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Esta serie de artículos tienen su origen el 24 de junio de 1990 cuando por la noche, junto a un grupo de amigos, observé el sigiloso vuelo de un avión “triangular” en el pico El Prado en Valencia, España. Fue algo más que sobrecogedor contemplar en la oscuridad de la noche el silencioso deslizamiento de la misteriosa aeronave. A mi mente vinieron las conversaciones que tuve con mi tío más de quince años atrás cuando yo sólo era un muchacho (ver dedicatoria), por un instante resurgió su voz explicando lo que vio en Alemania durante los años anteriores a la guerra.

Aquello me llevó a devorar toda la información sobre tecnologías insólitas que llegaba a mis manos. En 1995 choqué con la fotografía de un avión que me impresionó, no sólo por su forma, sino también por los materiales empleados en su construcción. Se trataba del XP-79 de Northrop y fue probado en la temprana fecha de 1945. Las preguntas se  me amontonaron de golpe ¿Cómo es posible que algo así surcara el cielo casi seis décadas antes? ¿Existieron otros aviones tan extraños como ese? ¿Cuántos de ellos se habrían confundido con OVNIS? ¿Hasta dónde había llegado el encubrimiento de los militares?.


La empresa Northrop pagó 15.000 dólares de 1944 al piloto Harry Crosby por probar el ala cohete MX-334. Una cantidad similar le hizo pilotar el siguiente prototipo, pero murió en el primer vuelo del XP-79 Flying Ram (ariete volante) El borde de sus alas construidas con magnesio debía derribar a sus oponentes seccionando sus fuselajes y su sólida estructura de acero le permitiría seguir en combate.

Por esos días los medios de comunicación mostraron la filmación de la autopsia realizada a un cadáver presuntamente recuperado en el accidente de Roswell. Los documentales sobre el tema incluyeron las declaraciones de los testigos, sus descripciones y dibujos.

En sus testimonios, una y otra vez, los comparaban con niños. Repasé la bibliografía existente y ocurría lo mismo. Así que haciendo caso al refrán norteamericano “huele como un caballo, corre como un caballo, suda como un caballo... debe ser un caballo” examiné la posibilidad de que aquellas descripciones correspondiesen a la de auténticos niños y mi conclusión final fue que esas personas estaban hablando de cadáveres infantiles.

Otra cuestión que me intrigaba eran las diversas afirmaciones sobre la recuperación de materiales y elementos pertenecientes a una tecnología extraterrestre. Por todo esto el incidente de Nuevo México me llevó a indagar en temas muy dispares y pronto di con la tecnología europea desarrollada antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Quedé desconcertado al profundizar en la cuestión. Lo que hoy usamos de forma cotidiana ya existía en aquel tiempo: Circuitos impresos, transistores, grabadoras de bolsillo, ordenadores, equipos portátiles de infrarrojos, invisibilidad electrónica, materiales superplásticos y con memoria de forma, aeronaves de prestaciones inimaginables para la época, alas y platillos volantes, planes precisos para alcanzar el espacio y situar en órbita armas devastadoras, naves espaciales, mísiles “inteligentes” e intercontinentales, despegue vertical y un sin fin de cosas no incluidas en la historia convencional.

Un historiador de la ciencia, Thomas S. Kuhn, nos habló en sus libros sobre la importancia del cambio de paradigma cuando uno mira los acontecimientos desde un nuevo punto de vista. Kuhn se centró en la ciencia, pero sus ideas son aplicables a muchas facetas humanas y en este caso al mundo de los OVNIs.


Tras el término de la Segunda Guerra Mundial los científicos del Viejo Continente juraron masivamente lealtad a Estados Unidos. El juramento incluía mantener el más absoluto secreto sobre sus hallazgos en todas las ramas de la ciencia. Estos descubrimientos suponían un avance, calculado por algunos propios estadounidenses, superior a 100 años.
Imágenes de los actos celebrados durante 1954 en Redstone.

Desde su origen la ufología no pretende averiguar qué son los OVNIs, su paradigma les otorga un origen no humano y lucha a toda costa por demostrarlo. Con los años nos hemos dado cuenta que bajo esta perspectiva los OVNIs no tienen explicación, surgiendo una línea de investigación mucho más fructífera que ha obtenido contestación a un buen número de preguntas. Y la principal dispone de una respuesta demoledora: El 95% del fenómeno OVNI sí tiene un origen humano. Al estilo más profundo de Kuhn se ha producido una crisis en el paradigma y se están desencadenando los acontecimientos que este físico transformado en historiador supo reconocer a la perfección.

