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En esta
historia se basó la película |
Una
fría noche de noviembre de 1703, un preso enmascarado, que estaba recluido en
la Bastilla, regresó a su celda después de asistir a una misa; dijo que se
sentía mal y se acostó; pocos minutos después estaba muerto. El desenlace fue
tan rápido que el preso no tuvo tiempo siquiera de recibir los sacramentos.
A
partir de ese momento y durante algunas horas, se llevaron a cabo una sede de
medidas extraordinarias para asegurar que la identidad del preso fuera mantenida
en secreto. Y, si se exceptúa a un puñado de personas, que mano tuvo el
secreto durante más de treinta años, nadie la ha conocido. Los muebles y
utensilios que había usado el preso fueron quemados o fundidos; se restregaren
las paredes de su celda, luego se les dio una mano de cal; cada rincón del
cubículo fue registrado minuciosamente, por si el preso había intentado grabar
algún mensaje para la posteridad. Incluso las baldosas del piso fueron
removidas y reemplazadas por otras; las ropas y objetos personales del
prisionero se quemaron en un homo.
La
cara del cautivo permaneció cubierta con una máscara a lo largo de su
encarcelamiento por orden de Luis XIV. Se le amenazó con una muerte inmediata
si trataba de quitársela, si revelaba algo acerca de su identidad o si
intentaba escapar.
Las
leyendas sobre el prisionero enmascarado se difundieron por Francia y luego por
el mundo entero. La historia del preso solitario cautivó la imaginación de la
gente; el mundo lo conoció como “El hombre de la máscara de hierro”.
Su
figura es una de, as más enigmáticas de la historia. La carencia de datos
sobre la identidad del detenido y sobre las causas por las cuales fue encerrado
durante tanto tiempo en la prisión de alta seguridad dio origen a rumores que
se propagaron como la pólvora. Algunos afirmaban que el cautivo era un hijo
ilegitimo de la casa real, tan parecido a Luis XIV que su rostro no debía ser
visto jamás por nadie. Una asombrosa teoría proponía que el rey Luis era en
realidad un bastardo y que el preso era el rey legitimo. Otros sospechaban que
el prisionero era hermano gemelo del rey Luis XIV por lo que había sido
recluido para preservar la gloria del Rey Sol.
Pero
mientras los rumores se difundían, las autoridades adoptaron precauciones
extraordinarias para asegurarse de que nadie viera nunca el rostro que se
ocultaba bajo la máscara. El preso permaneció siempre bajo el cuidado de un
mismo carcelero, monsieur de Saint Mars, que se trasladó junto con él de
prisión en prisión. El cautivo tenía prohibida cualquier relación con otros
presos y su carcelero recibió la orden de matarlo en el acto si trataba de
hablar de cualquier otro tema que no fueran sus necesidades inmediatas. Su
nombre no figuraba en los archivos de la cárcel; carecía de toda forma de
denominación a la que fuera posible desde afuera enviar correspondencia. Los
guardianes se referían a él como “el preso en cuestión” o, ya en los
últimos años “el prisionero anciano”.
A
pesar de estas severas condiciones, el cautivo era tratado como una persona
importante, con todos los respetos. El rey y sus ministros preguntaban
frecuentemente por su salud y su estado de ánimo. La comida, vestimenta y
mobiliario de que se le proveía eran de buena calidad; se respetaron sus
derechos de católico devoto y siempre fue tratado con cortesía.
El
médico al que se permitió tratar al preso, tenía que examinar la lengua y el
cuerpo del paciente sin retirar la máscara; a él pertenece esta declaración:
“Era de constitución admirable; su piel era morena y tenía una voz educada y
agradable.
Sólo
existe otra referencia a su aspecto físico. Proviene de la etapa en que monsieur de Saint Mars recibió
la orden de trasladar a su prisionero desde la isla de Santa Margarita, donde
había estado recluido hasta entonces, a la Bastilla, En el camino a Paris, el
custodio hizo una parada en su castillo, cerca de Villeneuve; la gente del lugar
tuvo una fugaz visión del prisionero enmascarado. Se comentó que era alto,
bien plantado y que tenía el cabello blanco. Mientras cenaba con Saint Mars,
los sirvientes notaron que el custodio se había sentado directamente frente al
prisionero y que tenía dos pistolas, una a cada lado de su plato.
Se
dice que, cuando se comunicó al nieto y sucesor de Luis XlV la verdad sobre el
prisionero, el rey Luis XV exclamó: “Si todavía estuviera vivo, le hubiera
devuelto la libertad”. Para satisfacer la curiosidad de Mana Antonieta, su
esposa, Luis XVI revisó los archivos oficiales, pero su búsqueda fue
infructuosa.
