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A
principios del siglo XIV, por las profundidades del bosque de Sherwood
vagaba un proscrito cuyas hazañas lo convirtieron en el principal héroe
popular de su época. Su nombre es hoy conocido en todo el mundo; se
llamaba Robín Hood. La historia de sus hazañas ocupa muchos volúmenes.
¿Pero es cierta? ¿Existió realmente Robín Hood?
Algunos
historiadores creen que los relatos del héroe-duende están
vinculados con el espíritu de los bosques, que forma parte de la
mitología pagana.
Robín
era un nombre que los paganos daban generalmente a los seres
sobrenaturales, y el color verde, que era el que distinguía la
vestimenta del héroe, es el color tradicional atribuido al espíritu
del bosque. También está extendida la teoría según la cual Robín
Hood era sencillamente uno de los personajes de las antiguas
ceremonias del primer día de mayo, que a través de los años pasó a
ser primero una leyenda y luego un presunto personaje histórico. La
doncella Mariann, que comparte las aventuras del héroe, puede ser una
derivación de la Reina de mayo en esas mismas celebraciones paganas.
Sin
embargo, las pruebas documentales indican que entre los siglos XIII y
XIV un hombre llamado Robín Hood vivió en Wakefield, en el condado
de York; él puede haber sido el proscrito de la romántica leyenda.
Robín Hood (cuyo nombre de bautismo era Roberto) nació alrededor de
1290; su padre, Adam Hood, era un guardabosque al servicio de John,
conde de Warenne y lord del señorío de Wakefield. El apellido del
guardabosque y de su hijo figura en los antiguos documentos de juzgado
con distintas grafías: a veces aparece como Hod, otras como Hode o
Hood.
El
25 de enero de 1316, según indica un documento, la criada de Robín
Hood aparece acusada de robar madera seca y vert (antiguo término
inglés que designa a los árboles reservados para dar refugio y
alimento a los ciervos) de un viejo robledal. Se la condenó a pagar
una multa de dos peniques. En otros registros judiciales, de 1316,
consta que Robín Hood y su esposa Matilde tuvieron que pagar una
multa de dos chelines «por permitir que se construyera una casa de
cinco habitaciones en una parcela vacía perteneciente al señor del
condado». .
En
1322, el amo del país de Robín era Thomas, conde de Lancaster. El
conde convocó a sus súbditos a las armas para rebelarse contra el
rey Eduardo 11; los súbditos no tenían más opción que la de
obedecer incondicionalmente.
Robín
se unió a las tropas del conde como arquero; la revuelta fue
aplastada y Lancaster fue capturado, juzgado por traición y
decapitado; sus propiedades fueron confiscadas por el rey y se
proscribió a sus seguidores. Robín se ocultó en el bosque de
Bamsdale, que en esa época cubría unos 48 kilómetros cuadrados y
terminaba uniéndose al bosque de Shenvood, que ocupaba otros 40 kilómetros
cuadrados en el condado de Nottingham. Los bosques estaban atravesados
por la Gran Ruta del Norte, construida por los romanos; esa ruta
proporcionaba pingües ganancias a los ladrones de caminos. En esta
región nació la leyenda de Robín Hood.
En
una de las supuestas aventuras de Robín Hood a lo largo de la Gran
Ruta, el papel de antagonista corresponde al arrogante obispo de
Nereford, que viajaba hacia York cuando vio al cabecilla proscrito y a
algunos de sus hombres en trance de asar un venado para la cena. Tomándolos
por campesinos y enfurecido por su flagrante violación de las leyes
del bosque, el obispo los increpó. Los proscritos le contestaron con
toda calma que no los molestase, porque estaban a punto de cenar.
Entonces el obispo de Nereford ordenó a los guardias de su escolta
que apresaran a Robín Hoody los suyos.
Los
proscritos rogaron clemencia, pero el clérigo juró que no la habría
para ellos. Fue en ese momento cuando Robín hizo sonar su cuerno y,
en un abrir y cerrar de ojos, el desdichado obispo se vio rodeado por
arqueros; el episodio ocurrió en el prado de Lincoln. Los proscritos
tomaron prisionero al dignatario y a sus guardias y pidieron por ellos
un rescate. Mientras permaneció cautivo, el obispo fue obligado a
bailar la jiga alrededor de un gran roble; el árbol ya no existe,
pero el sitio donde se levantaba es conocido hoy como la Raíz del Árbol
del Obispo.
En
Bamsdale y Sherwood hay otros robles vinculados a Robín Hood y su
banda: del llamado Árbol Central, a mitad de camino entre Thoresby y
Welbeck, se dice que constituía el punto desde el cual surgía la red
de caminos secretos de Robín Hood, que se extendía por todo el
bosque. Pero el árbol más famoso es el Roble Mayor, en Birkland. Se
afirma que tiene 1000 años y es por lo tanto anterior a la conquista
de Gran Bretaña por los normandos; tiene un diámetro de 9 metros.
Lord Alfred Tennyson visitó este roble, el siglo pasado, y en su
poema Los leñadores lo utiliza como metáfora para referirse al Pequeño
John; el poema habla de éste como «ese roble en cuyo follaje pueden
ocultarse nueve hombres sin tocarse.
