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LA FUNDACIÓN DE COLONIAS INGLESAS EN AMÉRICA DEL NORTE
Constituye
un capítulo en el descubrimiento y colonización del continente americano que,
a su vez, forma parte de aquel movimiento descubridor romántico-realista que
en grado creciente se había adueñado del ámbito europeo desde los tiempos de
las Cruzadas. Este afán descubridor condujo a insospechados resultados cuando
en los siglos XV y XVI se interpusieron los turcos, cada vez de manera más
concluyente, en el camino que conducía a la India, país maravilloso de donde
procedían todas aquellas materias raras y preciosas de las que ya no se sabía
prescindir en la Europa occidental. El intercambio comercial de sedas, piedras
preciosas, especies y perfumes era llevado a cabo perfectamente hasta entonces
por las ciudades marítimas italianas a las que habían proporcionado grandes
ganancias. Se imponía, pues, buscar un nuevo camino a la India. Quien lo
encontrara podría, lógicamente, adquirir las mercancías de primera mano,
multiplicando con ello sus beneficios. Portugueses y españoles tomaron la
dirección de la empresa. La situación geográfica de sus países era la más
indicada para iniciar el camino que prometía mayores posibilidades de éxito, o
sea, el viaje a lo largo de la costa africana. Bajo la dirección del príncipe
portugués don Enrique el Navegante (1394-1460) se iniciaron de manera
sistemática los primeros viajes de exploración con dirección sur. A fines del
siglo XV llegaron los portugueses a la meta de sus esfuerzos, pues en 1486
Bartolomé Díaz alcanzó el extremo sur de África y doce años después llegó
Vasco de Gama a la costa occidental de la India. Seguidamente empezaron los
viajes regulares que arrebataron el monopolio comercial a Pisa, Génova y
especialmente a Venecia.
Mucho más atrevida aún resultaba la empresa de
alcanzar la India en dirección occidental a través de un mar desconocido hasta
entonces, en el que los antiguos suponían la existencia de las islas
Atlántidas. Cristóbal Colón (1451-1506) descubrió, en vez de la India, un país
completamente nuevo. El hecho de que el descubrimiento se llevara a cabo bajo
el signo de España fue de decisiva importancia para el porvenir de aquellas
nuevas tierras, ya que en aquel momento tan sólo España poseía la capacidad
política y militar necesaria para tomar sobre si las enormes obligaciones que
una tal empresa llevaba consigo. Aunque Colón se aferrase todavía a la idea de
haber encontrado parte de las Indias -la denominación de Indias occidentales
se conservó sólo para las islas- pronto quedó demostrado que se había
descubierto un "Nuevo Mundo" cuyo alumbramiento se produjo con prodigiosa
rapidez. Habían transcurrido tan sólo treinta años de la muerte de Colón y ya
España había tomado posesión de los países existentes entre los dos Océanos,
el Atlántico y el Pacífico (llamado entonces Mar del Sur) con excepción del
Brasil que por derecho de descubrimiento y por acuerdo mutuo (Línea de
Demarcación) se incorporó a Portugal. Desde el Cabo de Hornos al extremo Norte
se recorrió toda la costa y pronto fueron conquistados los reinos indios o
indianos de los aztecas (1519-1521) y de los incas (1531-1532); incorporándose
al imperio colonial El Ecuador, Nueva Granada (Colombia) y Venezuela
(1534-1538). Se remontaron el Plata y el Amazonas y fue explorado Chile
(1536-1540).
Las pretensiones españolas sobre territorios
enclavados en los actuales límites de los Estados Unidos se justificaban
asimismo por sus extensas campañas de exploración y conquista (1521-1543). Ya
en 1550 tenía España edificado ya un imperio colonial en sus trazos
fundamentales de sentido territorial y cultural. Se trataba de un territorio
de explotación, ocupado con el sólo objeto de obtener aquellas materias que no
se producían en la Metrópoli. Estas explotaciones fueron en sus inicios, muy
imperfectas, limitándose a los territorios del norte del Río Grande y del Mar
Caribe, de escasa densidad de población y valor económico casi nulo.
La piedra angular de su obra cultural fue México
y Perú. Las tierras a las que Inglaterra extendió sus manos a fines de siglo,
quedaron totalmente abandonadas. Los españoles pueden recordar con orgullo que
el solo hecho de haber descubierto, conquistado, explorado y creado la
estructuración externa de su imperio colonial americano constituye ya por sí
una de las mayores hazañas que jamás haya llevado a cabo pueblo alguno. Y más
loable es aún el haber llevado su cultura a los naturales del país, a los que
lejos de exterminar empezaron a educar en el espíritu cristiano. También en
este aspecto se sentaron, en el siglo XVI, las bases definitivas que
permitieron posteriormente construir orgánicamente sobre ellas. Aunque fueron
cometidas equivocaciones y crueldades, que por cierto fueron censuradas
principalmente por los mismos españoles, no merece la obra realizada; en
manera alguna, aquel descrédito con que, por contrastes religiosos y políticos
la motejaron los ingleses y más tarde los anglosajones. Tenemos que recalcar
desde el primer momento este contraste político-religioso puesto que aun hasta
nuestros días es factor inseparable de la Historia americana.
