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      En el correr de los tiempos se han producido en el cielo y en la Tierra muchos fenómenos maravillosos. Fenómenos absolutamente inexplicables hasta hoy.

         Esos fenómenos hacen pensar en la intervención de voluntades desconocidas. ¿Seres superiores entre nosotros?

         La antigüedad nos ha dejado testimonio escrito de muchas extrañas apariciones en el cielo: “cometas barbudos y de largos cabellos, antorchas, columnas, lanzas, espejos, batallas de nubes, dragones, lunas y soles dobles y otras cosas” (cito palabras de Ambroise Paré, “De Monstres et prodiges” (1575) (Monstruos y prodigios, edit, Siruela, Madrid, 1987).

         Hablemos un poco de nubes extrañas:

         Dice la Biblia (Éxodo 40, 34 a 38): “Entonces la nube cubrió el tabernáculo de la reunión. Y la gloria de Yavé llenó el habitáculo. Moisés no pudo ya entrar en el tabernáculo de la reunión, porque estaba encima de la nube, y la gloria de Yavé llenaba el habitáculo”. “Todo el tiempo que los hijos de Israel hicieron sus marchas, se ponían en movimiento cuando se alzaba la nube sobre el tabernáculo, y si la nube no se alzaba, no marchaban hasta el día en que se alzaba. Pues la nube de Yavé se posaba durante el día sobre el tabernáculo, y durante la noche la nube se hacía ígnea a la vista de todos los hijos de Israel, todo el tiempo que duraron sus marchas.”

         En Números (9, 15-23) se nos habla otra vez de la misteriosa nube y vuelve a describirse el sistema de avances y detenciones.

         En los textos bíblicos aparecen constantemente menciones a nubes sobrenaturales. Recordemos sólo para no alargar mucho el tema, el párrafo del Nuevo Testamento, Evangelio de san Mateo (17, 5): “aún estaba él hablando (Pedro), cuando los cubrió una nube resplandeciente, y salió de la nube una voz que decía: Este es mi hijo amado...”

         Dejemos los textos sagrados y avancemos en el tiempo.

         Eneas Silvius, autor muerto en el año 460. escribió que en año sexto después del jubileo, aparecieron entre Siena y Florencia “veinte nubes”, que generaban vientos, luchando unas contra otras, retrocediendo y avanzando como si hubiesen estado colocadas en orden de batalla, y durante esta lucha entre las nubes, los vientos realizaban su misión destructora, llegando a romper edificios y rocas y hasta a elevar por los aires a hombres y animales”.

         A veces se ven en el cielo nubes muy raras que por su forma recuerdan a los ovnis. El investigador Francisco Padrón logró unas extraordinarias fotografías. Y son muchos los testigos en el mundo que han observado nubes muy bajas, que parecen rondar las casas, haciendo incomprensibles evoluciones. Hay quien ha llegado a pensar... si tendrán “vida propia”...

         Científicamente se denominan cúmulos, nubes formadas desde los 200 hasta los 1000 metros de altura.

         Hay veces que se trata de una sola nube solitaria en medio de un cielo azul, que permanece sin variar de forma durante horas.

         ¿Son realmente nubes o son objetos volantes camuflados?

         Estos casos son frecuentes en las islas Canarias. Cuenta Francisco Padrón que en Tenerife, en el Valle de Ucanca, se vio una nube de aspecto sólido, en cuyo torno se fue dibujando poco a poco un cinturón luminoso. Y de pronto, la nube desapareció fulminantemente. Dice haber visto igualmente casos impresionantes en Cuzco y en Yucatán.

         Según los relatos de aviadores militares que han sobrevolado este tipo de nubes extrañas, han apreciado una serie de alteraciones en sus instrumentos. Un avión en ruta hacia Bilbao penetró en una de ellas. Al salir de la nube, se había producido una inexplicable y enorme pérdida de tiempo.

         Ha habido nubes misteriosas que se han materializado tomando un aspecto metálico. Y se han visto y fotografiado platillos volantes que han ido formando una nube a su alrededor, desapareciendo finalmente en ella.

