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MÁS DE 2000 AÑOS ESPERANDO A SU SEÑOR |
Antes del año 213 AC China estaba compuesta por pequeños reinos feudales. La
llegada del emperador Qin Shi Huangdi (221 a 207 AC) supuso la unificación en
un solo país. Dividió al estado en 36 distritos, colocando en todos un
gobernador civil y otro militar fieles a la persona del emperador, y con la
ayuda de su poderoso ejército terminó con la antigua clase dirigente,
asesinando a unos y condenando a otros a trabajar en la Gran Muralla. Sus
esfuerzos por crear un aparato estatal centralizado se vieron compartidos con la
constante amenaza de los hunos. Para evitar su invasión comenzó a reforzar las
fortificaciones existentes en la fontera. Hasta bien poco se pensaba que de este
modo había nacido la Gran Muralla, pero los primeros restos de la la colosal
obra se encuenentrán en la provincia de Shandong (noreste), en un pequeño
pueblo del Condado de Changqing, donde gobernó la dinastía Qi (770-476 A.C).
El enfrentamiento también fue cultural y religioso. Las comunicaciones fueron mejoradas creándose una verdadera red vial, se instauró una escritura única, un sistema común de pesas y medidas. Ordenó quemar todo lo escrito con anterioridad, especialmente todo lo referente a Confucio. Con la dictadura militar China registró en esa época un auge cultural y económico desconocido hasta entonces.
No obstante, aquel emperador tan racional tenía una gran preocupación: no quería morir. Se han encontrado notas de las grandes sumas que gastó en sacerdotes-magos que le hicieran ser inmortal. Una buena parte de ellas se empleó en la construcción de 270 lujosos palacios repletos de siervos y muchachas hermosas. Los edificios se comunicaban entre sí por túneles subterráneos ricamente adornados. Cien kilómetros de pasadizos al rededor de Xianyang por los que Qin no dejaba de moverse. Los magos le habían asegurado que así engañaría a los malos espíritus mientras un zhen ren (hombre auténtico) venía desde un legísimo lugar a darle el secreto de la inmortalidad.
Al final no debió creer a los magos y comprendió que la muerte también le alcanzaría a él. Entonces ordenó la construcción de su sepulcró. Si es cierta la inscripción firmada por Sima Qian, trabajaron 700.000 personas en la montaña Li erigiendo la tumba quizás más compleja de la humanidad. Una vez terminada se plantaron hierbas y árboles para que volviera a tener el aspecto de una montaña y engañar a los futuros saqueadores.
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Camuflado como un monte el túmulo sepulcral del primer emperador Qin se encontraba a las puertas de su antigua ciudad Xianyang, en la actualidad Lintong (Shaanxi) |
De forma paradógica hasta 1974 los arqueólogos no se comenzaron a trabajar en ella seriamente, aunque se conocía su situación y se sabía por fuentes antiguas que la tumbra había sufrido profanaciones en el pasado, los arqueólogos casi no habían realizado búsquedas sistemáticas. Aproximadamente se han excavado 30 km cuadrados y cerca del tunel imperial apareció algo que no estaba reflejado en ningún documento conocido: un ejército de terracota preparado para entrar en combate, con sus caballos y carros de guerra. Los inmortales soldados, después de dos milenios siguen protegiendo a su emperador. Según siempre Sima Qian, el trabajo no está exento de peligros, pues con arreglo a sus palabras: "Se ordenó a los artesanos que fabricaran ballestas y flechas automáticas. Si alguien penetrara violentamente quellas se dispararían automáticamente". Quizás esto unido a las leyendas sobre maldiciones ha evitado la expoliación durante cientos de años.
Las huestes de combate se encuentran apostadas en perfecto orden de batalla, conforme a la costumbre de la época repartidos en tres columnas y con su estado mayor. La columna central no apareció completa y algunas figuras habían sido rotas o amontonadas sin cuidado. La hipótesis más aceptada es que la tumba se terminaría de construir después de la muerte de Qin, cuando ya reinaba su hijo, el cual se enfrentó a las revueltas del pueblo. La obra sería cerrada con prisas y sin ser terminada del todo. Cada soldado es diferente al otro, siendo su estatura entre 1,75 y 1,85 metros y en ellos se reprodujeron hasta los detalles más pequeños. El ejército, enterrado a sólo 5 metros de profundidad, parece como si hubiera partido del portal principal que conduce a la tumba imperial, a un kilómetro de distancia.
