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LA GUERRA DE COREA - SEGUNDA PARTE |
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Memorial Guerra de Corea |
Una
cabalgada hasta Manchuria
El Ejército norcoreano fue el que conoció entonces la desmoralización y los problemas; la guerra no había acabado el 15 de agosto como prometió Kim II Sun. El 8 de septiembre el teniente general Kan Kon, el más popular de sus generales, murió al pisar una mina; además, sus tropas se replegaban hacia el paralelo 38. Había problemas de alimentación. vestuario y escasez de armas y municiones; la mayoría de tanques y piezas de artillería habían sido destruidos. A finales de septiembre. unidades enteras del Ejército rojo se hundían, pues la huida era casi imposible, y sólo algunos núcleos de francotiradores se refugiaron en los monetes Chiri.
La Primera División de Caballería americana
cubrió 170 kilómetros en tres días, desde Pusan hasta Suwon, donde los
hombres del Octavo Ejército se dieron la mano con los del Décimo Cuerpo,
procedentes del desembarco de Inchon. a los 11 días de éste y a los 4 de la
orden general de avance dada por Walker.
Llegó entonces la hora de Seúl, que entre los días 25 y 28 de septiembre fue escenario de una lucha casa por casa. Las bocacalles habían sí do cerradas por barricadas y en todos los sitios se habían colocado minas antitanques, mí entras que desde las ventanas los tiradores especiales disparaban sobre el que se acercara. La aviación, los zapadores, los carros y los lanzallamas realizaron una labor de limpieza en la que más de la mitad de la ciudad quedó en ruinas. El 29 se celebró en el Parlamento un acto solemne en el cual Mac Arthur ofreció a Singman Rhee la capital de Corea, pronunciándose parlamentos encendidos. El general solicitó que los presentes rezaran con él el Padre nuestro y acabó abrazando al presidente coreano, que lloraba a lágrima viva. Era la hora de la victoria, y por todas partes llovían los plácemes; nadie reparó en las declaraciones de Chu En Lai, el ministro de asuntos exteriores de China, que el día 30 afirmó: «El pueblo chino no tolerará ninguna agresión extranjera y no permanecerá pasivo ante la salvaje invasión de un pueblo por los imperialistas».
El mismo día Mac Arthur recibió permiso para cruzar el paralelo 38 y acabar con el Ejército norcoreano; las tropas del Sur ya habían cruzado el invisible limite y Rhee declaró: “Llegaremos hasta el Yalu y las Naciones Unidas no podrán impedirlo”. En la ONU y en las cancillerías de las grandes potencias estallaron un sinfín de intrigas. El esfuerzo bélico originó la reactivación económica del Japón y todos querían participar en el nuevo mercado. La prensa china inició una campaña insultante contra los Estados Unidos.
El
1 de octubre las fuerzas sudcoreanas cruzaron el paralelo 38 persiguiendo a sus
enemigos. El día 2, Chu En Lai advirtió que si los norteamericanos penetraban
en Corea del Norte, China intervendría y el 7 los norteamericanos cruzaron a su
vez el paralelo al tener noticias de los movimientos de tropas chinas. El día 8
la Asamblea general de la
ONU autorizó a los
cascos azules a cruzar al paralelo 38 y el avance por el territorio de Corea del
Norte, se realizó a razón de 25 kilómetros diarios. No faltó tampoco la típica
arenga de un general de las fuerzas del Sur: “lavaremos nuestras espadas en
las aguas del rio Yalu”. Los vencedores fueron bien recibidos por la población
civil, pero los rojos se habían llevado consigo a todos los hombres capaces de
manejar un fusil.
A
medida que progresaban las fuerzas “azules” hacia la ciudad de Pyong Yang,
fue- ron apareciendo problemas de abastecimiento -el puerto de Inchon resultaba
insuficiente- y ciertos celos profesionales entre el X Cuerpo y el VIII Ejército.
