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MEL GIBSON EN EL PAPEL DE “BRAVEHEART”


La mayoría de la gente conoce la famosa película de Mel Gibson, “braveheart”, donde se relata un episodio de la guerra entre Escocia e Inglaterra. Nadie va a negar que la película ofrece un espectáculo digno de lo mejor de Hollywood, y que sus escenas entretiene de principio a fin. La historia nos relata cómo un plebeyo de finales del siglo XIII, William Wallace, tras la pérdida de su familia y su esposa a manos de los ingleses, se rebela contra la corona británica y su rey, Edward I, atacando las posiciones inglesas de Escocia, y ganando en un buen número de batallas, ayudado por la fuerza de sus patriotas. No obstante esto, Wallace, es traicionado por los nobles escoceses en el campo de batalla de Falkirk, siendo capturado y llevado a juicio en Inglaterra, donde le dan muerte por decapitación tras sufrir una terrible y despiadada tortura.

La película, que fue rodada en Escocia, al pie del monte Ben Nevis, y que se llevó cinco Oscar de la Academia, no se ajusta demasiado a la verdadera figura de William Wallace, ni se parece demasiado a lo que realmente ocurrió. Con esto no queremos desmerecer el film (que a fin de cuentas su única función es entretener al público) pero sí esclarecer algunos puntos que consideramos importantes para tener un visión auténtica de tan pintoresco caballero.

William Wallace, jamás traspasó las fronteras de Escocia, ni sus tropas tomaron York, como nos muestra su guionista, Randall Wallace; muy al contrario, sólo llegaron hasta Cumberland y Northumberland, que quedan en territorio escocés.

El padre del verdadero Wallace, seguía vivo cuando este inició, en 1297, su revuelta contra los ingleses. En la película, podemos ver como el patriarca es asesinado en un granero a manos inglesas.

Un hecho que despierta una gran admiración y -por qué no decirlo- un gran sentimentalismo en el espectador, es la muerte de la prometida de Wallace. En la película, vemos como esta es asesinada por un capitán inglés, después de que nuestro héroe ataca a un grupo de soldados que han intentado violarla. Wallace y su amada, se ven obligados a casarse en secreto, porque los ingleses han decretado el “Derecho de Pernada” o “Prima note”. Pues bien, ni una cosa ni otra están probadas. Por un lado, no se sabe que la esposa de Wallace, fuera ejecutada cuando este encabezó la rebelión. En cuanto al “Derecho de Pernada”, tampoco existe una constancia fidedigna de su autenticidad. Es posible que se diera, pero no lo sabemos con seguridad.

Wallace no tuvo jamás un romance con la princesa Isabella, ya que ésta no era más que una niña y nunca se conocieron.

El verdadero William Wallace, siempre llevó barba (tal y como marcaban los cánones de la época) y nunca se pintó la cara de azul. Tampoco vistió el kilt (falda escocesa), llevando sólo ocasionalmente el tartán característico de los escoceses. Su prenda favorita era la armadura.

Las tropas rebeldes de Wallace nunca enseñaron el trasero a sus enemigos, como vemos en el film. Estaban muy bien organizados y esto hubiese sido un atentado contra el honor en el campo de batalla. La guerra, en el medioevo, era brutal y sanguinaria, pero el honor, la caballerosidad y el buen gusto, siempre (o casi siempre) regían las normas de la batalla.

En aquellas remotas épocas (y aunque hoy nos cueste concebirlo), la guerra representaba un verdadero placer para el hombre. Si iba a la lucha con auténtica pasión, y morir en plena batalla, simbolizaba valentía y distinción. Si no había guerra se inventaba; todo con tal de ganar méritos y convertirse  en alguien admirado, bien fuera por la amada o por el propio enemigo. Las justas o torneos, eran otra forma de combatir en tiempos de paz; por suerte, y aunque la comparación resulte pintoresca, las guerras y los torneos se llaman hoy fútbol, y es allí donde los humanos focalizamos nuestras pasiones y frustraciones, y donde defendemos nuestra patria ante un “enemigo” foráneo. Para los antiguos ir a la guerra era un hecho deportivo; quizás fuera, porque aun no existía verdadero deporte.


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