         En el invierno de 1941, en un día claro y luminoso, un hombre observaba en los Alpes cómo iban escalando tres montañeros suizos una ladera nevada. Súbitamente apareció en el cielo azul una nube extraña, alargada, muy brillante. Parecía llevar una luz en su interior. Aquella nube se fue acercando, lenta auque continuamente, a los escaladores. Hubo un momento en que los ocultó a la vista de quien les observaba. Minutos después, cuando la nube rebasó el lugar, los tres hombres habían desaparecido.

         Avisadas las autoridades, se exploró la zona y pudo comprobarse que las huellas dejadas por los alpinistas cesaban bruscamente en determinado lugar, como su hubieran echado a volar. No se les encontró jamás.

         Parece lo lógico y natural que de las nubes no pueda caer sino agua, ya sea en forma líquida, ya de nieve o de granizo. Pero lo cierto es que a lo largo de los siglos y en diversas zonas geográficas se han producido lluvias absurdas de judías y guisantes, de piedras, de carne, de sangre... de peces y de ranas, de gusanos, lagartijas y serpientes de cascabel. Y de extrañas sustancias fibrosas que se han llamado “cabello de ángel” o “cabello de la Virgen”, de cilindros metálicos, de grandes piezas metálicas o de materiales extraños...

         En Italia, se dice que en el año 180 llovió leche y trigo en gran cantidad.

         En el año 458, según Julius Obsequens, llovió en Italia también carne, en grandes y pequeños trozos, los cuales quedaron sobre el suelo durante mucho tiempo sin pudrirse y sin cambiar de color ni de olor.

         Dice Lycosthenes que en Sajonia se produjo una vez una lluvia de peces y que, en tiempos del emperador Ludovico, durante tres días y tres noches, llovió sangre.

         En el año 989, bajo el reinado del emperador Otón. Tercero de este nombre, dicen las crónicas que llovió trigo. Ese mismo año cayó nieve roja como sangre cerca de Venecia.

         En 1565, llovió gran cantidad de sangre en el obispado de Dole. Igualmente ocurrió en el mismo año, en el mes de junio, en Inglaterra.

         Relatos contemporáneos hablan de un chaparrón en Bergen, en 1578, de ratones amarillos.

         En 1873 cayeron grandes piedras de granizo... “lentamente” cerca de Clermont-ferrand.

         En Iowa, en junio de 1882, durante una tormenta de nieve, cayeron bloques de hielo que contenían pequeñas ranas.

         En 1890 cayó una lluvia roja sobre Terranova.

         En Birmingham, en junio de 1892 cayeron pequeños sapos, en su mayoría ¡de color blanco!

         Aquel mismo año llovieron miles de mejillones en Paderborn.

         Una lluvia de carne y sangre se produjo sobre Sao Paulo en 1968.

         Y en este mismo año, hubo en la isla indonesia de Lambock una lluvia de ratas, sobre las tierras de arroz. ¡Caían en grupos de siete, dirigidas, al parecer, por una enorme rata blanca!

         Cientos de patos muertos inundaron las calles en Maryland, en julio de 1969.

         En 1980 llovieron cascadas de ranas sobre Atenas. Y en 1988 llovieron igualmente ranas en el pueblo de Frías de Albarracín (Teruel). Después de una fuerte tormenta, las calles de la localidad se vieron invadidas durante dos días por pequeños batracios pardos. Se recuerda en el lugar que bastantes años antes llovieron también ranas, pero entonces cayeron congeladas con el granizo.

         Y estos son solamente algunos casos tomados de una interminable lista de “lluvias” extraordinarias.

         Por supuesto, hasta el presente, no se han formulado teorías científicas convincentes que expliquen estos increíbles fenómenos. ¿Se tratará acaso –pregunto yo- de desechos y resultados de experimentos de los habitantes de otro mundo, tal vez cercano a nosotros, quizá de un mundo existente en el interior de nuestro globo?

