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Ejecución de un bóxer tras el asesinato del embajador alemán Von Ketteler |
“Odiamos
profundamente los tratados que perjudican al país y traen calamidades al pueblo. Los altos funcionarios traicionan a la nación;
los bajos imitan su ejemplo. El pueblo es pisoteado y no hay quien le
desagravie” decía uno de los pasquines colgados en Pekín en junio
de 1900. Los firmaba la organización Yi-he-Tuan (Milicia de la
justicia) cuyos miembros eran conocidos en occidente como bóxers
(boxeadores), porque entre sus prácticas estaba el boxeo ritual. Se
trataba de una organización xenófoba, que pretendía expulsar de
China a los extranjeros que controlan el país. En aquella época,
Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Japón, Alemania y Rusia imponían
sus leyes, ocupaban puertos y enclaves y se repartían el país en
zonas de influencia. A
comienzos de 1900 eran ya frecuentes los disturbios provocados
por los bóxers contra los intereses extranjeros, iglesias, misioneros
y conversos. Pese a la alarma de los embajadores, nadie tomó
decisiones urgentes y éstos fueron apoderándose de
importantes ciudades. Las potencias extranjeras decidieron reforzar
sus posiciones en Pekín y el almirante británico Seymour se puso en
marcha con 2.000 hombres, enviando como avanzadilla 400 soldados que
alcanzaron la capital por ferrocarril. Pero Seymour se detuvo ante el
acoso de los bóxers y Pekín quedó aislada. Se dio un ultimátum a
los diplomáticos para que abandonaran la ciudad sin garantías, de
modo que se quedaron. Ésa era la situación el 20 de junio, cuando
los bóxers asesinaron al embajador alemán y atacaron las legaciones
con unos 6.000 hombres.
La
actuación de la emperatriz.
La
disciplina y buena dirección de los sitiados rechazó los ataques,
pero a mediados de julio los bóxers controlaban la mitad del barrio
diplomático. Cuando los defensores
estaban en las últimas,
la emperatriz regente, que en un principio se había inclinado hacia
los bóxers -aún se discute si porque le parecieron una solución
para China o porque fue obligada por la fuerza- cambió de criterio:
proporcionó municiones y alimentos a los sitiados, pero ordenó
a sus fuerzas que salieran a
combatir a las tropas internacionales que se acercaban a Pekín. Rusos
y japoneses fueron frenados en sus asaltos a las murallas. Fueron los
ingleses quienes, finalmente, alcanzaron el barrio de las legaciones
el 14 de agosto, 55 días después de aquel
primer ataque. Las potencias confirmaron su dominio sobre China, el
coloso al que no pudieron despertar los bóxers.
Las razones de un asalto
Los
misioneros cristianos erigían templos sin respeto por las creencias
tradicionales. Los bóxers decían: «Los católicos y protestantes
ridiculizan a nuestros dioses (...) los convertidos destruyen las imágenes
de Buda... Esto clama al cielo». La campaña cristianizadora de
Chantung -tierra de Confucio- donde se habían erigido un millar de
templos, irritaba a los budistas. El movimiento bóxer surgió como
reacción a todo eso, y a una hambruna que mató a más de seis
millones de personas -el 20 por ciento de la población china de
entonces-, a los elevados impuestos de guerra tras la invasión
japonesa de 1894 y a la ocupación germana de 1897.
DAVID
SOLAR
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