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Finlandia, país de lagos y de densos bosques, con sólo unos cuatro millones y medio de habitantes esparcidos en 380.000 km2, fue escenario de uno de los conflictos más sorprendentes de la historia. Su minúsculo ejército resistió el poderío de Rusia, y al comienzo de una campaña que duró ciento cinco días, infligió bajas cuantiosas al agresor.

El pacto de No-agresión rusofinés fue firmado en 1934. El 14 de octubre de 1939, Stalin expuso varias exigencias territoriales a Finlandia a cambio de un considerable ajuste fronterizo en carelia. Finlandia, deseosa de conservar su neutralidad, ofreció entablar negociaciones sobre aquellas exigencias, pero Rusia las rechazó. Los rusos habían fotografiado ya el istmo de carelia y los puertos, carreteras, zonas industriales y fortificaciones de Finlandia, y consideraban que los finlandeses no se hallaban en absoluto en condiciones de defenderse.

El 30 de noviembre, y sin declaración formal de guerra, se inició por tierra, mar y aire la blitzkrieg soviética. Helsinki sufrió un terrible bombardeo aéreo, con muchos muertos.

Los finlandeses habían empezado a movilizar reservas, pero cuando se inició la embestida, el mariscal cari Gustaf von Mannerheim tenía sólo nueve divisiones a su disposición.

Los cuerpos II y III estaban desplegados en el istmo careliano con cinco divisiones mandadas por el teniente general Hugo Dstermann. El IV cuerpo estaba sobre la costa este del lago Ladoga, con dos divisiones bajo el mando del general Hágglund. El grupo central de Finlandia comprendía el V cuerpo (nueve batallones de frontera) bajo el general de división Vilpo Tuompo. En el grupo de Laponia había cuatro batallones independientes mandados por el general de división Kurt Wallenius. Formaban la reserva dos divisiones incompletas II cuerpo y una brigada de caballería.

Los invasores del ejército rojo se agrupaban como sigue: en el istmo, el VII Ejército con ocho divisiones, un cuerpo de tanques y dos brigadas de tanques independientes, tenía que forzar la línea Mannerheim, tomar viborg y seguir hasta Helsinki; desplegado sobre la costa este del lago Ladoga, el VIII Ejército con seis divisiones apoyaría al VII al dividir la defensa finlandesa; el Ix Ejército, con cuatro divisiones, proyectaría dos columnas, la izquierda se dirigiría a Dulu y la derecha a Kemi, en el centro de Finlandia (golfo de Botnia); y en Laponia, el XIV Ejército, con dos divisiones, tomaría Petsamo y cortaría las comunicaciones de Finlandia con Noruega.

Mannerheim sabía que sólo en el centro de Finlandia había buenas carreteras y comunicaciones fáciles, y que había que evitar que los rusos llegaran hasta ellas. Familiarizado con la táctica rusa y sus manuales militares, supo predecir los movimientos soviéticos. De hecho los manuales resultaban inútiles en el cruel invierno finlandés, del que fueron victimas inmediatas los rusos. La densa nieve les cerró el avance e impidió despegar a los aviones; los finlandeses demostraron ser maestros en una irregular guerrilla blanca. Atacaban ferozmente a los rusos en la oscuridad o durante las tormentas de nieve; aparecían de pronto en sus esquíes, vestidos de blanco, atacaban y desaparecían: los rusos veían finlandeses por todas partes. Se emplearon muchos dispositivos de trampa para frenar al invasor; todos los accesos estaban minados y los finlandeses se las arreglaban para destruir tanques con «cócteles Molotov» (botellas llenas de queroseno crudo, brea y gasolina).

Los reservistas de Mannerheim traían en su mayoría sus propias ropas, acaso con un gorro o cinturón para identificarse. Su marcha era torpe, pero su esquiar soberbio. Se acercaban a la infantería rusa en esquíes desde los flancos, y sus francotiradores abatían soldados a cientos en las apiñadas filas soviéticas.

Los finlandeses se asombraron al ver acercarse en masa los tanques soviéticos, pero los rusos parecían no saber sacar provecho de su gran superioridad material. Los tanques se atascaban en la nieve. La infantería rusa reveló inexperiencia y falta de entrenamiento con los esquíes. Y la purga staliniana de 1937-38 le había robado al ejército rojo sus jefes más brillantes.

Los soldados rusos se portaron bien al principio, pero cuando la temperatura descendió a veinte grados y más bajo cero, su moral flaqueó. Se congelaban ellos y sus armas. Muchos miles, en efecto, murieron congelados.

Los finlandeses estaban mejor abrigados y sabían hacer funcionar sus armas entre el hielo; a temperaturas bajísimas se sentían «en casa», y luchaban además en su propio terreno.

Los rusos fueron derrotados en casi todos los frentes. En el extremo norte tomaron Petsamo a mediados de diciembre, abrumando a sus defensores con el tremendo poder de fuego de un gran ejército con base en Murmansk.

