UNA RELACIÓN ADULTA
CON TUS PADRES
Cuando
los padres son mayores, los hijos asumimos que hemos de cuidarles. A
veces es necesario, pero otras atiende más a nuestras necesidades (por
ejemplo, nos da miedo que estén solos).
Olvidamos que siguen siendo personas,
aunque vayan perdiendo facultades. Debes permitirles ser ellos mismos y
seguir realizando, mientras puedan, sus actividades cotidianas; recuerda
que necesitan sentirse útiles.
Curiosamente, uno de los hermanos suele
asumir el papel de paño de lágrimas de sus padres. A él acuden para
contarle sus dificultades y, sobre todo, los problemas que tienen con
sus otros hijos. Si éste es tu caso, pon límites.
Ayúdales, pero hazles ver que ellos deben
resolver sus conflictos. Si tratas de mediar entre tus padres y tus
hermanos, es fácil que tengas conflictos con todos.
A través de llamadas, visitas,
preguntas... los padres intentan seguir formando parte de la vida de sus
hijos. Estos pueden interpretarlo como un control y, en un momento dado,
sentirse agobiados. Hay que dejar claro cuándo se les puede atender y
cuándo no, y fortalecer el respeto y la sinceridad en la relación.
Ahora puedes hablar de igual a igual con
tus padres.
Ya no tienes que pedirles permiso para
nada, ni justificar tu comportamiento.
Por fin podéis ser vosotros mismos.
Trátales como lo que son, unos adultos a los que quieres y en los que
confías, y ellos aprenderán a tratarte del mismo modo.