La ONU aprobó, el 2 de octubre, un ambiguo documento sobre la reunificación:
suspensión de hostilidades, evacuación de fuerzas, elecciones en todo el
territorio para establecer un gobierno único e independiente, etc. Como todos
los documentos cargados de buenas intenciones inspiró al observador un “Sí,
¿pero cómo?”
Lin
Píao, al mando de un ejército chino, se había aproximado a la frontera
coreana y el 16 de octubre el IV Ejército de Campaña de la República Popular
China empezó a cruzar el río Yalu. Mac Arthur había efectuado un desembarco,
seis días antes, en Wonsan con el X Cuerpo, para agilizar el penoso avance de
las fuerzas de tierra. El “Missouri”, tos portaaviones «Leyte Gulf»,
“Philippines Sea”, cruceros, destructores, transportes y
minadores: hasta un total de 250 barcos participaron en la operación.
Toda el área estaba infectada de minas rusas que habían sido colocadas por
pescadores desde juncos y sampanes en el légamo del fondo. Los bombardeos aéreos.
las cargas de profundidad. los cañonazos resultaron poco efectivos y varios
minadores se fueron a pique: los «Pledge» y «Pirate». estadounidenses. con
13 muertos y 87 heridos: uno japonés y otro sudcoreano. La limpieza del puerto
duró más de 15 días: el 13 de octubre llegaron por tierra fuerzas de la
División sureña y hasta el 26 no pudo desembarcar el grueso del X Cuerpo. El
avance era entonces arrollador: se realizó otro desembarco en Iwon, y, para
acercarse al Yalu, por el frente se desparramó el I Cuerpo de la República de
Corea, el VIII Ejército y el X Cuerpo (USA).
En
la tercera semana de octubre se inició el asalto a la capital de Corea del
Norte por las fuerzas “azules”, que el 19 se apoderaron del arrabal Sur, en
el que se encontraban numerosas estatuillas de Stalin y un gran depósito de
material ruso. Las fuerzas norcoreanas se rindieron en masa. Kim II Sung y su
gobierno huyeron a Sinuiju, a orillas del Yalu, y seguían apareciendo cadáveres
de prisioneros. Fuerzas sudcoreanas alcanzaron el río Yalu. por Chosan, el 26
de octubre. Pero el mismo día se inició la contraofensiva del Ejército chino.
La
situación creada allí nos recuerda a la del Norte de África durante la II
Guerra Mundial, en la que las tres ofensivas de Graziani y Rommel fueron
seguidas de otras tres contraofensivas por los ingleses -entre 1940 y 1943-
hasta el triunfal avance de Montgomery.
El
1 de noviembre, el II Cuerpo de Ejército de Corea del Sur se desfondó
ante el empuje chino y tuvieron que contraatacar por Sinuiji una brigada
australiana y la “Task Force Smith”, la primera unidad de intervención
estadounidense que desembarcó en Pusan. El mismo día los “Mig-15”
ametrallaban por primera vez a los norteamericanos y la I División de Caballería
de los EE.UU. rechazó ataques de infantería y caballería chinas, esta última
con caballitos mongoles. Los aviones y cañones chinos intensificaron su
intervención. Mac Arthur publicó un comunicado, el 5 de noviembre, dando al Ejército
norcoreano por extinguido y hablando de la agresión china.
Mac Arthur y Truman se habían
entrevistado, el 15 de octubre, en la isla de Wake: hubo sonrisas y
condecoraciones -las malas lenguas de la ribera del Potomac hablaron de simple
finta preelectoral ya que en noviembre se renovaba la mitad de la Cámara
estadounidense-. El primero quería una guerra hasta la destrucción total del
enemigo; el segundo, un conflicto limitado en el marco de las resoluciones de
las Naciones Unidas.
El
vencedor de Filipinas, Japón y Corea pidió 90 bombarderos «B-29», para
atacar los puentes sobre el Yalu, pues los aviones chinos tenían bases en
Manchuria y se habían instalado baterías antiaéreas al otro lado de la
frontera. Mac Arthur hablaba según la necesidad militar, pero Truman temía que
una nueva escalada condujera a la III Guerra Mundial y propuso una zona
neutralizada a ambos lados del Yalu.