Los
demás Estados del litoral atlántico, Francia e Inglaterra, quedaron muy
rezagados en la pugna por la expansión colonial; las ciudades marítimas
italianas dirigieron también sus empresas hacia el océano occidental con el
fin de buscar el camino a la India. En 1497, Giovanni Cabotto, genovés como
Colón, recorrió al servicio de Inglaterra la costa oriental norteamericana, y
en este hecho fundaron los ingleses, años después, sus derechos sobre esta
parte del continente americano, cuando las vías comerciales de rendimiento
económico se fueron desplazando más y más hacia el Océano Atlántico, y a
medida que fueron comprendiendo, siguiendo el ejemplo de España, el valor que
tenían las colonias de Ultramar. Quizá Inglaterra intentaba obtener con ello
la compensación por la pérdida de sus posesiones en Francia con las que había
logrado participar en el comercio mediterráneo. Premisa indispensable para su
plan era el robustecimiento del propio Estado y el debilitamiento de la
posición política de España como potencia preponderante. Ambas cosas fueron
alcanzadas en tiempo de los Tudor (1485-1603). La voluntad del rey era ley, y
no por cierto únicamente, en los asuntos netamente políticos, sino también en
los religiosos. Especialmente bajo el reinado de Isabel (1558-1603) empezaron
los ingleses a sentirse con intensidad creciente paladines de los afanes
protestantes, agregando a la lucha por la preponderancia comercial el
contraste religioso que idealizaba y justificaba, frente al pueblo, la lucha
con una potencia católica como España. Como instrumento apto para llevar a
cabo la política de expansión de Inglaterra sólo podía contarse con una
potente flota ya que por otra parte, sólo con ella podía ser defendido el
territorio colonial de Ultramar, sin consistencia aún y demasiado débil para
defenderse por sí mismo. Esta flota creada por Isabel permitió, además,
mantener alejada de sus propias costas a la Europa continental, afianzando con
ello el apoyo para sus empresas transatlánticas, al mismo tiempo que permitía
seguir el sistema político del "equilibrio de las potencias" que enfrentó a
las potencias europeas unas contra otras, aliándose Inglaterra con las menos
fuertes para debilitar a la más poderosa y sojuzgarla. Desde la seguridad que
le ofrecía su posición insular podía aguardar tranquilamente el momento
oportuno y explotarlo fríamente. Apoyada en su magnífica Armada le fue fácil
conseguir, en su propio provecho, que Francia se considerase interesada en la
debilitación de España, al sentirse colocada de repente, entre la España y la
Alemania de Carlos V. La España de las continuas guerras terrestres que tuvo
que descuidar su flota a fuerza de prestar atención al ejército, sucumbió por
fin en el mar, aunque a causa no tan sólo a la más hábil táctica de los
ingleses, sino también a la desventaja que, representaba para los navíos
españoles la gran distancia que les separaba de la Patria y la tempestad que
destruyó gran parte de ellos (1588). Evidentemente Inglaterra esperaba esta
victoria, pues ella fue el punto de partida para iniciar su plan de absorción
colonial .en franca y tenaz pugna con Portugal y España.
Poco antes habían llevado a cabo los ingleses
varios intentos de consolidación en aquellos territorios norteamericanos en
que podían justificar derechos de descubridor.
La primera "carta de libre asentamiento" (privileged
charter), que como documento indispensable, según el Derecho inglés,
extendiera la Reina, fue a favor de Sir Humphrey Gilbert, de Devon. Humphrey
proyectaba realizar al propio tiempo la travesía en dirección nordeste hacia
la India, pues no hay que olvidar que seguían en plano preferente los anhelos
públicos de un tráfico comercial directo con Asia. Perdió la vida en la
empresa y su privilegio pasó a su hermanastro Walter Raleigh, destacado
favorito de Isabel. Mas también fracasaron sus dos ensayos de asentamiento en
los territorios que en honor a la doncellez de la Reina denominaron
"Virginia". Estos fracasos fueron debidos, ante todo, a la absoluta falta de
sentido de adaptación de los colonizadores (1585-1587). En vez de estructurar
el país, se dedicaron, a ejemplo español, a la búsqueda de metales preciosos
donde no los había. La mayoría regresaron defraudados a Inglaterra y los que
se habían quedado en el país fueron muertos por los indios en el periodo en
que quedaron suspendidas las comunicaciones como consecuencia de la guerra con
España. Los que habían regresado, llevaron consigo dos plantas, la patata y el
tabaco, que rápidamente se extendieron como artículos de consumo general. Sus
nombres ingleses de fonética parecida a la india pasaron a los demás idiomas.
