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LA GUERRA DE COREA - PRIMERA PARTE |
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Memorial de la Guerra de Corea |
Los rayos de sol, que iban
despejando las penumbras de la amanecida, saludaban una escuadra que
navegaba a toda máquina por el Mar Amarillo. La «7ª Joint Task
Force» estaba compuesta por los cruceros «Toledo» y «Rochester» y
los destructores «Gurke», «Henderson», «Collet», «Swenson», «De
Haven» y «Mansfield», norteamericanos; y los cruceros británicos
«Kenya» y «Jamaica».
La flotilla estaba comandada por el contraalmirante
estadounidense John Higgins, que acercó sus buques hasta diez millas
de la fortaleza de Wolmido, en la costa coreana, y mientras los
cruceros realizaban un fuego de cobertura, los destructores penetraban
en el canal de acceso al puerto de Inchón para hacer saltar las minas
del conducto acuático a cañonazos. El avance duró varías horas,
pero toda la flota estaba concentrada frente a la fortaleza del «Cuerpo
de la Luna» y la cañoneó a placer: en los 60 minutos que duró el
combate, la reacción de la defensa costera fue muy débil y los
estadounidenses únicamente sufrieron un muerto y ocho heridos. Inchón
es el puerto de la capital coreana, Seúl, aunque se encuentre a 35
kilómetros; es una península rodeada de zonas pantanosas, en las que
se registra una diferencia entre la pleamar y la bajamar de más de
ocho metros y medio, cambiando las mareas cada 10 minutos. Tiene un
aeródromo y numerosos depósitos
de víveres y municiones. y por su tráfico está considerado como el
segundo puerto del país.
Al día siguiente, 14 de septiembre de 1950, las
fuerzas navales y las aéreas volvieron a bombardear la fortaleza y el
canal de «Pez volador». Con el declinar del día una formidable
escuadra combinada. en la que se encontraban transportes de tropas, se
fue acercando a la castigada península.
Varias semanas de discusiones, en las que tuvo que
emplear a fondo su proverbial testarudez, costó al general Mac Arthur
poner en marcha la operación anfibia. Hubo de luchar con reticencias
burocráticas y algunos antiguos rivales, bien colocados en el
organismo del Pentágono, para conseguir una división de marines
-formada con veteranos de Guadalcanal y Okinawa- y la VII de Infantería,
que formaba el X Cuerpo USA. El proyecto consistía en saltar contra
la retaguardia enemiga, al norte del Paralelo 38, en el momento en que
as fuerzas norcoreanas acosaban a norteamericanos y coreanos del Sur
en el llamado perímetro de Pusán, de espaldas al mar, en el extremo
Sur-oriental de la atormentada tierra coreana. El prestigio y la
voluntad del vencedor de Filipinas consiguieron vencer todos los obstáculos.
El servicio secreto lanzó agentes en la retaguardia enemiga y pese a
las indiscreciones de políticos y diplomáticos, se consiguió un
considerable efecto sorpresa. El tifón «Kezia» desvió su ruta en
el último momento y no obstaculizó al convoy de desembarco.
Una invasión tipo Normandía
Muy en la tradición del desembarco de Normandía, las
zonas de invasión se habían bautizado con el nombre de «playas»:
la Roja, al norte de la isla del Cuerno de la Luna; la Verde, en la
famosa fortaleza; y la Azul, al sur. Los cruceros y destructores de
escolta abrieron fuego a las 5.45 del 15 de septiembre y 37 minutos
después las lanchas de desembarco, con los más famosos infantes de
Marina del mundo, partieron hacia sus objetivos.
La machacada guarnición de la fortaleza, ya entonces
con 120 muertos y 180 heridos, ofreció muy escasa resistencia a los
marines, que únicamente sufrieron una veintena de heridos. Desde el
«Mount McKinley», Mac Arthur seguía las operaciones. El desembarco
en las otras playas resultó bastante más peliagudo: en la Roja los
marines tuvieron que asaltar un dique de 300 metros mediante escalas
de garfios, bajo el fuego del enemigo. La flota de acompañamiento cañoneaba
las columnas de refuerzo norcoreanas y una lancha de desembarco se
estrelló contra el dique.