El
Ejército chino permaneció inmóvil durante estas idas y venidas y el 24 de
noviembre Mac Arthur lanzó un nuevo ataque para intentar descubrir las
intenciones del enemigo. que había realizado una indetectada marcha de
aproximación nocturna hasta el frente. Las fuerzas de la ONU, a las que se había
unido diversos destacamentos expedicionarios. contaban con 230.000 ; soldados y
los chinos con 300.000.
El
avance fue muy rápido y en algunos puntos se llegó a la orilla del río, pero
el ala Este -correspondiente a las fuerzas surcoreanas- apenas se movió y ahí
fue donde los chinos asestaron su primer y demoledor golpe. El día 26 el
peligro de que las fuerzas de los EE.UU. quedaran embolsadas obligó al
contraataque de los 5.000 miembros de la Brigada turca, que cargaron a la
bayoneta; al día siguiente, tuvieron que resistir un ataque general de los
chinos. La ofensiva que iba a acabar con la guerra se convirtió en una carnicería,
y todo el VIII Ejército tuvo que replegarse. Una columna formada por los
restos de la II División de los EE.UU. y la Brigada turca se retiró en
camiones, el 1 de diciembre, en dirección a Sunchón y al llegar a un
desfiladero de 400 metros de largo, una división china la acribilló desde las
laderas. Los Mig arrojaban napalm y la artillería despanzurraba los camiones,
mientras la aviación yanqui trataba de mantener alejadas de los camiones a las
compañías chinas. Al anochecer, el efectivo de la columna, que era de 7.000
combatientes, había sufrido ya 3.000 bajas, y todos los alrededores parecían
un paisaje lunar por los cráteres. Una columna británica consiguió
rescatarlos y el día 2 fueron retirados del frente.
La
primera División de Marines se vio rodeada en la meseta de Koto-ri por siete
Divisiones chinas, y con temperaturas de 37 grados bajo cero de noche y 15 al
mediodía. El servicio secreto habrá fallado ya que no se había detectado la
llegada del Ejército chino a la zona de combate. Se impuso el repliegue
general, y empezó la tercera debacle en cinco meses. Mac Arthur pidió las
fuerzas de Chan Kai Chek y permiso para bombardear el “santuario de
Manchuria”, pero la Comisión Nacional de Defensa norteamericana no llegó a
ningún acuerdo. Los ingleses, pensando en Hong Kong, recomendaron prudencia a
Truman, y la insinuación de éste de utilizar la bomba atómica provocó un auténtico
escándalo internacional. Los chinos descendían a pleno día por las cañadas
coreanas, y por la noche llevaban los faros encendidos, pese a los ataques aéreos.
Tendrían 33.000 bajas.
Pyong
Yang fue evacuada y equipos de demolición iban dinamitando todo lo destruible,
aplicándose la táctica de «tierra quemada»; también hubo ejecuciones sumarías,
pero recibieron menor tratamiento propagandístico. Las últimas fuerzas fueron
salvadas por vía marítima. De la I División de Marines únicamente 670
soldados lograron llegar a las filas norteamericanas, y la marcha hacia el
puerto de Hungnam se convirtió en un repliegue épico con combates cuerpo a
cuerpo a 30 grados bajo cero. En el «perímetro de Ungnam» se construyó un
puente cuyas piezas de 1.100 kilos fueron arrojadas en paracaídas. Se produjo
allí un pequeño Dunkerque, protegido por un acorazado, doce cruceros, siete
portaaviones y numerosos barcos menores. Los 105.000 hombres del X Cuerpo,
91.000 refugiados, 17.000 vehículos y 350.000 toneladas de material fueron
sacadas por vía marítima de aquella trampa.' El 23 de diciembre moría el
teniente general Walton Walker, jefe del VIII Ejército, al chocar su vehículo
con un camión; fue sustituido por Mathew Ridgway, un veterano combatiente de
Sicilia y Normandía. Las fuerzas de los quince países se distribuyeron en las
siete divisiones estadounidenses, formándose
además la 1 División de la
Comonwealth.
