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CORRESPONDENCIAS CRUZADAS
Javier Alemán
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Separadas por miles de kilómetros, cinco mujeres que no se conocían entre sí se dispusieron a comunicarse con los muertos. El método que eligieron fue el de la escritura automática, mediante la cual el médium, en trance, parece ser capaz de escribir mensajes recibidos del otro mundo.
Al principio, los mensajes que cada una de ellas recibía parecían mutilados, desprovistos con frecuencia de significado. Pero cuando se compararon más tarde parecieron tener relación con tres hombres ya muertos.
Los tres habían sido fundadores de la Sociedad Británica para la Investigación Física: Henry Sidgwick, Frederic Myers y Edmund Gurney. Todos se hallaban muertos en 1901, cuando las cinco señoras iniciaron sus experiencias de forma por completo independiente.
Tres mil mensajes
En Inglaterra, la señora A. W. Verrall, profesora de lenguas clásicas de la Universidad de Cambridge, que había conocido a los tres hombres, recibió fragmentos de mensajes que, evidentemente, eran de Myers.
Más tarde, en los Estados Unidos, la señora Leonora Piper comenzó a recibir mensajes análogos firmados «Myers». En la India, la señora Alice Fleming, hermana del autor Rudyard Kipling, empezó a recibir mensajes, al igual que su hija Helen. De nuevo en Inglaterra, una tal señora Willett, de Cornwall, se encontró también garabateando mensajes de gente de la que nunca había oído hablar.
Durante los 30 años siguientes se registraron unos 3.000 mensajes, que fueron conocidos como correspondencias cruzadas y cuyo contenido fue cuidadosamente investigado y anotado por la sociedad.
Una conciencia colectiva
De los distintos participantes en estas sesiones surgió un complejo muestrario de mensajes fragmentarios, basados principalmente en la literatura clásica. Aparte de la señora Verrall, ninguna de las otras poseía gran conocimiento ni interés en los clásicos.
Por el contrario, los tres muertos habían sido eruditos en cuestiones clásicas.
Los científicos, catedráticos y comerciantes que examinaron los escritos encontraron en ellos una intencionalidad que parecía ser producto de una mente consciente colectiva.
Se consideró imposible que las médiums hubiesen colaborado en tan compleja burla.
Si hubiese existido alguna comunicación telepática inconsciente, contenía una serie tan fantástica y complicada de referencias y remisiones clásicas que solamente la señora Verrall era capaz de comprenderlas.
En 1903, la señora Holland produjo un escrito que decía que «F» (Frederic Myers) deseaba hablar a algunos antiguos amigos.
El mensaje pasaba a describir a la señora Verrall, de la que la señora Holland jamás había oído hablar.
Terminaba así: «Es como confiar un mensaje del que depende una importancia infinita a una persona adormecida; pide una prueba si crees que esto es perder el tiempo.
Envía esto a la señora Verrall, Selwyn Gardens, y Cambridge.»
Oscuras referencias
Pese a ignorar la señora Holland la existencia de la señora Verrall, la dirección era correcta. En realidad, la señora Holland envió el escrito a la Sociedad para la Investigación Física, que pudo comenzar desde ese momento a relacionar todos los escritos.
Finalmente, el investigador estadounidense G. B. Dorr ideó una prueba. Preguntó a «Myers», a través de la señora Piper, lo que significaba para él la palabra «Lethe». Las respuestas fueron tan minuciosas e incluían tan oscuras referencias que sólo el más consagrado clasicista habría descubierto su origen e importancia. Evidentemente, las respuestas escapaban a la posible experiencia de la señora Piper.
Comportamiento de las mujeres
Poco tiempo después, en Inglaterra, otro investigador, el físico sir Oliver Lodge, formuló la misma pregunta a la señora Willett, que ignoraba la prueba americana. Además de responder con las mismas alusiones clásicas, su escritura automática deletreó la palabra «Dorr», nombre del investigador estadounidense.
Los escritos de la señora Fleming, en la India, solían contener párrafos de angustia y frustración que denotaban el desesperado deseo del espíritu emisor por comunicarse.
Tras un vidrio deslustrado
Valiéndose de ella, «Myers» escribió: «El mejor símil que puedo hallar para expresar las dificultades de enviar un mensaje es el de que me parece estar tras una lámina de vidrio deslustrado que empaña la visión y amortigua el sonido, dictando débilmente a una secretaria torpe y mal dispuesta. Me embarga una terrible sensación de impotencia.»
Más tarde, «Myers» escribió: «Otro intento más por burlar el bloqueo, por conseguir pasar un mensaje. ¿Cómo puedo haceros suficiente dóciles...? ¿Cómo puedo convencerlos?».
La señora Piper, en los Estados Unidos, y la señora Willett, en Inglaterra, recibieron mensajes análogos.
Los escritos de la señora Willett sugirieron la posibilidad de que tratara de establecer conversación mental con los tres hombres. Desarrolló esta técnica hasta el punto de que una segunda persona podía conversar, a través de ella, con Myers, Gurney y Sidgwick.
Los temas de discusión excedían notablemente del interés y capacidad intelectual de la señora Willett.
«Sidgwick» habló con lord Balfour, hermano del primer ministro británico, sobre tres teorías opuestas acerca de la relación entre la mente y el cuerpo. «Gurney» habló de los orígenes del alma humana.
La discusión sobre los escritos perduró durante muchos años, y nadie ha sido aún capaz de explicar satisfactoriamente cómo se establecieron las comunicaciones.
Hoy nos falta, además, la presencia de las damas.
Se han aducido múltiples teorías, desde la continuada existencia de ciertas personalidades más allá de la muerte hasta la noción de un plano psíquico en el que sólo sobreviven las ideas, esperando ser captadas por alguien suficientemente sensible. Pero cuando las damas murieron, sus corresponsales enmudecieron para siempre.
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