![]() |
Colección
fotográfica de Robert Capa. |
LOS
HECHOS QUE INSPIRARON LA PELÍCULA “SALVAR AL SOLDADO RYAN”
Overlord
o la invasión de Francia cruzando el canal fue la operación más
critica y peligrosa de toda la guerra. Fue critica porque abrió la única
ruta por la cual el poderío militar de Estados Unidos podía golpear
Alemania y terminar la guerra rápidamente. Fue peligrosa porque en
una operación anfibia, la derrota puede ser completa. Overlord formó
el meollo de la estrategia aliada y de todos los recursos que se le
dedicaron; incluso a los japoneses había que dejarlos en segundo
lugar. Hasta entonces, se habían intentado tres desembarcos en
Sicilia, Salerno y Anzio, contra defensas relativamente débiles y
costas sin fortificar, y cada uno había salido por los pelos. En
contraste, en Francia todo un grupo de ejércitos esperaba a los
invasores al mando nada menos que del mariscal de campo Erwin Rommel,
con treinta y dos divisiones listas para la acción, tres más en
Holanda y otro grupo de ejércitos con trece divisiones apostadas en
el sur de Francia. Las partes vulnerables de la costa francesa estaban
defendidas por la «muralla del Atlántico», una formidable línea de
obstáculos y campos minados cubiertos por baterías de cañones en
emplazamientos de cemento. El desastroso raid a Dieppe de 1942 había
demostrado lo distinto que seria romper la muralla del Atlántico que
desembarcar en una costa italiana o en un atolón del Pacifico.
Por
razones logísticas, la mayor fuerza que los aliados pondrían en
tierra en la primera oleada era de cinco divisiones, con seis más que
las seguirían en cuanto hubiera espacio para desplegarlas. En
consecuencia, había que dedicar todo el ingenio científico y militar
a resolver tres problemas muy complejos. El primero era poner las
tropas en tierra y a salvo pese a un intenso fuego de artillería. El
segundo era conseguir que los tanques y la artillería pasasen las
trampas y zanjas que obstaculizaban el avance. El tercero era
pertrechar a los ejércitos que ocuparían la cabeza de playa y
desembarcar las miles de toneladas de gasolina, municiones y alimentos
necesarios. Se tenían que inventar nuevos métodos y armas para la
batalla de la cabeza de playa.
Se
planeó saturar todo el sistema defensivo con bombardeos aéreos y
navales, pero la experiencia demostraba que por más pesado que fuese
el bombardeo, sobrevivían suficientes hombres y armas como para
exterminar a los atacantes, de modo que se tenía que proveer un apoyo
de corta distancia. Esto se logró desembarcando cañones
autopropulsados blindados y cañones multi-cohetes. Se equiparon gran
número de tanques con «DD», o equipos de flotación, de invención
inglesa, que les permitió flotar hasta la playa para ser empleados en
la 1ª oleada. No menos importante fue el papel de los tanques
adaptados para tareas especiales, que franquearon las defensas
tripulados por ingenieros de asalto.
Portaban
morteros superpesados para destruir los bunkers de cemento, equipo
especial para hacer estallar los campos de minas y rollos de material
entretejido, leños, rampas y puentes para construir caminos fuera de
la playa. Los cañones luego rodaban en la playa para dar apoyo normal
hasta que se desembarcaba el resto de la artillería.
La
batalla seria muy dura y no cabía ninguna esperanza de rápidas
capturas de un puerto o puertos en funcionamiento: era seguro que sus
defensores los inutilizarían. En cambio, se decidió establecer dos
puertos en las playas de la invasión. Se llevó una flotilla de
buques viejos y se los hundió en grupos para que proporcionasen
rompeolas y se construyeron dos puertos artificiales («Moreras») con
cilindros flotantes de cemento en el canal.
Se
transportó el petróleo por medio de tuberías en las que descargaban
directamente los tanques. Más tarde, un oleoducto submarino («Pluto»)
enlazó directamente Inglaterra y Francia.
Todo
esto era esencial, no para ganar la batalla de Normandía -que en si
misma representaba un inmenso problema que había que resolver-, sino
para asegurarse que los mariscales Gerd von Rundstedt y Rommel no
ganaran la «batalla de las cabezas de playa». Para ambas, los
aliados tenían tres grandes ventajas. El mariscal del aire sir Arthur
Tedder y el general Carl Spaatz, de USAAF, habían conquistado un
completo dominio aéreo sin el cual no hubiera sido posible Overlord.
Las fuerzas aéreas estaban para ayudar al avance de las tropas,
bloquear el movimiento de las reservas enemigas y masacrar las
columnas alemanas en retirada.