Hasta los tiempos de los Estuardos no se
iniciaron las colonizaciones inglesas de manera regular. Para obtener el éxito
deseado era manifiestamente recomendable acudir al sistema societario, al
estilo de las compañías mercantiles particulares con las que ya se estaba
familiarizando desde hacia tiempo. Cuando después de la muerte de Isabel se
encontró Walter Raleigh envuelto en una conspiración contra Jacobo I a
consecuencia de lo cual perdió su "concesión" sobre Virginia (por Virginia se
comprendía en aquel entonces todo el territorio costero desde Terranova hasta
la Florida española), quedó expedito el camino para nuevos intentos. Se
formaron dos sociedades por "bonos de participación", una de ellas con sede en
Londres y la otra en Plymouth. La London Company obtuvo del Rey, en 1606, una
carta-privilegio sobre Virginia para la explotación comercial y de
asentamientos en los territorios comprendidos entre los 34 y 38 grados de
latitud, esto es, alrededor de la bahía de Chesapeake. A la Plymouth Company
se le reconocieron los mismos derechos entre los grados 41 y 45. Estas
sociedades obtuvieron el derecho de libre disposición sobre suelo y tierra y
el poder gubernativo en representación del Rey, pero bajo la inspección del
Consejo Real que nombraba el Consejo de Administración para las Colonias, con
residencia en Inglaterra. La Corona debía percibir la décima parte de los
metales preciosos que se extrajeran. Podían escoger libremente sus consocios,
si bien la dirección de ambas sociedades la ostentaban altos funcionarios. Se
trataba, por lo tanto, de empresas particulares, pero con carácter público y
acusada intención política, lo que constituía precisamente la característica
diferencial entre la colonización inglesa y la española y francesa. En los
estatutos-privilegio se determinaba de manera expresa que los colonizadores,
que en ningún caso representaban al gobierno, estaban sujetos al "derecho
común"; y tan sólo dentro de su esfera de acción podían estas sociedades
promulgar leyes especiales, imponer tributos o regular cuestiones de carácter
religioso o económico. En su principio, pues, la utilidad fue el único motivo
de los asentamientos de colonos, y tan sólo se cambió de táctica cuando se
comprendió que sin el asentamiento de colonos y de trabajadores no se podían
obtener ganancias.
Los primeros emigrantes que transportó la London
Company alcanzaron la bahía de Chesapeake en mayo de 1607, tomando tierra en
la desembocadura de un río que, en honor del Rey, fue bautizado con el nombre
de James River, llamándose por la misma razón James Town a su nueva
residencia. Ahora bien, en vez del fácil y rápido enriquecimiento esperado, se
impuso la realidad con sus terribles padecimientos, el hambre, las
enfermedades y los asaltos de los indios. De los novecientos emigrantes que se
trasladaron durante los primeros cuatro años a Virginia, sucumbieron las cinco
sextas partes. Entretanto los miembros más decididos y conscientes de la
sociedad determinaron que en vez de aventureros fueran reclutadas gentes de
oficio y campesinos, ya que sólo de la explotación del suelo se podía esperar
un beneficio permanente. Por nueva Carta real fue transformada la sociedad en
Virginia Company, ampliando el número de partícipes entre todas las clases
sociales, con el fin de hacer popular la emigración y, por último, se mandó a
un gobernador para mantener con férrea disciplina y al amparo de la ley
marcial, el orden en toda la colonia. (1609)
La tercera expedición, realizada en junio del
mismo año, se componía de varios centenares de personas, entre ellas, por
primera vez, mujeres y niños. Se instalaron grandes explotaciones, plantations,
en las que el hombre trabajaba en sistema de trabajos forzados, sin descanso,
buscando, a toda costa, un beneficio para la sociedad. Los procedimientos de
trato y castigo a estos desgraciados, alcanzaron, especialmente, bajo el mando
del gobernador Sir Thomas Dale (1611-1616), la más extrema crueldad, hasta tal
punto que resulta incomprensible imaginar qué es lo que se entendía por la
connatural libertad de los ingleses mencionada en la Carta-privilegio. Cuando
se llegó al convencimiento de que a pesar del sistema de trabajo forzado
implantado no se conseguían los beneficios esperados por la Compañía, se
ensayó una especie de libertad de trabajo condicionada, que consistía en que
cada uno trabajara su propia parcela, dedicando una parte del rendimiento al
pago de "derechos", debiendo prestar además, según su posición social y su
independencia económica, un determinado trabajo obligatorio en provecho
directo de la sociedad. Mas tampoco este procedimiento hubiera dado los
resultados apetecidos de no haberse dado cuenta que en el cultivo del tabaco,
para el cual se prestaban admirablemente tierra y clima, había grandes
posibilidades de producir ganancias. La mala hierba o herbaje (weed) como lo
llamaba el Rey Jacobo mostró tener más valor que el oro y la plata que con
tanto ahínco habían buscado los señores (gentlemen) colonos. El primer cultivo
-se trata de una efeméride histórico-económica- fue emprendido en 1612 por un
tal John Polfe que se casó con Pocahontas, la romántica hija del cabecilla
indio Powhatany, hecho que repercutió en una mayor adaptación a las
posibilidades económicas del país en las que el indio era, inconscientemente,
maestro.