Por un lado los partidarios del viejo paradigma se defienden con uñas y dientes. Su número es aplastantemente superior. Controlan las revistas especializadas, los programas de radio y televisión. Gracias a los años transcurridos su peso social es considerable y lo utilizan como mejor muralla de defensa. El público los escucha atentamente considerando herejes a sus opositores.

Los guerrilleros del nuevo punto de vista asaltan la muralla con la escalera de la investigación, buscando pruebas concretas y rehuyendo las teorías. Vuelven a examinar los trabajos anteriores, analizan con una nueva lente las conclusiones dadas por seguras encolerizando a sus opositores. En este punto es común el ataque personal en lugar del diálogo y la discusión razonada.

Resulta sencillo percatarse de que los planteamientos de Kuhn son aplicables a la ufología, aunque con una salvedad. Existe un tercer grupo cuyos miembros, autodenominados escépticos, son verdaderamente detractores. Para ellos los OVNIs son confusiones con el planeta Venus, reentradas de satélites o testigos que no están en sus cabales. “Papa militar” y “mama gobierno” nunca nos engañan y siempre nos protegen. Este grupo llama tener sentido de humor a ofender con un retorcido cinismo.

En nuestros días la ufología es una extraña mezcla, en la que debemos añadir las falsas informaciones suministradas por estamentos oficiales para desviar la atención de los investigadores o, incluso, ufólogos contratados con la intención de intoxicarles con datos ficticios.

Estos artículos tratan de apartarse de todo esto. Desde luego, los OVNIs y los temas relacionados con ellos no son sólo prototipos militares o aeronaves secretas, como en cualquier asunto humano los OVNIs son muchas cosas. Aquí analizaremos una parte del fenómeno centrándonos en el mundo aeronáutico y la tecnología. Un vuelo apasionante sobre nuestra historia con muchos puntos oscuros todavía. Veremos también el presente y a qué dio lugar todo aquello, asomándonos al siempre desconcertante futuro.

     El 30 de marzo de 1950 la revista Der Spiegel incluía una entrevista con el capitán checoslovaco Rudolph Schriever, hoy uno de los legendarios técnicos europeos creadores de una serie completa de platillos volantes para el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Que las aeronaves humanas fueran iguales a las extraterrestres no influyó para nada a los ufólogos. Incluso cuando Luigi Romersa lo volvió a entrevistar en 1952 para Il Tempo, en donde explicó mucho mejor las características de la aeronave que estaban desarrollando, los investigadores permanecieron ciegos ante la evidencia. Romersa, entre otros muchos datos, nos confirmó en una de las entrevistas telefónicas, la existencia de los platillos volantes alemanes afirmándonos que poseía una fotografía del piloto que los diseñó.

El pasado se reviste de un carácter especial con las historias de la Segunda Guerra Mundial. Las aeronaves diseñadas por el Eje y sus países aliados dieron lugar, entre otras muchas cuestiones, a los platillos volantes que tantas décadas más tarde aún causan una extraña sensación en nuestro interior más profundo.

Durante los últimos días de la guerra, Edouard Calic, uno de los reos encargado de recibir a los prisioneros en Sachsenhausen, vio entrar a un oficial acusado de desmoralización del ejército. Contó que los aviones habían lanzado sobre las tropas octavillas de propaganda que describían armas fantásticas. Plataformas redondas voladoras de las que salía un fuego destructor. Se podía leer una frase de Goebbels: “Que Dios proteja a Alemania a fin de que el Führer no se vea obligado a utilizar estas armas, que los ingenieros alemanes acaban de poner a punto”. Para Calic y el recién llegado aquello no era una simple fanfarronada. Los platillos volantes de Hitler se estaban construyendo y su acólito Himmler esperaba que los fieros Waffen SS se lanzaran al ataque con ellos. Los soldados leyeron la noticia con emoción, pero su oficial había arrugado y roto los panfletos. Ni aquellas armas futuristas cambiarían el destino de Alemania(1).

