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MATA-HARI. SEXO Y MUERTE EN EL SERVICIO SECRETO ALEMÁN

Segunda parte
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Cuando Gretha se miraba en un espejo veía reflejada en él la imagen de una mujer de tez morena; de ojos y cabellos negros -verdaderamente la auténtica imagen de una oriental-. ¿ Por qué pues, no dar a conocer a los europeos el secreto de aquellas danzas javanesas desconocidas casi totalmente? Estuvo dándole vueltas a esta idea largo tiempo. Por fin se decidió y partió hacia París.

13 de diciembre de 1905. Raras veces se ha visto en los salones del museo Guimet, un público tan brillante. Ello es debido a que «en todo París» está enterado de que una bailarina hindú llamada Mata-Hari ejecutará aquella noche unas danzas rituales.

Ha sido anunciado que hará revivir «durante algunas horas los cultos sagrados de los pueblos asiáticos. M. Guimet, millonario y entusiasta del Oriente, que ha fundado aquel museo con su propio dinero, ha transformado la biblioteca en un templo antiguo, en un santuario de la diosa Siva».

Entre el público puede verse al embajador del Japón, al embajador de Alemania, a la princesa Radolín, a todos los orientalistas y a los críticos. Se oyen algunos aplausos. M. Guimet ha aparecido un momento en el escenario para presentar a la bailarina.

-Es el día de la fiesta del dios -explica-. Tan pronto como ha salido el sol, los sacerdotes se han purificado y han ido con gran pompa al templo para despertar al dios. Primero le han rendido adoración, después lo han bañado y ungido de perfumes, de incienso, de mantequilla diluida, después lo han revestido de ricas telas y adornado con preciosas joyas. Le han presentado devotamente el agua sagrada del Ganges acompañada de flores, frutos, ramas, semillas, arroz cocido y pasteles, todo ello acompañado de músicas. Y ahora, como regalo supremo y el más agradable, le ofrecen danzas sagradas.

M. Guimet desaparece. Cuatro nautchis -bailarinas secundarias- han venido a sentarse al pie de la estatua de Siva. Una orquesta invisible, en la que predomina el sonido agrio de la flauta, empieza a tocar. Entonces aparece la bayadera, Mata-Hari... O dicho de otro modo Grietje Zelle, o Gretha Mac Leod, como mejor se quiera.

¡Qué increíble transformación! Desde que está en París, poco a poco, con estudiada obstinación, se ha dedicado a hacerse una nueva personalidad. Se ha exhibido en algunos salones por precios mediocres. Ha posado para algunos pintores. Y para equilibrar algún momento económico particularmente difícil, no ha dudado en dedicarse a la prostitución. Aquella noche en el museo Guimet está jugando una carta verdaderamente importante y lo sabe.

Hierática, dominando con su presencia a los espectadores, con la mirada perdida, aparece recubierta de varios velos de seda artísticamente drapeados que la envuelven desde la barbilla hasta los pies desnudos. Una diadema le sujeta la enorme cabellera negra. En la sombra, su rostro resplandece con una belleza casi salvaje. Una música invisible redobla ahora sus sonoridades.

Los brazos de Mata-Hari, lentamente, se escapan de los velos de seda y se abren desnudos y adornados con pesados brazaletes. Se retuercen como en homenaje al dios. Todo su cuerpo parece distenderse como en una muda oración. Se dobla sobre sí misma, ondula como una liana, mientras los velos de seda van cayendo al suelo uno a uno.

Un contemporáneo, M. Luis Dumur, escribirá en un estilo extraordinariamente fácil de fechar: «La oración de la danza, la extensa plegaria de amor al astro deseado, emanaba de cada uno de sus movimientos, se estremecía, giraba y subía a lo alto. La bayadera sagrada retorcía sus amorosos brazos, los martirizaba cual divinos abrazos.» Ahora, el vientre aparece al descubierto.

Sólo lleva un cinturón atado alrededor de la cadera que le llega hasta el pubis. Su torso quedaría completamente desnudo si dos «redondeles» de metal forjado no aprisionaran sus senos.

Mata-Hari jamás los mostrará al descubierto: ¿recuerdo de la pretendida dentellada de Mac Leod? El pintor Guillaumet, que la vio completamente desnuda, asegura que los senos estaban intactos, pero que el pecho tenía un aspecto «macilento», lo que explicada este pudor imprevisto.