         Hay otra clase misteriosa de lluvias: la de esos corpúsculos o copos blancos que se deshacen al caer, observados varias veces en Fátima en el tiempo de las apariciones. ¿Hay alguna relación entre este fenómeno y la “lluvia” producida en diversos lugares y momentos, como en Oloron (Bajos Pirineos) al paso de una formación de ovnis (un “cigarro” y varios discos), en 1952? Era como una estela que caía lentamente del cielo, deshaciéndose después. Pudieron verse durante varias horas unos bultos adheridos a los árboles, a los postes del telégrafo y sobre los tejados. Eran como hilos de lana o nylon, que se hacían rápidamente gelatinosos para, a continuación, fundirse y desaparecer. Un profesor de un colegio intentó analizar la enigmática sustancia, pero no pudo, ya que se sublimó antes de que llegara al laboratorio. Nunca se ha podido explicar aquel fenómeno.

         ¿se tratará acaso de la misma sustancia que la Biblia llama Maná, aquel alimento misterioso caído del cielo con el que el pueblo hebreo pudo alimentarse durante cuarenta años en el desierto?

         Hay muchos fenómenos “religiosos” que están esperando una explicación racional, si es que la hay.

         Por ejemplo, cuando se inauguró el primer templo mormón, en la tarde del 6 de abril de 1836, en Kirtland (Ohio), los habitantes del barrio pudieron ver una tremenda columna de fuego surgiendo por encima del edificio. Pero cuando llegaron corriendo con intención de apagar las llamas... sólo encontraron a los fieles, que dijeron acababan de recibir la visita de unos “ángeles”.

         Desde los tiempos más remotos de que el hombre tiene noticia, se han visto luces inexplicables cruzar los cielos. Hoy tenemos constancia de la existencia de naves aéreas, de origen desconocido, que llamamos ovnis... Se han fotografiado, se han detectado con los radares, se han visto aterrizar y hasta se dice que ha habido contacto con sus ocupantes. Pero siguen siendo un total misterio. Pare que esas extrañas máquinas se desplazan a velocidades increíbles, parándose en seco, haciendo ángulos de 60 a 90 grados. Según los científicos, los frenazos y aceleraciones de que se habla serían causa de muerte instantánea para sus tripulantes. Y sin embargo, parece que ha habido seres humanos que han viajado en tales naves...

         Pero consideremos toda la amplitud de los cielos. ¿Qué explicación tienen tantos fenómenos de que la historia ha guardado testimonio?

En el año 312, Constantino, pagano, y todo ejército, vieron una cruz luminosa en el cielo.

         En Estocolmo, el 20 de abril de 1535, aparecieron “siete soles” al mismo tiempo sobre la ciudad, lo que fue tomado por un milagro. Hay un cuadro de la época que los representa, pintado por Olaus Petri.

         Según Lycosthenes, en tiempos del emperador Carlos V, durante el sitio de Magdeburgo, aparecieron un día, a las siete de la mañana, tres soles en el cielo. El del centro era muy claro, mientras que los otros dos eran rojos. Se mantuvieron durante todo el día y por la noche se vieron tres lunas.

         Esto mismo parece tuvo lugar en Baviera, en el año 1554:

         “La antigüedad, dice Boaistuau, no conoció en los aires nada más prodigioso que el horrible cometa de color sangre que apareció en Westrie el 9 de octubre de 1528. Este cometa era tan horrible y espantoso que producía en el pueblo tan gran terror que algunos murieron de pánico y otros cayeron enfermos. Este extraño cometa duró una hora y cuarto y comenzó a mostrarse por el lado del sol naciente después hacia el mediodía; parecía ser de descomunal longitud, y efectivamente era de color sangre. En su parte superior se veía la figura de un brazo doblado que sujetaba en la mano una gran espada, como si hubiese querido herir con ella. En el extremo de la espada había tres estrellas; pero la que estaba directamente en la punta era más clara y reluciente que las otras. A ambos lados de los rayos del cometa se veía gran cantidad de hachas, cuchillos, espadas teñidas de sangre, entre las que había gran número de rostros humanos repulsivos, con barbas y cabellos erizados, como los veis en la ilustración..”