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Los arqueros en la entrada componían la primera línea de defensa. Las armas de los soldados eran perfectamente utilizables. Algunas figuras aparecieron rotas sin que se sepa bien como ocurrió. |
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A lo largo de los transcurridos desde que se empezaron los trabajos, se han realizado excavaciones en más de 600 sitios y se han exhumado más de 50.000 objetos de las fosas de los guerreros de terracota (caballos de bronce, animales y extrañas aves) y de los hoyos que están distribuidos a lo largo y ancho del mausoleo. A 150 metros de la tumba disimulada como un monte, por el lado sudoriental, los arqueólogos localizaron una nueva fosa de 13.700 metros cuadrados más grande incluso que la fosa donde se encuentró el ejército de terracota. Del túnel construido de tierra y madera se extrajeron 80 corazas y 30 cascos de piedra enterrados a siete metros de la superficie. En ninguna parte del mundo se había visto algo semejante. Parecía que Qin había querido construirse un ejército "inmortal" para protegerse por todo la eternidad, pero... ¿Para qué reproducir en piedra y almacenar armaduras y cascos sin sus guerreros correspondientes?.
Cada una de las armaduras está confeccionada con más de 700 placas de piedra unidas entre sí por medio de cables de bronce. Miden 80 centímetros y pesan unos 30 kilos. Las placas de la parte superior son de forma redonda mientras que las inferiores son cuadradas. Las circulares tienen perforados unos agujeros en su perímetro para facilitar su unión con el pecho y disponen de un agujero en su centro en donde se incrusta un adorno de jade. Se tratan de armaduras idénticas a las que llevan los guerreros de terracota.
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Los detalles del pelo y de la vestimenta han sido reproducidos a la perfección en figuras de aspecto moderno. Se han desenterrado cerca de 7.000 soldados y parece ser que aparecerán muchos más. |
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A 40 metros de la fosa de las armaduras, en un nuevo túnel de tan sólo nueve metros cuadrados, se descubrieron diez personajes más de terracota, de tamaño natural, con vestidos y formas totalmente distintos a los de los guerreros. Tienen desnudos los cuerpos y las piernas piernas y sólo visten una falda corta. Las figuras son de tamaños diversos y posturas variadas. Fueron bautizadas por los arqueólogos como "los actores de las cien acrobacias" Y es que verdaderamente se asemejan a figuras circenses; por ejemplo, la estatua número tres, con el vientre hinchado y el pecho erguido, la mano derecha en alto, parece que salude al público después de realizar su actuación; o la figura número cinco, de dos metros de altura, levanta con las dos manos un tubo, mientras que con el brazo derecho abraza una pértiga, y que tiene un niño a su lado que parece ser quien va a realizar una demostración equilibrista. Las figuras están pintadas de color rojo, con dibujos en forma de rombos y estrellas en los trajes.
Un hallazgo extraño se produjo en el ejército de terracota. En marzo de 1999, se localizaron y estudiaron guerreros pintados. Los especialistas confirmaron que el rojo, amarillo, verde y azul son colores naturales que en aquel entonces se usaban para la pintura. Pero incomprensiblemente también usaron púrpura sintético, por lo que constituye todo un misterio, pues no existe explicación para saber cómo hace más de 2.000 años y con herramientas rudimentarias se pudo sintetizar el púrpura.
Quizá las figuras, las armaduras o los misterios químicos no sean nada comparado con lo que todavía queda por encontrar. Muchas sorpresas esperan todavía a los arqueólogos si hacemos caso a Sima Qian, pues: "Los cien ríos, el Yangzi, el Huanghe, y el Gran Mar, fueron reproducidos con ayuda de mercurio gracias a unas máquinas cordinadas entre ellas, y transportaban asÍ; por encima estaban los cuerpos celestes, por debajo los fenómenos geográficos".
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