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Erich von Falkenhayn, el general alemán que juzgo erróneamente la capacidad de resistencia de los franceses

En 1916, desde un punto de vista alemán, la guerra hacía progresos. Pero algunos defectos estropeaban el cuadro feliz. El bloqueo británico se acentuaba cada vez más en Alemania y en Austria. A despecho de las victorias militares alemanas, en los dominios del Kaiser se acentuaba la escasez de alimentos. Cada día era mayor la falta de artículos como café, mantequilla, huevos y medicamentos.

Austria-Hungría demostraba representar más riesgos que ventajas. El imperio de Francisco José se resquebrajaba y los alemanes tenían que salir fiadores de sus ejércitos cada vez que emprendían una acción. También Bulgaria y Turquía eran para los alemanes un estorbo antes que un apoyo.

En los lejanos teatros bélicos las colonias germano-africanas habían sido tomadas por tropas francobritánicas nativas y blancas. Quedaba destruida esta parte del sueño alemán. Los británicos se apoderaban rápidamente de Oriente Medio, y el ferrocarril del Kaiser para unir Berlín y Bagdad continuaba siendo una visión no realizada. El general Erich von Falkenhayn, jefe alemán en el Frente Occidental, consideraba sin apasionamiento la situación de la guerra. Hizo balance de lo bueno y lo malo, de forma realista. Su conclusión fue la de que si Alemania no ganaba la guerra cuanto antes en el Oeste, iba abocada al desastre. Se basaba en el hecho de que Alemania y sus cohortes no tenían el tiempo de su parte. Si la guerra se prolongaba mucho más, el bloqueo estrangularía a la Patria.

Para prevenir tal eventualidad, Von Falkenhayn propuso una ofensiva en el Oeste. Creía que Rusia estaba eliminada, por lo que las fuerzas alemanas podían ser movilizadas sin abandonar el Frente Oriental, Von Falkenhayn planeaba enfocar astutamente su ataque contra los franceses eligiendo como objetivo la ciudad fortaleza de Verdún. El jefe alemán estaba seguro de, que los franceses lucharían allí hasta el fin, ya que la pérdida de Verdún indicaría que Francia admitía su derrota en la guerra.

-Si planeamos bien la operación Verdún -declaró Von Falkenhayn-, podemos desangrar al enemigo obligándole a dar más y más hombres hasta que lo haya dado todo.

Se reducirían al mínimo las bajas alemanas utilizando la mayor concentración de artillería. Von Falkenhayn destinó para la campaña de Verdún desde piezas de campaña hasta rifles navales de 12 pulgadas y morteros de sitio de 420 mm., armas estas capaces de rendir a la mayoría de fortalezas: Habían funcionado en Lieja, Namur, Maubeuge y en el Este.

Considerando cuál era el destino sufrido por las fortificaciones permanentes, "Pappa" Joffre abandonó, en 1915, los fuertes de Verdún, confiando, en cambio, en un sistema de trincheras para defender el sector.

Volvía a fallar el criterio de Joffre. Los fuertes de Verdún estaban mucho mejor construidos que los belgas o los rusos. Siendo más modernos, podían resistir el fuego de armas del calibre más pesado.

El ejército que asaltara los bastiones de Verdún sería aniquilado por las fuerzas de defensa. A todo esto renunció Joffre a cambio de la dudosa seguridad de las trincheras.

Desde 1914 se habían librado pocos combates en torno de Verdún. Por consiguiente, ese frente era defendido por tropas de segunda clase y algunas de las fortificaciones de campaña estaban descuidadas.

"Pappa" Joffre se obstinó en desoír las advertencias del Servicio Secreto Militar, informándole que los alemanes estaban preparando un ataque sobre Verdún.