El extremo Sur de éste, era la playa Azul, y fue
volado por los asaltantes con cargas de dinamita, iniciándose con
rapidez la penetración hacia el interior; la reacción norcoreana fue
bastante desordenada, tal vez por las maniobras diversivas montadas
por los estadounidenses en el sector de Pusán y algunos lugares de la
costa norcoreana. El 16 de septiembre, el VIII Ejército inició
una contraofensiva en el sector de Pusán y los marines iniciaron una
marcha sobre Seúl. El dispositivo general de las tropas comunistas
empezó a replegarse hacia el Norte y graves problemas de armamento y
logística aparecieron en los ejércitos de la República Popular de
Corea. Un rastro de violencia sobre los vencidos comenzó a ser
descubierto por las tropas de la ONU en su avance: en Sanchón fue
incendiada la cárcel con 280 detenidos en su interior; cerca del aeródromo
de Taejón encontraron 500 cadáveres de soldados surcoreanos con un
tiro en la nuca, y en la misma ciudad hubo 7.000 muertos civiles, 17
soldados del Sur y 40 norteamericanos. Mokpo, Kongju, Anui, Hamyang,
fueron cuentas del largo rosario que los grandes medios de información
yanquis se apresuraron a explicar al mundo. La aviación
estadounidense fue abriendo paso a sus fuerzas con bombardeos de
Napalm; por un trágico error, se alcanzó un batallón de la 27
Brigada británica, que sufrió 89 muertos, cerca de Songju.
El problemático Paralelo 38
Como tantos otros desastres contemporáneos, la
inestabilidad coreana (ejecución de un jefe de la CIA surcoreana;
golpe de estado en Seúl; revuelta en la ciudad de Kwangju; amenazas
de intervención del Norte y portaaviones de los EE.UU. patrullando
por las aguas coreanas -«en misión de paz»-), se originó en las
diversas conferencias de reparto que los «grandes» celebraron en el
curso de la II Guerra Mundial, para con- seguir la felicidad universal
a partir de la rendición incondicional de las últimas fuerzas del
Eje.
En la Conferencia de Potsdam, en julio de 1945, se acordó que los rusos
aceptarían la rendición de las fuerzas japonesas de guarnición al
norte del Paralelo 38 y los norteamericanos la de las guarniciones
niponas, situadas al sur de aquella línea imaginaria. Nada más. Los
detalles sobre administraciones provisionales y procesos políticos
hacia la unificación y reconstrucción política de la nación
coreana quedaban al albur de lo que decidieran unas comisiones «ad
hoc» que deberían formarse en tiempos venideros, contando siempre
con que prosiguiera la buena inteligencia entre políticos soviéticos
y yanquis.
Una conferencia de ministros de Asuntos Exteriores,
celebrada en Moscú, un mandato cuatripartito por cinco años, una
Comisión Mixta que había de preparar la independencia, una reunión
de la Asamblea General de la ONU que acordó la celebración de
elecciones libres en la primavera de 1948, una Comisión delegada de
las NN.UU. encargada de supervisar los comicios, fueron la llamada
diplomacia internacional. Lo único válido fue el dedo del almirante
estadounidense Gardner, que al deslizarse sobre el mapa de Corea
coincidió con el Paralelo 38. El 12 de agosto de 1945 penetraron en
Corea 100.000 soldados soviéticos al mando del general Ivan
Chistiakov, avanzaron hasta la línea fijada y excavaron una frontera
militar. En Pyong Yang fue instalado un gobierno provisional, que se
habían traído en sus furgones los regimientos rusos y 9 millones de
coreanos se convirtieron en «ciudadanos» de la nueva situación de
la noche a la mañana. El 8 de septiembre llegaron las fuerzas
estadounidenses, al mando del general John Hodge, que protestó por el
hecho consumado ocurrido en el Norte. Pero deberemos retroceder en
el tiempo para comprender mejor la evolución de los acontecimientos.