«El vientre se tensaba, sigue diciendo Luis Dumur. La piel se retorcía, como en una llamada, como en un ofrecimiento...

Mata-Hari se entregaba... Se la veía doblarse, estirarse, levantarse, volverse, balancearse, mostrándose unas veces de perfil, otras de cara o dando la espalda; apareciendo tan pronto delgada como la luna en cuarto menguante, tan pronto opulenta como la luna llena, exhibiendo unas veces la línea arqueada de la espalda prolongada por la raya misteriosa de los muslos, y otra los dos discos resplandecientes de los senos... Una embriaguez de haschisch invadía la sala. En la penumbra azul se percibía el ruido de las respiraciones agitadas acompañadas de suspiros, de jadeos y estertores.» La música se desencadena. Las «nautchis» lanzan gritos estridentes. Entonces, Mata-Hari desata su cinturón y cae «agotada y desnuda, a los pies del dios inexorable».

Resulta verdaderamente chocante hojear la prensa del día siguiente a esta noche tan memorable. Ni un solo crítico olfateó la superchería de la falsa hindú, de la falsa javanesa. Todos han mordido el cebo. La llaman «sombría, salvaje, fascinante e ideal». Mata-Hari «ejecuta sus danzas con un arte profundo y atrevido que guarda, como una flor retiene su aroma, todo el fervor sagrado del Asia ancestral». Según otro crítico, «al encanto embrujador, al atractivo de una bayadera, unía la ciencia teológica de un brahman», etc., etc.

De día en día el nombre de Mata-Hari va haciéndose célebre.

En esto, Gretha, falsa hindú, fue más afortunada que Lola Montes, falsa española, silbada en el Covent Garden y en la Opera de París. Mata-Hari bailó ante los círculos más cerrados.

Mme. de Loynes, musa del académico Jules Lemaitre, ofreció a sus amigos como una gran atracción a Mata-Hari el 14 de abril de 1906; por esa actuación de una noche le dio mil francos (unos cuatro mil francos actuales). Mata-Hari bailó en casa de Arthur Meyer, el director del Gaalois, y en casa de Mme, Brisson Sarcey, presidenta de los Annales. Todo el mundo quedaba extasiado ante su belleza. ¿Era realmente hermosa? Resulta muy discutible. Con más propiedad podría llamársela exótica. El prestigio de sus danzas y el encanto seudo oriental de que había sabido rodearse indudablemente debían influir sobre sus admiradores confiriéndole una belleza producto sólo de su imaginación.

Los amantes se sucedían sin interrupción. No siempre eran jóvenes ni gallardos, pero sí ricos. Una nota de la policía que figura en el expediente designa al banquero Rousseau como uno de sus amantes más generosos. Pero algunas veces sus amantes eran anónimos. Mata-Hari no desdeñaba ir a casas de citas discretas, como las del número 5 de la calle Galilée, del 86 de la avenida Kléber, o del 14 de la calle Lord Byron. Allí, Mata Hari acogía cualquier «cliente» que se le presentara, bajo una sola condición: que aceptaran su tarifa. Una cita con la susodicha javanesa costaba la exorbitante suma de mil francos.

Europa deseaba conocer a la ilustre Mata-Hari. Los musichalls de Roma y Berlín solicitaron su presencia. En Berlín hizo amistades insospechadas: el Kronprinz, hijo de Guillermo II, fue a verla bailar. Siguió una invitación. ¡La holandesita se había convertido en la amante del hijo del emperador! Mata-Hari no se contentó con sentirse orgullosa. Se quedó en la capital alemana.

En el mes de marzo de 1907, el enviado especial del Temps, René Puaux, la encontró camino de Egipto: «Ha renunciado a Siva y a su culto. Se ha convertido en berlinesa, habla el alemán con el menor acento oriental posible, está completamente decidida a pasar el resto de sus días a orillas del Spree.» Pero volvió a París. Había alquilado la villa Rémy, en Neuilly, 11 calle de Windsor, a pocos pasos del Bois. Le gustaba recibir allí a algunos amigos organizando grandes fiestas. La vestían los grandes modistos, y naturalmente, siempre andaba escasa de dinero. Al fundador del teatro de los Champs-Elysées, Gabriel Astruc, le escribió desde Neuilly-Saint-James: «¿Tiene usted a mano algún amigo rico que se interese en la protección de artistas como un capitalista que quisiera emprender un negocio?

