|
|
||
|
VISITA A NUESTROS PATROCINADORES |
![]() |
Si quieres más datos |
Mientras proseguía
implacable la matanza en A Oeste, el Frente Oriental flameaba. El 17 de agosto
de 1914, 200.000 rusos lanzaron una ofensiva contra el ejército alemán de
150.000 hombres en Prusia Oriental, pero el ataque fue realizado ineptamente. Al
soldado raso zarista no le faltaba valor ni resistencia, pero careció de
artillería, de armas modernas y de jefes capacitados.
La «Apisonadora Rusa»
penetró lentamente en Prusia Oriental, pero el 27 de agosto tropezó con
dificultades en Tannenberg, donde una contraofensiva alemana, que duró hasta el
30 de agosto, destruyó literalmente un ejército ruso. El general Erich von
Ludendorff, que dirigía el ataque alemán, repitió la hazaña en los Lagos
Masurianos diez días más tarde. Aproximadamente en un mes de combate los rusos
perdieron entre muertos, heridos y prisioneros casi 150.000 de los 200.000
hombres que iniciaron la invasión de Prusia Oriental. Además de infligir
catastróficas bajas al ejército zarista, los alemanes capturaron 650 piezas de
artillería, lo cual representó un duro golpe para los rusos que en total sólo
disponían de 5.000 armas de esta clase.
Los rusos tuvieron más
fortuna contra los austriacos, más al sur del vasto frente Oriental. En primer
lugar, millares de soldados austrohúngaros eran eslavos y checos, quienes
consideraban hermanos de sangre a los rusos. Bajo el régimen del emperador
Francisco José, habían sufrido persecución y discriminación, y no se sentían
inclinados a combatir con dureza por un monarca despótico. En consecuencia,
muchos de ellos desertaron pasándose a las filas rusas a la primera
oportunidad. Además, el Alto Mando austriaco erró al atacar de frente y a través
de la frontera polaca en un intento de capturar Varsovia. Estas tropas quedaron
atrapadas a descubierto por un ejército ruso de abrumadora superioridad numérica.
En las subsiguientes series de batallas los austriacos fueron aniquilados casi
en su totalidad.
Huyeron en confusa retirada y
los rusos invadieron rápidamente la mayor parte de Galitzia. Empero, los
austriacos consiguieron formar una línea en el río Wisloka y con el apoyo de
refuerzos alemanes precipitadamente movilizados lograron mantener a raya a los
rusos. Hasta finales de año se desencadenaron combates feroces, y la línea
avanzó y retrocedió repetidamente, mientras que las ciudades cambiaban de
manos una media docena de veces.
Los infortunados austriacos
también fueron duramente castigados a manos del rígido ejército servio
mandado por el astuto mariscal de campo Radomir Putnik. Los austriacos habían
atacado Servia al estallar la guerra sólo para acabar ignominiosamente
derrotados en el río Drina durante un combate que duró desde el 12 al 24 de
agosto. Humillados, los austriacos hicieron un desesperado esfuerzo por aplastar
a los servios y lograron tomar Belgrado el 2 de diciembre tras semanas de penosa
lucha en las montañas. Pero los servios no estaban acabados aún. En un
angustioso contraataque que se inició el 3 de diciembre, pusieron en fuga a los
austriacos, recapturaron Belgrado el 16 de diciembre y ahuyentaron al enemigo
completamente vencido.
La victoria fue cara para el
pequeño ejército servio. Perdieron 100.000 hombres entre muertos, heridos,
capturados o desaparecidos. Los austriacos sufrieron asimismo graves bajas.
A finales de 1914, la situación
en el Frente Oriental no era desfavorable, aparentemente, para los Aliados.
Aunque los alemanes derrotaron decisivamente a los rusos en Tannenberg y en los
Lagos Masurianos, las victorias rusas compensaban de las derrotas. Empero, las pérdidas
materiales en armas y equipo rusas casi paralizaron los ejércitos del zar.
Atollada la lucha en las
limitadas operaciones de trinchera en el Frente Occidental, los alemanes
tuvieron la posibilidad de desprenderse de millares de soldados para rendir
servicio contra Rusia. También Turquía había entrado en guerra a favor de
Alemania a finales de octubre. Esto creó nuevos problemas para Rusia. La ruta
Dardanelos-Mar Negro quedaba cerrada para los barcos Aliados. Rusia quedaba prácticamente
aislada de Gran Bretaña y Francia.
La escasez de suministros
rusos, siempre aguda, se volvió precaria a finales de 1914. Si los Aliados no
encontraban la forma de equipar de nuevo a los ejércitos del zar, el futuro de
Rusia se presentaba sombrío. Aunque sus valientes soldados eran leales y
devotos del zar, a quien llamaban «Padrecito», y los recios
soldados-campesinos todavía deseaban morir por «La Santa Madre Rusia», no podían
luchar sin armas. Algunos jefes británicos, entre ellos el primer lord del
almirantazgo, Winston Churchill, consideraron con interés una ayuda a Rusia. A
principios de 1915 Churchill trazó un plan de cuya eficacia persuadió a otros
oficiales influyentes franceses y británicos.
| Galería de imágenes | ||||
|
|
|
|
|
|
![]() |
![]() |
![]() |
||
|
|
|
|
|
|
![]() |
![]() |
![]() |
||
|
|
|
|
|
|
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
||||||||
|
|
||||||||
Reservados todos los
derechos. Prohibida la reproducción parcial o total. Fotomontajes, textos e
imágenes procedentes del archivo del Grupo Editorial Bitácora, Publicaciones
electrónicas. Envíenos un e-mail y solicite autorización.
© Grupo
Editorial Bitácora