Ahora bien, para obtener el éxito debido era
preciso el libre juego de las fuerzas económicas y esto se consiguió con la
abolición de los trabajos forzados, al mismo tiempo que por la presión de los
partidos parlamentarios y de los patriotas disminuía considerablemente el
absolutismo real y se implantaba la administración propia de la Compañía. Se
encargó al gobernador Jardley que asignara a cada colono una porción de
terreno en propiedad, que se permitiera la libertad de movimientos y que fuese
oída su opinión en la promulgación de las leyes (1619). A cada antiguo colono
que hubiera inmigrado a su costa antes de 1616 se le debían conceder 40
hectáreas de tierra y 40 más por cada "bono de participación" que hubiera ido
adquiriendo. El que hubiera llegado al país por cuenta de la Compañía y
tuviera por esta causa que realizar contractualmente trabajos obligatorios,
percibiría, igualmente, al término de su servidumbre, 40 hectáreas y a todo el
que llegara de nuevo se le entregarían 20. La Administración debía de ser
sostenida con el rendimiento del país, siendo los beneficios de la misma las
entregas estipuladas a los colonos. En los distintos asentamientos fueron
elegidos dos representantes que se reunieron por primera vez en el news de
julio de 1619 en Asamblea Legislativa (House of burgesses) lo cual significa
que, políticamente, se había trasladado a América un trozo de Inglaterra y por
cierto en su más moderna forma parlamentaria. Esta innovación favoreció la
inmigración a favor de la cual actuó asimismo intensamente el nuevo Presidente
de la Compañía Sir Edwin Sandy, uno de los portavoces de la oposición
parlamentaria contra el absolutismo real. Este radicalismo imperante en la
Colonia predispuso al Rey en contra de ella y de la Compañía, y con el fin de
atacarla en su naciente prosperidad gravó el tabaco con elevados derechos
aduaneros, procurando además poner de manifiesto, aludiendo a calamitosos
acontecimientos, su incapacidad para administrarse. Y por último aprovechar
las discrepancias que se suscitaron en el seno de la Compañía, en la que
exigía un grupo, de manera apremiante, una investigación de la situación
general, para denunciar ante el Lord Juez-Mayor la caducidad de la
Carta-privilegio. Se demostraron los defectos de la administración y la
Carta-privilegio fue declarada nula y sin efecto, pasando la posesión y la
administración de la colonia a la Corona, que desde aquel momento debía
nombrar Gobernador y Consejo de Estado. Pero después de algunos titubeos y de
toda clase de fluctuaciones, la Corona reconoció nuevamente a los colonos el
derecho de colaborar en la promulgación de leyes y decidir la creación de
impuestos y su inversión. Este sistema constitucional quedó como prototipo
para las colonias inglesas, a saber: un Gobernador, dos Cámaras, de la que una
era de nombramiento directo, y la otra elegida por el pueblo con grandes
restricciones en el sufragio. Si bien es cierto que el estado llano no estaba
excluido de la gobernación del país no lo era menos que el sistema implantado
distaba mucho de lo que pudiera llamarse una Democracia. A conseguirla
contribuyó mucho más: que Virginia otra colonia que se fundó entretanto a más
le mil kilómetros al norte, en los territorios de la Compañía Plymouth. Mas
desde entonces se conceptuó la colonia del Sur como fiel a la Corona y con
este motivo fue preferida por la nobleza realista, después de la ejecución del
rey Carlos I.
Virginia tanto por sus características como por
los motivos que movieron a su fundación se diferenciaba claramente de las
colonias iniciadas por Nueva Plymouth que diseminadas alrededor de la Bahía de
Massachusetts se desarrollaron rápidamente en la actual Nueva Inglaterra. El
fin perseguido en estos lugares no fué el enriquecimiento de sociedades y
compañías, sino el dar satisfacción a necesidades espirituales, al
cumplimiento y realización de creencias religiosas. En su consecuencia tampoco
se enviaban a trabajar allí a unos desgraciados, mientras se quedaban en
Inglaterra los privilegiados en espera de dividendos, sino que los mismos
interesados societariamente se trasladaban al sitio y lugar adecuados para
ganar con su propio esfuerzo sus medios de existencia. Por esto no se empleaba
tampoco ninguna clase de coacción de extremada violencia espiritual y
corporal, pues por el contrario estas colonias eran, desde un principio, una
asociación libre de personas que de mutuo acuerdo emprendían voluntaria y
conjuntamente la emigración y que también conjuntamente querían "asentarse" y
vivir en comunidad. Premisa fundamental era la más absoluta libertad en
contraste con lo que sucedía en el otro lugar, donde sólo se obtenía ésta por
condescendencia del interés capitalista o por privilegio real. Esta elevación
moral tuvo tanta importancia para los "asentamientos" como para el porvenir de
América. La religión en la que los emigrantes pretendían vivir sin tropiezos y
sin mezcla de otras creencias, era la calvinista que calificaban (de ahí la
denominación Puritanismo) de purificada fe cristiana. Perseguidos por Jacobo I
que pretendía que la iglesia nacional quedara como única exclusivamente
permitida, pasaron a Holanda muchos ingleses y calvinistas, que pronto
desearon, sin embargo, volver a territorio inglés ya que, al fin y al cabo,
querían seguir siendo ingleses. Estos isleños encontraron Terrenos soportable,
que otros el ambiente de extranjería que les rodeaba y ni siquiera los puntos
de contacto religiosos en la Holanda calvinista consiguieron vencer este
sentimiento. Se pusieron de acuerdo con la London Company para solicitar la
concesión de terrenos en Virginia. Pobres como eran, se comprometieron, no
obstante, frente a los “adventurers” (especuladores), que les facilitaron el
capital necesario para el pasaje, equipo y primeros gastos para subvenir a su
existencia, a prestar el llamado intendisret servants, un servicio de
prestación de siete años cuyos beneficios se les abonarían una vez deducido el
coste de los más elementales medios de vida. El 6 de septiembre de 1620
zarparon de Plymouth en el Mayflower, que hizo la travesía, que duró dos
meses, hasta la costa americana, desembarcando no en Virginia, sino en un
lugar cercano al 42 grado de latitud y no distante del Cabo Code, que
denominaron en recuerdo al punto de partida, "Plymouth". Ya a bordo se habían
conjurado los peregrinos, pues como tales se sentían, a vivir en comunidad, al
frente de la cual habría un jefe (civil body politick) acordando ellos mismos
sus leyes y disposiciones que serían respetadas y cumplidas por todos. El
segundo jefe fue el historiador William Bragford (hasta 1657) que dejó
narrados de manera sencilla e imparcial los éxitos y padecimientos en aquellos
años de prueba. En 1620 y después de varios inútiles intentos de instalación,
la Plymouth Company se transformó en la Compañía Nueva Inglaterra que entregó
a los peregrinos los títulos por los que se reconocía su derecho sobre los
asentamientos otorgados. Era el momento de máxima oportunidad para que se
efectuaran establecimientos formales en este lugar, pues los franceses
empezaban a instalarse en Nueva Escocia y Maine y los holandeses se disponían
a ocupar el estuario del Hudson.
