CROMWELL: EL HOMBRE QUE MATÓ A UN REY
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«El aire se vuelve cada vez más sutil alrededor del protector, cada vez más glacial... Ya hace tiempo que su alcoba cambia de lugar noche tras noche, día y noche apuntan a su odiada cabeza los puñales y las balas de sus enemigos. White-hall queda cortado de la población de Londres mediante espesas cadenas de centinelas, las salas fantasmalmente vacías del silencioso palacio real rodean al todopoderoso gobernante como un espacio vacío de aire...»
Así describe un cronista los últimos días del dictador Oliver Cromwell. Desde hace algún tiempo el jefe del estado, vencedor de batallas y pretendido elegido de Dios toma opio para insensibilizarse, para adormilar a partes iguales el dolor físico y su conciencia.
El 3 de septiembre de 1658 -el aniversario de sus grandes victorias de Dunbar y Worcester- toda Inglaterra está sometida a una terrible tempestad que arranca los tejados de las casas, desarraiga árboles, lanza a tierra pesados barcos y mata incontables personas. El pueblo supersticioso murmura que el salvaje ejército ha venido a buscar el alma del mal viejo de Whitehall.
Esa noche murió, sin ningún amigo, Oliver Cromwell, lord protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Le sucedió su hijo Richard; mas pronto el ejército obligó a ese hombre débil a volver a convocar el parlamento y después a disolverlo de nuevo. Richard dimitió.
Desde Escocia vino con sus tropas a Londres el general Monk, un antiguo compañero de armas de Oliver Cromwell, y convocó un nuevo parlamento que puso en el trono, bajo el júbilo del pueblo, al rey Carlos 11. Escocia e Irlanda no dudaron en rendir vasallaje al rey Estuardo.
Sin embargo, casi nada se mantenía como antes del tiempo de Cromwell. El nuevo rey reconoció después de su nombramiento por la cámara alta y la baja tanto la Magna Charta (es decir la «gran carta de la libertad» de 1215) como la Petition of Rights y todos los derechos adquiridos en el entretiempo tanto por el parlamento como por la iglesia episcopaliana. Inglaterra, compuesta de los tres reinos de Bretaña, Escocia e Irlanda y la nueva potencia marítima y colonial, se encaminaba al siglo XVIII con una forma estatal nueva.
Oliver Cromwell había nacido en 1599 en Huntington, hijo de un pequeño noble rural, y no alcanzó nunca una formación que excediera de lo más elemental. Por el matrimonio se convirtió en un hombre tan rico que a los 29 años se le eligió para el parlamento. Entró en una de las etapas más agitadas de la historia inglesa. Los reyes Estuardos Jacobo I y Carlos I eran católicos e intentaron el establecimiento de una monarquía absoluta. Rodeados de caballeros adornados como petimetres, la nobleza arrogante, hundidos en el despilfarro, los placeres, de la caza y una corte costosísima, intentaban imponer tributos y leyes arbitrarias a un pueblo mayoritariamente protestante tendente a un severo puritanismo, sencillez paleocristiana e incluso una fraternidad comunista. Puesto que aquel intento iba aparejado con el restablecimiento de formas de creencias y de ritos católicos, se formaron asociaciones protectoras como el “Covenant” para el mantenimiento de la religión pura (puritana) contra la infiltración papista y el parlamento pronunció “Bills of Rights”, peticiones de derecho.
Durante este enfrentamiento, el rey se atrevió a iniciar la guerra contra los presbiterianos escoceses y exigió al pueblo, en consecuencia, todavía más impuestos.
Mientras tanto se había reunido en 1640 el “parlamento largo”, dominado por puritanos estrictos como Pym, Hampdon y el rústico Oliver Cromwell, increíblemente firme sobre la Biblia. En lugar de conceder subsidios al depravado trono real, ese parlamento se puso de acuerdo con los escoceses levantiscos y denunció los altos consejeros y cómplices del rey. Se había hecho inevitable la guerra civil abierta entre los “cabezas redondas” representados por el parlamento -la baja nobleza, la burguesía y el campesinado- y los “caballeros”. Cromwell pone en pie de guerra un nuevo ejército para el parlamento. En su enganche le era tan importante la capacidad combativa como el severo puritanismo. “¡Confiad en Dios y mantened seca la pólvora!” era su lema. Así surgió un ejército popular.
Cromwell ganó, de este modo, el 14 de junio de 1645, la batalla de caballería de Naseby y conquistó la monárquica Oxford. El 17 de agosto de 1648 venció en Preston, en el Lancashire, a los escoceses que invadían Inglaterra. El rey cayó prisionero, y el 2 de diciembre de 1648 el general parlamentario Fairfax entró en Londres, donde el ejército bajo las órdenes de Cromwell “purgó” a su vez el parlamento y lo convirtió en un “parlamento corto” de su propio partido.
A principios de enero de 1649, el rey fue juzgado y condenado por puritanos irreductibles -hay que tener en cuenta que entre los miembros del tribunal se contaban no menos de 10 parientes de Cromwell. El 30 de enero de 1649 tuvo lugar en plena calle delante del palacio real de Whitehallla ejecución de Carlos I.
Los puritanos habían esperado que el pueblo saludaría la república con júbilo, mas se equivocaron. Escoceses, realistas y presbiterianos, católicos e irlandeses se agruparon más estrechamente e intentaron la entronización de Carlos II. Cromwell desembarcó primero en Irlanda. Llegaba a un país católico de millón y medio de habitantes. Los puritanos asaltaron las fortalezas, masacraron las guarniciones, incluidas mujeres y niños, atravesaron el país saqueándolo e incendiándolo. Cuando Cromwell abandonó el país, al cabo de nueve meses, Irlanda contaba con apenas un millón de habitantes. Había sembrado tanto odio, que las cosechas hoy no se han agotado todavía. El «férreo» se lanzó entonces contra Escocia, venció sus ejércitos, destruyó monasterios, abadías e iglesias.. En 1653 volvió, vencedor, a Londres, donde apareció con sus «costados de hierro» (ironsides) en el parlamento. Los soldados echaron a la calle a los representantes del pueblo.
El mismo tomó, con el nombre de lord protector, todos los poderes del país. La guerra civil había terminado. También en la guerra naval contra Holanda (1652-1654) venció Cromwell. En el interior de Inglaterra colaboró a la victoria del severo puritanismo. En los primeros nueve meses de su gobierno promulgó 82 leyes: codificación del derecho civil, reorganización de hacienda, reforma de la legislación de los pobres y de la administración.
Le preocupaba mucho el mantenimiento de las buenas costumbres y las formas bíblicas. Tenía a su lado fanáticos como aquellas gentes del parlamento corto que habían elegido sus propios nombres para manifestar su fidelidad a la Biblia: Ezequiel Huesosdemuerto. Jeremías Temelpecado, Afírmatenlafé, Loadiós Firmenlabiblia y otros por el estilo. El pueblo tenía cada vez más motivos para murmurar por la severidad de las costumbres.
En sus últimos años, Cromwell se vio obligado a dominar el pueblo y el parlamento con los mismos medios de poder que había echado en cara a la realeza.
Pero habían ocurrido cosas que nadie podía borrar. Un rey había sido acusado, juzgado y ejecutado por su pueblo; las ideas de derechos civiles, soberanía popular y libertad no sólo se habían expuesto en teoría, sino incluido en la ley.
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