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LA GUERRA DE COREA - PRIMERA PARTE


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Memorial de la Guerra de Corea

Los rayos de sol, que iban despejando las penumbras de la amanecida, saludaban una escuadra que navegaba a toda máquina por el Mar Amarillo. La «7ª Joint Task Force» estaba compuesta por los cruceros «Toledo» y «Rochester» y los destructores «Gurke», «Henderson», «Collet», «Swenson», «De Haven» y «Mansfield», norteamericanos; y los cruceros británicos «Kenya» y «Jamaica».

La flotilla estaba comandada por el contraalmirante estadounidense John Higgins, que acercó sus buques hasta diez millas de la fortaleza de Wolmido, en la costa coreana, y mientras los cruceros realizaban un fuego de cobertura, los destructores penetraban en el canal de acceso al puerto de Inchón para hacer saltar las minas del conducto acuático a cañonazos. El avance duró varías horas, pero toda la flota estaba concentrada frente a la fortaleza del «Cuerpo de la Luna» y la cañoneó a placer: en los 60 minutos que duró el combate, la reacción de la defensa costera fue muy débil y los estadounidenses únicamente sufrieron un muerto y ocho heridos. Inchón es el puerto de la capital coreana, Seúl, aunque se encuentre a 35 kilómetros; es una península rodeada de zonas pantanosas, en las que se registra una diferencia entre la pleamar y la bajamar de más de ocho metros y medio, cambiando las mareas cada 10 minutos. Tiene un aeródromo y numerosos depósitos de víveres y municiones. y por su tráfico está considerado como el segundo puerto del país.

Al día siguiente, 14 de septiembre de 1950, las fuerzas navales y las aéreas volvieron a bombardear la fortaleza y el canal de «Pez volador». Con el declinar del día una formidable escuadra combinada. en la que se encontraban transportes de tropas, se fue acercando a la castigada península.

Varias semanas de discusiones, en las que tuvo que emplear a fondo su proverbial testarudez, costó al general Mac Arthur poner en marcha la operación anfibia. Hubo de luchar con reticencias burocráticas y algunos antiguos rivales, bien colocados en el organismo del Pentágono, para conseguir una división de marines -formada con veteranos de Guadalcanal y Okinawa- y la VII de Infantería, que formaba el X Cuerpo USA. El proyecto consistía en saltar contra la retaguardia enemiga, al norte del Paralelo 38, en el momento en que as fuerzas norcoreanas acosaban a norteamericanos y coreanos del Sur en el llamado perímetro de Pusán, de espaldas al mar, en el extremo Sur-oriental de la atormentada tierra coreana. El prestigio y la voluntad del vencedor de Filipinas consiguieron vencer todos los obstáculos. El servicio secreto lanzó agentes en la retaguardia enemiga y pese a las indiscreciones de políticos y diplomáticos, se consiguió un considerable efecto sorpresa. El tifón «Kezia» desvió su ruta en el último momento y no obstaculizó al convoy de desembarco.

Una invasión tipo Normandía

Muy en la tradición del desembarco de Normandía, las zonas de invasión se habían bautizado con el nombre de «playas»: la Roja, al norte de la isla del Cuerno de la Luna; la Verde, en la famosa fortaleza; y la Azul, al sur. Los cruceros y destructores de escolta abrieron fuego a las 5.45 del 15 de septiembre y 37 minutos después las lanchas de desembarco, con los más famosos infantes de Marina del mundo, partieron hacia sus objetivos.

La machacada guarnición de la fortaleza, ya entonces con 120 muertos y 180 heridos, ofreció muy escasa resistencia a los marines, que únicamente sufrieron una veintena de heridos. Desde el «Mount McKinley», Mac Arthur seguía las operaciones. El desembarco en las otras playas resultó bastante más peliagudo: en la Roja los marines tuvieron que asaltar un dique de 300 metros mediante escalas de garfios, bajo el fuego del enemigo. La flota de acompañamiento cañoneaba las columnas de refuerzo norcoreanas y una lancha de desembarco se estrelló contra el dique.

