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LA BATALLA DE EL CANEY
El día 1
de julio de 1898 fue elegido por el general Shafter para lanzar al 5º Cuerpo de
Ejército contra Santiago de Cuba. Desde el día anterior, las tropas
norteamericanas y sus aliados cubanos habían estado tomando posiciones al lado
este de la ciudad, con la intención de comenzar el ataque al amanecer.
El 5º
Cuerpo estaba organizado en tres Divisiones y dos Brigadas independientes que
sumaban unos dieciocho mil hombres. El Caney era una pequeña posición defensiva
apoyada sobre el fortín de El Viso, sin artillería ni ametralladoras, con una
guarnición de 527 hombres al mando del general Vara del Rey.
Shafter
decidió tomar esta posición, con el fin de no dejar tropas españolas sobre su
flanco derecho. La misión se la encomendó a la 2ª División del general Lawton,
apoyada por la artillería de Caprón. Era un error táctico supeditar la acción
principal a la toma de aquella insignificante posición, distrayendo una
posición, pero mayor error fue que sólo dos horas bastarían.
El
combate comenzó, con la primera luz del día, sometiendo al fuego artillero las
edificaciones y los pequeños fortines de madera de El Caney. Una hora después
avanzaba la primera oleada de asaltantes que se vio frenada por las descargas
cerradas y rasantes que los soldados españoles realizaban con sus Máuser. Los
americanos se las habían prometido muy felices pues creyeron que los españoles
saldrían corriendo ante su avance. A las nueve de la mañana ya habían cambiado
de opinión; estaba claro, aquellos españoles no iban a correr, y su general se
paseaba impasible por sus trincheras, despreciando a las balas enemigas y
animando a sus hombres a resistir.
Al
mediodía, la brigada del general Bates se había incorporado al combate, con los
que efectivos norteamericanos superaban los 60.000 hombres, pero los defensores
de El Caney estaban dispuestos a dar una lección de cómo luchan los españoles.
Las oleadas de asaltantes se sucedían en movimientos coordinados, pero las
descargas de la fusilería española también eran coordinadas y armónicas; una y
otra vez fueron rechazados. La batería de Caprón cambió su posición y se
aproximó a El Viso, núcleo de la resistencia, y su fuego empezó a batir con
eficacia el fortín cuyos muros empezaron a ser demolidos por los impactos
continuos que recibían.
A las
tres de la tarde, Lawton recibió
orden de abandonar El Caney y avanzar sobre San Juan, pero irritado ante la
brava defensa de los españoles decidió continuar el ataque. El Viso estaba ya
casi destruido, eran más de las cuatro de la tarde, un nuevo y rabioso asalto
fue frenado ante los mismos muros del fortín. Vara del Rey sigue, a pesar de sus
heridas, arengando a sus hombres. A las cinco, El Viso es tomado. Sólo muertos y
algunos heridos encuentran allí los asaltantes. La artillería se sitúa en el
mismo para poder batir las casas del pueblo y las trincheras. La resistencia es
ya inútil y los pocos defensores que quedan se retiran ordenadamente hacía
Santiago dirigidos por el Teniente Coronel Puñet. Allí quedó sin vida el general
Vara del Rey y la mayoría de sus soldados.
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