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EL ESPIRITISMO SEGÚN LA PARAPSICOLOGÍA
J. R. Steiger


Las pruebas y argumentos contra la teoría espiritista son numerosas desde la primitiva metapsíquica hasta hoy, en que la parapsicología tiene asiento en las aulas universitarias de varios países. Se atacan todos los flancos débiles de la creencia, que son bastantes, pero enumerar a estas alturas las pruebas y contrapruebas siguiéndolas paso a paso, constituiría una tarea fatigosa u árida. Sin embargo, es posible resumir algunas de las principales conclusiones a que han llegado los investigadores.

Ante todo digamos que la doctrina espiritista no interpreta erróneamente los hechos, lo que sucede es que da una interpretación religiosa y sobrenatural de los hechos intentando reemplazar la fría explicación científica, mediante la intervención de las almas de los difuntos, en casi todos los fenómenos parapsicológicos. Pero parece que en la actualidad son bastantes los espiritistas que sólo admiten esta teoría para explicar una minoría, a menudo pequeña, de fenómenos sujetivos.

No deseamos poner en tela de juicio el hecho de que, respecto al conjunto de los restantes casos, algunos saben conducirse como hombres de ciencia. Viene a suceder lo que les pasa a muchos fieles de nuestra religión: reservan la calificación de «sobrenatural» sólo para aquellos hechos que consideran muy raros, casos en que los mismos teólogos no se atreven a pronunciarse fácilmente. .

No nos corresponde tampoco hacer aquí el elogio de la sinceridad e integridad de muchos adeptos del espiritismo, ni criticar o apreciar el valor metafísico y teológico de su doctrina. Basta con repetir lo que han afirmado muchos científicos: la actitud espiritista, es decir, la atribución a las almas de los difuntos de muchos de los fenómenos parapsicológicos (o sólo algunos) es una actitud religiosa exagerada que la ciencia física no puede admitir. Para algunos parapsicólogos, las facultades ocultas y subconscientes que posee el ser humano, independientes y no explicables por sus sentidos materiales, son las causantes de las manifestaciones sorprendentemente increíbles que algunas veces nos es dado presenciar en las sesiones del mal llamado neoespiritismo de las grandes ciudades. Nos referimos, por ejemplo, a las materializaciones, los desdoblamientos, las apariciones y algunas manifestaciones psicocinéticas. De todas ellas se han extraído conclusiones fundamentales:

a) Que en estas sesiones tienen lugar movimientos de cuerpos pesados sin existir presión mecánica, ni acción muscular alguna por parte de los presentes y, a menudo, sin que exista contacto ni conexión con nadie.

b) Que los fenómenos se producen en condiciones variables, observándose sobre todo que la presencia de ciertas personas (sensitivos, médiums, paragnostas, etc) parece ser necesaria, mientras que otras personas son negativas y estorban la manifestación y producción de fenómenos. Esta facultad no parece depender únicamente de la credulidad o incredulidad con respecto a los fenómenos objetivos.

En lo que atañe a los médiums, algunos científicos afirman que no están prestando su cuerpo a seres de ultratumba, sino que están en comunicación con otra esfera de su propia personalidad capaz de las máximas acrobacias fisiológicas.

Una de las principales pruebas que esgrime la parapsicología para negar la presencia de los espíritus es el bajo nivel intelectual que han demostrado las almas de algunos personajes célebres con quienes los devotos de las comunicaciones de ultratumba sostienen entrar en contacto, bien sea por mediación de una médium o de la popular qui-ja.

Al respecto decía René Sudre:

«Las sesiones espiritistas siguen siendo iguales a las del tiempo de Huxley. Consisten siempre en homilías insípidas, pláticas deshilvanadas y chanzas infantiles y, a veces, bajas y obscenas. Aristóteles, Juana de Arco y Napoleón hablan como matronas de barrio. Y en el aspecto literario nunca se ha recibido de ultratumba nada equivalente a un pensamiento de Pascal o una frase de Chateaubriand.» Pero, a pesar de cuanto se diga, hay que insistir en el hecho de que la ola espiritista sirvió para que los científicos más renombrados se interesaran por el problema. Ese es su verdadero mérito, por encima del escepticismo con que acogen sus teorías los calculadores y positivistas hombres de ciencia, que -no está de más recordarlo- tantas veces se han equivocado.

También resulta curioso que a la explicación racional y científica de algunos fenómenos, bien sean espiritistas o parapsicológicos, ni la metapsíquica de ayer, ni la parapsicología científica de hoy les encuentra una motivación convincente de verdad. Su creencia sigue siendo un enigma.

La explicación posiblemente no se encontrará -dicen los ocultistas- mientras el hombre, ese desconocido, no intente modificar sus actuales esquemas y formas de pensar. El ser humano debe ser más humilde, más espiritual e intentar conseguir el encuentro consigo mismo y, por lo tanto, el conocimiento del ser integral y el hallazgo de su naturaleza última.

Si los procesos evolutivos dotaron al hombre de dos mundos, el material y el espiritual, tan sólo esta verdad lo capacitará para vivir plenamente en ambas.


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