El extremo Sur de éste, era la playa Azul, y fue volado por los asaltantes con cargas de dinamita, iniciándose con rapidez la penetración hacia el interior; la reacción norcoreana fue bastante desordenada, tal vez por las maniobras diversivas montadas por los estadounidenses en el sector de Pusán y algunos lugares de la costa norcoreana. El 16 de septiembre, el VIII Ejército inició una contraofensiva en el sector de Pusán y los marines iniciaron una marcha sobre Seúl. El dispositivo general de las tropas comunistas empezó a replegarse hacia el Norte y graves problemas de armamento y logística aparecieron en los ejércitos de la República Popular de Corea. Un rastro de violencia sobre los vencidos comenzó a ser descubierto por las tropas de la ONU en su avance: en Sanchón fue incendiada la cárcel con 280 detenidos en su interior; cerca del aeródromo de Taejón encontraron 500 cadáveres de soldados surcoreanos con un tiro en la nuca, y en la misma ciudad hubo 7.000 muertos civiles, 17 soldados del Sur y 40 norteamericanos. Mokpo, Kongju, Anui, Hamyang, fueron cuentas del largo rosario que los grandes medios de información yanquis se apresuraron a explicar al mundo. La aviación estadounidense fue abriendo paso a sus fuerzas con bombardeos de Napalm; por un trágico error, se alcanzó un batallón de la 27 Brigada británica, que sufrió 89 muertos, cerca de Songju.

El problemático Paralelo 38

Como tantos otros desastres contemporáneos, la inestabilidad coreana (ejecución de un jefe de la CIA surcoreana; golpe de estado en Seúl; revuelta en la ciudad de Kwangju; amenazas de intervención del Norte y portaaviones de los EE.UU. patrullando por las aguas coreanas -«en misión de paz»-), se originó en las diversas conferencias de reparto que los «grandes» celebraron en el curso de la II Guerra Mundial, para con- seguir la felicidad universal a partir de la rendición incondicional de las últimas fuerzas del Eje.

En la Conferencia de Potsdam, en julio de 1945, se acordó que los rusos aceptarían la rendición de las fuerzas japonesas de guarnición al norte del Paralelo 38 y los norteamericanos la de las guarniciones niponas, situadas al sur de aquella línea imaginaria. Nada más. Los detalles sobre administraciones provisionales y procesos políticos hacia la unificación y reconstrucción política de la nación coreana quedaban al albur de lo que decidieran unas comisiones «ad hoc» que deberían formarse en tiempos venideros, contando siempre con que prosiguiera la buena inteligencia entre políticos soviéticos y yanquis.

Una conferencia de ministros de Asuntos Exteriores, celebrada en Moscú, un mandato cuatripartito por cinco años, una Comisión Mixta que había de preparar la independencia, una reunión de la Asamblea General de la ONU que acordó la celebración de elecciones libres en la primavera de 1948, una Comisión delegada de las NN.UU. encargada de supervisar los comicios, fueron la llamada diplomacia internacional. Lo único válido fue el dedo del almirante estadounidense Gardner, que al deslizarse sobre el mapa de Corea coincidió con el Paralelo 38. El 12 de agosto de 1945 penetraron en Corea 100.000 soldados soviéticos al mando del general Ivan Chistiakov, avanzaron hasta la línea fijada y excavaron una frontera militar. En Pyong Yang fue instalado un gobierno provisional, que se habían traído en sus furgones los regimientos rusos y 9 millones de coreanos se convirtieron en «ciudadanos» de la nueva situación de la noche a la mañana. El 8 de septiembre llegaron las fuerzas estadounidenses, al mando del general John Hodge, que protestó por el hecho consumado ocurrido en el Norte. Pero deberemos retroceder en el tiempo para comprender mejor la evolución de los acontecimientos.

 Corea en sus orígenes

En el extremo oriental de Asia, frente al archipiélago nipón, separando de forma oblicua el Mar Amarillo del Mar del Japón, se encuentra la península de Corea, limitada al Norte por el río Yalú, que le separa de Manchuria, en una extensión de 50 kilómetros, y el Tu-men que la separa de Siberia los 15 restantes del istmo. El extremo suroriental limita con el estrecho de Corea.

Su longitud oscila entre los 800 y los 1.000 kilómetros, y su anchura varia de 320 a 145. En el momento de la guerra se le calculaban unos 30 millones de habitantes, 9 de ellos residentes al norte del dichoso paralelo; esta zona se encontraba fuertemente industrializada, con yacimientos de hierro y otros metales, bosques y un buen sistema de aprovechamiento hidroeléctrico.

