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Muchos ufólogos se quejan de los escépticos que no creen en los ovnis. Así como muchos contactistas se quejan del escepticismo de los ufólogos que no creen en los contactos y mensajes extraterrestres. Pero lo más curioso, es que haya ufólogos que ni siquiera creen en los extraterrestres. Que atribuyen ciertos fenómenos a cuestiones internas del sujeto de una experiencia. Abducciones, por ejemplo, son vistas, por esta clase de ufólogos, como producto de traumas o situaciones intramentales de las presuntas "víctimas" de los "ilusorios" secuestros alienígenas.


    Cuando personas escépticas se dedican al estudio de los ovnis, y hacen del escepticismo su medida de la realidad estudiada, dan forma a una clase de ufología que no tiene por qué coincidir con esa realidad, que es objetiva. Más bien es una ufología que reproduce, en la investigación y divulgación de los fenómenos, la realidad subjetiva del investigador.


    No hay verdadera ufología en tanto el escepticismo o la credulidad pretendan, respectivamente, negar o afirmar la realidad estudiada. Cuando un escéptico que no puede aceptar que exista lo que no constate con evidencias, o cuando un creyente que acepta lo falso sin ponerlo en duda, puede ocurrir que se infiltren en la ufología, una disciplina tan expuesta a ser invadida por gente que no respeta las premisas necesarias para cumplir eficientemente su actividad. Escépticos y crédulos se infiltran para luego mostrar "patente" de "ufólogos", aprovechando que no hay matriculación, colegiación ni control alguno para calificar idoneidad. Esto trae como consecuencia que haya "ufólogos" desmintiendo lo que no comprenden, y otros "ufólogos", creyendo comprender lo que en realidad ignoran y lo dan por cierto sin verificación alguna.


    Carl Sagan decía que la ciencia debe ser rigurosamente escéptica. Quien sea científico, por lo tanto, debería ser rigurosamente escéptico ante eso que ha dicho Carl Sagan. No creerle. Tomar esa frase como una negación de Sagan a la ciencia. Porque la ciencia no puede ser escéptica, no puede ser crédula. Incredulidad o duda no son atributos de "la ciencia". La ciencia nunca duda, nunca cree ni no cree. Ella es una herramienta cuyas tres respuestas posibles con respecto a la existencia o inexistencia de algo por lo que se indague, son: comprobación de existencia, comprobación de inexistencia, y no comprobación ni negación de existencia o inexistencia. En esta tercera posibilidad, el escepticismo no tiene cabida. No cabe la incredulidad ante lo que no puede comprobarse o negarse. Sólo cabe la ignorancia. Un escéptico dice: "no creo". Un ignorante dice: "no sé". No creer, significa creer inexistente algo. No saber, significa no creer existente ni inexistente algo.


    El problema de todo esto, es que la ignorancia, ha sido enseñada prejuiciosamente como un defecto, mientras que el escepticismo ha sido enseñado como una virtud. Mientras la ignorancia en la ufología no logre imponerse mediante la humildad del "no sé, por lo tanto investigo y dejo abierta la posibilidad tanto al sí como al no", seguirá ocurriendo que el escepticismo, con su soberbia, siga carcomiendo a la ufología desde adentro con el "no hay pruebas, por lo tanto no existe". Peor aun, cuando esos ufólogos saben muy bien que a las mejores pruebas las ocultan los gobiernos y fuerzas armadas, con la complicidad de científicos que han investigado naves y entidades extraterrestres en bases militares, y que han guardado silencio. Científicos de los cuales algunos, años después, cuando se animan a revelar información al respecto, son desmentidos por los "ufólogos" escépticos; falsos ufólogos que están infiltrados en la ufología para desacreditar testimonios como ésos y convencer a la gente de que "en medio siglo de investigación no tenemos una sola prueba".


    Se equivocó Carl Sagan. Es tremendo el daño que el escéptico le puede causar a la ciencia cuando se infiltra en ella. Cuando cree que ella debe ser escéptica y la manipula para desmentir apresuradamente fenómenos cuya demostración de inexistencia la ciencia no ha efectuado.


    Por respeto a la ciencia, todo escéptico debería quedarse afuera de ella; darse cuenta de que si no se tiene mentalidad de científico por adolescer de escepticismo, es preferible dedicarse a otra cosa. Es preferible dedicarse a refutar escépticamente desde afuera, en una posición no científica, porque no es científico ponerse a refutar cosas escépticamente. Es respetable que alguien refute escépticamente reconociendo no proceder así en nombre de la ciencia, sino en nombre de una postura que no tiene por qué ser científica, porque es subjetiva. Es respetable que alguien proceda subjetivamente, como escéptico, al margen de la exigencia científica de objetividad. El "no existe porque a mí me parece", por parte del escéptico, es tan respetable como en el científico lo es el "ni tengo por qué creer ni por qué no creer que algo exista o no exista, porque lo que no sé, puede existiro o no existir, me parezca lo que a mí me parezca".


    Es respetable que la subjetividad escéptica sea ejercida desde afuera de la ufología, lo mismo que la credulidad. Por eso,  para quien haya tenido experiencias con fenómenos extraterrestres, es preferible polemizar con escépticos ajenos a la actividad ufológica, que con los falsos ufólogos que son escépticos trabando, mimetizadamente desde adentro, el avance de la ufología.
Lo cual no merece respetabilidad alguna.
 
 

    Dedico este artículo a quien me lo inspiró con su forma de actuar, el periodista ex-"ufólogo" argentino Alejandro César Agostinelli, quien luego de comprobar que era un crédulo, se dio cuenta de que no era realmente un ufólogo en el estricto significado de la palabra, y al adquirir una visión escéptica del fenómeno que antes aceptaba ciegamente, se dio cuenta de que tampoco así podía ser un verdadero ufólogo y se mantuvo respetuosamente fuera de la ufología, cosa que no hicieron otros que, autodenominándose "ufólogos escépticos", destruyen la ufología desde adentro, como detractores que son del fenómeno que dicen estudiar "ufológicamente".

11 de noviembre de 2000


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