Invisibles,
pero tan eficaces como cualquier ejército, estaban las fuerzas de la
resistencia francesa que atacaban las líneas de comunicación
alemanas y las divisiones de reserva que, cuando avanzaban al frente,
en realidad tenían que abrirse paso luchando contra los maquis.
La
tercera ventaja la representaba el mismo Führer, Adolfo Hitler. Como
comandante supremo era un desastre, por la simple razón de que veía
la guerra como una gigantesca partida de ajedrez que él jugaba con un
mapa dentro de su bunker de Prusia oriental y dando órdenes inútiles
que nadie osaba desobedecer. Una sola de éstas haría perder la
guerra en Francia.
A
estas tres, se podría añadir la costumbre americana de «pensar a lo
grande»; algo que los ingleses simplemente no podían darse el lujo
de hacer porque tenían una población pequeña, escasos recursos y
los generales ingleses no podían permitirse el tener bajas en la
escala de un Hodges o un Patton ( a Montgomery siempre le criticaron
su lentitud y sus minuciosas preparaciones.) Roosevelt, aconsejado por
sus jefes de estado mayor, pensaba que «la mejor manera de matar más
alemanes» era «montar una sola gran invasión y luego atacar con
todo lo que tenemos... es la forma más rápida de ganar la guerra».
Por supuesto, ambas partes tenían razón a su manera (los estrategas
de escritorio deberían comparar las maltrechas brigadas que
Montgomery tenía después de El Alamein con lo que pudo usar Patton
en las siguientes semanas: una fuerza mayor que todo el VIII Ejército
de 1942). Solamente se puede tomar conciencia de la magnitud de
Overlord citando cifras.
El
asalto fue encabezado por tres divisiones aerotransportadas, seguidas
de cinco divisiones de asalto, con tanques, que desembarcaron en las
playas (y otras veintiuna esperaban en Inglaterra). Fueron llevadas
por 4.262 aviones de transporte y 4.266 buques de todas clases y
apoyadas por 2.300 aviones de combate que hicieron 14.600 incursiones
sólo en el Día D. En las semanas anteriores a ese día, las baterías
costeras de artillería pesada, que representaban la mayor amenaza
para el desembarco, fueron aniquiladas con bombardeos y todas las vías
férreas y material móvil que podrían haber transportado las
reservas estratégicas de von Rundstedt se destruyeron.
Se
lanzaron unas 80.000 toneladas de bombas.
En
el mar, dos flotas custodiaban los flancos de la fuerza de asalto y
cubrían el desembarco con artillería, mientras 29 flotillas de
barreminas limpiaban la costa del canal.
El
método de bombardeo fue cuidadosamente estudiado para evitar que
revelara el sitio del desembarco mientras se montaba un plan detallado
para hacerles creer a los alemanes que se produciría en el paso de
Calais.
De
hecho, después de un estudio muy completo, los planificadores aliados
habían elegido la costa normanda en la bahía del Sena, bien alejada
al oeste. El razonamiento fue largo y complejo, pero la consideración
más obvia e importante era el espacio necesario para poner en tierra
una primera oleada de fuerzas lo bastante sólidas como para repeler
cualquier contraataque inicial. El general Montgomery, comandante de
las fuerzas de desembarco, había insistido mucho al respecto.
Su
plan detallado -una ampliación del original- era el siguiente: la 6ª
división aerotransportada inglesa, en paracaídas o planeadores,
capturaría puentes vitales en el río Orne para proteger el flanco
izquierdo de la propuesta cabeza de playa, mientras las divisiones 82º
y 101º cumplían una misión semejante a la derecha. Luego las
fuerzas transportadas por mar desembarcarían entre las desembocaduras
del Orne y del Vire de la siguiente manera: la 3ª división inglesa,
la 3ª canadiense y la 50ª inglesa, y la 1ª y 4ª del I Ejército
EUA del general Omar Bradley. Uno de los papeles más importantes de
toda la empresa era el de los comandos especiales que debían
desembarcar poco antes que las fuerzas de asalto, en el momento exacto
de la marea, para destruir los obstáculos submarinos en las playas.
La
cuestión de horario era critica ya que sólo ciertos días
infrecuentes tenían las condiciones óptimas de luna, marea y
amanecer.