El sector Sur obtenía dos cosechas anuales de cebada y arroz, gracias a los monzones, y poco más. La atormentada orografía se compone de altas y cortantes montañas, innumerables ríos, arroyos y regatos; estrechos valles encajona dos, clima continental con frío siberíano en invierno y estíos de 45 grados a la sombra, índice de humedad del 90 por ciento... El peor de los escenarios para una guerra, con unos habitantes que atesoraban el estoicismo y la crueldad a partes iguales.

La geopolítica también ha sido cruel con Corea, en la encrucijada de los imperios chino, ruso y japonés; y, en el momento que tratamos, del norteamericano. Por muchos factores que iremos viendo nos recuerda a una España que se hubiera desplazado bastantes grabados en busca del nacimiento del sol. La historia de Corea ha conocido innumerables invasiones: la dinastía Yi la convirtió en un protectorado chino; a finales del XVI combatieron durante siete años a los invasores japoneses; pasaron a ser feudatarios de los manchúes y conocieron un gran momento cultural; los cosacos rusos también la invadieron; en 1895 chinos y japoneses se la disputaron y la mediación rusa forzó una declaración reconociendo, la independencia de Corea. En 1905 Japón, vendedor del imperio zarista, se anexionó Corea, destituyendo a su rey (Yi Hygeng) y se enfrentó con una revuelta de los nacionalistas coreanos, dirigidos por Kim íl Suns, en cuyas fuerzas figuraba un muchachito llamado Kim Sun Chu, que a la debacle guerrillera huirá a Rusia y permutará su nombre por el de aquel dirigente nacionalista. Lee Sung Mang era el nombre de otro nacionalista, de la familia real de los Vi, que nació en 1875 y a los 20 años fundó el primer periódico coreano, «El Independiente”; la policía del rey -Yi Tae Wang- le clavó astillas en sus carnes y la japonesa le encarceló por siete años, tras una manifestación en Seúl. También se cambiará el nombre, adoptando el de Syngman Rhee, antes de emigrar a los Estados Unidos.

Syngman siguió brillantemente los estudios de Leyes en varias universidades norteamericanas, viajó por diversos países del mundo y en 1919 se proclamó presidente de un llamado «Gobierno Provisional de Corea», que los ocupantes japoneses se apresuraron a declarar ilegal.

Cumpliendo el mandato onusiano, el año 1948 se realizaron elecciones, pero sólo en la zona Sur. Syngman Rhee resultó ganador e instaló su gobierno en Seúl, que en coreano significa capital. La guerra fría acababa de estallar a causa del conflicto de Berlín; el imperio británico hacía aguas por todas partes y Londres tuvo que pedir a Washington que ocupase el lugar de primera potencia del bloque occidental, ya que el poderío de Albión no estaba para esos trotes. Japón era prácticamente un protectorado de los EE. UU., con un fuerte ejército de ocupación al mando del vencedor del Pacifico, el legendario general WilIiam Mac Arthur. Los comunistas respondieron creando en su zona la República Democrática Popular, con una Constitución calcada de la de Bulgaria, y bajo la presidencia de Kim II Sung -el antiguo Kim Sun Chu-. A finales de año los rusos evacuaron Corea, pero antes adiestraron y armaron el Ejército Popular. Los estadounidenses retiraron sus fuerzas en junio de 1949 y dejaron únicamente un grupo de instructores militares al mando del general William Roberts.

Ambas partes se iban cargando de tensión y hostilidad, menudeando las acusaciones de infiltraciones y de falta de democracia, y los epítetos de esclavos del imperialismo rojo o yanqui. La Administración Truman recortó los créditos para ayuda militar a Corea del Sur, y el ejército surcoreano se quedó con unos 65.000 combatientes' y 33.000 de servicios auxiliares, muy escasa artillería, poca munición y material en muy mal estado. El ejército del Norte estaba al mando de Chai Ung Chai, contando con 90.000 combatientes, 150 carros blindados «T -34», y una artillería y aviación con eficiente material ruso.

Una campaña relámpago

Sobre las cuatro de la madrugada del 25 de junio de 1950 las tropas norcoreanas cruzaron el paralelo 38 y arrollaron a los destacamentos surcoreanos. Era un domingo lluvioso e iba a resultar interminable para miles de hombres. Dos divisiones de Infantería, con apoyo de tanques, asaltaron la ciudad de Kaesong; la resistencia de los anticomunistas fue encarnizada pero sucumbieron por falta de blindados y material antitanque. Los actos heroicos no sirvieron de casi nada ante el desequilibrio de material. Radio Pyong Yang dio cuenta de que “as fuerzas al mando del traidor Rhee han intentado invadir el Norte, pero el contraataque del Ejército Popular ha penetrado por todo el frente con profundidades de 15 a 30 kilómetros”. Únicamente una unidad resistía junto al gélido mar del Japón: en Chunchón, la VI División surcoreana se atrincheró en unos blocaos de cemento y frenó a la II División Popular. Por el corredor de Uijongbu los invasores llegaron a los arrabales de Seúl, pero Chae Byong Duk, un mozarrón de 111 kilos, jefe del Estado Mayor de Seúl, siguió considerando el asunto como un simple incidente fronterizo.

