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UN EJÉRCITO EN FUGA
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Charles-François du Perier |
En sus memorias habla el
general Dumouriez de un extraño incidente bélico, ocurrido con ocasión de la
ruptura de hostilidades entre los ejércitos francés y austro-prusiano a fines
de abril de1792:
Aquel mismo día y a la
misma hora avanzaba desde Lille el mariscal de campo Dillon y alcanzaba
Bessieux con tres mil hombres, de los cuales cabalgaba un tercio. En esto, un
pequeño cuerpo de ejército austriaco, integrado por ocho o novecientos
hombres, se dejó ver viniendo de Tournay. La caballería del mariscal dio la
misma voz que la de Biron, atravesó las filas de la infantería y siguió
huyendo a galope tendido hasta Lille, después de haber abandonado la
artillería, los carros y los bagajes, a pesar de que ninguna fuerza iba en su
seguimiento. Dillon retornó también a Lille con los fugitivos; pero sus
soldados lo acuchillaron a él y al teniente coronel Berthois, hombre de
brillante historial y de excepcionales aptitudes. Sus cadáveres fueron
ahorcados, y la chusma de Lille se sumó a las desmandadas bandas de aquella
soldadesca cobarde para entregarse a todos los excesos imaginables, a pretexto
de que todos los oficiales eran aristócratas.» Tales son algunos de los
ejemplos clásicos de pánico infundado.
La palabra destinada a
expresar la idea del miedo súbito en las masas viene de los griegos, que la
emplearon por primera vez en el año 490 antes de Cristo. El motivo fue
entonces la fuga desordenada de un ejército persa de cien mil hombres en
Marathon, provocada por la aparición ante ellos de Pan, el dios de los campos
y de los bosques, que llenó de espanto a todos aquellos combatientes.
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