Estoy en un apuro, necesitaría en seguida unos treinta mil francos para salir del paso y tener la tranquilidad que necesito para mi arte... Sería una verdadera desgracia destrozar mi porvenir de este modo. Como garantía de este-préstamo daría todo lo que tengo en mi villa, caballos y coches incluidos.» A comienzos de 1914, el doctor Bizard, médico de la Prefectura de Policía, la encontró en el transcurso de una de sus visitas profesionales en una casa de citas de la calle Troyon. Al preguntar si Mata-Hari había cumplido con los reglamentos sanitarios prescritos para este tipo de establecimientos, la dueña contestó que ella «verdaderamente no podía exigirle a una mujer que pedía mil francos por un momento, que se sometiera a revisión médica»,..

De pronto, en julio de 1914, Mata-Hari dejó su casa de Neuilly, vendió lo más rápidamente posible sus muebles y bibelots... y se fue a Alemania.

El día de la declaración de guerra está en Berlín, baila en un importante music-hall, el Metropole-Théátre. Aquel mismo día incluso ha comido con el Prefecto de policía de la capital alemana. Luego la ha acompañado de nuevo hasta su casa en coche,.. En otoño de 1914 Mata-Hari está en Holanda. Reside en el Hotel Victoria de Amsterdam. El 31 de octubre firma un contrato en La Haya para alquilar un hotelito particular en el 16 de la Nieuwe Vitleg, por una renta anual de 750 florines.

A principios de 1915 sale para Francia.

Esta estancia en Francia de 1915 ha permanecido durante largo tiempo en la oscuridad. A falta de datos precisos, los historiadores han imaginado misteriosos y extraños manejos. Uno de ellos escribe: «Salió hacia el frente y permaneció allí largo tiempo para intentar entrar en relación con los oficiales que pudieran darle informes sobre los preparativos que se estaban haciendo para la gran ofensiva de la primavera de 1916.» Todo esto resulta verdaderamente impresionante... pero el expediente no contiene nada semejante... La Mata-Hari que queda descrita allí es simplemente una mujer fácil. Nada más. Según propia confesión, la bailarina dice que volvió a Holanda en 1914 para reanudar sus relaciones amorosas con su antiguo amante el barón van der Kappelen, coronel del segundo regimiento de húsares.

-Un hombre casado, muy rico, que da una gran importancia al arreglo personal -precisa Mata-Hari.

Considerando que su vestuario no estaba lo suficientemente bien provisto para gustarle al barón, se buscó un «mecenas».

-En Amsterdam me dejé convencer, a la salida de una iglesia, por el banquero van der Shalek, que se mostró muy generoso conmigo. Una vez estuve presentable fui al encuentro del barón van der Kappelen, el cual me instaló en La Haya en el 16 de la Nieuwe Vitleg.

Asimismo, afirma también que si volvió a Francia en el mes de marzo de 1915, fue «para ir a recoger mis cosas que tenía depositadas en un guardamuebles en Maple 29, calle de la Jonquiére. Sus cosas, las quería llevar a Holanda a través de España.

En efecto, casi en seguida se fue a España. La acompañó a la estación de Orsay un cariñoso amigo, nada menos que un embajador de Francia en pleno ejercicio, M. de Margerie. En su declaración diría: «Jamás hablamos de la guerra Mme. Mata-Hari y yo.» ¿Qué hizo en Madrid? El capitán inglés Fernand Tuohy dice que bailó durante varios meses en un music-hall al mismo tiempo que se ponía en contacto con agentes abiertamente partidarios de Alemania. Sería entonces cuando habría despertado las sospechas del Intelligence Service. Lo que sí resulta cierto es que la policía inglesa manda un aviso al Deuxiéme Bureau Français señalándola como sospechosa. De pronto, en la primavera de 1916, vuelve a Francia. Primero va al Gran Hotel, después a L'Elysée-Palace. De nuevo se hace sospechosa a la policía. «La inculpada -declarará el inspector Henri Mounier, que la siguió paso a paso-, tenía establecido su cuartel general en el Gran Hotel, y dirigía siempre sus preferencias hacia los oficiales de las naciones aliadas que se encontraban de paso allí, sobre todo si éstos eran oficiales -de elevada graduación. Tenía tal modo de proceder que difícilmente éstos podían negarse a entablar conversación con ella.» Oficiales y nada más que oficiales. En esta época había muchos hombres importantes que se hallaban en París en viaje de negocios. Mata-Hari parece despreciarlos a todos. ¡Siempre su afición al uniforme! ¡Y siempre ese malgastar! Por la mañana alquila ya un taxi que conserva hasta la hora de comer. Por la tarde alquila otro. Sólo compra en las tiendas más elegantes y más caras.