Los principios fueron aquí también duros, aunque
las víctimas a consecuencia del clima y de las privaciones no fueran, ni con
mucho, tan numerosas como en el Sur. El aumento de la población era escaso, ya
que muy pocos querían someterse a las obligaciones religiosas y económicas
establecidas. Entretanto fue cediendo el comunismo que en lo tocante a
mercancías y trabajo se había implantado para hacer frente a la deuda común,
pues se llegó pronto al convencimiento de que era la causa del desbarajuste y
descontento existente y el fomentador de la desgana en el trabajo. A cada
familia se le adjudicó como propiedad privada una extensión de tierra según el
número de sus componentes y ya en 1627 pudo como consecuencia de ello
modificarse el contrato con los prestatarios de Londres en el sentido de que
la Colonia quedaba libre de la sumisión al trabajo, previo pago por entregas
fraccionadas, durante nueve años, de 1.800 libras.
Pronto se establecieron también fuera de los
territorios de Nueva Plymouth y a lo largo de la costa de Nueva Inglaterra
nuevos asentamientos de otro estilo y distinta formación religiosa. Mas esta
clase de establecimientos no alcanzaron dimensión y renombre de importancia
mayor, hasta que la Compañía Nueva Inglaterra traspasó sus privilegios al
convertirse en Massachusettsky Company, denominación que ya por sí indicaba
con precisión el lugar donde desarrollaba sus actividades en estrecha
comunidad de intereses. Carlos I confirmó a ésta el privilegio real (1629).
Los copartícipes de la Compañía pertenecían a la clase media superior inglesa
y estaban decididos, como los "peregrinos" a asentarse en América y como
aquellos querían vivir en el círculo de sus compañeros en la fe puritana y
como ellos también querían ser autónomos. Las persecuciones políticas y
religiosas y las luchas en Inglaterra empujaron a miles de ellos a cruzar el
mar. Nació Boston y a su alrededor se formó su importante cinturón de
asentamientos. "Desde Merrimac y Charles River, desde el Mar Occidental
(Atlántico) al Mar del Sur (Pacifico)" sólo se oía la candorosa llamada del
"privilegio de asentamiento". La dirección de la colectividad la llevaba el
Gobierno de la Colonia y sus componentes constituían el cuerpo electoral
respectivo. El que llegaba de nuevo sólo podía obtener plenos derechos
ciudadanos bajo determinadas condiciones; consistiendo dichos derechos en la
facultad de poder elegir al Gobierno y tomar parte en las Asambleas
Legislativas. Freeman (hombre libre) sólo lo podía ser el que poseía una
propiedad y, ante todo, el que pertenecía a la parroquia (congregation).
Existía una "unión eclesiástica" (church covenant) en la que cada parroquia
constituía una unidad administrativa independiente. Estaba excluida toda
confesión religiosa y enseñanza discordantes y al que no se quería amoldar al
ambiente religioso imperante se le obligaba a emigrar y en el caso de una
abierta resistencia se le castigaba en hacienda y vida. Los asentamientos de
accionistas se efectuaban, por el momento, con bastante irregularidad y por el
desconocimiento del país se confundían entre si algunas veces los títulos de
asentamiento, lo que conducía a altercados que, por otra parte, quedaban
siempre allanados. Fue Gobernador John Winthrop, el cual fijó su residencia en
Charlestown y en 1630 se fundó Boston. Para no perjudicar a la colonia
simularon, ante los centros gubernativos en Inglaterra, profesar un moderado
puritanismo dentro de la iglesia estatal inglesa. En realidad eran unos
intransigentes, No conformistas, decididos a implantar un Estado eclesiástico
puritano.
Precisamente con motivo de la implantación del
derecho de libre determinación religiosa reconocido explícitamente por el
Protestantismo, se provocaron divisiones que, dadas las circunstancias
imperantes, obligaron a los disconformes a buscar un nuevo asilo. Un joven
sacerdote llamado Roger Williams que patrocinaba ideas de rebautización, fue
el primero que con sus partidarios tuvo que abandonar Massachusetts. En
territorio de un indio amigo, en la bahía de Narragansett, encontró lugar
adecuado donde instalarse, dándole el nombre simbólico de Providence (1636).
Se unió más tarde a un grupo de credo parecido instalado en la isla Roode
Eiland y con otros pequeños grupos de asentadores diseminados alrededor de la
bahía se formó la Rhode Island a la que Carlos II concedió en 1663 su
Carta-privilegio.
Williams comprendió que era lógicamente
imposible aunar la pretensión protestante sobre el derecho de libre
disposición religiosa con una religión estatal impuesta.