En cambio, en el istmo careliano la línea Mannerheim,(con sus obstáculos antitanque y un ancho de ciento cuarenta y cinco kilómetros), consistente en fortificaciones regulares de campaña, zanjas y trincheras, detuvo a los rusos. Frente a la línea había campos abiertos, pero los finlandeses no salían de ella. Los rusos no tuvieron más remedio que intentar romper una línea de la que sabían muy poco.

La lucha era casi incesante y los rusos incorporaban continuamente divisiones de refresco, pero también eran rechazadas.

Las divisiones 139 y 75 del VII Ejército llegaron hasta Tolvajárvi el 12 de diciembre, donde sus 45.000 hombres, 335 piezas de artillería, 140 tanques y obuses sobre cadenas cayeron en una emboscada y fueron aniquilados por siete batallones finlandeses mandados por el coronel Tálvela, con 9.000 hombres y 20 piezas de artillería.

En Finlandia central, la columna del IX Ejército soviético, en su marcha sobre Dulu, fue contraatacada en Suomussalmi. El coronel Síilasvuo dirigió a los finlandeses en aquella furiosa batalla. La división 163 quedó cercada después de un ataque finlandés que duró diecisiete días y la 44 fue eliminada también cuando intentaba retirarse. ochocientos rusos de la 44 se atrincheraron. Los finlandeses les atacaron a discreción, y a la vez se apoderaron de todo un surtido de sus armas.

En todos los frentes surgió un ritmo de ataque y contraataque, y los dos lados se sintieron agotados enseguida. Los finlandeses repelieron al enemigo hacia Rusia, que para entonces había sufrido ya unos veintisiete mil quinientos muertos. Stalin estaba frenético ante los reveses, y el 12 de diciembre la Sociedad de Naciones condenó la agresión rusa a Finlandia. Hitler permaneció neutral y se negó a que la ayuda italiana a Finlandia pasase a través de Alemania.

La URSS decidió derrotar a los finlandeses a cualquier precio. Les echó encima unas cuarenta y cinco divisiones, o sea el cuarenta por ciento de sus fuerzas de tierra estacionadas en la Rusia europea. Stalin reorganizó el liderazgo de sus fuerzas y nombró al mariscal Semyon Timoshenko comandante de la campaña finlandesa. Su tarea más urgente era dirigir la ruptura de la línea del istmo careliano.

El VII Ejército fracasó frente a la línea Mannerheim, y fue desplazado al golfo de Finlandia. Lo sustituyó el XIII Ejército, con su flanco derecho sobre el lago de Ladoga. Las fuerzas de Timoshenko comprendían veinticuatro divisiones de infantería con tres más en reserva, apoyadas en veinte regimientos de artillería y siete brigadas de tanques. Las fuerzas de tierra estaban apoyadas por 450 aviones.

Mannerheim predijo, y acertó, que los rusos atacarían al este de la aldea de Summa, al oeste del istmo, donde los campos abiertos facilitarían las concentraciones de tanques e infantería. La ofensiva empezó el 1 de febrero de 1940 a temperaturas de treinta grados bajo cero. Los rusos habían aprendido mucho desde noviembre. Formaban ahora una fuerza coordinada, dirigida a menudo desde globos de observación, y utilizaban trenes de trineos blindados arrastrados por tanques para mover la infantería. Empleaban también tanques lanzallamas.

La artillería soviética machacaba a los finlandeses y les causaba mucho desgaste. El bombardeo por zonas de la retaguardia a partir del 1 de febrero señaló el principio del fin.

Los rusos atacaron en olas cerradas, con terribles pérdidas causadas por las ametralladoras de los finlandeses.

El 6 de febrero se inició el asalto final. Tres divisiones con ciento cincuenta tanques, apoyadas por doscientos aviones, atacaron un frente de ocho kilómetros. El día 7 penetraron en la región de Muolaa y atacaron Summa.

Timosheñko dirigió entonces la flecha principal de su ataque más hacia el este, y el 11 de febrero los rusos habían rebasado la línea Mannerheim. Los finlandeses se retiraron en perfecto orden, contraatacando todo el tiempo, y formaron una nueva línea defensiva que, al ser más larga que la Mannerheim, dispersaba sus reservas. Siguieron hostilizando a los rusos. Entre el 20 y el 22 de febrero cayeron ochocientos rusos, y sus pérdidas de tanques eran de diez a treinta diarios.

El 24 de febrero, los rusos ocuparon Koivisto, junto al congelado golfo de Finlandia, y el VII Ejército recibió la orden de avanzar sobre el hielo hasta llegar a tierra firme y ocupar Viborg.

Poco después, la carretera de Viborg a Helsinki estaba en manos rusas.

Los finlandeses, con veinticinco mil muertos y cuarenta y tres mil heridos, estaban cansados de pelear.

La escasez de hombres y municiones hacia imposible resistir mucho más, y Mannerheim explicó al gobierno finlandés que la paz era imprescindible.

El 12 de marzo de 1940 se firmó el tratado rusofinés, que cedía a la URSS 41.400 km2. La nueva frontera dejaba a Finlandia desnuda contra cualquier agresor y a los rusos dueños de casi toda carelia. Sus pérdidas habían sido enormes: unos doscientos mil muertos y cuatrocientos mil heridos.


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