La
marea llega a diferentes horas a distintas playas, de modo que tenía
que haber cero horas a lo largo del frente y esto, combinado con
distintas distancias que se debían recorrer, exigía un complicado
calendario que debía cumplirse exactamente y que no se podía alterar
con facilidad. Como las combinaciones perfectas sólo ocurren a
intervalos y un aplazo equivalía a dificultades terribles, el general
Eisenhower debió tomar una decisión apabullante los días 3 y 4 de
junio: el pronóstico del tiempo era de vientos fuertes y mar rizada
con una ligera posibilidad de mejoría. Ante la alternativa del atraso
y de que las fuerzas de asalto se vieran perjudicadas por la tormenta
y las olas cuando eran más vulnerables, tomó una decisión histórica
y valiente. El Día D seria el 6 de junio. Las tormentas no habían
amainado del todo y el mal tiempo dificultó el desembarco, pero también
hizo que los defensores relajasen su vigilancia. A primera hora de esa
mañana, desembarcaron las tropas por mar y a media marea, y
precisamente cuarenta minutos después del «crepúsculo náutico»,
desembarcaron las divisiones de asalto cubriéndose tras unas barreras
en la playa; la flota lanzó una andanada final contra las casamatas y
radares de la costa y unos dos mil aviones atacaron las defensas en
profundidad. Los aliados estaban en tierra y, a partir de entonces,
nunca pareció que se les podría rechazar.
El
único obstáculo ocurrió en el frente del V Cuerpo, donde todos los
tanques DD, salvo dos, cayeron al mar, y la infantería, contenida por
un fuego intenso, se echó en la playa con la moral bajísima hasta última
hora de la tarde. El liderazgo se volvió a imponer. El coronel
Taylor, de la 1ª división, recobró a los paralizados infantes
diciendo que todos los que se quedaran en la playa morirían. «Ahora
vámonos de aquí», dijo, y se internó tierra adentro seguido por
unos pocos valientes. Entonces, como por un mágico impulso, empezaron
a seguir más y más grupos, y luego pelotones y compañías enteras.
Al anochecer, todas esas tropas estaban atrincheradas fuera de la
playa.
Para
el 12, Montgomery tenía 326.000 hombres en la costa y ya había
empezado la serie de batallas necesarias para poner en acción la
segunda fase del plan. Hubo muchos malentendidos sobre este plan de
Montgomery en ese tiempo y criticas mal informadas de supuestos
fracasos de una parte de sus tropas.
De
hecho, el ejército de ingleses, polacos y canadienses de Montgomery,
y los norteamericanos de Bradley lucharon con gran tenacidad contra
los mejores soldados profesionales de los tiempos modernos. Y los
derrotaron.
En
breve, la cuestionada estrategia era que el grupo de Montgomery
atacara por la izquierda, en derredor de Caen, donde una irrupción
significaría el mayor peligro para los alemanes y donde se esperaba
que concentraran sus reservas. Esto facilitaría la tarea de Bradley
en el oeste, donde él atacaba el perímetro de defensa que le rodeaba
a fin de abrir una brecha por la que pudieran pasar a campo abierto y
a la retaguardia enemiga los tanques de Patton. En realidad, esto es
lo que sucedió y Montgomery llegó al Sena once días antes de lo que
había predicho en su plan.
Hubo
tres fases en la serie de batallas, todas a gran escala, que se
libraron. En África y Asia, las batallas implicaron a media docena de
divisiones como máximo; en Italia, a nueve o diez en cada bando. En
Francia, en 1944,los aliados emplearon tres ejércitos americanos, uno
canadiense, uno británico y uno francés.
Una
vez acabada la fase de capturar y expandir una posición en Normandía,
Montgomery, con un control operacional conjunto, dirigió su propio
grupo XXI (los ejércitos americanos). Este último, bajo el mando del
indómito George Patton, había sido formado en el campo de batalla
durante las operaciones.
Bradley
fue ascendido a comandante del grupo XII y su I Ejército pasó a
manos del general Courtney Hodges.
El
7 de julio, Montgomery dejó Caen en ruinas con fuertes bombardeos
(que sólo sirvieron para obstaculizar el avance de sus propios
tanques), y luego, el 18 de julio, trató de que avanzaran tres
divisiones blindadas por una avenida de 3.650 metros abierta por más
de 5.000 toneladas de bombas arrojadas por la RAF. Fue la operación
Goodwood. Prácticamente todas estas toneladas sólo machacaron el
suelo de Francia ya que de acuerdo con sus tácticas habituales, la
principal línea defensiva alemana estaba a varios kilómetros, en la
retaguardia, y este esfuerzo masivo sólo cayó sobre sus puestos de
avanzada. Las tres divisiones acorazadas se encontraron frente a una
defensa inconmovible. Perdieron casi más de la mitad de sus tanques
principalmente ante los antitanques, pero la 1ª división Panzer
reivindicó haber destruido ochenta en sus contraataques usando los
nuevos tanques Panther. Fue un momento difícil, pero para el 29 de
julio, ingleses y canadienses habían atraído cuatro divisiones
Panzer a su sector.
Después
de una pausa impuesta por tormentas que convirtieron los campos de
batalla de Normandía en lodazales, Montgomery sostuvo su presión en
la izquierda martillando la defensa de tanques y cañones que cedía,
aunque aún se mantenía, delante del grupo de ejércitos XXI.