Durante el verano de 1916 un capitán del 2.° Regimiento de Infantería del Cuerpo Expedicionario ruso en Francia, Vadim Masloff, llegó de permiso a París. Antes de dejar el campamento de Mourme,lon-le-Grand había cobrado unos atrasos de sueldo considerables: cinco mil francos en oro (testimonio inédito de M. Wladimir Rychlinski).

-¿Qué vas a hacer con este montón de dinero? -le había preguntado el tesorero.

-¡Gastarlo todo!

-¡No seas exagerado! ¡A no ser que te compres una casa!

-Nada de eso, sólo me compraré lo indispensable, camisas, guantes, etc. ¡Pero lo gastaré todo!

-¿Hacemos una apuesta?

-¡Hecha!

Al llegar a París, Masloff se fue directamente al Gran Hotel, alquiló allí una suite a un precio «loco» para aquella época:

cuarenta francos al día. En el hall, un oficial destinado a Salónica le presentó a una mujer. «Una mujer maravillosa, de una belleza extraordinaria», les dirá a sus camaradas al volver a Mourmelon. Es Mata-Hari. No se separarán uno de otro durante tres días... y tres noches. Comerán y cenarán siempre en Maxims. Todo lo que su amante desee, él se lo comprará.

El resultado no puede pecar de imprevisto. «Una semana después cuenta M. Wladimir Rychlinski, todos los que habían asistido a la marcha de Masloff se hallaban reunidos de nuevo en el restaurante del "Europa". A mitad de la cena llamaron al tesorero al teléfono. Algunos minutos después entró sonriente y nos dijo: "Es Masloff, me pide que le mande por telégrafo veinticinco francos para el viaje. Ya no tiene nada..."».

El capitán Ladoux era en 1916 ayudante del coronel Antoine Goubet, jefe del Deuxiéme Bureau. Un día del mes de agosto -París ardía de calor- estaba trabajando en su despacho del ministerio de la Guerra, en el bulevar Saint-Germain, cuando le fue anunciada una visita verdaderamente inesperada: la de Mata-Hari.

A decir verdad, Mata-Hari no le era totalmente desconocida a Ladoux. Aquella «bailarina internacional» era lo suficientemente vistosa y sus relaciones lo bastante numerosas y variadas para que hubiera atraído la atención del servicio secreto. Sin que ella lo supiera, Mata-Hari venía siendo vigilada desde hacía bastante tiempo, la policía no ignoraba ninguna de sus idas y venidas.

-¡Hágala entrar! -ordenó el capitán Ladoux.

Ladoux era un antiguo oficial de cazadores. En 1913 había pedido la baja del ejército para dedicarse al periodismo. Movilizado en 1914 se había convertido en el oficial ayudante del ministro de la Guerra, Messimy. Y Messimy había sido íntimo amigo de Mata-Hari. Después de su detención fueron encontradas en sus maletas varias cartas «extraordinariamente cariñosas» del antiguo ministro. Había sido en casa de Messimy donde Ladoux había conocido a la bailarina.

¿Cómo se desarrolló la entrevista? Poseemos dos versiones totalmente distintas. Veamos la de Mata-Hari primero. Ésta asegura que fue a ver a Ladoux sólo para solicitar que le extendiera un salvoconducto para Vittel y le mostró una carta de su protector holandés el barón van der Kappelen en la que aparecían estas palabras: «Margarita, usted qué quiere tanto a Francia...» Según ella, Ladoux le preguntó entonces:

-Usted que tanto quiere a Francia podría prestarnos grandes servicios, ¿no ha pensado nunca en ello?

-Sí y no, no son cosas éstas por las que una se ofrezca.

