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Si
quieres conocer en imágenes los hechos de la batalla no te pierdas |
EL 23 de agosto de 1914
fueron concentrados unos 30.000 hombres del B. E. F. en Mons, directamente en el
paso del Primer Ejército alemán al mando del general Alexander von Kluck. Unos
90.000 alemanes atacaron las posiciones británicas y por vez primera en casi un
mes de combate, las tropas de Von Kluck fueron detenidas.
El fuego de rifle de los
"Viejos Despreciables" fue tan devastador que los atemorizados
oficiales de la Inteligencia alemana informaron que el enemigo tenía 28
ametralladoras por batallón. Ésta era una gran noticia para los británicos:
tenían sólo dos armas automáticas en cada batallón. Ocurría simplemente que
los alemanes no se habían enfrentado previamente con tropas cuya destreza,
disciplina y entrenamiento fueran superiores a los suyos.
No obstante, los británicos
se vieron obligados a replegarse, abrumados por la superioridad numérica. Se
retiraron a Le Cateau y el 26 de agosto libraron otra acción preventiva de
retaguardia que permitió una retirada ordenada a la línea del río Marne,
donde Joffre ordenó mantenerse finalmente atrincherados en posición firme
"Ils ne passeront pas!"
-"¡No pasarán!"-
cantaban las reservas francesas que marchaban al frente.
Detrás de las líneas, París
se hallaba preparada para un sitio. Un rudo veterano regular, el general Joseph
Galliéni, fue nombrado gobernador de la ciudad; el Gobierno se trasladó a
Burdeos y la capital se convirtió en un campamento armado. Había tropas por
doquier, las barricadas obstruían las calles y hasta el último ciudadano físicamente
capacitado fue movilizado para abrir trincheras o para empuñar un arma.
En toda Francia las iglesias
desbordaban de gente que pedían en sus oraciones ayuda a Dios para detener a
los boches. Suplicaban un milagro, pero los alemanes proseguían su
avance.
El milagro largamente ansiado
por los franceses se operó en las riberas del río Marne, donde se libró la
batalla más decisiva de la Primera Guerra Mundial, desde el 5 al 12 de
septiembre, inclusive. El día 5, unidades francesas chocaron contra elementos
de avance del ejército de Von Klitus y sobrevino una lucha tremenda. Galliéni,
haciendo astuto uso de los aviones con finalidades de reconocimiento encontró
el punto para atacar a los alemanes por el flanco y lo hizo con eficacia.
Se abrió una brecha entre el
Primer Ejército alemán (Von Kluck) y el Segundo (Von Bülow),vl. Tropaq británicas
y francesas penetraron en la brecha ensanchándola. Cuando las unidades de la línea
del frente necesitaron refuerzos, del 7 al 8 de septiembre, Gitlliéni ordenó
el precipitado traslado de dos regimientos en taxis parisinos.
Hubo empate en la contienda.
Los exploradores montados alemanes alcanzaron un punto desde donde divisaban la
punta de la Torre Eiffel en el horizonte, a catorce millas de distancia. Los
franceses estaban resueltos a contener al enemigo o morir.
Durante una fase crucial de
la batalla, el general Ferdinand Foch, al mando del Ejército 9º envió un
despacho a Joffre:
"Me acosan duramente por
la derecha. Mi centro sucumbe. Imposible maniobrar. Situación excelente, ¡ataco!
Era imposible desmentir
semejante espíritu. El 12 de septiembre los alemanes se retiraron al río
Aisne. El general Von Moltke, abrumado por la derrota, informó sombríamente al
Kaiser: "¡Sire, hemos perdido la guerra!" En efecto, las palabras
fueron proféticas. Alemania había perdido la guerra... pero costaría
millonesde vidas, enormes sumas de dinero y cuatro años terribles antes de que
la declaración a lo Cassandra devon Moltke se volviera una realidad. El Kaiser
perdió la fe en Von Moltke y el 14 de septiembre el jefe del Estado Mayor fue
sustituido por el general Erich von Fitlkenhayn. Se anunció que el reemplazo de
von Moltke se debía a motivos de salud, pero para nadie era un secreto que esa
caída había sido provocada por la derrota del Marne.
En el Oeste había terminado
el día de la blitzkrieg (guerra relámpago) exceptuando una sede de batallas
conocidas como "Carrera hacia el mar", en las cuales cada bando trató
de desbordar al contrario mientras los alemanes intentaban lograr el control de
la costa del Canal, también había terminado la guerra de movimiento. Sólo
tuvieron éxito con la captura de Amberes, valerosamente defendida por los
belgas hasta el 9 de octubre y posteriormente evacuada hábilmente, poniendo de
relieve las cualidades del intrépido ejército que combatió con tanta bravura
contra un enemigo de increíble superioridad numérica.
El rey Alberto se mantuvo
firme en un pequeño rincón de su país hasta el fin de la guerra y comenzó la
larga y ardua prueba de guerra de trincheras.
Una lucha final, sangrienta,
conocida en la Historia como la Primera Batalla de Ypres, y tuvo lugar desde el
12 de octubre hasta el 11 de noviembre en las tierras fangosas de Flandes. Allí
los "Viejos Despreciables" demostraron en todo momento cómo sabía
luchar Gran Bretaña. Los alemanes jamás volverían a menospreciar al ejército
británico.
Entonces el Frente Occidental
se convirtió en una larga serie de trincheras y alambre espinoso.
En una extensión de 1.000
millas cambió totalmente la naturaleza del combate. Se precisaba un nuevo
arsenal de armas; la granada de mano, la ametralladora, y el rifle, el mortero
de trinchera, la bomba explosiva, llegaron a ser las armas vitales. Los soldados
a caballo que durante siglos habían dominado los campos de batalla, fueron
eliminados para siempre. Los soldados de caballería nunca volverían a
arremeter contra el enemigo a lanza y sable. Había concluido el día de gloria
en la guerra. Entonces se convirtió solamente en barro, sangre, muerte y
sufrimientos.
En toda la Historia jamás
hubo tantos muertos, heridos y mutilados en tan breve espacio de tiempo.
A finales de 1914, más de
854.000 franceses habían derramado su sangre por La Patrie y un total de
677.000 alemanes cayeron muertos por Der Vaterland, mientras que los
arrojados B. E.F. perdieron 75.000 de los 150.000 hombres que marcharon para
servir a Dios, la Patria y el Rey.
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