VISITA A NUESTROS PATROCINADORES

 

EDITORIAL

HUMOR

COLABORA

E-MAIL

VOLVER A ARMAGEDÓN

BUSCAR

CURIOSIDADES

FORO

IMÁGENES

EL SUICIDIO DE UNA PRINCESA

A unos 80 kilómetros al noroeste de la ciudad china de Sian se elevan 17 pirámides de vértice truncado, que destacan sobre los campos que las rodean. Es el gran cementerio de la familia real T'ang, donde hace casi 1.300 años fue enterrada una joven princesa.

Su nombre era Yung T'ai, que significa Paz Eterna. Perteneció a la dinastía T'ang, que reinó entre los años 618 y 907 de nuestra era, época considerada frecuentemente como la edad de oro de la China antigua.

La historia de su vida y de su muerte conserva aún sus notas trágicas, no obstante el transcurso de los siglos.

En el año 700 la princesa Yung T'ai, de 16 años, contrajo matrimonio con un alto dignatario de la corte T'ang, capitán de los carruajes imperiales. Poco después quedó embarazada y su futuro parecía seguro en aquel mundo brillante, ostentoso y exquisito.

Pero era también un mundo dominado por su terrible abuela, la emperatriz Wu, que había accedido al Trono de Dragones de China después de asesinar a la anterior emperatriz, cuyos miembros conservó en vino como advertencia a cualquier posible rival.

No sin motivo, desconfiaba de toda la corte e imaginaba conspiraciones en cada esquina.

Un día del año 701, uno de los numerosos delatores del palacio oyó a la joven princesa Yung T'ai criticar con su esposo y su hermano algún aspecto de la vida cortesana.

El espía fue con el cuento a la emperatriz, que consideró el hecho como una intriga en toda regla y al punto ordenó la muerte de los tres jóvenes.

Los decretos imperiales de esta naturaleza estaban respaldados por un riguroso protocolo. Los tres comprendieron su destino, y el día 8 de octubre del año 701 se suicidaron.

La princesa y su historia desaparecieron de la memoria humana, hasta que un día, en el año 1969, las autoridades chinas decidieron realizar excavaciones en una de las tumbas piramidales del cementerio T'ang, próximo a Sian. No conocían el nombre de ninguno de los ocupantes; tan sólo que pertenecían a la citada dinastía. Eligieron al azar una tumba, y con esta elección, la princesa, tanto tiempo olvidada, volvió a ocupar un lugar eminente a la vista del mundo.

Cuando los arqueólogos realizaron su primer estudio del terreno alrededor de la pirámide para localizar el túnel de entrada, descubrieron en el lado derecho otro acceso que llegaba verticalmente al interior. Evidentemente, unos ladrones habían excavado esta abertura para robar en la tumba.

Uno de los ladrones todavía estaba allí. Sus huesos yacían sobre los cascotes que llenaban un pasillo subterráneo a 15 metros de profundidad. Tenía el cráneo partido por un hacha de hierro que se encontraba en las inmediaciones, y su botín de oro, plata y jade se derramaba sobre él.

Es posible que la cámara de la tumba fuera saqueada en los 20 años siguientes al entierro. El sarcófago de piedra mostraba la huella de las palancas, con la pesada tapa partida y el contenido robado. Sólo quedaban los huesos de los difuntos. Sin embargo, en el pasillo que conducía a la cámara, permanecían intactos unos nichos. Estaban llenos de piezas de cerámica que carecían de valor para los ladrones, pero que en la actualidad son de enorme interés.

La entrada de los ladrones tampoco alteró las pinturas murales que representaban muchos aspectos de la vida en la corte T'ang.

Lápida de piedra Los arqueólogos desconocían quiénes fueron enterrados en la tumba, hasta que hallaron una gran lápida de piedra en el pasillo, con el epitafio de la princesa Yung T'ai.

Al morir la emperatriz Wu en el año 705, su hijo, emperador legítimo y padre de Yung T'ai, subió al trono. Dolido por la tremenda injusticia de que fueron objeto sus hijos y su yerno, ordenó que sus cadáveres fueran exhumados de las humildes tumbas en que habían sido colocados y que se les diera real sepultura en el centro del cementerio T'ang.

Además, el emperador quiso escribir de nuevo la historia. Todas las crónicas de la dinastía T'ang se referían a Yung T'ai como a una traidora que fue castigada con la muerte. Con el fin de reivindicar la memoria de su hija, el emperador ordenó escribir en la lápida que la fallecida princesa Yung T'ai, de la gran dinastía T'ang, murió al dar a luz.

EDITORIAL

HUMOR

COLABORA

E-MAIL

VOLVER A ARMAGEDÓN

BUSCAR

CURIOSIDADES

FORO

IMÁGENES

Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción parcial o total. Fotomontajes, textos e imágenes procedentes del archivo del Grupo Editorial Bitácora, Publicaciones electrónicas. Envíenos un e-mail y solicite autorización.
© Grupo Editorial Bitácora