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BRISTOL BRABAZON, EL GIGANTE CON PIES DE BARRO
En
1942, las fábricas británicas de aviones lanzaban bombarderos tan rápidamente
como podían construirlos. Pero, en medio de las presiones de la guerra, aún
rondaban soñadores por las fábricas. Y parecía que la mayor parte de estos
soñadores se había reunido en una estancia del Whitehall de Londres, donde un
comité dirigido por lord Brabazon, un pionero del aire, estaba decidiendo el
futuro de la industria británica de la aviación.
Tras los éxitos alemanes los expertos proponían que debía empezarse a construir
un avión gigantesco, capaz de volar un trayecto equivalente a la mitad de la
circunferencia del mundo. Una aeronave que pudiera volar de Londres a Nueva York
sin escalas. Construirlo costaría mucho dinero, y no era dinero lo que sobraba
durante el gran esfuerzo nacional que demandaba la guerra; debía disponerse,
para su construcción, de una amplia infraestructura industrial, que tampoco
abundaba.
Sin embargo, en marzo de 1943, se anunció en el parlamento la decisión de
construir dos prototipos de este avión gigantesco, llamado Bristol Brabazon.
Tenía que ser el orgullo de la aviación del siglo ¡Un superbombardero con
capacidad para arrasar cualquier parte del planeta! La decisión fue aprobada: No
hubo objeciones en cuanto al dinero.
En Filton, cerca de Bristol, los diseñadores no esperaban más que eso. Diseñaron
un avión que habría de ser el mayor del mundo: una fantástica estructura que,
por sí sola, pesaba 70 toneladas, y una vez cargada, llegaría a las 140. Tenía
una envergadura de ala de 75 m, una altura de 17 m y estaba dotada de motores
que desarrollaban 20 mil caballos de fuerza. Se construyó un nuevo hangar para
montar los prototipos. Se extendió la pista de aterrizaje hasta Filton, para lo
que hubo que demoler la mayor parte de la población y revestir de hormigón la
nueva pista principal.
Antes de ser terminado el aparato la guerra finalizó, así que se intentó
transformar en un avión de pasajeros. Se construyó una maqueta a gran escala del
avión, ridículamente lujosa, completa en todos los detalles, incluso las
jaboneras en los aseos de señoras. Podía acomodar a 75 pasajeros, con literas,
bares y paseos.
En ese
mismo momento, los norteamericanos estaban construyendo un avión con capacidad
para 150 pasajeros. A fines de 1949, siete años y medio después del informe de
lord Brabazon, el primer Bristol Brabazon realizó su vuelo inaugural sobre
Filton, ante los enviados especiales de toda la prensa mundial. El primer vuelo
fue un ‚xito. Pero seis meses después, se descubrió que el gigante del aire
estaba sufriendo de fatiga del metal; se estaba deteriorando. Su expectativa de
vida fue cifrada en dos años. En septiembre de 1952, se informó a la Cámara de
los Comunes que el Bristol Brabazon estaba siendo desarmado. El costo del
proyecto había alcanzado los 12,5 millones de libras esterlinas. Sólo una de las
naves fue construida. Los restos de la mayor aeronave del mundo fueron vendidos
como chatarra por unas 10.000 libras.
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