Según Calic, de forma paralela, el SS Albert Schorz recibió el permiso de Himmler para usar la mano de obra del campo de prisioneros de Buchenwald y crear los cohetes tripulados A-9/10. Los prototipos fueron probados en Laerz (Mecklenburgo) En enero de 1945 comenzó a correr el rumor de que se estaban construyendo las primeras rampas de lanzamiento en Ohrdruf cerca de Weimar, al lado de las ciclópeas instalaciones subterráneas excavadas en el valle del Jonas. Los alemanes esperaban transportar en ellos bombas atómicas para poner fin a la guerra. En la reunión celebrada el 7 de julio de 1943 los jefes militares y políticos acordaron que si el conflicto no era detenido las nuevas aeronaves arrasarían Nueva York y Moscú(2).


Las nuevas armas aéreas, como el aerodino lenticular de Henri Coanda, fueron tan revolucionarias y su concepción tan alejada de todo lo conocido, que muchos ufólogos les han atribuido un origen extraterrestre. O los alemanes capturaron una nave alienígena o los extraterrestres les dijeron la forma de construirla. Lo cierto es que el ingenio humano desarrolló unos diseños que más de medio siglo después son todavía capaces de sorprendernos. 
Dibujo aparecido en la revista Look, número 19, 14 de junio de 1954. Diez años más tarde todavía se dudaba de su existencia.

Hoy estos diseños pueden parecernos muy simples, pero en su tiempo dieron lugar a toda una nueva tecnología que más tarde se nos mostró como alienígena. Pocos años después de la guerra los OVNIs surcaron el cielo. Varios especialistas y antiguos diseñadores del Eje nos advirtieron que en realidad se estaban describiendo las armas alemanas “de represalia”. El corresponsal de guerra Luigi Romersa; el ingeniero que desarrolló las aeronaves conocidas dentro de la ufología con el sobrenombre de “cigarros puros”, Alexander Lippisch; el creador del disco Omega, Andreas Epp o el diseñador de alas volantes Reimar Horten, las identificaron sin ningún problema. Sin embargo, sus avisos cayeron en saco roto, el público estaba ansioso porque los OVNIs fueran de otro mundo, tal y como los vendían los medios de comunicación “amarillos”.



En todo el mundo se intentó sin éxito hacer llegar a la gente lo que de verdad se encontraba detrás de los “platillos volantes extraterrestres”. El 28 de marzo de 1949 en el ABC se podía leer: “Constantemente nos sorprenden noticias de Prensa que transmiten el asombro con que los habitantes de una población cualquiera observaron por la noche el paso de unos platillos luminosos por el cielo... y la base de todo ello son las astronaves que aparecen en este grabado”. Los aficionados a los OVNIS no hicieron caso ni a los especialistas ni a los medios de comunicación gubernamentales, incluso resultó contraproducente, pues no tardó en correr el rumor de que se estaba intentando encubrir la visita de seres procedentes de otro mundo. Pronto, las visitas de los agentes del gobierno y los militares para averiguar qué habían visto los testigos, crearían la leyenda de los hombres de negro.

Ha pasado más de medio siglo desde el día que nació la ufología, parece absurdo que esta vieja tecnología deba ser ocultada hoy en día, aunque no es difícil entender que ciertas cuestiones militares, industriales y científicas jamás llegarán al público. Por antiguas que nos parezcan estas armas siguen siendo peligros latentes para las potencias militares y económicas.

Si deseamos percatarnos del peligro que supone desclasificar una tecnología aparentemente obsoleta, lo mejor es ver un ejemplo. Según figura en las memorias de Churchill (3) fue encontrada un extraño deposito de bombas incendiarias, en el aeródromo de Rheine. Las noticias de guerra, después acalladas, ya hablaron de su existencia. En octubre de 1943 la revista Interavia especificaba que se trataba de una nueva bomba incendiaria ¿Pero qué nuevo tipo de bomba se trataba? Por su aspecto nos hace pensar en la hoy llamada “bomba atómica de los pobres”.

Básicamente consiste en el lanzamiento pulverizado de material altamente combustible. Cuando la letal nube llega a cierto punto de expansión una detonación interna produce efectos devastadores al mismo tiempo que consume todo el oxigeno. La explosión es acompañada de una destructora onda de presión. Revienta los pulmones y produce embolias en sus víctimas. Su onda de choque arrasa todo a su alrededor en un diámetro superior a un kilómetro y, lo más terrorífico; los supervivientes sufren quemaduras químicas que posteriormente les lleva a una dolorosa muerte.