         Según Josefo y Eusebio, “después de la pasión de Jesucristo, la lamentable destrucción de la ciudad de Jerusalén fue anunciada por varios signos, y entre otros un espantoso cometa en forma de espada de fuego reluciente, que apareció por espacio de un año encima del templo, como mostrando que la cólera divina quería vengarse del pueblo judío mediante el fuego, la sangre y el hambre. Tal ocurrió y hubo una hambruna tan calamitosa, que las madres se comieron a sus propios hijos; perecieron en la ciudad, a consecuencia del asedio de los romanos, más de un millón doscientos mil judíos y más de noventa mil fueron vendidos como esclavos.”

         En el siglo XVI, el citado humanista alemán Karl Wolffhart, más conocido por el nombre de Conradus Lycosthenes, editó el “Libro de los Prodigios”, escrito por Julio Obsequens, completándolo e incluyendo descripciones de fenómenos sucedidos en la Edad Media y hasta su propia época.

         Se dice allí que “un terrible signo apareció en el cielo, en forma de columna. Fue en la época del emperador romano Teodosio”.

         Refiriéndose al año 1520, dice que en Hereford, Inglaterra, se vio en el cielo “una colosal viga de fuego”. “Descendiendo hasta la tierra, quemó muchas cosas con su calor. Después, subió nuevamente al cielo y se vio cómo cambió su forma para convertirse en un círculo de fuego.”

         Más conocidos son los inexplicables sucesos acontecidos en Nuremberg y en Basilea.

         El día 14 de abril de 1561, al alborear –según dicen las crónicas-, “muchos hombres y mujeres” de la ciudad alemana de Nuremberg pudieron ver en las alturas unas bolas de color rojo sangre, azuladas y negras, y unos discos circulares, en gran número, junto al sol. Se vieron también dos o tres grandes tubos o cilindros que contenían o sostenían en sus costados bolas del mismo tipo. Entre estos objetos, aparecían cruces luminosas. De pronto, todos aquellos extraños elementos empezaron “a luchar unos contra otros”.

         También al amanecer, en Basilea (Suiza), el 7 de agosto de 1566, “se vieron unas voluminosas bolas negras que se dirigían a gran velocidad hacia el sol y que, después de dar media vuelta, chocaron las unas contra las otras como si entablaran combate; un gran número de ellas se volvieron rojas e ígneas y, a continuación, se consumieron y se apagaron”. El espectáculo celeste se prolongó igualmente durante más o menos una hora ante la vista de los asustados ciudadanos.

         Pero volvamos a la aparición de una espada en el cielo, porque me interesa establecer aquí algunas curiosas conexiones.

         En su historia Natural, Plinio nos dice que hay estrellas que nacen súbitamente. “Son estrellas-jabalinas vibrantes como una saeta, son un terrible portento. Las mismas estrellas, cuando son más cortas y se reducen hasta un punto, han sido llamadas “dagas”. Éstas son las más pálidas de todas y tienen un fulgor como el destello de una espada, y no tienen radiación alguna”.

         Bernal Díaz del Castillo, cronista de Hernán Cortés, refiere en su “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España” que en 1527 los expedicionarios españoles contemplaron en el aire, sobre sus cabezas, una enorme espada larga, que no se mudaba del cielo durante más de veinte minutos. Copio textualmente:

         “Lo que yo vi y todos cuantos quisieron ver, en el año veinte y siete estaba una señal del cielo de noche a manera de espada larga, como entre la provincia de Pánuco y la ciudad de Tezcuco y no se mudaba del cielo, a una parte ni a otra, en más de veinte días”.

         En el texto chino “Las Cosas de Antaño”, de la Historia del distrito Linggui de la provincia de Guangxi, se cita asimismo un acontecimiento sucedido en 1561: “De agosto a octubre del año 46, bajo el reinado del emperador Jiajing, los habitantes de la villa Guiling vieron cada noche en el cielo una estrella que medía más de diez brazas, permanecía siempre suspendida en el aire, envuelta en vapor blanco. Era rectangular, parecida a un sable, y se dirigía lentamente del norte al sur.”


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