Corea
en sus orígenes
En el extremo oriental de Asia, frente al archipiélago
nipón, separando de forma oblicua el Mar Amarillo del Mar del Japón,
se encuentra la península de Corea, limitada al Norte por el río Yalú,
que le separa de Manchuria, en una extensión de 50 kilómetros, y el
Tu-men que la separa de Siberia los 15 restantes del istmo. El extremo
suroriental limita con el estrecho de Corea.
Su longitud oscila entre los 800 y los 1.000 kilómetros,
y su anchura varia de 320 a 145. En el momento de la guerra se le
calculaban unos 30 millones de habitantes, 9 de ellos residentes al
norte del dichoso paralelo; esta zona se encontraba fuertemente
industrializada, con yacimientos de hierro y otros metales, bosques y
un buen sistema de aprovechamiento hidroeléctrico.
El sector Sur obtenía dos cosechas
anuales de cebada y arroz, gracias a los monzones, y poco más. La
atormentada
orografía se compone de altas y cortantes montañas, innumerables ríos,
arroyos y regatos; estrechos valles encajona dos, clima continental
con frío siberíano en invierno y estíos de 45 grados a la sombra,
índice de humedad del 90 por ciento... El peor de los escenarios para
una guerra, con unos habitantes que atesoraban el estoicismo y la
crueldad a partes iguales.
La geopolítica también ha sido cruel con Corea, en
la encrucijada de los imperios chino, ruso y japonés; y, en el
momento que tratamos, del norteamericano. Por muchos factores que
iremos viendo nos recuerda a una España que se hubiera desplazado
bastantes grabados en busca del nacimiento del sol. La historia de
Corea ha conocido innumerables invasiones: la dinastía Yi la convirtió
en un protectorado chino; a finales del XVI combatieron durante siete
años a los invasores japoneses; pasaron a ser feudatarios de los
manchúes y conocieron un gran momento cultural; los cosacos rusos
también la invadieron; en 1895 chinos y japoneses se la disputaron y
la mediación rusa forzó una declaración reconociendo, la
independencia de Corea. En 1905 Japón, vendedor del imperio zarista,
se anexionó Corea, destituyendo a su rey (Yi Hygeng) y se enfrentó
con una revuelta de los nacionalistas coreanos, dirigidos por Kim íl
Suns, en cuyas fuerzas figuraba un muchachito llamado Kim Sun Chu, que
a la debacle guerrillera huirá a Rusia y permutará su nombre por el
de aquel dirigente nacionalista. Lee Sung Mang era el nombre de otro
nacionalista, de la familia real de los Vi, que nació en 1875 y a los
20 años fundó el primer periódico coreano, «El Independiente”;
la policía del rey -Yi Tae Wang- le clavó astillas en sus carnes y
la japonesa le encarceló por siete años, tras una manifestación en
Seúl. También se cambiará el nombre, adoptando el de Syngman Rhee,
antes de emigrar a los Estados Unidos.
Syngman siguió brillantemente los estudios de Leyes en varias
universidades norteamericanas, viajó por diversos países del mundo y
en 1919 se proclamó presidente de un llamado «Gobierno Provisional
de Corea», que los ocupantes japoneses se apresuraron a declarar
ilegal.