El
nuevo general jefe tenia un efectivo de 350.000 hombres y debía enfrentarse a
los 485.000 de Lin Piao y a 12 divisiones norcoreanas. El año acabó con una
imparable ofensiva china en torno a Seúl, que sufrió la política de tierra
calcinada, como Inchón. Wonju fue evacuada el lO de enero de 1951 y sólo
entrar los chinos, las superfortalezas volantes B-29 la redujeron a escombros.
Se estabilizó entonces provisionalmente el frente y el Pentágono pidió a Mac
Arthur que se volviera a encerrar en el perímetro de Pusan. El general les
respondió con un incendiario informe recordando que los objetivos militares se
habían subordinado a los intereses políticos y que no se había utilizado todo
el potencial que se poseía, especialmente por la no intervención de las
fuerzas de Chang Kai Chek.
La
caída de un emperador blanco
La
Asamblea General de la ONU proseguía con sus resoluciones pacificadoras. el
frente estaba semiparalizado y los marines se dedicaban a limpiar la retaguardia
de guerrilleros. El 9 de enero, el Pentágono dio a conocer su respuesta: acción
limitada de resistencia en Corea y aplicación de la política de la ONU.
De
nuevo atacó el VIII Ejército y se produjo un avance moderado hacia Seúl, pero
el contraataque chino fue demoledor y el batallón francés y un regimiento
yanqui quedaron asediados en medio de sangrientos choques. Se frenó la ofensiva
china y Lin Piao fue destituido. En marzo se registró una ofensiva general de
los cascos azules y el día 14 Seúl cambió de manos por cuarta vez. Pero la época
de las grandes ofensivas había acabado y los sangrientos combates se traducían
en pequeñas ganancias territoriales.
Los
políticos republicanos acusaban en Washington: «Si no estamos en Corea para
ganar... Truman debe responder del asesinato de millares de jóvenes». Mac
Arthur se negó a negociar un armisticio que se estaba cociendo entre
bastidores, y una carta suya, leída en el Congreso, terminaba diciendo: «Hace
falta que ganemos, pues nada reemplaza a la victoria».
Los
viejos enemigos del general y los incondicionales del presidente hicieron frente
común y se nombró comandante en jefe en Extremo Oriente a Ridgway. Mac Arthur
se enteró en una recepción y exclamó: «Janny. por fin podemos volver a casa».
En Estados Unidos estalló una tormenta política sin precedentes. Su regreso al
hogar dio lugar a numerosos homenajes e inacabables controversias sobre la «guerra
Truman».
El
frente se había estabilizado
entre Wonsan y Yonchon,
superando el paralelo 38 en varios lugares. El día 3 de mayo se produjo una
nueva ofensiva china, detenida por la enorme capacidad de fuego de los azules, y
que se saldó con enormes pérdidas para los rojos. Al mes siguiente se
iniciaron conversaciones de paz en la casa de té de Kaesong, que se
suspendieron el 23 de agosto.
El
general Van Fleet contaba con 586.000 hombres, frente a unas 60 divisiones; tal
acumulación de fuerzas en un espacio tan pequeño dio una cifra de bajas
aterradora.
En
agosto hubo violentísimos combates y una nueva derrota china, pero las
oscilaciones de la línea de frente se limitaban a 5 o 10 kilómetros. El 25 de
octubre se reiniciaron las conversaciones de Panmunion, y el 27 de noviembre se
firmó un pequeño armisticio de 30 días, que ambas partes aprovecharon para
reforzar sus ejércitos. El de la ONU alcanzó un efectivo de 850.000 hombres y
se inició entonces una auténtica guerra de trincheras. Durante un mes la
aviación norteamericana de dedicó a machacar
las carreteras que bajaban de
Manchuria: era la «Operación estrangulamiento».
