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El U-9 es recibido en puerto el 23 de septiembre de 1914
tras su increíble peripecia contra la flota inglesa

Pródigo en sorpresas es el relato de los hechos realizados por los submarinos de las naciones beligerantes en la Primera Guerra Mundial, y especialmente por los alemanes, que fueron los que más importante papel jugaron.

Pero sean cual fueren las que se llevaron a cabo es seguro que pasó a la historia de la navegación submarina; en lugar preeminente, la hazaña realizada el 22 de septiembre de 1914 por el submarino alemán U-9 al mando del teniente Otto Weddigen.

Los ingleses intentaron disimular torpemente tal hazaña realizando las afirmaciones más inverosímiles, que de no ser por tratarse de la muerte de numerosos hombres, podría conseguir hacernos sonreír.

He aquí el relato inglés publicado en su día a raíz del suceso:

«Los cruceros Aboitkir, Rogite y Crecy navegaban en hilera por el mar del Norte, cuando, a las siete de la mañana, divisaron algunos barcos de pesca, uno de dos cuales tenía la bandera holandesa, que les parecieron sospechosos. Examinándolos con los anteojos de larga vista, se les vio colocar minas, y entonces un crucero inglés rompió el fuego. Los tres cruceros mencionados se acercaban, cuando una terrible explosión que se produjo debajo del Aboitkir le levantó sobre las aguas. Creyóse al pronto que hubiese tropezado con un torpedo. Cuando se hundía el barco y los hombres estaban reunidos sobre cubierta, realizando los preparativos para echar al agua los botes de salvamento, el Rogite, que estaba cerca, empezó también a arriar sus botes, y vio que los submarinos alemanes avanzaban para atacar. Según unos, los submarinos eran cinco; según otros, doce. Las lanchas cañoneras de los ingleses comenzaron el salvamento, y en aquel instante numerosos submarinos rodearon los cruceros repentinamente y un torpedo dio al Rogite cerca del pañol de municiones, originando una espantosa explosión doble que produjo numerosísimos muertos. El Rogile se hundió a los seis minutos. Sus restos, entre ellos trozos de las torres blindadas, cayeron como una granizada sobre el mar en el sitio donde nadaban a docenas los marineros del buque perdido. Los fogoneros y maquinistas del Rogile, que estaban en las profundidades del buque, hundiéronse con él; los tripulantes que había sobre cubierta formáronse en línea y cuando el barco se hundió saltaron por la borda y comenzaron a nadar lanzando aclamaciones.

El Aboukir se hundió algunos minutos después.

El Crecy, que aun estaba intacto, trató de salvar también a los supervivientes, pero sin olvidarse de la presencia de los submarinos, y echó todos sus botes al agua. Con el máximo de carga volvieron todos al costado del Crecy para librar de la muerte al mayor número posible de náufragos; muchos salvadores voluntarios amarrados con cuerdas echáronse al agua y recogieron cuantos podían.

Entretanto, el Crecy disparaba por todas partes contra los submarinos. Los artilleros del Hogue afirman que echaron a pique a un submarino, los del Crecy dicen que hundieran dos. Se cree fundamentalmente que poco después la flotilla enemiga perdió por lo menos una de sus unidades.

Como los que atacaban eran muy numerosos, la única probabilidad de salvarse para el Crecy era salir navegando a todo vapor hasta quedar fuera del radio de acción de los torpedos. Nadie, sin embargo, pensó en hacerlo. Interrogados por un periodista los supervivientes qué hacen este relato, contestaron que la fuga hubiera servido para que los tacharan de cobardes hasta el fin de su vida, y que a ese precio no querían salvarse. «Lo que hicimos -dijeron- fue acortar la marcha para salvar a nuestros compañeros.» El tiro de los submarinos alemanes es, según cuentan las marinos de referencia, muy defectuoso. Vieron pasar tres torpedos por delante de la proa de su buque y una por lo menos por detrás de la popa. Por fin, uno de los submarinos se aproximó a un centenar de metros de distancia y disparó el torpedo que dio al Crecy, navegando lentamente, cerca de la popa. El Crecy se inclinó á medias. Del submarino se supo que se perdió también, porque uno de los artilleros del crucero, qué disparó en el preciso instante, afirma que hizo blanco.

Otros aseguran que el efecto de la explosión del torpedo destrozó también al submarino, al mismo tiempo que otro torpedo, procedente de otro submarino, daba también al Crecy.

Hundíase lentamente este crucero, sin dejar de disparar su artillería, hasta que fue materialmente imposible continuar disparando. Ya medio sumergido en el agua, y sin que hubiera cundido el menor pánico se repartieron fusiles entre algunos de los marineros para disparar contra los alemanes, en el caso de que éstos se atrevieran a asomarse por las torres cónicas de les submarinos.

Para nadar mejor desnudáronse todos los ingleses. Jefes y oficiales paseábanse por entre los marineros tan tranquilamente como si nada sucediera.

El barco se hundió poco a poco, tumbándose de costado. Algunos de los náufragos lograron salir sobre la pared lateral, que quedaba sobre el agua, y vieron por última vez al comandante del crucero, que no llevaba más vestidura que la gorra de uniforme. Supónese que le salvaron, pues a poca distancia del sitio del combate estaba un barquito inglés del puerto de Lowestoft, que acudió a socorrer a los náufragos. El patrón de este barco fue un verdadero héroe. Los alemanes procuraron destruir su embarcación disparando torpedos contra ella; pero no lo lograron, ni consiguieron tampoco impedir que continuase la obra heroica de aquel hombre.

A los cuarenta y cinco minutos de haber sido alcanzado por el torpedo que lo destruyó, hundióse el Crecy. Algunos supervivientes nadaron aún mucho tiempo. Los alemanes, que presenciaban desde sus barcos la terrible escena, burláronse de los náufragos.

Una flotilla de torpederos, que había sido llamada radiotelegráficamente por los ingleses, llegó a toda velocidad; pero los submarinos alemanes no se arriesgaron a un encuentro y desaparecieron bajo las olas».

Fue sólo un submarino

Hasta aquí el relato más detallado de esta hazaña, que causó enorme sensación en todo el mundo. A las pocas horas de realizada un periódico recogió la versión de que no existía tal escuadrilla de submarinos. El hecho lo había realizado uno solo. La versión motivó acaloradas discusiones.

Los periodistas franceses e ingleses negaron que fuera esto cierto. Algunos técnicos navales afirmaron que aquello era absolutamente imposible, fundando sus manifestaciones en el hecho de que los submarinos no llevaban tubos lanza torpedos, ni torpedos bastantes para que uno solo pudiere realizar la triple hazaña.

Sobre este tema se disertó no poco, pero a los pocos días, por informaciones que no dejaron lugar a dudas, se supo toda la verdad. El submarino alemán U-9 era el autor de la hazaña. Un mes después este mismo submarino hacía una cuarta victima: el crucero inglés Rawke.

Antonio Larrea


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