-¿Lo haría?

-No he pensado nunca en tal cosa.

-¿Debe ser usted muy cara?

-Sí, ¡mucho!

-Según usted, ¿cuánto cree que valdría esto?

-Todo o nada. Si se prestan servicios tan grandes como los que usted parece esperar, vale mucho. Pero si se falla, entonces no vale nada.

Aquella misma noche, Mata-Hari encontró al embajador Margerie y le pidió consejo. Esto es completamente auténtico; fue confirmado incluso por el mismo embajador: «Mata-Hari me dijo antes de irse a Vittel que un señor de barba negra le había pedido en el ministerio de la Guerra si quería prestar Su ayuda a nuestro gobierno... Mata-Hari, por sus relaciones internacionales y su inteligencia, me ha parecido, en efecto, persona capaz de prestar valiosos servicios. Por otra parte, ella hablaba de los alemanes en términos que podían hacerme creer que era favorable a nuestra causa.» Al día siguiente Mata-Hari aceptó.

El capitán Ladoux, en sus Memorias, pretende que fue Mata-Hari quien fue a proponer sus servicios y que él le respondió:

-No tenemos a nadie en Holanda, podría usted sernos de gran utilidad. ¿Sabe utilizar tintas simpáticas?

-No, pero ya aprenderé, tienen un nombre verdaderamente agradable.

-Sí, pero si le cogen a uno, es el patíbulo.

-No es fácil coger a Mata-Hari, sé defenderme.

-Ya nos hemos dado cuenta.

-¿Aún continúan con estas odiosas sospechas?

-Estoy seguro, comprenda, absolutamente seguro, que usted es un agente al servicio de Alemania, lo que ignoro todavía en este momento es por qué ha venido a hacerme esta proposición que va a ponerla en una situación tal que se verá precisada a traicionar a los alemanes o a nosotros.

¿Quién dice la verdad, Ladoux o Mata-Hari? La declaración de Margerie -que está en el expediente del ministerio de la Guerra- induce más a creer a la bailarina...

Lo que Mata-Hari fue a pedirle a Ladoux era un pasaporte para Vittel. ¿Por qué para Vittel? Porque hay allí hospitales militares y Mata-Hari desea ir a cuidar a los heridos. Sobre todo a uno: al capitán Masloff, que acaba de ser herido en un ojo.

Conmovedor proyecto. Pero Ladoux se acuerda en aquel momento que cerca de Vittel se está construyendo precisamente un importante campo de aviación... ¿La «bella hindú» no estará en realidad más interesada por los aeroplanos que por los soldados heridos? Lo prescrito en las reglas de espionaje es dejar actuar al presunto espía pero vigilándolo estrechamente. Ladoux no hace excepción a la regla. Mata-Hari recibe su salvoconducto y parte.

«En Vittel, lugar adonde seguí también a la inculpada, he podido comprobar que seguía con sus manejos con los oficiales. Se hacía pasar por una condesa poseedora de un castillo en Touraine.» Así se expresa el inspector Mounier, seguidor de las huellas de Mata-Hari durante su estancia en Vittel en el mes de septiembre de 1916.

El general retirado Le Loup de Sancy de Rolland -había hecho la guerra de 1870- declarará que efectivamente encontró a Mata-Hari en Vittel pero que desconfió en seguida de «la aventurera», aunque ella trató con él asuntos que no tenían ningún carácter militar. Pero añadirá:

-En mi hotel atrajo mi atención un oficial ruso vestido de uniforme que, sabiendo probablemente quién era yo, me saludó militarmente. Estaba herido en un ojo y llevaba una venda negra. Le felicité por esa herida grave recibida en servicio de Francia... Charlamos un poco y después llegó a nuestra mesa una mujer que el oficial me presentó como a su prometida.

La tal «prometida» no era otra que Mata-Hari. Y el oficial se llamaba Vadim Masloff. Las prodigalidades del mes precedente pasado en el Gran Hotel habían emocionado a Mata-Hari. Ella misma aseguraría que había amado mucho a Masloff. Es posible.