La
conferencia de paz fue un inmenso festival de bizantinismos, rizadas de rizo y tácticas
dilatorias. EE. UU. propuso el canje de 35.000 prisioneros al mes y los
norcoreanos contraofertaron
5.000. La campaña presidencial
norteamericana obtuvo un buen suministro de invectivas del arsenal de Corea,
y el general Mark Clark, otro
veterano de la II Guerra Mundial, fue nombrado, en mayo de 1952, nuevo general
en jefe del Extremo Oriente. El año 1953 fue el de la paz. Eisenhower la
deseaba y el 2 de febrero se consiguió la neutralización del estrecho de
Formosa. El 5 de marzo fallecía Stalin, y el comunismo internacional se iba a
ver conmovido por los problemas que planteaba su herencia. Todo ello provocó
una cierta liberalización diplomática.
En
las conversaciones de paz menudeaban las acusaciones: los norcoreanos afirmaban
que EE.UU. había practicado la guerra bacteriológica, y los delegados yanquis
presentaban el caso del lavado de cerebro a los aviadores prisioneros.
El
23 de junio 500 aviones destruyeron la central eléctrica de Suhio sobre el río
Yalu, y el 29 Pyong Yang fue arrasada a consecuencia de las 1.403 salidas de la
aviación yanqui. Se habló de que pilotos rusos se encontraban a bordo de los
Mig, pero no llegó a confirmarse. Hubo todavía diversos ataques y
contraataques, pero en los últimos días de la guerra las lluvias monzónicas
inundaron el territorio y paralizaron las operaciones.
Más
de treinta meses después de iniciado el conflicto, se firmó la paz, a las 22
horas del 27 de julio de 1953, y se inició una dura posguerra plagada de
incidentes, tensiones e inestabilidad en la zona sur.
Las
bajas fueron enormes debido a las armas empleadas. ultramodernas, la cruel- dad
de las represalias y el amontonamiento de grandes efectivos en un pequeño
espacio. Se calcularon unos 9.200.000 muertos en el conflicto, de los que 5
millo- nes correspondieron al Sur y 4.200.000 al Norte; los norteamericanos
confesaron 25.000 muertos en la «Korean War».
Habíamos
hablado de paralelismos con la guerra de España, ahí van algunos: intromisión
extranjera en ambos bandos; intervenciones pacificadoras de los organismos
internacionales que acababan favoreciendo a los anticomunistas declarados;
numerosas pérdidas entre la población civil... Tal vez la similitud más clara
sea la de campo de pruebas de nuevas armas: cohetes, aviones a reacción,
uniformes de abrigo, guerra psicológica, bombas incendiarias, etc. Corea fue el
banco de experimentación de la Tercera Guerra Mundial, con la salvedad de que
ésta no llegó a estallar.
En
1960 el «viejo terrible» Syngman Rhee fue destituido por los militares a causa
del terrible desgaste político sufrido por su régimen, que se enfrentó
durante toda la primavera con los estudiantes y los reprimió de forma
sangrienta.
El
nuevo presidente Park prosiguió la labor de reconstrucción económica de Corea
del Sur, con la ayuda económica de los Estados Unidos, y se originó un
crecimiento acelerado y un tanto
descontrolado. En las ciudades,
actualmente, son visibles los lujosos automóviles de importación y los
miserables carritos de mano. La tasa de natalidad es vertiginosa: de los 8
millones que tiene Seúl, dos tercios han nacido con posterioridad a 1960. La
prostitución, en un país con fuertes guarniciones militares, es una industria
como otra cualquiera.
Corea,
hoy
Los
problemas psicológicos derivados de la gran movilidad social han alcanzado a la
sociedad surcoreana antes que el desarrollo industrial y el bienestar económico.
