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UN EJÉRCITO EN FUGA


Charles-François du Perier
conocido como Dumouriez
(1739-1823)

En sus memorias habla el general Dumouriez de un extraño incidente bélico, ocurrido con ocasión de la ruptura de hostilidades entre los ejércitos francés y austro-prusiano a fines de abril de1792:  «Avanzaba Biron con sus diez mil hombres para tomar posiciones en las alturas cercanas a Alons, con el fin de atacar esta plaza. Aunque ninguna medida especial había tomado el teniente general ya citado, es lo cierto que contra la inesperada eventualidad que ahora se dio, ninguna hubiera podido tomar tampoco. Dos regimientos de dragones, que ni siquiera habían avistado aún al enemigo, emprendieron la fuga, al correrse la voz de que habían sido traicionados y tenían cortada la retirada. En su huida, provocaron el desconcierto y la desmoralización entre la infantería, a la que arrastraron consigo en la desbandada. Biron, el más joven de los Rochambeau, Lavasseur, el ayudante de Dumouriez, y algunos otros oficiales salieron al paso de los fugitivos, exhortándolos a que se detuviesen y tratando de restablecer sus formaciones. Pero los fugitivos jinetes replicaron con la amenaza y disparando contra ellos. Todo el ejército partió a la desbandada, perseguido tan solo por quinientos o seiscientos ulanos, que saquearon el campamento de Quiévran, los bagajes de Biron y la Caja militar. En el mayor desorden llegaron luego estas fuerzas a Valenciennes, en donde trataron de asesinar al mariscal Rochambeau y a sus generales»

Aquel mismo día y a la misma hora avanzaba desde Lille el mariscal de campo Dillon y alcanzaba Bessieux con tres mil hombres, de los cuales cabalgaba un tercio. En esto, un pequeño cuerpo de ejército austriaco, integrado por ocho o novecientos hombres, se dejó ver viniendo de Tournay. La caballería del mariscal dio la misma voz que la de Biron, atravesó las filas de la infantería y siguió huyendo a galope tendido hasta Lille, después de haber abandonado la artillería, los carros y los bagajes, a pesar de que ninguna fuerza iba en su seguimiento. Dillon retornó también a Lille con los fugitivos; pero sus soldados lo acuchillaron a él y al teniente coronel Berthois, hombre de brillante historial y de excepcionales aptitudes. Sus cadáveres fueron ahorcados, y la chusma de Lille se sumó a las desmandadas bandas de aquella soldadesca cobarde para entregarse a todos los excesos imaginables, a pretexto de que todos los oficiales eran aristócratas.» Tales son algunos de los ejemplos clásicos de pánico infundado.

La palabra destinada a expresar la idea del miedo súbito en las masas viene de los griegos, que la emplearon por primera vez en el año 490 antes de Cristo. El motivo fue entonces la fuga desordenada de un ejército persa de cien mil hombres en Marathon, provocada por la aparición ante ellos de Pan, el dios de los campos y de los bosques, que llenó de espanto a todos aquellos combatientes.


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