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Gavrilo Princip capturado por los policías prusianos momentos después del tiroteo que provocó la Primera Guerra Mundial

Sarajevo, capital de Bosnia y provincia del Imperio Austro-Húngaro, estaba cubierta de banderas y colgaduras el domingo 28 de junio de 1914. Hacía un tiempo espléndido, el cielo estaba despejado de nubes y corría una brisa agradable por las sinuosas calles empedradas de la antigua ciudad.

Hubiera debido ser un día alegre en Sarajevo.

Las autoridades lo habían declarado festivo. Los carteles en vallas y paredes instaban a los habitantes a dar la bienvenida al heredero del trono austriaco, el archiduque Fernando y a su esposa la duquesa Sofía. Se proyectaba una ceremonia en el Ayuntamiento y otros festejos de gala para el transcurso de la jornada.

El pueblo de Sarajevo como todos los bosnios no quería al archiduque, sobrino del emperador Francisco José, el anciano monarca que gobernada Austria-Hungría desde 1848. Los bosnios consideraban al archiduque Fernando un símbolo de la odiada tiranía austriaca que les había arrancado de Servia, su amada patria.

Reinaba el descontento en Bosnia y había numerosos jóvenes pertenecientes a grupos terroristas que juraban que un día Bosnia sería reincorporada a Servia. La multitud que flanqueaba Appel Quay, una calle estrecha que se extendía junto al río Milica y atravesaba Sarajevo, permanecía callada cuando pasaba una procesión de automóviles de turismo abiertos. En uno de los coches iban sentados el archiduque y su esposa. Dirigían saludos con la cabeza, sonriendo, agitaban las manos a los espectadores que les devolvían miradas hostiles.

Los dragones de vistosos uniformes escoltaban al automóvil real y filas de soldados vigilaban la calle, pero ni los jinetes ni los soldados pudieron impedir que alguien arrojara una granada de mano al automóvil del archiduque. El proyectil hizo impacto en la capota descubierta y rebotó en la acera donde estalló hiriendo a vados espectadores y lastimando a dos o tres soldados de caballería. Fernando y Sofía salieron ilesos.

La procesión prosiguió su marcha rápidamente hacia el Ayuntamiento donde se abreviaron las complicadas ceremonias a fin de que los visitantes pudieran trasladarse cuanto antes al palacio situado fuera de la ciudad.

Los relojes del campanario de la iglesia señalaban las doce cuando partieron Fernando y su esposa. Siguieron de nuevo la ruta por Appel Quay. El chofer aminoró la velocidad del vehículo en un cruce de la calle. De pronto, un joven miserablemente vestido salió disparado de entre el público, pasando junto a soldados y escolta. Al llegar junto al coche, extrajo una pistola automática Browning, de su bolsillo y vació el descargador sobre el archiduque y la duquesa. Ambos se desplomaron muertos bajo la lluvia de balas.

La policía, los guardias, los espectadores y los soldados capturaron al asesino, un estudiante servio de 18 años llamado Gavrilo Princip, quien esperaba que con esta drástica acción liberaría a Bosnia de Austria. En cambio, dio el pretexto para que estallara la Primera Guerra Mundial...


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