Las
primeras referencias escritas acerca del prisionero enmascarado se hicieron
públicas en 1761, cuando apareció el diario de Étienne du Jonca,
lugarteniente del Rey Sol en la Bastilla. En un párrafo fechado en 1698, las
memorias dicen: “El martes 18 de septiembre, a las tres de la tarde, monsieur
de Saint Man, gobemador del castillo de la Bastilla, hizo su primera aparición;
llegaba procedente de la isla de Santa Margarita, donde había ejercido el
mando. Traía consigo, en su propia litera, a un prisionero, que anteriormente
había permanecido en la prisión de lhgnerol. El gobernador tiene motivos para
tenerlo siempre enmascarado y nadie ha mencionado su nombre”.
Cinco
años después, Du Jonca anotó en su diario la muerte del cautivo; agregó que
fue enterrado el martes siguiente, 20 de noviembre, en el cementeno de Saint
Paul, bajo el nombre falso de Marchiolv. Se debe a Du Jonca la primera
referencia a que el preso estaba siempre “enmascarado, con una máscara de
terciopelo negro”. Otras fuentes, en cambio, aseguran que la máscara estaba
hecha de hierro reforzada con acero; dicen que el artefacto estaba provisto de
una pieza móvil en el mentón, hecha con resortes de acero, para que el cautivo
pudiera masticar. Esta última descripción es la que eligió Alejandro Dumas
para su novela, El hombre de la máscara de hierro. Pero el único testigo
presencial ha sido Du Jonca.
Poco
más se conoció acerca del misterioso cautivo enmascarado hasta la Revolución
Francesa. Durante un tiempo, circuló la creencia de que el prisionero habla
sido un hombre llamado Mattioli, enviado del duque de Mantua; acusado de
traición, Mattioli fue encarcelado y su custodia confiada a Saint Man. La
teoría basaba toda su credibilidad en una suposición: la de que Marchioly,
nombre con el que se había dado sepultura al preso, era la versión francesa
del apellido italiano Mattioli. Por eso fue desechada muy pronto. Las primeras
pistas verdaderas aparecieron a partir de la Revolución; cuando los nuevos
gobernantes comenzaron a clasificar los archivos del ministerio de Guerra, se
encontraron con un caos abrumador. Sólo después de varios años de paciente
catalogación e investigación se descubrieron, entre otros documentos, las
cartas intercambiadas entre el ministro de Guerra, marqués de Louvois, y Saint
Man.
A
fines de julio de 1669 -el año en que, según se sabe, el cautivo de la
máscara fue apresado- Saint Man recibió del marqués de Louvois un mensaje en
el que se decía: “Por orden del rey, el sujeto llamado Eustache Dauger será
enviado a Pignerol. Resulta de la mayor importancia para los intereses reales
que el prisionero sea vigilado con el mayor celo y que, bajo ningún concepto,
pueda proporcionar a persona alguna informaciones sobre su identidad ni enviar
cartas a nadie. Usted, personalmente, deber proporcionar a este desdichado
comida suficiente para toda la jornada una vez al día. Por ninguna razón debe
usted prestar oídos a nada de lo que el prisionero pueda querer decirle. Debe
amenazarlo de muerte si abre la boca para hablar de cualquier cosa que no sean
sus necesidades inmediatas”.
También
se hallaron cartas del propio rey en las que se queja del comportamiento de un
hombre llamado Eustache Dauger. El monarca ordenaba que se pusiera a este hombre
bajo una “buena y segura custodia, para evitar que se comunique con nadie de
palabra o por escrito”. Otro grupo de cartas proporciona detalles sobre cómo,
a medida que pasaban los años, transcurra el encarcelamiento del hombre
enmascarado.
¿Quién
era Eustache Dauger? Durante mucho tiempo no se pudo encontrar ningún indicio
acerca de su vida. Pero finalmente alguien advirtió que ése era el nombre de
bautismo de un miembro de la guardia real de Luis XIV; resultó difícil
descubrirlo porque él y su familia eran más conocidos bajo el apellido Cavova,
tomado de una propiedad que adquirieron en Picardía. El nacimiento de Eustache
está documentado, pero no así su muerte; no existe referencia alguna a
Eustache a partir de su encarcelamiento en 1668. Se sabe que tuvo cinco
hermanos; cuatro de ellos murieron en combate; el quinto, Luis, se convirtió en
intimo amigo del rey y con el tiempo fue hecho marqués. Pero Eustache parece
haber estado siempre en dificultades; todo indica que, arrastrado por las
intrigas de la corte y posiblemente bajo la influencia de madame de Montespan,
la amante del monarca, se vio involucrado en cultos demoníacos y misas negras.
Pero esto son sólo sospechas.
Nada
más se sabe; el caso del prisionero enmascarado, del preso del rey Luis XIV,
permanece en el misterio.
Imágenes:
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