Según el investigador Brian Ford los alemanes usaron estas bombas cargadas con metano en 1944 durante el levantamiento de Varsovia (4). Los polacos, escandidos en sótanos y túneles, podían resistir un bombardeo convencional o incendiario, pero fueron aniquilados en el interior de sus refugios por la llamada hoy Bomba Explosiva de Aire Combustible (BEAC).


Un oficial de la RAF examina en 1945 el “deposito” encontrado.  


Dos años antes un oficial alemán mostraba la nueva arma.

El uso de la “bomba atómica de los pobres” está prohibido por diversos acuerdos internacionales. Como suele suceder, varias naciones la han probado, aunque de forma oficial aseguren no poseerla. España, según el diario El Mundo del 29 de diciembre de 1996, equipó con ella a los cazas del portaaeronaves Príncipe de Asturias, ya que, como comentaba Vicente Garrido, del Centro de Investigaciones para la Paz, aunque esté prohibido su uso nada impide fabricarla y almacenarla.

Esta arma tiene su origen en el “cañón tornado de Zippermeyer”. Una de las historias que han cabalgado décadas enteras a lomos de la leyenda.

Albert Speer, ministro de armamento alemán, fue encargado de impulsar el desarrollo de armas no convencionales y como centro de investigación eligió la zona de Lofer en el Tirol austriaco.  Allí llegó un desconocido doctor Zippermeyer que en  los años treinta había estudiado los accidentes aéreos producidos por las turbulencias atmosféricas. Su proyecto parecía de lo más insólito: Crear un torbellino artificial como arma antiaérea.

Fueron llevadas a cabo diferentes pruebas con poco éxito. Un cilindro lanzaba al cielo carbón finamente pulverizado y un proyectil intentaba inflamarlo de golpe, pero aquello no funcionaba. Era muy difícil sincronizar el detonador y el momento ideal de expansión, además, el carbón no ardía con la suficiente potencia para producir el torbellino y se necesitaba tanta cantidad que hacía imposible llevar la teoría a la práctica. No encontraban otro producto que pudiera sustituirlo con efectividad.


Los pocos que recogieron en sus libros “el torbellino de Zippermeyer” lo tacharon de arma fantástica nazi de dudosa existencia y menos todavía utilidad. Originalmente su uso iba a ser antiaéreo, pero pronto su aplicación resultó más efectiva como bomba de ataque terrestre. En la imagen una pequeña bomba montada con casi 34 kilos de oxido de etileno explota lanzando al aire su letal nube, después un detonante interno la inflama produciendo una instantánea bola de fuego acompañada de una devastadora onda de presión que alcanza las 207 toneladas por metro cuadrado.

Zippermeyer parecía condenado al fracaso. Entonces, un hecho fortuito cambió el rumbo de las investigaciones. Un escape de gas incontrolado en una fábrica de etileno estalló arrasando una manzana entera. El “cañón tornado” había encontrado su explosivo y al mismo tiempo que moría como idea nacía la “bomba atómica de los pobres”. Conseguir la precisión necesaria para lanzar una nube desde tierra y hacerla detonar a la altitud exacta de una formación de bombarderos era sumamente difícil; sin embargo, como arma aire-aire y de ataque al suelo resultaba perfecta.

Los alemanes la llamaron “bomba de aire liquido” y según las declaraciones recogidas en el informe nº 142 de BIOS (British Intelligence Objectives Sub-Committee) perteneciente al interrogatorio de Kurt Kreutzfeld, estaba compuesta por un 60% de carbón pulverizado y un 40 % de aire liquido (término genérico que nos impide conocer el componente preciso) Además de Zippermeyer, un tal doctor Hahnenkamp, junto a otros científicos, desarrollaron el arma en Viena y los materiales fueron preparados por los especialistas de la empresa Nobel.

Zippermeyer fue trasladado a la factoría de Giroscopios Horn en Plauen, Vogtland (Sajonia) durante septiembre de 1944. Los británicos desconocían su paradero final, temían que hubiera terminado en manos de los soviéticos cuando la zona fue ocupada por sus tropas, aunque sospechaban que había logrado escapar.