Cumpliendo el mandato onusiano, el año 1948 se
realizaron elecciones, pero sólo en la zona Sur. Syngman Rhee resultó
ganador e instaló su gobierno en Seúl, que en coreano significa
capital. La guerra fría acababa de estallar a causa del conflicto de
Berlín; el imperio británico hacía aguas por todas partes y Londres
tuvo que pedir a Washington que ocupase el lugar de primera potencia
del bloque occidental, ya que el poderío de Albión no estaba para
esos trotes. Japón era prácticamente un protectorado de los EE. UU.,
con un fuerte ejército de ocupación al mando del vencedor del
Pacifico, el legendario general WilIiam Mac Arthur. Los comunistas
respondieron creando en su zona la República Democrática Popular,
con una Constitución calcada de la de Bulgaria, y bajo la presidencia
de Kim II Sung -el antiguo Kim Sun Chu-. A finales de año los rusos
evacuaron Corea, pero antes adiestraron y armaron
el Ejército Popular. Los estadounidenses retiraron sus fuerzas en
junio de 1949 y dejaron únicamente un grupo de instructores militares
al mando del general William Roberts.
Ambas partes se iban cargando de tensión y
hostilidad, menudeando las acusaciones de infiltraciones y de falta de
democracia, y los epítetos de esclavos del imperialismo rojo o
yanqui. La Administración Truman recortó los créditos para ayuda
militar a Corea del Sur, y el ejército surcoreano se
quedó con unos 65.000 combatientes' y 33.000 de servicios auxiliares, muy escasa
artillería, poca munición y material en muy mal estado. El ejército
del Norte estaba al mando de Chai Ung Chai, contando con 90.000
combatientes, 150 carros blindados «T -34», y una artillería y
aviación con eficiente material ruso.
Una campaña relámpago
Sobre las cuatro de la madrugada del 25 de junio de
1950 las tropas norcoreanas cruzaron el paralelo 38 y arrollaron a los
destacamentos surcoreanos. Era un domingo lluvioso e iba a resultar
interminable para miles de hombres. Dos divisiones de Infantería, con
apoyo de tanques, asaltaron la ciudad de Kaesong; la resistencia de
los anticomunistas fue encarnizada pero sucumbieron por falta de
blindados y material antitanque. Los actos heroicos no sirvieron de
casi nada ante el desequilibrio de material. Radio Pyong Yang dio
cuenta de que “as fuerzas al mando del traidor Rhee han intentado
invadir el Norte, pero el contraataque del Ejército Popular ha
penetrado por todo el frente con profundidades de 15 a 30 kilómetros”.
Únicamente una unidad resistía junto al gélido mar del Japón: en
Chunchón, la VI División surcoreana se atrincheró en unos blocaos
de cemento y frenó a la II División Popular. Por el corredor de
Uijongbu los invasores llegaron a los arrabales de Seúl, pero Chae
Byong Duk, un mozarrón de 111 kilos, jefe del Estado Mayor de Seúl,
siguió considerando el asunto como un simple incidente fronterizo.
El gobierno norteamericano se enteró del ataque con
bastante retraso, a causa de la diferencia horaria y la festividad, y
decidió convocar una reunión del Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas, iniciando unas hostilidades en el terreno diplomático
que fueron casi tan encarnizadas como las bélicas.
El llamamiento internacional no consiguió detener el
avance arrollador de los comunistas, pero el gobierno estadounidense
decidió poner en estado de alerta a la VII Flota y ordenar a Mac
Arthur que dispusiera 10 preciso para evitar que “la región Inchón -Kimpo- Seúl cayera en manos
hostiles”, Mac Artur contaba con las cuatro divisiones yanquis de
guarnición en Japón, pero su armamento era escaso. Hasta el 1 de
julio no aterrizaron en Pusan los aviones «C-54» que transportaban
un batallón de la 24 División de Infantería.
La contraofensiva «de manual» ordenada por el
gigantesco buda del Ejército surcoreano fracasó el 27 de junio y en
el interior de Seúl estalló el caos y la confusión de la desbandada. Hubo muchos
episodios deprimentes; el más conocido fue la voladura de los
puentes de la ciudad -en medio de un maremágnum de órdenes y contraordenes- cuando por su
calzada escapaban unos 800 civiles. El día 28 penetraron
los norcoreanos en Seúl, y funcionarios y policías fueron fusilados y muchos
de los soldados prisioneros pasaron a engrosar el Ejército
del Norte.