Como rebautizante que era se aferraba a la idea
de que no existía ante Dios religiosidad de valía, sin haber vivido la
religión de manera personal y consciente y conocido experimentalmente la
gracia divina y que como lógica consecuencia debía desecharse también el que
se verificara el bautizo en edad inconsciente; lo que le obligaba a insistir
en que la elección religiosa tenía que tener el libre juego propugnado, sin
coacción estatal alguna. Con ello se formulaba ya implícitamente la petición
de separación de la Iglesia y el Estado que preveía conveniente para su
Colonia. Ahora bien, no es fácil comprender cómo podía acoplarse esta idea con
el sentir evolucionista y liberal que Williams propugnaba, hasta esos
momentos, como más propicio. No se trataba de una separación por indiferencia
hacia la religión, sino que, por el contrario, por el más intensamente
positivo sentimiento cristiano. Aunque estaba permitida la práctica de varias
confesiones no debían éstas apartarse demasiado de la predominante y desde
luego para el catolicismo no quedaba lugar.
Motivos de carácter económico y religioso fueron
causa de que por el año 1635 se iniciaran asentamientos en el valle del
Connecticut. Pero estos grupos que creyeron instalarse en comarcas muy
adentradas en el Nuevo Mundo, se encontraron ya con unos puestos avanzados
holandeses instalados en lo que es hoy Hartford.
Los holandeses habían desembarcado en 1612 en la
desembocadura del río al que dieron el nombre de Hudson por ser éste el del
capitán inglés que al servicio de Holanda lo había descubierto y remontado.
Allí se fundó, en primer lugar, en la isla de Manhattan, la factoría Nueva
Amsterdam (1626) y más tarde al margen del río y en el lugar que ocupa hoy
Albany se instaló el Fuerte Orange. El conjunto del territorio se llamó Nueva
Holanda; sus fronteras eran indeterminadas y se extendían sólo hasta donde se
tomaba posesión de tacto. Se pensaba menos en los asentamientos que en el
comercio entre el que se destacó el de las pieles. No obstante, el país fue
repartido a unos cuantos patronos adinerados que al estilo de los señores
feudales debían proceder a la instalación de asentados. En el valle
Connecticut tropezaron con los colonizadores de Nueva Inglaterra y en el sur,
en el bajo Delaware, con los inmigrantes de Lord Baltimore. Desde
Massachusetts llegaron a Connecticut parroquias enteras con sus pastores, en
parte penitentes como las que fundaron Hartford, Wetherfield y Windsor, que
adoptaron por primera vez, el nombre de Connecticut como denominación de su
comunidad conjunta (1637). El país tuvo que ser arrebatado en sangrientas
luchas a los indios Pequots, contándose para ello con la preciosa colaboración
de los indios de las tribus Narragansets con los cuales se entendía
admirablemente Williams.Los supervivientes de los Pequots fueron empujados al
otro lado del río Hudson, hacia los territorios ocupados por los Mohawks.
En 1639 se adoptó por parte de las comunidades y
para su gobierno una Constitución escrita, la llamada Fundamental orders.
Preveía unas asambleas de "ciudadanos con plenos derechos" las cuales debían
elegir los funcionarios administrativos y los representantes del pueblo en
número de cuatro por cada parroquia o comunidad. Se les confiaba además la
administración y la futura promulgación dé las leyes -No se exigía,
teóricamente, pertenecer a la Iglesia puritana, pero se conservó su práctica
como se venía haciendo en Massachusetts. Rápidamente fueron naciendo
comunidades y a los quince años ya existían doce.
A aqellas se unió también, en 1661, New Haven,
que se había fundado en 1638 en Long-Island-Sund como "asentamiento"
independiente, a semejanza de Rhode-Island, esto es, sin Carta-privilegio,
pero de común acuerdo con los indios.
Se quería instituir una teocracia en la que la
Biblia y expresamente también el Antiguo Testamento, debía ser el Código único
para la Iglesia y el Estado. En el transcurso de veintitrés años se les
unieron aun seis parroquias más instaladas a lo largo de la costa y en Long
Island, quedando con ello alcanzada la máxima extensión de Connecticut, aunque
el trazado definitivo de sus fronteras se hiciera más adelante.
Del otro lado del Merrimac, por el norte de
Massachusetts, se efectuaron asentamientos procedentes de emigraciones de este
mismo Estado y sin pretenderlo se encontraron New Hamphire y Maine, mediado el
siglo, bajo el mandato de la colonia madre. En su origen había sido todo el
territorio una concesión cedida en propiedad a dos "señores", Mason y Gorges.
El nombre Maine Land es debido seguramente a haber pretendido distinguirlo de
las numerosas islas que existen en aquella costa. Mason dio a su participación
el nombre de Nueva Hampshire (1627) y el conjunto territorial de Gorges
conservó el nombre de Maine.