Las cifras de divorcio, hijos ilegítimos, suicidios, etc., han llegado
a cotas escandinavas. Pero la
agricultura ocupa todavía el 40% de la población activa y representa el 21 %
del producto nacional bruto. Se
han conseguido dos objetivos
durante largo tiempo perseguidos: la electrificación del campo, y la
autosuficiencia en arroz, gracias a una reforma agraria técnica que ha
concentrado los pequeños predios familiares y ha permitido la mecanización de
las labores. En general se reconoce que el régimen de Park ha acabado con el
analfabetismo y el hambre que aún mataba a muchos coreanos a finales de los años
cincuenta. (Téngase en cuenta que este artículo fue publicado en originalmente
en noviembre de 1980) nota de Armagedón.
Al
concluir el servicio militar, los jóvenes no regresan a su domicilio
pueblerino, y las hijas huyen a la ciudad para
casarse o colocarse de alguna
manera. Los viejos caciques de los pueblos han perdido todo su poder social y
político. Las tensiones políticas y la lucha por el poder se han trasladado a
las capitales.
La
inflación se calculaba, a principios del año en curso, en un 30%, mIentras que
las exportaciones habían perdido fuerza competitiva en el mercado
internacional. Se vive ahora en una situación de transición después del
asesinato del presidente Park a manos del jefe de la CIA. Los hombres de
negocios extranjeros han acudido a los hoteles de Seúl a la búsqueda de las
oportunidades que ofrece la nueva situación. Una parte de la opinión pública
surcoreana desearía que se investigaran las grandes fortunas formadas en
circulo s próximos al fallecido presidente Park.
Otra
componente de la política de Park fue el acercamiento al Japón; a pesar de los
malos recuerdos de la ocupación nipona, no en vano él se formó en una
academia militar japonesa en Manchuria y su política de despotismo ilustrado se
habría inspirado en la “Restauración de Meíji” a partir de 1868. El
capital nipón contribuyó a formar algunas grandes compañías surcoreanas.
Los
coroneles recibieron dinero del mundo de los negocios para realizar brillantes
carreras políticas en el seno del partido republicano-demócrata. Por ejemplo,
Kim Jon-pil antiguo coronel de la junta militar que sucedió a Rhee, está
considerado como el hombre más rico de Corea y ha sido el creador de auténticos
imperios comerciales. Se calcula que en el país hay 500 grupos industriales y
comerciales importantes que reciben el nombre de «jaebol», equivalente al «trust»
americano; unos 20 nacieron en los años cincuenta. El llamado «las tres
estrellas» ha pasado de ser una simple refinería de azúcar en 1953 a una
vasta organización que llega a todos los campos de la economía. En el mundillo
de la bolsa de Seúl se comenta que las primeras ganancias del propietario
fueron los descarados márgenes
comerciales que le permitían
por pertenecer al partido liberal y al círculo íntimo de Síngman Rhee. Entre
1960 y 1965 estos grupos realizaron
grandes especulaciones en bolsa,
y a partir de 1965 fue la especulación de terrenos, con la ayuda del Estado, la
fuente de su riqueza. Otros grupos se han enriquecido con el contrabando vía
Macao y con la venta de suministros al Ejército norteamericano durante la
guerra de Vietnam.
El
gobierno surcoreano envió durante la guerra del Vietnam algunos regimientos en
apoyo de las fuerzas norteamericanas en aquel país. La actuación de estas
fuerzas se distinguió por su especial dureza, en una guerra
no excesivamente blanda. La
crisis actual, a los 30 años de inicio de la guerra, parece ser la consecuencia
lógica del desarrollo salvaje de la economía coreana, que ha ido creando una
fuerte tensión en los sectores sociales menos favorecidos. Un ejército
hipertrofiado y una frontera siempre en armas, junto a la enorme penetración
política, económica y militar estadounidense, son factores a tener en cuenta
en cualquier evolución de la crisis. Prescindiendo de la acción o de los
agentes comunistas, el panorama social coreano, tiene los suficientes factores
de explosividad para que hecho como la sublevación, y la posterior sangrienta
represión, de la ciudad de Kwangju, sean perfectamente explicables en el
contexto actual.
JUAN PEDRO YÁNIZ RUIZ
Extractado
de Historia y Vida. Núm. 152
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