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Una
prostituta de lujo alsaciana, que se hacía llamar Miss Love, aprovechó sus íntimos
conocimientos del káiser Guillermo II para hacerse millonaria, y pudo desempeñar
un papel importante en el deterioro de la relación entre el último emperador
alemán y su canciller, Otto von Bismarck, según una detallada investigación
de la que da cuenta en su último número el semanario Die Zeit.
Emilie Klopp era una cocotte con una amplia agenda de clientes entre los militares y funcionarios prusianos en Alsacia. Podía presumir de conocer las intimidades del imperio, ya que por su cama habían pasado desde Guillermo von Bismarck, hijo del canciller de hierro, hasta el príncipe Guillermo, apenas tres años antes de acceder al trono.
El príncipe, a quien le gustaba frecuentar la compañía de bellas cortesanas, llegó a enviar a Miss Love seis cartas en las que daba cuenta de sus prácticas sexuales, entre ellas su afición a realizar el coito con las manos atadas.
No se sabe si por avaricia o por orgullo Emilie Klopp decidió utilizar estas armas epistolares y para ello se puso en contacto con otro viejo conocido suyo, el conde Guillermo von Bismarck, quien a su vez había frecuentado a Miss Love durante su estancia en Estrasburgo entre 1879 y 1881.
En noviembre de 1888 el segundo hijo de Bismarck recibía la primera carta de E. Love. Guillermo II había accedido al trono en junio. Guillermo von Bismarck sabía que E. Love de Estrasburgo sólo podía ser Emilie Klopp y que nada bueno había en la noticia que le anunciaba. Quiso dejar pasar el tiempo, pero Miss Love insistió hasta que consiguió una entrevista con su antiguo amante.
De viva voz la dama le reveló su secreto: en 1885, el entonces príncipe Guillermo había sido su amante, por cierto poco generoso, y bastante excéntrico. El príncipe Guillermo creía bien pagados los servicios de Miss Love con una foto dedicada o un billete de 100 marcos. Emilie incluso había vivido en una residencia cerca del palacio de Potsdam, donde ella y el entonces príncipe Guillermo «habían practicado el sexo con frecuencia».
Al conde von Bismarck le alarmó tanto la amenaza de Miss Love de hacer públicas seis cartas del káiser que se puso en contacto con su hermano Herbert, secretario de Estado de Exteriores. Los dos daban crédito a Miss Love por conocer sus artes amatorias y por saber de la afición del káiser a las damas atractivas.
Casado en 1881 con la princesa Augusta Victoria de Schleswig-Holstein, con la que parece que se aburría soberanamente, su lista de amantes se incrementaba cada año: desde la vienesa Ella Sommssisch hasta Anna Homolatsch, que tuvo una hija del príncipe en 1887, o bien la condesa Elisabeth Bérard-Wedel.
Pero el caso de Miss Love sobrepasó estas aventuras porque la cortesana tenía pruebas escritas de los excesos sadomasoquista del káiser, y además al recurrir a los Bismarck como destinatarios de su secreto contribuyó a acentuar el odio de Guillermo II hacia su canciller. Guillermo y Herbert decidieron hablar con su padre sobre el caso Love, y el canciller de hierro en principio no le dio mayor importancia.
Cuando Guillermo II subió al trono ya se habían enfriado sus relaciones con el poderoso canciller. Bismarck, que contaba con 75 años y una amplísima experiencia internacional, consideraba al recién llegado un inmaduro y había llegado a decir que «le veía capaz de conducir a Alemania a una guerra por su inconsciencia».
Guillermo II alentó las ansias de grandeza de sus generales durante la I Guerra Mundial y descartó cualquier compromiso pacífico. Al acabar la guerra tuvo que refugiarse en Holanda, donde murió en 1941. De modo que Bismarck sabía de lo que era capaz el nuevo káiser, pero no creía que un lío de faldas pudiera suponer un gran trastorno.
Sus hijos, conocedores del poder que iba adquiriendo la prensa, insistieron en consultar al soberano, que en principio lo negó todo. Sólo admitió haber visto en una ocasión a Miss Love. No le creyeron, pero optaron por dejar pasar el temporal. Miss Love no se rindió y volvió a recordar su historia, primero a los Bismarck, y luego al conde Waldersee, que volvió a preguntar al káiser, quien terminó admitiendo haber mantenido una relación íntima con la cortesana alsaciana.
Una vez admitido el pecado, Guillermo von Bismarck tuvo que hacerse cargo del pago de 25.000 marcos, unos 45 millones de pesetas al cambio actual, procedentes de los fondos reservados, a la astuta cortesana, que a cambio entregó las cartas del káiser. En una declaración escrita, fechada el 1 de mayo de 1889, E.Love renuncia a cualquier tipo de extorsión posterior. Miss Love no fue fiel a su palabra e intentó conseguir más dinero en 1892.
El caso sobre Miss Love, que falleció en 1894, estuvo clasificado como «muy secreto» en los archivos imperiales. De las misivas no se ha encontrado rastro, ya que probablemente fueron destruidas, pero la historia quedó registrada en la correspondencia entre el canciller y sus hijos.
Los Bismarck evitaron el escándalo, pero su preocupación por el emperador no fue bien comprendida por el soberano, que acentuó sus diferencias con Otto von Bismarck. En marzo de 1890 Guillermo II aceptaba la dimisión de Bismarck, el canciller más longevo de la historia alemana. Días más tarde también renunciaría su hijo Herbert, que si hubiera podido ganarse la confianza del káiser podría haberse convertido en el heredero del canciller de hierro.
ANA ALONSO MONTES
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