Entre
las anécdotas que se han transmitido a lo largo de los siglos acerca
de la valentía de Robín Hood, figura la visita que Robín, acompañado
de su íntimo amigo Pequeño John, hizo a la abadía de Abbey. El abad
les pidió a ambos que mostraran su pericia con el arco; Robín y
Pequeño John dispararon desde el tejado del monasterio y las flechas
cayeron, una frente a la otra, a ambos lados de una calle de Whitby
Lathes, a más de un kilómetro y medio del monasterio. El abad hizo
erigir pilares de piedra en los sitios donde se clavaron los venablos;
estos pilares sobrevivieron hasta fines del siglo XVIII. Los campos
donde cayeron las flechas fueron llamados desde entonces Cercado de
Robín Hood y Cercado de Pequeño John.
Pequeño
John, segundo de Robín, recibió su irónico apodo a causa de su gran
estatura. Se afirma que murió en Hathersage, en el condado de Derby;
la tumba en que yacía fue abierta en 1784 y en ella se encontraron
los huesos de un hombre excepcionalmente alto.
Robín
y sus hombres se hicieron célebres, entre otras razones, porque
desplegaron una actividad incesante en un territorio muy amplio. La
bahía de Robín Hood, que dista muchos kilómetros de las costas del
condado de York, fue bautizada así en recuerdo del proscrito, cuya
banda tenía fondeadas allí numerosas barcas, que utilizaba para
pescar y, eventualmente, para huir de las autoridades.
Durante
uno de sus viajes, Robín visitó la iglesia de St. Mary, en
Nottingham; una monja de la congregación lo reconoció y dio aviso al
sherijf. Robín echó mano a su espada y, antes de ser capturado, mató
a 12 soldados. No pudo ser llevado a juicio porque Pequeño John, al
frente de un numeroso grupo de proscritos, cayó sobre Nottingham y
rescató a su jefe; de paso, buscaron a la monja y le dieron muerte.
Pero
lo que transformó a Robín Hood en un héroe popular fue su defensa
de los desamparados. Se apoderó de las riquezas de los poderosos y
las distribuyó entre los pobres; además, al burlarse de las
impopulares autoridades de esa época, se ganó el apoyo de los
campesinos oprimidos.
Uno
de los más célebres relatos surgidos de los robledales de Sheewood,
es la leyenda sobre el encuentro de Robín Hood con el rey Eduardo II.
Narra que el rey, al saber que el número de ciervos reales de
Whenwood disminuía debido al apetito de Robín Hood y su banda,
decidió limpiar de proscritos el bosque. El rey y sus caballeros se
disfrazaron de monjes y se internaron a caballo en el bosque. Cuando
encontraron a Robín Hood y a parte de su banda, éstos les exigieron
dinero; el rey les dio 40 libras y afirmó que eso era todo lo que tenía.
Robín tomó entonces 20 libras para distribuir entre sus hombres y
devolvió las otras 20 al rey. En ese momento, Eduardo II mostró a
Robín el sello real y comunicó al proscrito que el rey quería verlo
en Nottingham; Robín pidió a sus hombres que se arrodillaran ante el
sello real y juraran fidelidad al rey. Más tarde, la banda invitó a
los «monjes» a comer: la comida consistió en venado real a la
brasa. Poco después Eduardo II reveló a todos su identidad y perdonó
a los proscritos, con la condición de que se instalaran en la corte y
se pusieran a su servicio.
La
leyenda aparece en A Lvtell Geste of Robyn Hood, un libro publicado en
1459. Puede que todo esto no sea nada más que una leyenda; pero el
rey estuvo realmente en Nottingham en noviembre de 1323, y el relato
de su encuentro con Robín Hood es coherente con lo que se sabe de su
personalidad. Además, el nombre de Robín Hood aparece meses después,
en 1324, en los registros de la casa de Eduardo II. Allí figuran
constancias de los salarios que se pagaron a Robín hasta noviembre de
ese mismo año. A partir de esa fecha, el nombre de Robín desaparece
de los documentos oficiales para sumergirse nuevamente en el folklore.
Es posible que, después de disfrutar durante tanto tiempo de la
libertad en el bosque, Robín fuera incapaz de ponerse al servicio de
nadie, ni siquiera de su rey.
Las
aventuras de Robín Hood en los bosques continuaron hasta cerca de
1346; se dice que murió en ese año, en el monasterio de Kirklees.
Parece que la priora aceleró la muerte de Robín cuando éste le pidió
que pusiera fin a los dolores que padecía: la religiosa -se dice-
practicó a Robín una sangra tan prolongada que ya no pudo
recuperarse.
La
historia termina cuando Robín Hood consigue hacer sonar por última
vez su cuerno de caza, aportado por su fiel compañero, Pequeño John.
Antes de morir, Robín disparó una flecha desde la ventana de su
habitación, en dirección al bosque, y pidió que lo enterraran en el
sitio donde la flecha hubiese caído. Aún hoy es posible ver el sitio
que Robín eligió como tumba.
La
de Robín Hood es una historia romántica, que se ha mantenido viva y
ha sido narrada y vuelta a narrar durante 600 años. Pero si se trata
de un mito o de una historia real, de un hecho histórico o de una
leyenda, es algo que permanece en el misterio.
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