El gobierno norteamericano se enteró del ataque con bastante retraso, a causa de la diferencia horaria y la festividad, y decidió convocar una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, iniciando unas hostilidades en el terreno diplomático que fueron casi tan encarnizadas como las bélicas.

El llamamiento internacional no consiguió detener el avance arrollador de los comunistas, pero el gobierno estadounidense decidió poner en estado de alerta a la VII Flota y ordenar a Mac Arthur que dispusiera 10 preciso para evitar que “la región Inchón -Kimpo- Seúl cayera en manos hostiles”, Mac Artur contaba con las cuatro divisiones yanquis de guarnición en Japón, pero su armamento era escaso. Hasta el 1 de julio no aterrizaron en Pusan los aviones «C-54» que transportaban un batallón de la 24 División de Infantería.

La contraofensiva «de manual» ordenada por el gigantesco buda del Ejército surcoreano fracasó el 27 de junio y en el interior de Seúl estalló el caos y la confusión de la desbandada. Hubo muchos episodios deprimentes; el más conocido fue la voladura de los puentes de la ciudad -en medio de un maremágnum de órdenes y contraordenes- cuando por su calzada escapaban unos 800 civiles. El día 28 penetraron los norcoreanos en Seúl, y funcionarios y policías fueron fusilados y muchos de los soldados prisioneros pasaron a engrosar el Ejército del Norte.

Únicamente dos divisiones, escaparon indemnes del desastre, pero en Washington se siguió confiando en limitar el alcance del conflicto pasándole la responsabilidad de rechazar la invasión a las Naciones Unidas, movilizando tan sólo fuerzas de Marina y Aviación. Mac Arthur causó consternación en los medios oficiales al enviar un mensaje en el que hablaba de la superioridad en armamento de las fuerzas comunistas, de la falta de ardor combativo de los sureños y de un «inminente desfondamiento total».

El muro de incomprensión que se levantó entre la Casa Blanca y el Cuartel General en Extremo Oriente -entre Truman y Mac Arthur-, fue uno de los factores decisivos de la guerra.

Lentamente iban acudiendo destacamentos de los países de la ONU que aceptaron el llamamiento de ayuda: Gran Bretaña, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Turquía, Tailandia, Filipinas, Colombia, Holanda, Bélgica, Etiopia, Unión Sud africana, Luxemburgo, Grecia, Suecia. Noruega. Dinamarca, Italia. India. Desde una brigada a un destacamento sanitario. (siendo en la mayoría de los casos, un batallón), 16 países acudieron con tropas al llamamiento de la ONU y crearon un problema logístico no pequeño al Estado Mayor de Mac Arthur, con las diferencias de idioma, armamento, alimentación, etc. Los comunistas avanzaban en una auténtica carrera contra reloj, para apoderarse de toda la zona Sur antes de que llegase la anunciada ayuda internacional. El 30 de junio cruzaron el río Han y se desparramaron en las cuatro direcciones, y a pesar de los monzones, forzaron la máquina de lo que se convirtió en una auténtica ofensiva relámpago. Algunos puentes no destruidos por las fuerzas del Sur en su retirada facilitaron la progresión un contraataque de las divisiones sureñas fue frenado por la artillería roja. El 3 de julio fue tomada Yongdungpo y los «T-34» prosiguieron su descenso imparable. mientras que más al Norte también se ocupó Inchon. El primer destacamento norteamericano llegado, al mando del teniente coronel Smith, se fortificó en Osan, ( cerca de la costa del mar del Japón, y el 5 de julio recibió la embestida de los carros de asalto de la IV División norcoreana, y aunque destruyeron cuatro de estos y averiaron tres más, se vieron obligados a retirarse. Sobrevino la desbandada y los estadounidenses dejaron 150 hombres, y sus cañones, sobre el terreno.