Aunque los datos facilitados por Kreutzfeld no son demasiado convincentes al no tratarse de un especialista, en el informe afirma que en su primera prueba la bomba destruyó todo por completo en un radio de 500 a 600 metros, produciendo serios daños hasta 2 kilómetros. Durante una prueba posterior la explosión cubrió un área de 4 kilómetros y los daños alcanzaron más de doce. Este ensayo fue fotografiado por el Standartenführer Klumm y se remitió a Brandt, consejero personal de Himmler. No sabemos si los alemanes utilizaron la bomba de aire comprimido en el frente contra tropas enemigas pues el secreto sigue cubriendo a esta arma terrorífica. Incluso cuando Estados Unidos la usó en Vietnam se llevó en la más absoluta reserva.

Su poder destructor caló muy hondo en la mente de los científicos alemanes. El 6 de agosto de 1945 se recluyó a varios especialistas atómicos del Eje en la finca inglesa de Farm Hall. Todos ellos tenían serias dudas de que Estados Unidos dispusiera de la capacidad tecnológica para fabricar una bomba atómica. Cuando se les comunicó la noticia de su uso sobre el Japón, Heisenberg pensó que “se trata probablemente de algún proceso químico que genera fuerza expansiva multiplicada por un factor monstruoso” El posteriormente ridiculizado “torbellino de Zippermeyer” resultaba para ellos comparable a la bomba atómica.


En los centros especiales como Lofer se desarrollaron tecnologías hoy relegadas al campo de los mitos que jamás existieron. El cañón sónico del doctor Richard Wallauscheck, que apareció fielmente dibujado hasta en un capítulo del comic Tintin de Hergé (L’Affaire Tournesol) o el cañón de aire comprimido son ejemplos de armas de gran tamaño, pero la técnica también se desarrolló en otros campos no tan espectaculares aunque no por ello de menor importancia: Reducción de equipos de luz infrarroja acoplados a armas individuales que permitía luchar a los soldados en la oscuridad de la noche (grandes equipos eran comunes en los aparatos destinados para la caza nocturna de bombarderos) o el rayo laser, cuya existencia no se reconoció hasta los años sesenta, y que, sin embargo, llegó a ser incluido en el libro guía regalado a los turistas que visitaban la parte subterránea del centro de investigación situado en  Watten, localidad cercana a Calais, Francia. En 1993 en el libro guía habían desaparecido todas las referencias a la investigación del laser, así como tampoco se nombraba la experimentación nuclear y no se encontraba la descripción de las gigantescas instalaciones situadas a casi 80 metros bajo el suelo. (5) 

¿Veremos algún día las imágenes de la “bomba de aire liquido”? ¿Cómo se montaba exactamente? ¿Qué componente se usaron? ¿Desclasificarán en algún momento los documentos sobre Zippermeyer? Las preguntas se contestan por sí mismas. Han pasados muchos años pero las bases del cañón tornado pueden indicar el sistema para construir un arma barata y relativamente fácil de fabricar, cuyo poder de destrucción resultaría excesivamente peligroso, incluso si se construyera el modelo de los años cuarenta. En muchos sentidos es mejor que el doctor Zippermeyer siga perteneciendo al mundo de la leyenda, y continúe apareciendo en los libros como una historia de la propaganda de guerra alemana.

Historias semejantes hacen comprensibles los motivos que tienen los gobiernos para no desclasificar una buena parte del viejo material de guerra. A principios de los noventa, durante la Guerra del Golfo Pérsico, una versión mejorada del misil A-4 alemán, lanzada una y otra vez por Iraq, resultó imparable para los modernos aliados pese a su antigüedad. En febrero de 1999 Estados Unidos se llevó una aparente sorpresa con los mísiles intercontinentales desarrollados por Corea ¿Se desclasificarán los mísiles A-9/10? ¿El sistema usado por Alemania hace más de medio siglo para obtener “uranio 235” y poder armas una bomba atómica? ¿Las pinturas, gomas y materiales usados por la Luftwaffe para lograr la invisibilidad electrónica? ¿Los sistemas que permiten prestaciones sorprendentes a una aeronave?.