Las fotos aéreas de reconocimiento revelaban enormes depósitos de municiones para los centenares de armas que los alemanes habían reunido para atacar Verdún. Pero a principio de febrero incluso Joffre admitió que tal vez estaba preparándose algo y reforzó Verdún con dos divisiones "crack" (de choque) aunque conservara la duda acerca del verdadero significado de la actividad desplegada allí por los alemanes. Joffre declaró: "No creo que Verdún sea objetivo de los alemanes. De otro modo, ¿por qué demostrarían tan evidentemente sus intenciones?" Los alemanes no ocultaban sus intenciones porque esto era imposible tratándose de preparativos en tal escala masiva. El 21 de febrero, Joffre y Francia entera conocieron los planes de Von Falkenhayn. Al amanecer de aquel lúgubre día invernal, la artillería alemana inició un bombardeo de increíble intensidad. Más de 2.000.000 de bombas pulverizaron las posiciones francesas.

Cuando concluyó la barrera de fuego, los alemanes se lanzaron al ataque saliendo de sus trincheras. El coronel que mandaba un regimiento de asalto aseguró a sus oficiales: "Ahí fuera no encontraréis nada con vida. Nuestra artillería ha matado a todos los franceses." El coronel se equivocó. Los poilus (apodo dado al soldado raso en el ejército francés) habían sobrevivido a la tremenda tempestad de altos explosivos.

Aunque fueron numerosas las bajas, quedaron hombres suficientes para manejar sus ametralladoras.

Los alemanes, excesivamente confiados, cayeron en hileras enteras, pero a pesar de la bravura con que resistieron, los franceses se vieron obligados a abandonar sus trincheras de primera línea.

Casi demasiado tarde, Joffre ordenó el regreso de sus tropas a los fuertes que hubieran debido ocupar desde el principio. En estas posiciones combatieron a los alemanes hasta el cese de las hostilidades. Se libraron batallas terribles por Verdún. En ninguna contienda murieron hombres en números tan espantosamente elevados.

Un nuevo jefe tomó las riendas de los destinos franceses en Verdún. El general Henri Philippe Petain tomó posesión del puesto el 25 de febrero. Gravemente, Petain revivió el antiguo grito de guerra del Mame: "Ils ne passeront pas!" "¡No pasarán!" Prevaleció este espíritu a pesar de que los alemanes lograron capturar Fort Douaumont y Fort Vaux, puntos clave de la red defensiva. Estaba tan bien construido Fort Douaumont que, al tomarlo de nuevo los franceses, en octubre de 1916, el interior se encontraba intacto, aunque fue castigado por ciento veinte mil bombas del más alto calibre.

Se hicieron famosos los lugares como Colina del Hombre Muerto y Colina No. 304. En Verdún se inmolaron miles y miles de alemanes y franceses. Era una locura prolongar la batalla, pero ningún bando cedía. Petain organizó una línea motorizada de camiones de suministros por un ruta conocida con el nombre de La Voie Sacrée, El Camino Sagrado. En todo tiempo, durante el día y la noche, los camiones llevaban provisiones, municiones y refuerzos a Verdún.

El ataque alemán continuó hasta mediados de julio. Entonces, bajo la canícula de verano, los hombres del Kaiser no pudieron resistir más. Era la oportunidad de Petain. Dijo a sus tropas: "On les aura!" "¡Les cogeremos!", y ordenó un ataque total.

Desde agosto a finales del año, los poilus hicieron retroceder al enemigo. Por medio de expertos asaltos, se recuperaron Fort Douaumont y Fort Vaux.

Quedó deshecha la retaguardia de la amenaza alemana y se probó la falibilidad de la teoría de Von Falkenhayn. Aunque los franceses perdieron 460.000 hombres para conservar Verdún, a los alemanes les costó 300.000 soldados su fracaso en tomarlo.

La batalla épica de Verdún fue considerada una victoria francesa, pero el precio pagado en sangre fue terriblemente alto. El ejército francés no se recuperó del todo después de tan espantoso combate y los alemanes tampoco llegaron a recobrar por completo el poder del ataque una vez terminada tan escalofriante contienda. Ambos bandos habían dado lo mejor de sí. Verdún se convirtió en un eterno símbolo de la fortaleza del hombre y de la esterilidad de la guerra.

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Si deseas saber más y ver otras fotos sobre esta batalla: Verdún, la mayor sangría de la Primera Guerra Mundial







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