Así, pues, antes de Maryland existían ya, aunque
sin resultados positivos, colonias de propiedad privada. Frente a las demás
empresas colonizadoras se presentan éstas como un nuevo tipo de esta clase de
explotaciones. Eran empresa de un solo hombre, corrientemente de la nobleza, a
quien la Corona cedía en propiedad, bajo determinadas condiciones, una cierta
extensión territorial. George Galvert, primer Lord Baltimore, que como
Secretario de Estado era uno de los primeros propulsores de la colonización
americana, consiguió que Carlos I le regalara una extensión de terreno al
norte de Virginia que por aquel entonces era ya colonia real, encargándole
además de su desarrollo. (1632) A su muerte recayó este derecho de propiedad a
su hijo Cecil que se apresuró a tomar posesión del mismo, convirtiéndose
pronto en un verdadero señor feudal del territorio cuya plenitud de poderes
sólo quedaba restringida por las determinaciones de la cédula real. Esta
preveía una cesión nominal al Rey, aunque sólo fuera para simbolizar su
dependencia feudal; además disponía que la quinta parte de los metales
preciosos que se encontrasen debían pasar a la Corona e imponía la obligación
de dejar colaborar a los colonizadores en la promulgación de las leyes y no
introducir ninguna que contradijese a las de la Metrópoli. En honor a la reina
Enriqueta María dio Lord Baltimore a sus tierras el nombre de Maryland, y el
primer núcleo urbano de la colonia se llamó St. Mary. Notoriamente vibraba en
esta denominación un significado religioso, pues hay que tener en cuenta que
Lord Baltimore era católico y la colonia estaba además destinada a
proporcionar a sus hermanos en la fe un lugar donde pudieran practicar
libremente su religión. Dadas las circunstancias político-religiosas
imperantes no podía ni-pensarse en una ocupación exclusiva de católicos y en
su consecuencia se hizo pública la tolerancia de todas las confesiones
cristianas. Mas esta tolerancia tenía que traducirse pronto en perjuicio de
los católicos, a pesar de estarles reservados los puestos de mayor influencia
y las mayores concesiones territoriales. Esto obligaba a tratar la cuestión
religiosa con gran inteligencia y fino tacto y de ambas cosas estaba bien
dotado Lord Cecil. Los jesuitas eran en esta cuestión, sus mejores consejeros.
El cambio que experimentó Inglaterra pasando de
un reino absolutista a una república dirigida por el puritano Cromwell
(1649-1660) se dejó sentir en aquellos territorios de colonización de una
manera especial. La mayoría protestante, compuesta por el estado llano, se
hallaba al lado del Parlamento, mientras la minoría, formada casi
exclusivamente por la nobleza, estaba al lado del Rey. Como en la Madre Patria
este estado de cosas produjo, también en las concesiones, luchas partidistas
que originaron la guerra civil. Baltimore se vio obligado a "protestantizar"
la administración, aunque previo acuerdo condicional de que no podían ser
molestados los católicos (Ley de Tolerancia 1649). No obstante, en el
Parlamento procedía como si desde un principio considerase la partida como
perdida en cuanto al sostenimiento de su propiedad. Hasta los puritanos que,
fueron acogidos en su colonia cuando su expulsión de Virginia, intrigaban en
el Parlamento contra él. A fin de hacer abortar esta maniobra, Baltimore se
apresuró a reconocer al Lord Protector Cromwell, el cual, en recompensa, le
confirmó la propiedad de sus territorios que, en realidad, se habían
convertido ya en su dominio. Pero, al fin y al cabo, la República inglesa de
Cromwell no fue más que un episodio que tuvo su rápido fin en 1660.
Con la Restauración se produjeron nuevamente
variaciones en las viejas colonias y se crearon otras nuevas con un sistema
que bajo el punto de vista jurídico estatal respondía de la manera más
adecuada al régimen de las colonias de directa dependencia real. Pero, por
otra parte, se mantuvo sin variación la política mercantil colonial que había
implantado la República. Esta política mercantil representaba los intereses de
la clase comercial, cuya influencia en la dirección política, a pesar de las
luchas constitucionales que se habían producido desde 1630, se fue
incrementando hasta llegar a su plena soberanía con la victoria del
parlamentarismo alrededor del año 1689. Los años 1649 y 1689 son por lo tanto
también fechas importantes en la historia colonial. Más adelante volveremos a
tratar de ello en conexión con otros acontecimientos.
En el año 1663 hizo Carlos II donación de una
extensión territorial de importancia, al sur de Virginia, a un grupo de nobles
a los que debía, en gran parte, la recuperación de la Corona. Entre ellos y
como personajes de mayor relieve estaban Lord Clavendon, Primer Ministro, el
General Monk, que había aportado su ejército al Rey, recibiendo, en
recompensa, el título de Duque de Albemarle, y Lord Ashley Cooper, que fue
nombrado Conde de Shaftesbury. Las tierras recibidas como regalo y que debían
llamarse, en atención al Rey, terra Carolana o Carolina, se extendían entre
los 36 y 31 grados latitud, o sea, entre Virginia y la Florida española, y
desde el Atlántico al Pacífico, lo que en aquel entonces era aún un algo sin
importancia. Su concesión determinaba las mismas prerrogativas e idénticas
restricciones que las que habían sido estipuladas a Lord Baltimore para
Maryland. La única diferencia estribaba en que Carolina tenía varios
propietarios, aunque desde ellos se separaran pronto del grupo inicial. La
constitución (fundamental constitution) fue proyectada por el filósofo John
Locke según principios fundamentales feudales. Era evidentemente una
construcción en el vacío sin tener en consideración las necesidades del
verdadero asentado y en su consecuencia totalmente inservible; a pesar de todo
se intentó imponerla durante veinte años. Estaba dirigida contra la
preponderancia del pueblo, aunque no excluyera tácitamente su colaboración en
el gobierno del país. La inmigración provino, en parte, de las islas de las
Indias Occidentales, especialmente de los Barbados, lo que imprimió, sin duda
alguna su influencia en la dirección económica de la colonia. El primer núcleo
de asentados de alguna importancia fue Charleston que debe también su nombre
al Rey. De 1670 a 1690 se avivó algo más la inmigración y además de ingleses
disconformes con el régimen de Jacobo II, llegaron también franceses
hugonotes.
Del territorio que en 1664 fue arrebatado a los
holandeses se fueron formando, poco a poco, cuatro colonias. La inmigración de
Nueva Holanda había sido escasa por haberse dedicado la Compañía de las Indias
Occidentales y de los Países Bajos preferentemente al comercio. Así y todo
tuvo siempre cierta aversión al asentamiento sueco en la desembocadura del
Delaware, que había sido proyectado ya por Gustavo Adolfo y que fue realidad
en 1638.
