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SUCESOS EN LA ISLA DE OMETEPE, NICARAGUA

Historias reales del Más Allá


He aquí una historia realmente interesante, remitida por un lector. Sus características, entran de lleno en los hechos forteanos que tan interesantes nos resultan a todos. Este es su extraordinario relato. 

Mi nombre es Ramón Arcia, y soy originario de la Isla de Ometepe, un lugar turístico ubicado en la parte este de la sureña ciudad de Rivas. Esta isla tiene una particularidad entre el resto de islas del mundo, y es que en ella hay dos volcanes, o sea, que es la única isla en el mundo con dos volcanes, y en la cual, desde hace tiempo, se vienen desarrollando una serie de acontecimientos que tienen con los pelos de punta a la mayor parte de los pobladores que radicamos en lugares que ahora mismo están siendo afectados por una serie de apariciones y situaciones misteriosas.

Hace aproximadamente 8 meses, tomé mi rifle calibre 22, y me dispuse a subir uno de los volcanes (Concepción), en busca de algún venado, pues soy aficionado a la cacería y me gusta salir de vez en cuando a tirar conejos, venados, cusucos y otros animales que puedan comerse.

Salí de mi casa a caballo como a las 7:00 PM, y me dispuse a subir el cerro o volcán, por el lado conocido como el Zapallal, una de las laderas por donde se sube a las partes más altas de las faldas del volcán y en donde se encuentran muchos venados pastando.

Aproximadamente a las 9:00 PM, llegué al lugar en donde tenía planeado hacer la cacería, esperé como una hora para ver en que momento aparecía alguna presa, pero aquella noche me deparaba una sorpresa que nunca olvidaré en lo que me queda de vida. En la parte sur de donde estaba ubicado, observé como un grupo de personas con candelabros encendidos cargaban un ataúd y gritaban al unísono un nombre enredado, el cual no pude entender.

Al observar esto con mucho miedo, pero con curiosidad a la vez, me acerqué en la oscuridad poco a poco, hasta unos 30 metros de donde estaba aquella gente. El grupo estaba compuesto como por unos 25 seres, y digo seres por que no les miré cuerpos, solo figuras como siluetas.

Entonces, en mi mente comenzaron a surgir preguntas como por ejemplo: con qué manos sostenían los candelabros o "candiles encendidos" y por qué estos no se les apagaban con el gran viento que había allá arriba. Cargaban el ataúd y en un momento dado lo pusieron en el suelo y comenzaron a dar vueltas alrededor del mismo.

De pronto, uno de los que dirigía el grupo volteó hacia donde estaba yo, y con una voz ronca gritó: “atrápenlo que es el del sacrificio de hoy”. Todos se voltearon hacia mí, y a una altura de 20 cm del suelo empezaron a moverse hacia mí, y oigan bien, sin caminar, sólo se movían como si fueran con patines sobre una pista. El miedo me sobrecogió como nunca y empecé a correr como un loco hacia abajo, sin volver a mirar hacia atrás; solo quería salvarme de aquellos seres. En un momento dado volví hacia atrás y sólo se  veía una gran humareda, como si estuviese quemando un cañal. No le tomé importancia y continué corriendo hasta llegar donde había dejado el caballo, que era una buena distancia. Tomé el caballo y empecé a descender a alta velocidad en aquellas oscuranas.

Llegué a mi casa me bajé del caballo y al dirigirme a la sala pude observar mi ropa empapada. Pensé que era sudor, pero al caer unas gotas al piso, me di cuenta que venía vertiendo sangre de manera profusa de la cabeza. Me asomé en el espejo y el susto mío fue al observar una gran herida en mi cabeza, de la cual salía mucha sangre, de tal manera que tuve que ser llevado al hospital para ser atendido y recuperarme.

¿Como llegó esa herida a mi cabeza? No sé.

¿Si yo recuerdo algún golpe en mi huida? No.

¿Entonces con qué me corté o me cortaron? No sé.

Solo sé que aquella ha sido una de las noches más tristes y  terroríficas de mi vida.

Actualmente vivo en el lugar conocido como el Resbalón, Moyogalpa. Isla de Ometepe, por si quieren confirmar mi versión de los hechos. 

Atte: Ramón Arcia


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