Desde luego el peligro que supondría facilitar peligrosas armas al enemigo y los beneficios económicos de las patentes requisadas, no son las únicas excusas existentes para mantener el secreto. Otro motivo principal es la amenaza a los anales científicos. Si se libera la información la historia debería ser escrita de nuevo. La tecnología capturada y trasladada a los países vencedores se nos vendió más tarde como propia. Sus verdaderos descubridores han quedado relegados al olvido, mientras, los nombres de aquellos que simplemente la reprodujeron figuran en los libros de honor de la ciencia y la técnica.

Tampoco debemos olvidar en ningún momento los miles de millones que mueve la industria civil y militar ¿Y si las pistas facilitadas permiten desarrollar a otra nación la tecnología y se apodera del mercado? En los años cincuenta el caza Pulqui desarrollado en Argentina por el ingeniero alemán Kurt Tank, superior a cualquiera de su época, desapareció ante el Sabre estadounidense. Una década más tarde el Saeta, un excelente aparato diseñado en España por el también alemán Willy Messerschmitt,  perdió el mercado egipcio ante la imposición del Mig-15 soviético. No se tratan de viejas historias. En los noventa el desarrollo del caza “invisible” Luciérnaga fue oficialmente abandonado por Alemania ante la presión de Estados Unidos e Inglaterra que habían invertido una ciclópea cantidad de dinero en el F-117, muy inferior en prestaciones a su homólogo germano.

Entre los pocos informes, papeles e historias que los gobiernos nos permiten consultar se encuentran testimonios que nos hablan de una tecnología muy alejada de la historia oficial: una pila de bolsillo que duraba 30 años, un platillo volante probado en Polonia, una máquina que desintegraba agua y ratones o un ordenador quizá con memoria magnética. La mayor parte de este material proviene de interrogatorios realizados a sujetos no especialistas (soldados de guardia o prisioneros) por lo que carecen de rigor científico. En estos retazos históricos nos percatamos de otra causa para mantener el secreto a toda costa: Es posible que exista una tecnología paralela, muy superior a la admitida, que nunca llegará a ser facilitada al público, y si se proporciona para su uso común será dentro de muchos años cuando ya esté ampliamente superada.

Las aeronaves circulares y los mísiles pilotados fueron acompañados por aparatos que tampoco eran convencionales. Alas volantes, aerodinos y drones, entre otros, comenzaron a verse en los cielos. En las aeronaves se aplicaron tal cantidad de innovaciones tecnológicas que el público, acostumbrado a los aviones clásicos, quedó desconcertado. La aeronáutica avanzó más en unos pocos años que en toda su historia. 

Las leyendas sobre extraterrestres vinieron muy bien en la época de los grandes secretos de la guerra fría. Cientos de miles de  patentes altamente secretas fueron requisadas y sus descubridores terminaron en los países vencedores trabajando en su perfeccionamiento, ya fueran como prisioneros o contratados libremente.

De ningún modo se nos consentirá examinar los viejos informes, pues en ellos podríamos hallar el origen y los indicios que nos llevarían a descubrir secretos actuales celosamente guardados. Nuevamente un ejemplo es la mejor forma para percatarse de hasta qué punto puede existir una tecnología hermética e inaccesible.

Eric S. Proskauer, doctor en ciencias químicas y físicas, abandonó Alemania junto a gran número de colegas huyendo de la persecución a la que estaban siendo sometidos los judíos. Acompañado de su mujer llegó a Estados Unidos en 1937 y allí continuó su labor de divulgador científico. En 1943 fundó, todavía en su lengua natal, la revista Makromolekulare Science y tres años después, junto con Herman Mark, creó el Journal of Polymer Science ya en inglés. Durante la guerra los químicos judíos colaboraron con el ejército y en 1945, dentro de la operación Paperclip (localización y traslado masivo a Estados Unidos de científicos, documentos y material) fueron principalmente los encargados de entrevistarse con sus colegas que habían permanecido en el Viejo Continente y traducir sus trabajos. No sólo era necesario hablar un perfecto alemán, sino también comprender y discernir los términos y razonamientos científicos si se quería asimilar por completo su labor. El 15 de mayo de 1987 la periodista Miriam Steinert realizó la última entrevista conocida al doctor Proskauer que contaba ya 84 años.