Se trataba de fuerzas bisoñas, acostumbradas a la regalada vida de guarnición de Japón, que no sabían por qué combatían, estando además el enemigo mejor armado y con moral de victoria.

Mac Arthur inició el envío de lo que sería el VIII Ejército a Pusan, a las órdenes del teniente general Walker, y pidió urgentes refuerzos al Pentágono. Los invasores lanzaron tres columnas desde cada ciudad conquistada. que volvían a converger sobre la siguiente, para volver a divergir. El lO de julio se realizaron diversos contraataques y empezó a configurarse el llamado Perímetro de Pusan, delimitado por la costa del mar del Japón y las poblaciones de Yongdok. Pusan, Sangju. y Ching-Masan (en el interior). En Chonui se descubrieron seis soldados norteamericanos asesinados. Los aviadores «Shooting Stars» destruyeron una columna blindada enemiga. El Ejército de la ONU contaba ya con 76.000 hombres, de ellos 18.000 norteamericanos. A lo largo de toda la guerra únicamente se registró una batalla naval digna de este nombre: ocurrió en las primeras horas del día 2 de julio cuando una flotilla formada por cuatro torpederos y diez mercantes fue interceptada en el mar del Japón por una flota conjunta anglonorteamericana formada por los cruceros “Juneau” y “Jamaica” y la fragata británica «Blue Swan». Los torpederos, de fabricación rusa, se lanzaron, a toda velocidad contra sus enemigos, en un intento de alcanzar el punto óptimo para torpedearlos. Los cincuenta cañones de los buques «azules» cortaron la vertiginosa carrera y a la primera salva voló uno de los torpederos, quedando otro al garete para hundirse más tarde; el tercero intentó refugiarse en la costa, pero fue destruido por los obuses de los cruceros; el cuarto conseguiría huir a pesar del acoso del «Blue Swan». El crucero “Juneau” -sucesor del barco del mismo nombre volado por los japoneses en la batalla de las islas Salomón- consiguió dar caza a los diez mercantes, de los que siete fueron a pique.

Si en el mar el dominio de los aliados fue siempre arrollador, lo mismo ocurrió en el aire, salvando pequeños altibajos. La aviación embarcada de los portaaviones «Tríunph» y «Valley Forge» bombardeó a las columnas rojas y logró derribar varios aviones enemigos. En los combates del mes de julio, cuando las fuerzas norcoreanas cruzaron el río Kum y se apoderaron de Taejón, los bombardeos navales y aéreos consiguieron retrasar el avance sobre Pusan y evítar el colapso total del frente. El gobierno norteamericano votó un crédito extraordinario de 10.000 millones de dólares, y la Marina repescó 48 barcos retirados del servicio que ya esperaban el desguace.

Poco a poco se iba perfilando el que sería llamado Perímetro de Pusan. Su vértice Norte, la ciudad de Yongdok, cambió de manos varias veces en medio de sangrientos ataques  contraataques; el 2 de agosto quedó definitivamente en manos de los rojos. Mientras, el fuego de los cruceros “Juneau” “Belfast”,  «Highbeell, «Mansfields», «De Haven» y «Swenson». iba machacando la V División de Corea del Norte. La propaganda de este país afirmaba que los norteamericanos estaban a punto de pedir' la paz, y la norteamericana respondía que en Pusan no podía haber otro Dunkerque y «que todo hombre que dé un paso atrás será responsable de la muerte de miles de camaradas». La moral del Ejército estadounidense era bajísima y en estas condiciones se perfilaba la gran batalla de Taejon. Los reclutas recién desembarcados eran llevado a la línea de fuego sin casi conocer el manejo de sus armas. El 29 Regimiento de Infantería de EE.UU. sufrió una emboscada el 27 de julio cerca de Hadong y el resultado final fue de 315 muertos, 52 heridos y unos 40 prisioneros.

El general Walker planteó como última línea defensiva la del río Naktong, y movilizó sus reservas de forma constante para contraatacar en los lugares más amenazados. Un flujo de refuerzos, procedentes de Japón, desembarcaba constantemente en Pusan, trayendo abundante material procedente de los «cementerios» a los que lo había destinado la Administración. La época de los grandes avances llegó a su fin; las fuerzas invasoras tras mes y medio de fulgurantes victorias, empezaba a dar señales de agotamiento.