Masloff tenía sólo veintitrés años. Era rubio y bajito -1'70 metros- pero resultaba de aspecto muy agradable con sus ojos azules tan de tipo eslavo. Mata-Hati acababa de cumplir los cuarenta. Pero el ruso no parecía darse cuenta de la diferencia de edad. Tampoco Mata-Hari, si es verdad como afirma que había pensado incluso en el matrimonio. También dirá que fue en Vittel donde tomó la resolución de no pertenecer a nadie más que a Masloff. Lo único que le hacía falta, dirá luego, era encontrar «bastante dinero para no tener que engañar a Vadim».

De vuelta a París el 15 o el 17 de septiembre -de 1916, Mata-Hari se dirigió en seguida a ver al capitán Ladoux.

Ladoux se siente cada vez más perplejo: ¿Quién es realmente Mata-Hari? ¿No existirán contra ella sólo un cúmulo de desagradables coincidencias? Su salida hacia Berlín en julio de 1914; sus viajes a Inglaterra; su estancia en Vittel; sus relaciones con los aviadores: ciertamente en todo esto Ladoux no puede llegar a descubrir ninguna prueba decisiva. Sin embargo, la coincidencia de sus múltiples actividades es desconcertante. Resulta imposible permanecer inactivo ante la peligrosa eventualidad de que Mata-Hari esté al servicio de los alemanes...

Cuando Mata-Hari aparece ante el capitán a su vuelta de Vittel con el rostro nimbado de inocencia, sonriéndole con su carnosa boca y mirándolo con sus ojos lánguidos, Ladoux, sin ambages, le dice que «las potencias aliadas la consideran sospechosa».

-Debe usted regresar inmediatamente a Holanda y no volver más a Francia.

Nunca una mujer ha demostrado estupefacción más penosa.

La sorpresa, la pena de Mata-Hari, ¿son sinceras o fingidas? Ladoux parece dudar, entonces Mata-Hari grita:

-Capitán, ¿cómo puede usted pensar que me dedico al espionaje?

Ladoux se la queda mirando, finalmente dice:

-La creo, pero será preciso que trabaje para nosotros.

En seguida acepta. Acepta con un entusiasmo que parece tan sincero que Ladoux no sabe qué pensar. Surge la eterna duda existente entre los espías y el contraespionaje. Lo mejor es poner a prueba a Mata-Hari. A través de España, Portugal, Inglaterra y Holanda, Mata-Hari llegará hasta Bélgica; allí es donde se verá de lo que es capaz.

Tal es la relación que hace Ladoux de los hechos. La versión de Mata-Hari, encontrada en el expediente, naturalmente es bastante diferente. Ladoux, según ella, la acogió con las siguientes palabras:

-¿No ha cambiado de opinión? ¿Ha reflexionado bien?

-Sí.

-¿Y cómo piensa usted empezar a operar?

«Me acordé entonces de van der Schelk. En Amsterdam me había presentado a M. Warfleim, uno de los banqueros más ricos de allí que se me había insinuado, pero a quien yo no había hecho caso. Me había dicho más-de una vez: "Venga a verme a Bruselas, tengo una casa magnífica. Me ocupo de todos los asuntos del Estado Mayor alemán. Los conozco a todos." Puedo ir a verle. Está muy introducido. ¡Es el brazo derecho de von Dissingl Iré a Bruselas vestida de un modo verdaderamente deslumbrador y a través de é1 podré conocer a los miembros del Estado Mayor alemán. ¡Sólo le digo esto! Daré un solo golpe, uno solo, después me marcharé.

El capitán pareció quedarse entusiasmado. Después me preguntó qué interés tenía en ponerme al servicio de Francia.»

-Mi único interés consiste en poderme casar con Masloff -asegura haber contestado Mata-Hari- y el de ser independiente.

-Vale la pena. ¿Y la cuestión del dinero?

-Quiero un millón, pero ya me lo pagará cuando haya comprobado el valor de mis servicios.

-Es una suma muy fuerte, pero si verdaderamente nos presta los servicios que dice, se la daremos.

Mata-Hari cuenta cómo entonces Ladoux intentó tenderle una trampa. Le sugirió que se fuera a La Haya y allí le aseguró que recibiría la visita de un agente del Deuxiéme Bureau francés.

-¿Cómo lo reconoceré?

Ladoux emborronó algo en un trozo de pape1, lo dobló en cuatro pliegos y se lo tendió a la bailarina.

-Le dirán esto.

Mata-Hari desdobló el papel. Sólo pudo leer en él dos letras y dos cifras: A F 44.

