ARMAS SIN PÓLVORA

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Mucho antes de que el mundo occidental utilizara la pólvora, los ejércitos contaban con gran variedad de ingenios para arrojar proyectiles contra el enemigo.
Uno de los más poderosos era la ballesta o escorpión, empleada por los romanos. Consistía en un enorme arco dispuesto sobre una plataforma, que podía despedir una piedra de dos kilogramos y medio a más de 500 metros.
En el asedio de Roma del año 537 de nuestra era, un caudillo godo fue clavado a un árbol por un dardo de ballesta, y cuando, tres siglos después, París fue sitiada por los vikingos, otro dardo atravesó limpiamente a tres asaltantes.
Complemento de la ballesta era la catapulta, equivalente del mortero moderno, que volteaba los proyectiles. El brazo de la catapulta, con un cuenco para el proyectil en un extremo, al ser girado hacia atrás, tensaba una cuerda de tripa de animales. El brazo se disparaba hacia adelante y era detenido por una barra cruzada, lanzando el proyectil a unos 500 metros.
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La ballesta y la catapulta se utilizaron hasta el siglo XII. Sin embargo, el antiguo método de trenzar intestinos animales pata obtener la tensión necesaria había sido olvidado desde hacía tiempo y en su lugar se empleaban cuerdas.
Esto significa que las máquinas de los cruzados, por ejemplo, no eran tan poderosas como las de los romanos.
La solución fue una nueva máquina de guerra: el trabuco, que naturalmente nada tiene que ver con la escopeta posterior del mismo nombre. El trabuco era una máquina artillera, semejante a la catapulta, peto tenía además un contrapeso para hacer oscilar el brazo y disparar el proyectil.
Algunos trabucos eran colosales. Con un brazo de 15 metros de longitud y un contrapeso de lo toneladas se podía lanzar una piedra de 140 kilogramos a más de 600 metros de distancia.
Pero las piedras no eran los únicos proyectiles. Los trabucos se utilizaban también pata lanzar el «fuego griego»: una mezcla altamente inflamable de azufre, alquitrán, tesina, nafta y estopa, rociada con trementina, ceniza vegetal y salitre.
Esta mezcla temible ha sido considerada como la gran arma disuasoria de la baja Edad Media. Su cualidad más terrible era que el agua avivaba más sus llamas.
Durante siglos, el secreto de la fabricación del fuego griego sólo fue conocido por los bizantinos.
Esto hacía su flota invencible, pero en el siglo IX los árabes descubrieron la fórmula y pronto la emplearon contra aquéllos.
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Otras tácticas eran más sutiles. A veces los trabucos se utilizaban pata atemorizar al adversario, arrojando cadáveres de enemigos o prisioneros vivos sobre las murallas de los sitiados. También se arrojaban caballos putrefactos pata extender la peste.
En 1422, en el asedio de Carolstein, fueron volcados sobre la población 200 carros de estiércol. Ha quedado constancia de que una de las últimas ocasiones en que se empleó el trabuco fue en el sitio de Rodas.
Los turcos batían la plaza con cañones pesados, peto los cristianos construyeron un trabuco y silenciaron con él la artillería adversaria.
Pero los días del trabuco habían terminado. La pólvora, empleada inicialmente por los chinos en el siglo IV antes de J.C., fue por fin conocida en el mundo occidental.
A principios del siglo XIV se construyeron los primeros cañones que resultaban terriblemente inseguros.
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