En el año 1655 se apoderaron de él para perderle
nueve años más tarde, de manos de los ingleses para quienes, después del
debilitamiento de España, era Holanda el mayor y más temido rival en la
preponderancia marítima, en la importancia colonial y en el comercio. A Nueva
Amsterdam se la llamó Nueva York y a Fuerte Orange se le denominó Albany,
aludiendo respectivamente a los nombres del Duque de York y de Albany (Jacobo,
hermano del Rey de Inglaterra). El conjunto del territorio fue cedido en
propiedad al Duque de York, el cual donó a sus amigos Carteret y Berkeley la
parte, delimitada por el Hudson y el Delaware.
Fue nombrado gobernador de Nueva York Richard
Nicolls, funcionario de la Casa Real. Accidentalmente volvió Nueva York a
manos de los holandeses para pasar en 1674, con su hinterland, definitivamente
a poder de Inglaterra.
Cuando su propietario Jacobo (Duque de York) fue
elevado al trono de Inglaterra recibió Nueva York rango y organización de
colonia real. Los límites de la colonia por el norte y el oeste, donde
dominaban poderosas tribus indias, eran en extremo confusos y sólo se conservó
firme la frontera con Connecticut a veinte millas al oeste del Hudson, tal y
como estaba acordado con los holandeses.
La Nueva Holanda del Sudoeste entre la
desembocadura del Hudson y el Delaware obtuvo de sus nuevos propietarios el
nombre de Nueva Jersey, en recuerdo de la isla jersey de donde fue gobernador
Carteret. La parte que se extendía por el lado opuesto del Delaware a través
del Susquehanna hasta las fronteras de Maryland fue considerada por los
ingleses como propiedad anexa a la conquista de Nueva York y entregada a
William Penn, hijo del Almirante Penn, que había anticipado importantes sumas
y prestado además excelentes servicios al Rey (1681). Por deseo expreso del
monarca se le dio a este territorio el nombre de Pennsylvania. Penn tenía la
intención de ofrecer un lugar de libre expansión a sus correligionarios en
creencia, la "Asociación de Amigos", llamados también "cuáqueros". Como salida
al mar, que tenía interceptada por Maryland, obtuvo además, del Duque de York,
la antigua colonia sueca Delaware que había sido anexionada por los
holandeses. Aunque fue separada más adelante como provincia independiente, los
herederos de Penn conservaron el derecho de propiedad sobre ella hasta la
Guerra de la Independencia.
Ya en 1682 llegó Penn a su colonia con un tropel
de inmigrantes reclutados por toda la Europa central. Los principios de amor a
la paz, humanidad y tolerancia religiosa por los que propugnaba con el mayor
ahínco como cuáquero que era y que tenían como obligada consecuencia la
promesa de proteger y propulsar la colonia en su calidad de terrateniente,
atrajeron a todos aquellos núcleos (Dissenters, Nonconformists), que
perseguidos con tal motivo y huyendo de la Iglesia estatal inglesa se habían
refugiado en otros países. La ciudad que fundó cerca de la desembocadura del
Delaware obtuvo, como símbolo de sus principios fundamentales, el nombre de
Philadelphia, o sea la "Ciudad del amor fraternal". Tanto la ciudad como la
colonia lograron por esta causa un desarrollo mucho mayor que las otras. Pero
lo que constituyó un mayor acicate aún, fue la manera liberal con que se dio
participación al pueblo en el gobierno de la colonia. Por añadidura se podía
vivir en ella, incluso en el interior, con toda seguridad por haberse puesto
Penn de acuerdo con los indios, a los que se trataba con toda justicia y
equidad. A la provincia de Penn llegó también el primer grupo importante de
emigrantes alemanes (mennonitas bajo la dirección de Pastorius) que fundaron
cerca de Philadelphia un núcleo de asentados que llamaron Germantown (ciudad
alemana).
En ochenta años se habían fundado, en rápida
sucesión, once colonias inglesas entre el Océano Atlántico y la cordillera de
los Alleghani entre los 45 y 32 grados de latitud, que con la división de la
Carolina (1732) y la creación de una nueva colonia, aumentaron su número a
trece, el cual se mantuvo basta la conquista de la independencia y de su
fusión en "Estados Unidos". La fundación de la décimotercera colonia, llamada
Georgia (1732) en honor del rey Jorge II, que había otorgado la
Carta-privilegio correspondiente, extendió la esfera de-acción colonial
inglesa hasta más allá del 31 grado de latitud donde se le unían directamente
las posesiones españolas. La extensión geográfica de esta "Nueva Inglaterra"
correspondía, en comparación con Europa, a los países mediterráneos enmarcados
por una línea imaginaria que desde Burdeos pasando por Bolonia y Bucarest
terminara en el mar Negro y por el sur por una recta que separando la región
costera del África del Norte se extendiera, aproximadamente, desde Agadir, en
Marruecos, a Port-Said, en Egipto. Por el norte y por el sur queda limitada la
expansión, pues se tropezaba allí con Nueva Francia y Nueva España; en cambio
por el este y el oeste queda la línea fronteriza -por la menos al principio-
movible y supeditada a los progresos de los asentados, hasta alcanzar los
montes Alleghani; pues detrás de esta ingente mole está.
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