Corría el año 1995 cuando una anciana llamada Jeffrey facilitaba a Jack A. Shulman, de American Computer Company, un viejo esquema que había pertenecido a su difunto esposo; el doctor Proskauer. Se trataba de un intento para duplicar en papel un extraño componente que había observado en los Laboratorios Bell a principios de los años cincuenta. En él se podía observar un dispositivo capaz de realizar 10.000 veces más rápido las funciones de un transistor ocupando un 50% menos de espacio. Shulman lo examinó y quedó desconcertado. Lo bautizó como “transcapacitador” y durante estos años ha mantenido una verdadera guerra por poder reproducirlo. Proskauer más que una descripción exacta realizó un relativamente apresurado esquema de lo que vio funcionando durante unos minutos. Entre sus anotaciones figuraba un metal, el Silver-Alkane, imposible de identificar, lo que ha dificultado todavía más el trabajo.

La viuda de Proskauer aseguró a que el transcapacitador procedía de una nave extraterrestre estrellada, posiblemente la de Roswell en 1947, pero Shulman no parecía muy convencido de esta historia. En las declaraciones efectuadas a Craig Menefee el 18 de diciembre de 1998 para la revista Newsbytes News Network y reproducida por Discovery Channel, apuntaba la posibilidad de que perteneciera a los científicos alemanes. Fuera extraterrestre o humana Shulman, creía que los expertos de esa época no le dieron la importancia debida: “Hace cincuenta años probablemente pensaron que era simplemente algún tipo extraño de suministro de energía”.

Quedan muchos puntos por aclarar en esta historia, sin embargo, de ella se desprenden datos interesantes que nos mueven a la reflexión. En su época el dispositivo fue montado y probado. Que los técnicos no se dieron cuenta de su importancia resulta muy improbable. Eric S. Proskauer se percató enseguida de ella y por eso realizó sus anotaciones ¿Pero por qué se le enseñó a un químico y director de una revista de divulgación científica? ¿Quién lo montó en los Laboratorios Bell? ¿Sus creadores alemanes? ¿Estaba Proskauer allí realizando su trabajo como traductor?.

Cuando observamos detenidamente estas historias, aunque no encontremos todas las respuestas, enseguida no percatamos de dos leyes que han acompañado a la ufología clásica desde sus comienzos: Las "naves extraterrestres" siempre son iguales a las últimas investigadas y desarrolladas en esa época concreta por los humanos, y la "tecnología extraterrestre" se encuentra profundamente enlazada a los logros técnicos de última generación del Viejo Continente.

Continuará...


Galería de imágenes


1943
Bomba de aire liquido



Cañón de aire comprimido



Cañón de aire comprimido







Visor infrarrojo
Vampyr


Arma individual
infrarroja Vampyr


Arma individua
 infrarroja Vampyr


Arma individual
infrarroja Vampyr


Visor infrarrojo Uhu
Museo moderno







Visor infrarrojo Uhu
Museo moderno

Visor infrarrojo montado sobre un Panther

Uhu sobre
Sd.Kfz. 251/20


Detalle de la ametralladora

Primer plano delantero del Uhu






Primer plano trasero
del Uhu


Visor capturado y copiado por los aliados

Visor capturado y copiado por los aliados

Esquema del sistema infrarrojo Uhu

Uhu mejorado para alcanzar 1500 m






Maqueta
Uhu en Panther

Maqueta
Uhu en Panther

Maqueta
Soldado con Vampyr

Maqueta
Soldado con Vampyr

Maqueta
Soldado con Vampyr





La visión nocturna no fue "descubierta" en la supuesta nave extraterrestre accidentada en Roswell, Nuevo México, en 1947, tal y como afirman varios ufólogos

(1) Himmler y su imperio, Edouard Calic, Luis de Caralt, 1969, Barcelona, (España) página 313.

(2) Himmler y su imperio, Edouard Calic, Luis de Caralt, 1969, Barcelona, (España) página 345.

(3) Memorias-VI Triunfo y tragedia, Winston S. Churchill, Los libros de nuestro tiempo, 1955, director José Janés, Barcelona (España) colección de fotos en páginas finales.

(4) Armas secretas alemanas, Brian Ford, Librería Editorial San Martín, 1975, Madrid (España) página 28.

(5) Vengeance. Hitler's nuclear weapon fact or fiction? Philip Henshall, Alan Sutton Publishing Limited, England, 1995, páginas 105 y 106.



Si deseas saber más sobre el tema: OVNIS terrestres


Introducción al libro La guerra Secreta. De la tecnología nazi al siglo XXI.
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