una capa “protectora” que permitía su conservación.
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Rostro obtenido por Pilar Verdú |
Zona del experimento |
Rostro "alienígena" |
El 25 de septiembre un grupo de investigación viajamos hasta Bélmez para comprobar, entre otras cosas, si mi idea se podía llevar a cabo en el suelo de la famosa casa de las caras. En el pueblo nos esperaban Pedro Fernández y Pedro Amorós. El primero había intentado realizar una prueba dibujando unas letras con mi técnica y los resultados habían sido negativos. Esto se debía a que no la había comprendido, pues intentaba simplemente dibujar con agua.
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Pedro Amorós moja el suelo de hormigón antes de mostrarles cómo hacer teleplastias artificiales |
En el suelo de la casa, encima de las caras, existía una capa similar a la producida por Pilar en su experimento. Al ser impermeable impedía realizar la prueba. En el caso de que las caras fueran en su día creadas con el sistema del agua ya no se podía comprobar sin hacer saltar la superficie.
Por suerte la sobrina de la difunta María, la dueña de la “casa de las caras”, nos llamó para que viéramos la casa en donde vivió María hasta su juventud. Al final de la vivienda se encontraba un trozo de suelo similar al de la famosa casa de las caras, formado por hormigón y sin ninguna capa protectora. Realizar allí la prueba no sólo resultaba fácil; era el sitio ideal.
Pedro Amorós mojó el suelo con una fregona y esperamos a que se secara. Como era de esperar aparecieron manchas que recordaban a rostros. Tomé un pincel y humedecí las zonas que yo veía como parte de esos rostros, para que los demás pudieran ver las caras. Incluso una de nuestras acompañantes, María José García, llevó a cabo una prueba mojando las manchas que le parecían parte de otra cara. Pese a que fue una demostración rápida y sencilla, creí que había quedado claro cómo crear “caras de Bélmez” de forma artificial.
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Rostro
creado por María |
Vídeo
en donde muestro al grupo cómo hacer las caras en el suelo de la casa |
Otro
rostro dibujado por mí humedeciendo las zonas |
El 18 de octubre el diario El mundo publicaba: Surgen 21 rostros nuevos en otra vivienda. Las “caras de Bélmez” de mudanza.
Y en el artículo se decía: “<<Según relata el presidente de la SEIP, Pedro Amorós, los investigadores visitaron el inmueble el pasado 25 de septiembre y mientras preparaban los equipos de grabación descubrieron una teleplastia en formación en una esquina de la cuarta planta. Entonces comenzaron a buscar rostros similares a las que conforman el fenómeno parapsicológico de la 'casa de las caras'.
Para localizar nuevas teleplastias, los miembros de la organización arrojaron agua sobre el suelo de la cuarta planta y a consecuencia de la humedad "afloraron un total de 21 rostros" que más tarde desaparecieron al mantenerse el tratamiento con agua.
Finalmente, "el suelo fue desecado por completo hasta que las 21 teleplastias reaparecieron" y quedaron fijadas en los materiales, tal y como constató la SEIP en un examen posterior realizado el 6 de octubre. Este descubrimiento, a juicio de Amorós, prueba el vínculo existente entre este fenómeno paranormal y la "humedad relativa del aire">>.
Aunque conocía la noticia de la aparición de nuevas caras, me sorprendió leer que habían arrojado agua sobre el suelo para localizar teleplastias, pues es la primera parte del método que uso para producir las manchas aleatorias que recuerdan a rostros humanos.
Ante la cantidad de mails y llamadas telefónicas recibidas hasta hoy (21-10-2004) preguntándome si pienso que los miembros del SEIP han pintado las caras, debo aclarar que en ningún momento digo que hayan cometido fraude. Al mojar el suelo según las palabras de Pedro Amorós "Aquí descubrimos que había muchos "posibles" rostros que estaban delimitados muy ligeramente y muy suaves" (1) Al parecer, Pedro Fernández y Pedro Amorós habían utilizado, casualmente, parte de mi método para fabricar teleplastias, obteniendo lo que era de esperar, y que yo había observado en mis pruebas: Rostros semejantes a los de "la casa de las caras". Pero, según me afirmó por teléfono Pedro Amorós, ellos no intentaron fijarlas con mi sistema o algún método semejante.
Sin embargo, cuando veo las caras en las noticias de televisión y en los periódicos, siento una extraña sensación que me recorre la columna vertebral, todo el país puede estar viendo mi trabajo y lo han tomado por un fenómeno paranormal.
Mi opinión es que las nuevas caras de Bélmez no son de origen paranormal. Si usted quiere crearlas en su propia casa sólo tiene que seguir mis consejos. Moje una superficie de hormigón o cemento, busque manchas que a le recuerden a caras, humedezca (si lo hace con aceite se quedaran fijas para siempre) las zonas que le parecen barbillas, ojos, pelo, nariz, etc. Y dispondrá de “auténticas caras de Bélmez” para enseñar a sus amigos. Además, se sorprenderá, pues aunque no sea un artista los resultados son increíbles. Si no me cree mire esta muestra:
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El sorprendido |
El niño |
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Bostezo |
El chato |
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Desconocido |
Aporte |
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El hombre que saca la lengua |
Juanito |
(1) Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas: Forums. Según Francisco Máñez las nuevas caras fueron dibujadas.
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