Luego,
el 25 de julio, Bradley dio el golpe decisivo de la segunda fase para
capturar Coutances, al oeste de Saint Ló. Tuvo las mismas características
que Goodwood, masivo apoyo aéreo pero en un frente más largo y
grande. El bombardeo incluyó el uso de mil quinientos bombarderos
pesados y cuatrocientos medianos, pero el esfuerzo mayor lo realizó
la infantería apoyada por tanques, con cientos de cazas actuando como
apoyo de artillería aérea. Se comunicaban por radio con los
batallones de vanguardia usando nuevas técnicas de cooperación
tierra-aire, y tan pronto como los tanques o la infantería
encontraban obstáculos, a los pocos minutos los cazas entraban en
acción.
El
1º de agosto, el III Ejército de Patton pudo traspasar la línea al
sur de Coutances para iniciar la tercera fase de guerra abierta. Limpió
suficiente territorio de Bretaña como para neutralizar cualquier
amenaza de las guarniciones alemanas aún apostadas allí, y entonces,
por orden de Bradley (4 de agosto) giró su eje de acción de sureste
a este, camino de Paris. Tal vez fue un error estratégico. El
objetivo era atrapar al VII Ejército alemán, ahora a punto de ser
rodeado por la izquierda, mientras su flanco derecho aún estaba
ocupado con otro poderoso ataque de Montgomery que llevaría a los
ingleses hasta Villers-Bocage.(Los comandantes americanos habían
cometido el mismo error dos meses antes, seducidos por el prestigio de
liberar una gran capital, cuando Clark se lanzó hacia Roma y permitió
que el X Ejército alemán escapara de la trampa de Alexander.) Por
fortuna para los aliados, en ese instante Hitler se hizo cargo del
asunto.
El
29 de julio, cuando von Rundstedt comunicó al Führer que la batalla
de la cabeza de playa estaba perdida y que había llegado el momento
de emprender la retirada y establecer una nueva línea defensiva al
norte y sur del Sena, el general fue cesado. Rommel estaba herido y el
nuevo comandante era el mariscal de campo Günther-Hans von Kluge, un
buen profesional como todos los generales germanos, pero carente de la
personalidad necesaria para imponerse a Hitler.
El
«gran» estratega tenía una visión peculiar del campo de batalla.
Desde el extremo este del gran bolsón semicircular que hacia el perímetro
aliado, un largo y estrecho tentáculo empezó a aparecer primero
girando al sur y luego al este, y creciendo a diario. Por supuesto, no
se trataba de un débil avance, sino de una falange de tanques del III
Ejército.«Algún imbécil dijo un día que se debían resguardar los
flancos -comentó el extravagante Patton a sus comandantes-,y desde
ese día los hijos de perra de todo el mundo se han preocupado por los
flancos. No queremos nada de eso en el III Ejército: los flancos son
algo para que se preocupe el enemigo, no nosotros.» Patton era un
fanfarrón que hacia realidad sus fanfarronadas, como pronto descubriría
von Kluge.
Tenía
órdenes de Hitler de avanzar hasta el gancho y entonces cortar el
tentáculo por las raíces en Avranches. Von Kluge reunió
obedientemente seis divisiones, incluyendo doscientos cincuenta
tanques, todo claramente visible para el reconocimiento aéreo aliado,
y las lanzó, fatalmente, de modo que la vanguardia de la fuerza se
atascó entre la creciente cabeza de puente y el ejército de Patton.
En ese momento, Montgomery dio la orden a los canadienses de atacar al
sur, hacia Falaise, y a Patton que cambiara el rumbo de uno de sus
cuerpos hacia el norte para que tomara contacto con ellos, de modo que
la contraofensiva germana se veía ahora amenazada por la retaguardia.
Von Kluge pidió permiso para retirarse, pero se le negó y recibió
la orden de continuar hacia Avranches. El VII Ejército alemán ahora
estaba metido en un estrecho corredor de sesenta y cuatro kilómetros
y medio.
Los tanques y vehículos atascaron los caminos. Eran el blanco ideal para las fuerzas aéreas que procedieron a masacrarlos. En el ínterin, polacos y canadienses se abrían paso hacia Falaise y el XV Cuerpo de Patton capturaba Argentan, a unos veinte kilómetros. Luchando como siempre han hecho los soldados germanos, la 2ª división Panzer, contra viento y marea, rechazó a los canadienses y mantuvo abierto el boquete lo suficiente como para que algunos miles de hombres escaparan.
|
|
||||||||
|
|
||||||||
Reservados todos los
derechos. Prohibida la reproducción parcial o total. Fotomontajes, textos e
imágenes procedentes del archivo del Grupo Editorial Bitácora, Publicaciones
electrónicas. Envíenos un e-mail y solicite autorización.
© Grupo
Editorial Bitácora