Únicamente dos divisiones,
escaparon indemnes del desastre, pero en Washington se siguió
confiando en limitar el alcance del conflicto pasándole la
responsabilidad de rechazar la invasión a las Naciones Unidas,
movilizando tan sólo fuerzas de Marina y Aviación. Mac Arthur causó
consternación en los medios oficiales al enviar un mensaje en el que
hablaba de la superioridad en armamento de las fuerzas comunistas, de
la falta de ardor combativo de los sureños y de un «inminente
desfondamiento total».
El muro de incomprensión que se levantó entre la
Casa Blanca y el Cuartel General en Extremo Oriente -entre Truman y
Mac Arthur-, fue uno de los factores decisivos de la guerra.
Lentamente iban acudiendo destacamentos de los países
de la ONU que aceptaron el llamamiento de ayuda: Gran Bretaña, Canadá,
Australia, Nueva Zelanda, Francia, Turquía, Tailandia, Filipinas,
Colombia, Holanda, Bélgica, Etiopia, Unión Sud africana, Luxemburgo,
Grecia, Suecia. Noruega. Dinamarca, Italia. India. Desde una brigada a
un destacamento sanitario. (siendo en la mayoría de los casos, un
batallón), 16 países acudieron con tropas al llamamiento de la ONU y
crearon un problema logístico no pequeño al Estado Mayor de Mac
Arthur, con las diferencias de idioma, armamento, alimentación, etc.
Los comunistas avanzaban en una auténtica carrera contra reloj, para
apoderarse de toda la zona Sur antes de que llegase la anunciada ayuda
internacional. El 30 de junio cruzaron el río Han y se desparramaron
en las cuatro direcciones, y a pesar de los monzones, forzaron la máquina
de lo que se convirtió en una auténtica ofensiva relámpago. Algunos
puentes no destruidos por las fuerzas del Sur en su retirada facilitaron
la progresión un contraataque de las divisiones sureñas fue frenado
por la artillería roja. El 3 de julio fue tomada Yongdungpo y los «T-34»
prosiguieron su descenso imparable. mientras que más al Norte también
se ocupó Inchon. El primer destacamento norteamericano
llegado, al mando del teniente coronel Smith, se fortificó en Osan, (
cerca de la costa del mar del Japón,
y el 5 de julio recibió la embestida de los carros de asalto de la IV
División norcoreana, y aunque destruyeron cuatro de estos y averiaron
tres más, se vieron obligados a retirarse. Sobrevino la desbandada y
los estadounidenses dejaron 150 hombres, y sus cañones, sobre el
terreno.
Se trataba de fuerzas bisoñas, acostumbradas a la
regalada vida de guarnición de Japón, que no sabían por qué combatían,
estando además el enemigo mejor armado y con moral de victoria.
Mac Arthur inició el envío de lo que sería el VIII
Ejército a Pusan, a las órdenes del teniente general Walker, y pidió
urgentes refuerzos al Pentágono. Los invasores lanzaron tres columnas
desde cada ciudad conquistada. que volvían a converger sobre la
siguiente, para volver a divergir. El lO de julio se realizaron
diversos contraataques y empezó a configurarse el llamado Perímetro
de Pusan, delimitado por la costa del mar del Japón y las poblaciones
de Yongdok. Pusan, Sangju. y Ching-Masan (en el interior). En Chonui
se descubrieron seis soldados norteamericanos asesinados. Los
aviadores «Shooting Stars» destruyeron una columna blindada enemiga.