Ante su silencio, Ladoux le dijo:

-¿No conoce este número?

-Jamás lo he visto.

-Yo creía que era el suyo. El que le fue impuesto por los servicios alemanes.

-Capitán, se lo ruego de una vez para siempre. Deje ya de hacerme esta clase de insinuaciones que tanto me molestan...

-Si consigue poner en nuestras manos un espía importante alemán, español o neerlandés, se le darán veinticinco mil francos...

-No se lo aseguro. Pienso entregarle informes de tipo militar o diplomático, ¡pero no me gusta denunciar a la gente!

Con un pasaporte de la Prefectura de Policía, Mata-Han abandona París. No duda ni por un momento de que ha sido contratada por el Deuxiéme Bureau. Ladoux no la pierde de vista. Mata-Hari se embarca en Vigo el 9 de noviembre en el Hollandia.

Pero su barco es revisado Por los ingleses. Es arrestada, conducida a Londres e interrogada extensamente. Después la policía inglesa le dice:

-La habíamos tomado por una tal Clara Benedict, una espía alemana a quien andamos buscando. Ahora sabemos que no es usted Clara Benedict, pero no puede ir a Holanda. Es una medida de orden general tomada por Inglaterra respecto a los holandeses. Vuelva a España.

Antes de salir de Inglaterra, Mr. Thompson, el jefe de la policía secreta inglesa, le habla paternalmente:

-Escuche a un hombre de experiencia. Renuncie a lo que está haciendo.

Mata-Hari le contesta:

-Se lo agradezco de todo corazón, señor. Seguiré su consejo.

De nuevo Mata-Hari está en Madrid. Va al hotel Palace, cuyo director es un belga llamado Marquet. Un agente francés, Claudio Lucieto, dijo que este hotel cosmopolita era «el lugar donde se daban cita todos los espías e intrigantes internacionales bajo la estrecha vigilancia de los agentes de la Entente».

Mata-Hari está desocupada. Y como siempre, necesita dinero.

¿Qué hará? Cedámosle la palabra:

«Me hice la siguiente reflexión: ¿Qué puede impedirme utilizar mi tiempo poniéndome en contacto con los alemanes? Lograré así relacionarme y entretanto empezaré a resolver cosas...» Le pedí al portero el anuario diplomático y vi que el agregado militar alemán era el capitán von Kalle, residente en el número 23 de la Castellana.

Le escribe en seguida: « Mi capitán: deseo hablarle. ¿A qué día y a qué hora podría usted recibirme?» Al día siguiente le contesta von Kalle: «Señora, no tengo el honor de conocerla, pero la recibiré mañana a las tres.» Mata-Hari acude a la cita. El capitán la acoge cortésmente:

-No tengo costumbre de recibir señoras que podrían serme enviadas por e1 enemigo, pero ya he visto que con usted éste no es el caso... No puede serlo.

-¿Por qué?

-Porque hace casi diez meses que soy comandante y los agentes que podrían serme enviados por el enemigo no ignoran mi nueva graduación.

Muy pronto, explicará Mata-Hari, la entrevista adquiere un aire de intimidad... Von Kalle, incidentalmente, le dice:

-Estoy fatigado. Ahora estoy haciendo desembarcar de un submarino oficiales alemanes y turcos, además de municiones, en la costa de Marruecos en la zona francesa.

Excelente informe que Mata-Hari transmite rápidamente a Ladoux. Tan excelente que da qué pensar. Insistimos en que nos limitamos a utilizar el relato hecho por Mata-Hari. ¿Es verosímil creer que en su primera entrevista con una desconocida el agregado militar alemán en Madrid haya revelado un secreto militar de tanta importancia? Tanto más, dado que la «intimidad» a la que hace alusión Mata-Han fue aquel día sólo relativa, según propia confesión. No se convirtió en la amante de von Kalle hasta más tarde.

¿Y bien? ¿La entrevista con von Kalle transcurrió realmente tal como la relata Mata-Hari? Es uno de los mayores problemas que se le plantearán a Ladoux.

Alain Decaux, Dossiers Secrets de L'Historie, Libraire Académique Perrin, 1966

Traducción: Carmen Soler Blanch

Primera edición española en papel de Luis de Caralt, noviembre de 1968

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