Chang Kai Chek ofreció 33.000 combatientes para que tomaran parte en la defensa de Corea del Sur, pero Truman los rechazó temiendo que de intervenir China continental en el conflicto éste se generalizara. El presidente americano tenia su vista fija en lo que pasaba en Europa, mientras Mac Arthur consideraba la lucha en Corea como primordial para la defensa de Occidente. El abismo entre ambos se iba ensanchando. La URSS se reintegró al Consejo de Seguridad de la ONU, y pidió la retirada de la VII Flota de los estrechos de Formosa.

El 24 de agosto, los norcoreanos establecieron una cabeza de puente en el rio Naktong, empleando todavía la táctica de enviar cuatro oleadas sucesivas al asalto -cada una más potente que la anterior-, aunque ello les provocara 58.000 bajas. El ejército oponente se calculó en unos 141.000 soldados, de ellos 45.000 sudcoreanos, pero el clima y las enfermedades causaron tantos estragos entre los estadounidenses como el fuego enemigo. Los coreanos de uno y otro signo tenían suficiente para vivir con unas bolas de arroz cubiertas de hojas de berza, y estaban perfectamente adaptados al clima.

El estiramiento de las líneas de abastecimiento de las fuerzas comunistas era enorme desde sus bases del Norte, mientras que, por el contrario, cualquier punto del perímetro defensivo de Pusan se encontraba a 100 kilómetros o menos del puerto por el que seguían recibiendo los abundantes suministros que enviaba la previsora Administración yanqui.

En el mes de agosto se iniciaron los primeros contraataques estadounidenses: aviones «Corsairs», armados de seis ametralladoras, ocho cohetes, bombas de 150 kilos y el correspondiente depósito de napalm, crearon el «techo» preciso y se reconquistó Kaesang. En la costa se hubo de evacuar a la III División sudcoreana, bajo la cortina de fuego del crucero «Helena», y en la bolsa de Obong-ni, sobre el río Naktong, se produjeron sangrientos combates hasta que el 16 de agosto los marines pusieron en fuga a la IV División norcoreana, que dejó 4.000 bajas sobre el terreno; fue la primera gran victoria estadounidense. Se consolidó el perímetro defensivo, se bombardeó al enemigo y se cruzó el río Naktong, pero los rojos realizaron un formidable ataque sobre Taegu, y sobrevino otra retirada espectacular. con la desbandada de los 800.000 habitantes.

Esta vez el enorme potencial de fuego de las fuerzas de los EE.UU. salvaron la situación y los cohetes y rosarios de bombas de las superfortalezas volantes permitieron el contraataque. Hubo millares de bajas por ambas partes, y en la cota 303 aparecieron 26 cadáveres de norteamericanos con un tiro en la nuca y, algunos, con las manos cortadas. El itinerante Syngman Rhee se instaló en Pusan. El final de la primera batalla del río Naktong provocó un reajuste de mandos en los ejércitos de Corea del Norte, que contaban con unos 98.000 combatientes, mientras los del Sur ascendían a 180.000, de ellos 91.500 coreanos. El general Walker tenía 500 carros de asalto, y las fuerzas navales recibieron el refuerzo del superacorazado «Missouri».

La población civil evacuada tuvo que ser reunida en unos 60 campos de concentración, en la zona Taegu-Pusan, infiltrándose en ellos soldados y activistas comunistas que provocaron incidentes. El mando dio la orden de disparar sobre cualquier civil que circulara de noche, y así disminuyeron los actos hostiles. Se reclutaron 40.000 sudvietnamitas, que se integraron en el Ejército USA, en unidades de doble oficialidad y debidamente mezclados con infantería norteamericana. No serían empleados en acción de guerra, salvo casos de extrema necesidad, pues las dificultades del idioma y las divergencias de costumbres disminuían el acoplamiento de ambos ejércitos.

El 31 de agosto se produjo un fuerte ataque de la XII División norcoreana en la zona de la carretera de Tae-gu-Pusan, pero el primer Ejército de Corea del Sur resistió. En el sector de Masan una posición cambió de manos hasta 13 veces, y los rojos llegaron a estar a 50 kilómetros de Pusan, pero los estadounidenses y coreanos aguantaron, apoyados por la artillería naval. En torno a Taegu se registraron hasta cuatro batallas. estando los soldados del Norte sometidos al continuo machaqueo de aviones y barcos. por lo que el mando rojo no concentró grandes efectivos para sus ataques.

 JUAN PEDRO YÁNIZ RUIZ

Extractado de Historia y Vida. Núm. 152


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