El Ejército de la ONU contaba ya con 76.000 hombres, de ellos 18.000
norteamericanos. A lo largo de toda la guerra únicamente se registró
una batalla naval digna de este nombre: ocurrió en las primeras horas
del día 2 de julio cuando una flotilla formada por cuatro torpederos
y diez mercantes fue interceptada en el mar del Japón por una flota
conjunta anglonorteamericana formada por los cruceros “Juneau” y
“Jamaica” y la fragata británica «Blue Swan». Los torpederos,
de fabricación rusa, se lanzaron, a toda velocidad contra sus
enemigos, en un intento de alcanzar el punto óptimo para
torpedearlos. Los cincuenta cañones de los buques «azules» cortaron
la vertiginosa carrera y a la primera salva voló uno de los
torpederos, quedando otro al garete para hundirse más tarde; el
tercero intentó refugiarse en la costa, pero fue destruido por los
obuses de los cruceros; el cuarto conseguiría huir a pesar del acoso
del «Blue Swan». El crucero “Juneau” -sucesor del barco del
mismo nombre volado por los japoneses en la batalla de las islas Salomón-
consiguió dar caza a los diez mercantes, de los que siete fueron a
pique.
Si en el mar el dominio de los aliados fue siempre
arrollador, lo mismo ocurrió en el aire, salvando pequeños
altibajos. La aviación embarcada de los portaaviones «Tríunph» y
«Valley Forge» bombardeó a las columnas rojas y logró derribar
varios aviones enemigos. En los combates del mes de julio, cuando las
fuerzas norcoreanas cruzaron el río Kum y se
apoderaron de Taejón, los bombardeos navales y aéreos
consiguieron retrasar el avance sobre Pusan y evítar el colapso total del frente.
El gobierno norteamericano votó un crédito extraordinario de 10.000
millones de dólares, y la Marina repescó 48 barcos retirados del
servicio que ya esperaban el desguace.
Poco a poco se iba perfilando
el que sería llamado Perímetro de Pusan. Su vértice Norte, la
ciudad de Yongdok, cambió de manos varias veces en medio de sangrientos ataques
contraataques; el 2 de agosto
quedó definitivamente en manos de los rojos. Mientras, el fuego de
los cruceros “Juneau” “Belfast”,
«Highbeell, «Mansfields», «De Haven» y «Swenson». iba
machacando la V División de Corea del Norte. La propaganda de
este país afirmaba que los norteamericanos estaban a punto de pedir'
la paz, y la norteamericana respondía
que en Pusan no podía haber otro Dunkerque y «que todo hombre que dé un
paso atrás será responsable de la muerte de miles de camaradas». La
moral del Ejército estadounidense era bajísima y en estas
condiciones se perfilaba la gran batalla de Taejon. Los reclutas recién desembarcados eran
llevado a la línea de fuego sin casi conocer el manejo de sus armas. El 29
Regimiento de Infantería de EE.UU. sufrió una emboscada el 27 de
julio cerca de Hadong y el resultado final fue de 315 muertos, 52
heridos y unos 40 prisioneros.
El general Walker planteó como
última línea defensiva la del río Naktong, y movilizó sus reservas
de forma constante para contraatacar en los lugares más amenazados.
Un flujo de refuerzos, procedentes de Japón, desembarcaba
constantemente en Pusan, trayendo abundante material procedente de los
«cementerios» a los que lo había destinado la Administración. La
época de los grandes avances llegó a su fin; las fuerzas invasoras
tras mes y medio de fulgurantes victorias, empezaba a dar señales de
agotamiento.
Chang Kai Chek ofreció 33.000 combatientes para que
tomaran parte en la defensa de Corea del Sur, pero Truman los rechazó
temiendo que de intervenir China continental en el conflicto éste se
generalizara. El presidente americano tenia su vista fija en lo que
pasaba en Europa, mientras Mac Arthur consideraba la lucha en Corea
como primordial para la defensa de Occidente. El abismo entre ambos se
iba ensanchando. La URSS se reintegró al Consejo de Seguridad de la
ONU, y pidió la retirada de la VII Flota de los estrechos de Formosa.
