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LA BUENA SUERTE DEL GENERAL BLÜCHER
La
carrera de Napoleón está llena de felices y adversas coincidencias, capaces de
llenar un volumen completo. Se puede atribuir a una decadencia de su genio
estratégico el hecho de ordenar a Grouchy, después de su victoria en Ligny, el
16 de julio de 1815, que persiguiera a los prusianos hacia Namur, en vez de
enviarle al norte para que se pusiera en movimiento contra los ingleses.
Pero los prusianos, en esa
ocasión, también tuvieron mucha suerte. Su jefe militar, el general Blücher,
de setenta y tres años de edad, que cayó sin conocimiento bajo su caballo
blanco abatido, no sólo se rehizo, sino que tras sufrir indecibles
dificultades llegó a tiempo para decidir la batalla. No cabe la menor duda de
que su salvamento se debió al azar.
Blücher permanecía aturdido
bajo su caballo, guardado por su ayuda de campo Notsitz, con el sable
desenvainado. Los coraceros franceses pasaron, se detuvieron a descansar,
volvieron al ataque y descansaron de nuevo.
De este modo la batalla pasó
dos veces por encima de Blücher. Después de la segunda vez el fiel Notsitz
logró extraer al mariscal de bajo su caballo y colocarle en la grupa de un
ulano. Acababa de hacerlo cuando la caballería enemiga volvía grupas por
tercera vez; pero ya en esta ocasión un batallón de infantería prusiana
protegía al mariscal.
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