El 24 de agosto, los norcoreanos establecieron una
cabeza de puente en el rio Naktong, empleando todavía la táctica de
enviar cuatro oleadas sucesivas al asalto -cada una más potente que
la anterior-, aunque ello les provocara 58.000 bajas. El ejército
oponente se calculó en unos 141.000 soldados, de ellos 45.000
sudcoreanos, pero el clima y las enfermedades causaron tantos estragos
entre los estadounidenses como el fuego enemigo. Los coreanos de uno y
otro signo tenían suficiente para vivir con unas bolas de arroz
cubiertas de hojas de berza, y estaban perfectamente adaptados al
clima.
El estiramiento de las líneas de abastecimiento de
las fuerzas comunistas era enorme desde sus bases del Norte, mientras
que, por el contrario, cualquier punto del perímetro defensivo de
Pusan se encontraba a 100 kilómetros o menos del puerto por el que
seguían recibiendo los abundantes suministros que enviaba la
previsora Administración
yanqui.
En el mes de agosto se iniciaron los primeros contraataques
estadounidenses: aviones «Corsairs», armados de seis ametralladoras,
ocho cohetes, bombas de 150 kilos y el correspondiente depósito de
napalm, crearon el «techo» preciso y se reconquistó Kaesang. En la
costa se hubo de evacuar a la III División sudcoreana, bajo la
cortina de fuego del crucero «Helena», y en la bolsa de Obong-ni,
sobre el río Naktong, se produjeron sangrientos combates hasta que el
16 de agosto los marines pusieron en fuga a la IV División
norcoreana, que dejó 4.000 bajas sobre el terreno; fue la primera
gran victoria estadounidense. Se consolidó el perímetro defensivo,
se bombardeó al enemigo y se cruzó el río Naktong, pero los rojos
realizaron un formidable ataque sobre Taegu, y sobrevino otra retirada
espectacular. con la desbandada de los 800.000 habitantes.
Esta vez el enorme potencial de fuego de las fuerzas de los EE.UU.
salvaron la situación y los cohetes y rosarios de bombas de las
superfortalezas volantes permitieron el contraataque. Hubo millares de
bajas por ambas partes, y en la cota 303 aparecieron 26 cadáveres de
norteamericanos con un tiro en la nuca y, algunos, con las manos
cortadas. El itinerante Syngman Rhee se instaló en Pusan. El final de
la primera batalla del río Naktong provocó un reajuste de mandos en
los ejércitos de Corea del Norte, que contaban con unos 98.000
combatientes, mientras los del Sur ascendían a 180.000, de ellos
91.500 coreanos. El general Walker tenía 500 carros de asalto, y las
fuerzas navales recibieron el refuerzo del superacorazado «Missouri».
La población civil evacuada tuvo que ser reunida en
unos 60 campos de concentración, en la zona Taegu-Pusan, infiltrándose
en ellos soldados y activistas comunistas que provocaron incidentes.
El mando dio la orden de disparar sobre cualquier civil que circulara
de noche, y así disminuyeron los actos hostiles. Se reclutaron 40.000
sudvietnamitas, que se integraron en el Ejército USA, en unidades de
doble oficialidad y debidamente mezclados con infantería
norteamericana. No serían empleados en acción
de guerra, salvo casos de extrema
necesidad, pues las dificultades del idioma y las
divergencias de costumbres disminuían
el acoplamiento de ambos ejércitos.
El 31 de agosto se produjo un fuerte ataque de la XII
División norcoreana en la zona de la carretera de Tae-gu-Pusan, pero
el primer Ejército de Corea del Sur resistió. En el sector de Masan
una posición cambió de manos hasta 13 veces, y los rojos llegaron a estar a 50 kilómetros
de Pusan, pero los estadounidenses y coreanos aguantaron, apoyados por
la artillería naval. En torno a Taegu se registraron hasta cuatro
batallas. estando los soldados del Norte sometidos al continuo
machaqueo de aviones y barcos. por lo que el mando rojo no concentró
grandes efectivos para sus ataques.
JUAN PEDRO YÁNIZ RUIZ
Extractado de Historia y Vida. Núm. 152
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